miniaturadeimagen|Imagen ilustrativa de ciencia ficción. Casa elevada por globo aerostatico sobre montañas. Se denomina ficción a la simulación de la realidad que realizan obras como las literarias, cinematográficas, historietísticas, de animación o de otro tipo, cuando representa mundos imaginarios al receptor. Estos mundos tienen sus propios personajes y reglas de verosimilitud, con un grado variable de realismo, sea porque toman algunos elementos de referencia de la realidad, sea porque la contradicen o transforman. Se opone a los géneros no ficticios, como el ensayo o los del periodismo, si bien algunas corrientes filosóficas reclaman que todo es en realidad ficción, puesto que no existe la objetividad en la interpretación o algo externo a la mente (idealismo radical). En el ámbito audiovisual, la ficción se suele oponer al documental y sus géneros derivados.
En psicología, diferenciar la ficción de la realidad es una capacidad que el niño tiene que adquirir progresivamente. En psicopatología una distorsión temporaria o permanente de esta capacidad de distinguir adecuadamente la ficción de la realidad, puede ser un síntoma de varios disturbios mentales (paranoia, psicosis, delirios, etc.) individuales como de grupos (psicosis colectiva). La delimitación entre realidad y ficción, no sólo es una cuestión objetiva, pero depende igualmente de un consenso social: el que se ve entre otros con textos sagrados, que para unos son una descripción de la realidad, para otras sólo metáforas y leyendas.
Etimológicamente, la palabra proviene del latín fictio o fictus (‘fingido’ o ‘inventado’), participio del verbo fingere que en su origen significaba «modelar la pasta del pan» y en sentido figurado «aquello que ha sido modelado, inventado, fingido».
Concepto de ficción El concepto de ficción varía según cómo se use. Puede existir ficción fuera del arte, como por ejemplo en las tradiciones (personajes legendarios que se transmiten entre generaciones ligados a determinadas fiestas o valores morales) o en los libros de texto, donde se ponen ejemplos inventados para explicar conceptos. Siempre exige un cierto grado de discurso y por eso está fuertemente ligada a la narrativa.
Mundos posibles y el pacto ficcional Desde un punto de vista semántico la ficción presenta un dilema: como lectores o consumidores de ficción, podemos no sólo aceptarla (a pesar de su evidente falsedad), sino, además, hacer juicios sobre la verdad o falsedad de enunciados ficcionales.
La teoría del significado de la oración, iniciada por el lógico Richard Montague a finales de la década de 1970, posibilita dar un enfoque bastante útil al proceso de interpretación. Validar la significación a partir de las premisas de un «modelo» previamente establecido o Mundo Posible, nos permite razonar y tratar aseveraciones sobre mundos que, a pesar de saber que nunca serán verídicos, son vividos y validados como realidades.
En el Mundo Posible de la ficción se establece una regla básica para acceder: el enunciador (el emisor) y el enunciatario (el receptor) suscriben tácitamente un pacto ficcional por el cual el consumidor de ficción acepta el mundo imaginario que se le presenta, sabiendo que aquello que se le muestra o insinúa es una historia imaginaria, no por eso piensa que es una mentira. En términos de Coleridge se trata de una suspensión de la incredulidad: el consumidor deja de lado, momentáneamente, la tendencia a verificar, a constatar, a adecuar la ficción a la realidad y a aplicar el razonamiento lógico a lo que se le ofrece.
Un mundo posible acontece real, dado que hace referencia en un mundo narrativo de estructura cultural que, aunque no exista de hecho, es verdadero en la medida que está formado por un conjunto de individuos dotados de propiedades y de acontecimientos que son juzgados como posibles y coherentes. Si el mundo real cotidiano se rige por el concepto de verdad evidente, el mundo posible lo hace por el concepto de verdad circunstancial: a pesar de que el enunciado pueda ser calificado de literalmente falso, se acepta como verdad para la aceptación del mundo posible. Por ejemplo, aunque sea falso que los conejos hablen, en la medida que participamos en el mundo posible de Alicia en el País de las maravillas de Lewis Carroll, estos hechos no nos sorprenden, más bien los aceptamos como verdades metafóricas. La suspensión de la incredulidad, aunque comporte tener conciencia que el País de las Maravillas «no es verdadero», no por eso pensamos que es mentira.
En un mundo posible, los conceptos de verdad y de mentira, se tienen que entender desatados de universalidad. La verdad, aunque se nos presente incuestionable y más allá de opiniones e intereses, en el interior de un mundo posible, es siempre una construcción convencional y temporal, y solamente es válida en estas circunstancias. Las verdades de los mundos posibles son verdades sólidas e incuestionables. Por el contrario, las verdades del mundo real siempre pueden ser cuestionadas, como dice Eco, «la narratividad nos proporciona mundos anclados, que floten menos que los universos reales, aunque de encomendero pensamos que las cosas son a la inversa».
Conceptos similares La ficción a menudo se relaciona con otros conceptos, como por ejemplo la fantasía. Aun así, ambos termas no son sinónimos. Las obras de género fantástico se catalogan como ficticias, pero no todas las obras de ficción pertenecen al reino de la fantasía, puesto que muchas de ellas tienen una ambientación realista. Las obras fantásticas incluyen elementos sobrenaturales, salvo que no aparece en todos los discursos ficcionales.
