El lago Parima o Manoa Gallegos, Rómulo (1996). Canaima. Editorial Universidad de Costa Rica. ISBN 9788489666191. Consultado el 11 de junio de 2015.Información sobre el Lago (en inglés). Consultado el 11 de junio de 2015.Rojas, Francisco Michelena (1867). Exploración oficial por la primera vez desde el norte de la América del Sur: siempre por rios, entrando por las bocas del Orinoco, de los valles de este mismo y del Meta, Casiquiare, Rio-Negro ó Guaynia y Amazónas, hasta Nauta en el alto Marañon ó Amazónas, arriba de las bocas del Ucayali bajada del Amazonas hasta el Atlántico ... Viaje a Rio de Janeiro desde Belen en el Gran Pará, por el Atlántico, tocando en las capitales de las principales provincias del imperio en los años, de 1855 hasta 1859. A. Lacroix, Verboeckhoven y ca. Consultado el 11 de junio de 2015. (en inglés: Lake Parime; en portugués: Lago Parime) es un lago mítico que se presume ubicado en América del Sur. Era conocido por ser una de las posibles ubicaciones de la ciudad de El Dorado, también llamado Manoa, y codiciado por los exploradores europeos. Los repetidos intentos por encontrar el lago no pudieron confirmar su existencia y fue clasificado como un mito, junto con la ciudad. La búsqueda del Lago Parima llevó a exploradores a trazar los ríos y otras características geográficas del sur de Venezuela, el norte de Brasil y el suroeste de Guyana, antes de que la existencia del lago fuera refutada definitivamente en el . Algunos exploradores, como Humboldt y Schomburgk, propusieron que la inundación estacional de la sabana del Rupununí pudo haber sido identificada erróneamente como un lago. Investigaciones geológicas recientes sugieren que pudo haber existido un lago en el norte de Brasil, pero que se secó en algún momento del . Se cree que "Manoa" (en Lenguas arahuacas) y "Parima" (en Lenguas caribes) significan "gran lago". Otros dos lagos míticos, Lago Xarayes o Xaraiés (hoy región de Pantanal) y el Lago Casipa, se representan a menudo en los primeros mapas de América del Sur.
Fue en el año de 1541 en Quito cuando cobró más fuerza el mito de “El Dorado” gracias a cronistas como Pedro Cieza de León, Juan de Castellanos y Gonzalo Fernández de OviedoRamos Pérez, D. 1973. El Mito de El Dorado: Su Génesis y Proceso. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas: Italgráfica.. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo también narró la historia de un jefe indio que en un principio se untaba con una resina para luego hacerse espolvorear por todo el cuerpo una cantidad considerable de oro en polvo.Fernández, O. 2018. Historia General Y Natural De Las Indias: Islas Y Tierrafirme Del Mar Océano. Sidney: Wentworth Press. Supuso entonces Oviedo que para darse tal lujo este jefe indio tendría que provenir de una región geográfica con una abundantísima cantidad de oro. Pedro Cieza de León también relató cómo el hermano menor de Francisco Pizarro, Gonzalo, hizo los arreglos para marchar en una expedición en búsqueda de la tierra del oro y la canela; tierra esta, que según los relatos y comentarios que se hacían en Quito en esa época, se encontraba en las inmediaciones de un gran lago salado. Posteriormente, en 1542, en una carta dirigida al rey de España, Gonzalo Pizarro relacionaría por primera vez al hombre Dorado con un lago.AGI, 1542. Patronato, 90B, N.2, R.11. Carta de Gonzalo Pizarro Al Rey: Acusa a Francisco de Orellana. Sevilla: Archivo General de Indias.
Al igual que Pizarro, Gonzalo Jiménez de Quesada también tenía una gran atracción por los lagos, ya que, según él, en algunos de ellos se producirían los panes de sal que tanto le obsesionaban y que los muiscas comerciaban por oro.AGI, 1537. Patronato, 197, R.14. Carta de Jerónimo Lebrón [de Quiñones], gobernador de Santa Marta, avisando a la Audiencia de Santo Domingo su llegada y lo que sucedió en el viaje. Sevilla: Archivo General de Indias. Los indígenas le habían informado a Quesada acerca de la existencia de un gran lago salado, en cuyas márgenes se encontraba también un poblado con innumerables riquezas. Para 1580 este lugar, donde se encontraría este mítico “Dorado”, el cual nadie había visto, era el único objetivo de la mayoría de los aventureros y conquistadores llegados al Nuevo Mundo. De esta forma, personajes como Gonzalo Pizarro, Jiménez de Quesada y Sebastián de Belalcázar, seguidos de cerca por Cieza de León, Fernández de Oviedo y Juan de Castellanos, se convirtieron en las fuentes originales de la leyenda.
