La Batalla de Bélgica, también llamada Campaña de Bélgica o Campaña de los 18 días, que formó parte de los combates de la Batalla de Francia, fue una campaña ofensiva lanzada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Se desarrolló durante 18 días, del 10 al 28 de mayo de 1940, cuando finalizó con la ocupación de Bélgica tras la rendición de su ejército. El 10 de mayo de 1940, Alemania invadió Luxemburgo, Países Bajos y Bélgica como parte del plan operacional Fall Gelb («Plan Amarillo»).

Los ejércitos aliados intentaron detener el avance alemán en Bélgica, al considerarlo el principal objetivo alemán. Luego de que los franceses enviaran gran parte de los ejércitos aliados a Bélgica entre el 10 y el 12 de mayo, los alemanes iniciaron la segunda fase de su operación, un avance a través de las Ardenas y posteriormente al canal de la Mancha. El Heer alemán llegó al canal cinco días después, envolviendo a los aliados. El avance alemán obligó a los aliados a retirarse de vuelta al mar. En consecuencia, el ejército belga se rindió el 28 de mayo.

Durante la Batalla de Bélgica, en la batalla de Hannut, se emplearon por vez primera los tanques en la guerra. Aunque inicialmente fue la mayor batalla con tanques en la historia, poco después fue superada por las batallas de la campaña en África del Norte y del Frente Oriental. También se llevó a cabo la batalla del fuerte Eben-Emael, la primera operación aérea estratégica que involucró paracaidistas.

La historia oficial alemana expresó que, en los 18 días de combate, el ejército belga fue un duro oponente y habló de la «extraordinaria valentía» de sus soldados. El colapso belga obligó a los aliados a retirarse de la Europa continental. La Marina Real británica evacuó los puertos belgas durante la Operación Dinamo, permitiendo que la Fuerza Expedicionaria Británica, junto con soldados belgas y franceses, escapara y continuara con las operaciones militares. Poco después, en junio, Francia se rindió ante Alemania. Bélgica permaneció bajo control alemán hasta el otoño de 1944, cuando fue liberada por los Aliados Occidentales.

Antecedentes Tensas alianzas de Bélgica right|thumb|300px|Mitin pacifista en Heysel, cerca de Bruselas, en 1936. La estrategia belga para la defensa contra una agresión alemana se enfrentó con problemas tanto políticos como militares. En términos de la estrategia militar, los belgas estaban poco dispuestos a apostarlo todo por una defensa de la frontera belga-alemana, en una extensión de la línea Maginot. Tal movimiento habría hecho a los belgas vulnerables ante un ataque desde los Países Bajos. Además, esa estrategia dependía de la capacidad francesa de movilizar tropas a Bélgica.

Sin embargo, en términos políticos, los belgas desconfiaban de Francia. En octubre de 1930 y, nuevamente, en enero de 1933, el general Philippe Pétain sugirió que su país atacara la región del Ruhr de Alemania pasando por medio de Bélgica. En cualquier caso, los belgas temían ser arrastrados a la guerra y trataron de evitar esa eventualidad. También creían que serían obligados a entrar en guerra como resultado del pacto franco-soviético firmado en mayo de 1935. El acuerdo franco-belga estipulaba que Bélgica debía movilizarse si los alemanas hacían lo propio, pero no estaba claro si también debían hacerlo en caso de que Alemania invadiera Polonia.

Bélgica prefería una alianza con el Reino Unido. Los británicos entraron en la Primera Guerra Mundial en respuesta a la violación, por parte del Imperio alemán, de la neutralidad belga. Los puertos de Bélgica habían ofrecido a la Marina Imperial alemana valiosas bases, por lo que un ataque similar habría ofrecido a la Kriegsmarine y a la Luftwaffe importantes bases para iniciar las operaciones ofensivas contra el Reino Unido en el conflicto venidero. Pero el gobierno británico dio poca atención a las preocupaciones de los belgas. La falta de este compromiso llevó a Bélgica a retirarse de la Alianza Occidental, el día anterior a la crisis de Renania. La poca oposición a la remilitarización acabó de convencer a los belgas de que Francia y Reino Unido estaban poco dispuestos a pelear por sus intereses estratégicos, dejándolos solos. Entonces, el Estado Mayor Militar belga determinó pelear por sus propios intereses, en solitario si era necesario.

Bélgica en el plan aliado thumb|left|250px|El jefe de Estado belga, Leopoldo III, era partidario de una política de neutralidad. La declaración abierta de neutralidad que el rey Leopoldo III proclamó en octubre de 1936 enfureció a los franceses. Con esto, el ejército francés ya no podía esperar una cercana cooperación con los belgas en la defensa de las fronteras orientales de estos últimos, permitiendo que un ataque alemán fuera mejor preparado delante de la frontera francesa. En este sentido, los franceses dependía del grado de cooperación que pudieran obtener de los belgas. Tal situación les impidió preparar las defensas en Bélgica para frustrar un ataque, una circunstancia que los franceses buscaban evitar puesto que significaba pelear contra las divisiones Panzer alemanas.

Por lo tanto, los franceses consideraron invadir Bélgica inmediatamente en respuesta a un ataque alemán a ese país. Por su parte, los belgas, reconociendo el peligro que significaban los alemanes, secretamente pusieron a disposición del agregado militar francés en Bruselas sus políticas defensivas, información sobre los movimientos de tropas, comunicaciones, posiciones defensivas, inteligencia y planes de reconocimiento aéreo. El Plan Dyle era el plan aliado para el auxilio de Bélgica; lo mejor de las fuerzas aliadas, que incluía a las divisiones armadas francesas, avanzaría al río Dyle en respuesta a un ataque alemán. La que parecía ser la estrategia defensiva más sólida era la elección de una línea aliada establecida para reforzar a los belgas en el este del país, en la línea Mosa-Canal Alberto, manteniendo al estuario del Escalda y uniendo las defensas francesas en el sur con las fuerzas belgas que protegían Gante y Amberes.