Otro falso sinónimo sería considerar ficticio como falso. La verdad corresponde a los juicios sobre los hechos y no se aplica en el mundo imaginario, igual que tampoco se puede aplicar a las expresiones emotivas y otros tipos de enunciados. Dentro del mundo posible de la ficción existen unas propias reglas de verdad, entente como coherencia de conjunto. Así, podría ser verdad o mentira afirmar una característica de un personaje o la existencia o no de un acontecimiento en una obra, sin que tenga que haber un referente existente. De hecho, la lógica a menudo analiza enunciados referidos a conceptos ficticios, como el "rey de Francia actual".
Se relaciona ficción con imaginación, puesto que esta facultad mental es la que permite que haya obras ficcionales. La imaginación permite crear mundos alternativos por parte del autor y decodificar-los por parte del receptor. Esta capacidad se relaciona con el hecho que el ser humano tenga un lenguaje simbólico,Hockett, C.,"The Origin of Speech", Scientific American, 203, 1960 que permite referirse a entidades no presentes en la aquí y la ahora y esta proyección (poder comunicar experiencias no presentes) ayuda a crear otros sin ningún referente real, o basadas en porciones de varias experiencias.
Historia del concepto de ficción El concepto de mímesis
El concepto de ficción en la tradición occidental está muy ligado al concepto de mímesis, desarrollado en la Grecia clásica, en las obras de Platón (quien consideraba a las obras poéticas como imitaciones de los objetos reales, que a su vez eran imitaciones de las ideas puras) y sobre todo en la Poética de Aristóteles, en la que el concepto de mímesis desempeña un papel esencial. Para Aristóteles, todas las obras literarias copian a la realidad, de acuerdo con el principio de la verosimilitud; lo que diferencia a la literatura de la historia es que esta copia las cosas que han sucedido, y aquella las que podrían suceder.
Es necesario insistir en que Aristóteles no dice que la literatura deba ser la imitación del mundo real, sino la imitación "de las acciones de los hombres". Esta diferencia es la que permite que lo verosímil irreal tenga cabida en la literatura. Paul Ricoeur ha subdividido el concepto de mímesis aristotélico en tres fases: Mímesis 1: el proceso de configuración del texto y la disposición de la trama por parte del autor. Mímesis 2: la propia configuración del texto, que puede responder o no al mundo exterior. Mímesis 3: la reconfiguración del mundo del texto que debe realizar el lector o espectador.
La relación con la catarsis
La Poética de Aristóteles también introduce otro concepto muy relacionado con lo anterior: el de catarsis. La tragedia, al imitar acciones de personajes buenos que caen en desgracia, logra la implicación emocional del espectador, quien a través de la compasión y el miedo se purifica interiormente. Dicha reacción emocional tiene su base en la suspensión del juicio de realidad con respecto a la acción trágica: alguien muy consciente de la irrealidad de la obra no podría empatizar con sus personajes.
Frente a esta concepción de la literatura como catarsis, algunos autores contemporáneos, en especial Bertolt Brecht han propuesto la anulación de la implicación emocional, a través de un «teatro épico», una de cuyas características es acentuar la irrealidad de la representación, exagerando la distancia entre ficción y realidad. De esta forma, Brecht quería lograr que los espectadores realizasen un juicio crítico y racional de la acción, en vez de una implicación emocional e irracional.
La literatura moderna: el pacto ficcional
Características principales de las obras de ficción A pesar de que no hay ninguna teoría de la ficción que esté ampliamente aceptada, se han descrito las propiedades características de las obras de ficción. Coinciden en buena parte con los elementos de la narrativa, puesto que es el género principal de las obras ficcionales (si bien no es exclusivo).
La primera característica es la existencia del llamado mundo ficticio, es decir, un contexto que requiere continuidad o un marco donde ambientar la trama. Este mundo no tiene que ser necesariamente fantástico, sino que es ficticio en cuanto que incluye acontecimientos que no han pasado en la realidad, independientemente de que el marco imite totalmente el mundo exterior. De hecho, el que se narra se considera que tiene que funcionar como funcionaría en el mundo real si no se indica el contrario, por ejemplo, si aparece la palabra "mesa" se tiene que entender que es una mesa parecida a las mesas existentes mientras no haya una descripción que lo aleje de estas.Marie-Laure Ryan, „Fiction, Non-Factuals, and the Principle of Minimal Departure“, in: Poetics 9 (1980) Los elementos ficcionales pueden mezclarse con otros elementos históricos, como por ejemplo, personajes reales o hechos que sí que han sucedido. Esta combinación puede tener como función aumentar la verosimilitud de la trama, ambientar la historia en un mundo ficticio conocido por los receptores o con intención paródica.
En segundo término hacen falta unos personajes que protagonicen una trama, la cual se presenta con un determinado punto de vista. El punto de vista en medios escritos coincide con el narrador, mientras que en medios audiovisuales combina la voz narrativa con la cámara o foco. La trama, que es la historia de ficción, presenta unos acontecimientos que incluyen una acción de cambio entre dos situaciones, acompañada o no de elementos añadidos como descripciones, diálogos o reflexiones de la voz narrativa.