Ezequiel Martínez Estrada (San José de la Esquina, 14 de septiembre de 1895 - Bahía Blanca, 4 de noviembre de 1964) fue un escritor, poeta, ensayista, crítico literario y biógrafo argentino.

Recibió dos veces el Premio Nacional de Literatura: en 1932, por su obra poética, y en 1937, por el ensayo Radiografía de la pampa. Miembro fundador de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), se desempeñó como presidente de esta organización en dos ocasiones, de 1933 a 1934 y de 1942 a 1946. En 1960 obtuvo el Premio Casa de las Américas por su ensayo Análisis funcional de la cultura.

A pesar de que su obra no fue bien recibida durante su vida,Un pensador que cuestionaba al país Clarín, 7.1.2006 ha sido reivindicada póstumamente por autores y estudiosos como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Noé Jitrik, Horacio González, David Viñas, Juan José Saer, Pedro Luis Barcia, Gregorio Weinberg, Pedro Orgambide, Liliana Weinberg, Nidia Burgos y Adriana Lamoso.

Biografía

Primeros años y formación

Nació el 14 de septiembre de 1895 en San José de la Esquina, un pueblo ubicado en el departamento Caseros de la provincia de Santa Fe, siendo el mayor de tres hermanos.Ezequiel Martínez Estrada. El hombre y su obra A los cinco años, su familia se trasladó a la localidad de Goyena, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde su padre abrió un almacén de ramos generales. Poco se sabe de estos primeros años, salvo lo que el mismo autor escribió en una carta a Victoria Ocampo, en la que recuerda su infancia vista desde su característica melancolía, y reivindica su condición de autodidacta, algo que defenderá toda su vida:

En 1907, con apenas doce años y ante la separación de sus padres, viajó a Buenos Aires, donde vivió con su tía Elisa y estudió en el Colegio Avellaneda. Por razones económicas tuvo que interrumpir sus estudios y comenzó a trabajar en el Correo Central de Buenos Aires, donde permaneció desde 1914 hasta su retiro en 1946.

Comienzos de su carrera literaria

Fuera de algunos artículos aparecidos en revistas, en el primer período de la obra estradiana predominó la poesía. Así, en 1918 apareció Oro y piedra, al que siguieron Nelifelibal (1922), Motivos del cielo (1924), Argentina (1927) y Humoresca (1929), con la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura, además de Títeres de pies ligeros, obra dramática escrita en verso. Con una importante influencia de poetas modernistas, parte de la difusión y aceptación de su obra se debió al apoyo de Leopoldo Lugones, que actuó como padrino literario del joven poeta.

En 1921 contrajo matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica italo-argentina, quien lo acompañó el resto de sus días.Biografía de Agustina Morriconi, por Nidia Burgos Desde 1924 y hasta 1945 fue profesor en el Colegio Nacional de La Plata, donde entre sus alumnos se contaron varias futuras personalidades de la cultura y las ciencias, como el médico René Favaloro —con quien mantuvo amistad hasta su muerte— y los escritores Ernesto Sabato y Enrique Anderson Imbert.René Favaloro en la Fundación Ezequiel Martínez EstradaLos Sabato El día, 17.3.2017 Alrededor de 1928 conoció a Horacio Quiroga, de quien se hizo íntimo amigo y llegó a dedicarle un libro años después. En 1937, con el dinero de sus premios literarios, adquirió un campo en Goyena.

A pesar de la buena recepción inicial, su producción poética temprana no tardó en recibir comentarios negativos de algunos críticos, acusándola de anacrónica por adscribirse a un movimiento que por entonces ya se encontraba en retirada.Ezequiel Martínez Estrada. Biografía

El pensador del ser nacional

Pese al reconocimiento que se había ganado como incipiente poeta, en las dos décadas siguientes, Martínez Estrada abandonó la lírica, volcándose a géneros como la narrativa, el teatro y, muy especialmente, la ensayística. Esta última sería la que le proporcionaría su reputación como pensador nacional, plasmando sus ideas tanto en estudios críticos de textos literarios como en un tipo de ensayo de ideas, de corte antropológico-sociológico-psicológico.