Fue Jiménez de Quesada quien también describe, en su Epítome de la conquista del Nuevo Reino de Granada de 1539, que los muiscas veneraban los lagos, al igual que al sol, la luna y las estrellasMillán, C. 2001. Epítome de la Conquista del Nuevo Reino de Granada. La Cosmografía española del siglo XVI y el conocimiento por cuestionario. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.. Asimismo, Quesada aseguraba que los muiscas hacían ofrendas en estos lagos, arrojando todo tipo de piedras preciosas y oro, hecho del cual también se ocupó otro cronista, Juan de Castellanos. Él conocía a casi todos los conquistadores, y contribuyó a alimentar aún más la leyenda de El Dorado, en especial a raíz de las historias acerca de estas ofrendasCastellanos, J. 1852. Elegías de Varones Ilustres: Elegía a Benalcázar. Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra..
En la actualidad, gracias a estudios arqueológicos, se sabe que las principales lagunas de adoración fueron la Laguna de Guatavita, Ubaque, Siecha, Guasca y Teusacá. En ellas los Muiscas celebraban ceremonias y hacían grandes procesiones, empleando caminos especialmente construidos para ello, realizando ofrendas de objetos votivos: oro, esmeraldas, cerámicas, así como cuentas de collar elaboradas de conchas marinas y piedras semipreciosasRojas, L. 1979. Manual de Arqueología Colombiana. Bogotá: Carlos Valencia Editores.. En 1856 se encontró la Balsa de Siecha, elaborada en oro, en las cercanías de las laguna de SiechaZerda, L. 1972. El Dorado 38. Bogotá: Biblioteca Banco Popular., la cual lamentablemente desapareció en su traslado desde Colombia al Museo de Berlín, motivado al incendio y posterior hundimiento del barco que la trasladaba. Otra balsa similar, la Balsa Muisca que actualmente se encuentra expuesta en el Museo del Oro de Bogotá, fue hallada en 1960, pero esta vez en el interior de una cueva, dentro de una vasija de cerámica, en el municipio de Pasca, en Cundinamarca. Esta pieza de orfebrería, de origen Muisca, se estima que fue elaborada entre los años 600 y 1600 d. C. mediante la técnica de cera perdida.Botero, C. 2007. Boletín Museo del Oro. (54). Bogotá: Banco de la República.Panesso, A. Barriga, L. 1975. El Dorado. Bogotá: Banco de la Republica. Resulta evidente que la misma representa una ceremonia religiosa, la cual, por las características de la balsa, se situaría en un lago.
Primeros intentos de descubrimiento Antonio de Berrío, 1582
thumb|Capitán Antonio de Berrío, 1527-1579. El capitán Berrío supo antes que nadie, gracias a informaciones de indígenas, que detrás de una cordillera que podía verse en el horizonte, al sur del río Orinoco en la provincia de Guayana, existía una laguna rodeada de grandes poblados. Imagen ©Museo nacional de Colombia. Antes de su muerte, Gonzalo Jiménez de Quesada, quien no tenía herederos directos, nombró a un capitán, Antonio de Berrío, como su sucesor en la Gobernación de El Dorado, que la obtuvo principalmente por estar casado con María de Oruña, sobrina de Jiménez de QuesadaOjer, P. 1960. Don Antonio de Berrío: Gobernador de El Dorado. Universidad Católica Andrés Bello. Burgos: Imprenta de Aldecoa.. Hacia 1582 comenzó Antonio de Berrio una jornada en búsqueda de El Dorado, con 80 hombres, 500 caballos y gran cantidad de ganado. Luego de un recorrido a través de los llanos, Berrío alcanzó finalmente el río Meta en febrero de 1584. Alonso de Pontes, el cronista de Berrío, describió que durante esta jornada se toparon con los indios “Axaguas o Achaguas”, quienes no solo eran afables, sino dados al comercio. Uno de estos indios, de nombre Guaricabo, les contó la historia de un pueblo únicamente de mujeres muy blancas y muy agresivas, localizadas a cinco días de distancia hacia el este.Pontes, A. 1583. Relación hecha por Alonso de Pontes de su Jornada al Río Meta. En Ojer, P. 1960. Don Antonio de Berrío: Gobernador de El Dorado. Pp. 177- 186. Universidad Católica Andrés Bello. Burgos: Imprenta de Aldecoa.