La debilidad del plan era que, al menos políticamente, dejaba gran parte del este de Bélgica en manos de los alemanes. Militarmente posicionaba la retaguardia aliada en ángulos rectos con respecto a las defensas fronterizas francesas; mientras que para los británicos, sus comunicaciones, localizadas en los puertos del golfo de Vizcaya, estarían paralelas a su frente. Pese al riesgo de enviar fuerzas al centro de Bélgica y de un avance a las líneas Schedlt o Dyle, lo que representaba una vulnerabilidad ante una maniobra de flanco, el comandante francés, Maurice Gamelin, aprobó el plan y se mantuvo como la estrategia aliada tras el comienzo de la guerra. Los británicos, sin fuerzas en tierra y atrasados en el rearme, no estaban en posiciones de desafiar la estrategia de Francia, que había asumido el papel prominente dentro de la Alianza Occidental. Ante las pocas capacidades para oponerse a los franceses, la estrategia británica para las acciones militares consistió en bombardeos estratégicos de la industria del Ruhr.

Estrategia militar belga thumb|right|300px|Leopoldo III pasando revista a las tropas belgas a inicios de 1940. izquierda|miniaturadeimagen|Soldados belgas descansando al borde de la carretera Luego de la retirada de la Alianza Occidental, los belgas, con el temor de comprometer su neutralidad, se negaron a participar en reuniones oficiales con los Estados Mayores francés o británico. Por otra parte, no consideraban inevitable una invasión alemana y estaban seguros de que podrían resistir un ataque gracias a nuevas fortificaciones como el fuerte Eben-Emael. También habían tomado medidas para reconstruir sus defensas a lo largo de la frontera con Alemania tras el ascenso al poder de Adolf Hitler en enero de 1933. El gobierno belga observó con creciente inquietud el retiro alemán de la Sociedad de las Naciones, su rechazo del Tratado de Versalles y la violación de los Tratados de Locarno. Asimismo, incrementaron el gasto en la modernización de las fortificaciones en Namur y Lieja y se establecieron nuevas líneas defensivas a lo largo del canal Maastricht-Bolduque, juntándose con el Mosa, el Escalda y el canal Alberto.

La protección de la frontera oriental, basada en la destrucción de diversas carreteras, se confió a nuevas formaciones (como las unidades de ciclistas fronterizas y el recién formado Chasseurs Ardennais). Las defensas belgas se completaron en 1935. No obstante, se consideraba que no eran adecuadas. Se requería una reserva móvil para resguardar las áreas posteriores y, como resultado, se estimó insuficiente la protección ante un súbito ataque por parte de las fuerzas alemanas. Igualmente se necesitaba de una reserva significativa de mano de obra, sin embargo, se rechazó un proyecto de ley creado para la provisión de un servicio militar más largo y entrenamiento para el ejército dado que aumentaría los compromisos militares belgas así como las peticiones aliadas para entablar combate en conflictos lejanos del país.

El 14 de octubre de 1936, el rey Leopoldo III realizó un discurso frente al Consejo de Ministros, en un intento de persuadir a la gente (y su gobierno) de que se necesitaba fortalecer las defensas. Subrayó tres puntos militares principales para el creciente rearmamento belga: El rearmamento alemán, tras la remilitarización completa de Italia y la Unión Soviética, ocasionó que la mayor parte de otros Estados, incluso aquellos deliberadamente pacifistas, como Suiza y Países Bajos, tomaran precauciones excepcionales. Existieron cambios tan grandes en los métodos de la guerra como resultado del progreso técnico, especialmente en la aviación y mecanización, que las operaciones iniciales del conflicto armado ahora podrían ser de tal fuerza, velocidad y magnitud para ser particularmente alarmantes para países pequeños como Bélgica. Nuestras preocupaciones han aumentado ante la reocupación de Renania y el hecho de que las bases para el inicio de una posible invasión alemana se han trasladado a las cercanías de nuestra frontera.

El 24 de abril de 1937, los franceses y británicos realizaron una declaración pública en la que señalaban que la seguridad de Bélgica era primordial para los Aliados Occidentales y que, en consecuencia de una agresión de cualquier tipo, defenderían sus fronteras, tanto si fuera una agresión directa únicamente a Bélgica o si fuera un medio para obtener bases con las cuales librar una guerra con «otros Estados». Ante estas circunstancias, mientras que los franceses y británicos mantuvieron sus obligaciones militares para con Bélgica, a esta última la liberaron de su responsabilidad (Tratados de Locarno) de proveer asistencia mutua en el caso de una agresión alemana a Polonia.

En términos militares, los belgas consideraban que la Wehrmacht era más fuerte que los Aliados, especialmente el Ejército Británico, y que comprometerse con las propuestas aliadas resultaría en convertirse en un campo de batalla sin aliados adecuados. En este sentido, tanto belgas como franceses siguieron confundidos respecto a lo que esperaban del otro si las hostilidades comenzaban o cuando lo hicieran. Por lo tanto, los belgas estaban determinados en mantener las fortificaciones fronterizas a lo largo del canal Alberto y el Musa, sin retirarse, hasta que el Ejército Francés llegara en su auxilio. Gamelin no se mostraban tan entusiasta de llevar su plan Dyle hasta ese extremo. Estaba preocupado de que los belgas fueran expulsados de sus defensas y se retiraran a Amberes, como sucedió en 1914. De hecho, las divisiones belgas que defendían la frontera debían retirarse hacia el sur para unirse con las fuerzas francesas. Sin embargo, a Gamelin no se le dio esta información.