En esta jornada supo Berrío supo, de boca de los indios, que a cierta distancia, allende unas montañas que podían verse en el horizonte, pasando el río Orinoco en la provincia de Guayana, había una cordillera detrás de la cual quedaba una laguna grandísima, donde existían grandes poblaciones y un gran número de indios con grandes riquezas de oro y piedras preciosasBerrío, A. 1594. Carta relación de Antonio de Berrío al Rey sobre sus jornadas y disputas con las gobernaciones vecinas (Trinidad, 2 de diciembre de 1594). En Ojer, P. 1960. Don Antonio de Berrío: Gobernador de El Dorado. Pp. 187- 198. Universidad Católica Andrés Bello. Burgos: Imprenta de Aldecoa.. De igual forma el padre Joseph Gumilla refiere que en estas montañas se encontraba el Lago Manoa, un lago salado de grandes proporciones, tan grande que los indios tardaban tres días en cruzarlo con sus canoas: “dicen que una vez cruzado este lago, estos territorios se extienden hacia el río Marañón”. De acuerdo con Gumilla, en lengua Achagua, Manoa-yùna significa “que no derrama”, siendo este el nombre que dan a todas las lagunas, de tal forma y según relata Gumilla, que la ciudad de Manoa es lo mismo que “la ciudad de la laguna”.Gumilla, J. 1993. El Orinoco Ilustrado y Defendido. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Caracas: Italgrafica S.A.
Anteriormente a la jornada de Berrío, el gobernador de la Margarita, Juan de Salas, también había referido la existencia de oro en la provincia de Guayana gracias a las noticias que obtuvo de los indios arahuacos, quienes llegaban a la isla en busca de pertrechos. En este sentido, en un documento fechado en 1538, escribió cómo ”Mas allá de la cordillera, que no es muy grande, en un extremo, hay muchos poblados y un lago enorme en aquella llanura, que tiene una anchura de seis leguas y la misma longitud. Dentro hay muchas islas, de una o dos leguas. Hay muchos poblados en su interior, y en la tierra firme que la rodea. En tierra firme y en una de las islas esta la forja donde hacen la fundición”. AGI, 1538. Patronato 294, N. 25. Relación de lo que Juan Salas hizo en la isla Margarita. Sevilla: Archivo General de Indias. Un lugarteniente de Berrío, Domingo de Vera Ibargoyen, luego de una incursión por la Guayana, contó a Berrío, en una carta fechada en mayo de 1593, acerca su contacto con numerosos pueblos indígenas del interior de la Guayana. En uno de estos poblados, un cacique de nombre Parigua le describió que, a cierta distancia de donde se encontraban, se hallaba la provincia de Mucuraguaray en la cual había unos indígenas con los que tenían guerra. Más allá de esta provincia se hallaba otra de nombre Guayacapari, a corta distancia del río Marañón. Pasadas estas provincias, el cacique relató que existe una laguna grande y salada a la que ellos llaman mar, la cual está poblada por muchísimos indígenas. El cacique continuó indicando que a esta laguna llegaron numerosas gentes vestidas, las cuales pelearon con las de la laguna para asentarse finalmente entre ellos. Relata además que estos indios traen oro en las narices, los pechos, los brazos y las piernas.Vera, D. 1593. Carta de Domingo de Vera Ibargoyen a Antonio de Berrio, Gobernador de Trinidad. En Lovera, R. 1991. Antonio de Berrio: La Obsesión por el Dorado. Caracas: Gráficas Armitano.