En esta línea, en 1933 publicó su obra más reconocida, Radiografía de la Pampa, un texto en el que Martínez Estrada encara un análisis de la condición y la naturaleza argentina, a través de elementos geográficos, históricos y culturales, desde una perspectiva fatalista y pesimista (que reiteraría en obras posteriores). Con esta obra inició una serie de publicaciones en las que reflexiona sobre la psicología y el carácter de su país, desde una crítica a las tesis de Sarmiento, tomando también ideas de Georg Simmel, Oswald Spengler y Sigmund Freud. Así, en 1940 apareció La cabeza de Goliat, complemento de su obra anterior, en el que analiza la «fisiología» de la ciudad de Buenos Aires y critica el tradicional centralismo porteño. Quince años más tarde, le escribió una carta abierta al presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, sugiriéndole el traslado de la capital a Bahía Blanca, anticipándose al Proyecto Patagonia que el presidente Raúl Alfonsín intentó concretar sin éxito en la década de 1980.Ezequiel Martínez Estrada, el juez implacable de la cultura argentina Clarín, 12.1.2002

Dos años más tarde, viajó a Estados Unidos, experiencia que volcó en su Panorama de los Estados Unidos, notas de viaje publicadas póstumamente.

Desde 1946 comenzó a colaborar en la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, que agrupaba a varias de las mejores plumas de la época (Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, José Bianco, etc.). A lo largo de la década del cuarenta, publicó varios textos críticos: Panorama de las literaturas (1946), compendio de sus clases dictadas en el Colegio Nacional de La Plata; Nietzsche, filósofo dionisiaco (1947), ensayos dedicados al filósofo alemán; y otros textos que continúan en la indagación de la condición argentina: Sarmiento (1946) y Los invariantes históricos del Facundo (1947), dedicados a analizar las ideas y la obra del escritor sanjuanino; y la que quizá haya sido su obra más ambiciosa: Muerte y transfiguración de Martín Fierro (1948), vasto estudio sobre el poema de José Hernández editado en dos volúmenes.Pampa bárbara, Patricio Lennard Página/12, 31.7.2005

En 1949 se instaló en Bahía Blanca, en una casa sobre la avenida Alem 908, actualmente sede de la fundación que lleva su nombre, y que se conserva como museo y archivo del escritor.Martínez Estrada: la casa de los domingos La Nueva, 21.6.2015 Además, avaló la creación en Mendoza de la revista Voces, fundada —junto con un grupo de intelectuales— por el novel pintor Enrique Sobisch, artista ulteriormente reconocido a nivel internacional.

Tras la publicación de otro ensayo biográfico, El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson (1951), Martínez Estrada sufrió una «neurodermatitis melánica», una afección de origen psicosomático que lo mantuvo postrado durante cuatro años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de Victoria Ocampo, que lo visitó con asiduidad.

Después del golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955,

A fines de los 50 mediante terapias de sueño prolongado, su salud mejoró, tras lo cual retomó la escritura con una serie de encendidos escritos políticos, llamados Catilinarias. Entre ellos, se destaca ¿Qué es esto? (1956), un texto sociólogico como intento de comprender al peronismo, Estrada sostenía que el peronismo perduraría, y que la Argentina tendrá «preperonismo, peronismo y posperonismo para cien años más».La larga conjura del peronismo según Martínez Estrada

En 1957 asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la cual sería clausurada por la dictadura de Aramburu en junio de ese año En agosto de 1957 tras la intervención de la Liga sería arrestado por la dictadura gobernante y posteriormente liberado tras una intensa campaña de otros escritores.David Viñas, Martínez Estrada, de Radiografía de la pampa hacia el Caribe, Estudios: revista de investigaciones literarias, Nº 9, 1997, págs. 61

Ese año también publicó tres piezas teatrales bajo el título Tres dramas, y El hermano Quiroga, una biografía crítica dedicada a su amigo, muerto veinte años antes.

Viaje a Cuba y años finales

En 1959 Martínez Estrada volvió a la poesía con dos colecciones de aforismos: Coplas del ciego y Otras coplas del ciego. Mientras tanto, viajó a Chile y a Viena, donde conoció al poeta cubano Nicolás Guillén. Desalentado por el poco eco que tenían sus ideas entre la clase política y la intelectualidad, decidió irse a México, donde permaneció un año como profesor en el Instituto de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México. La obtención del Premio Casa de las Américas con su ensayo Análisis funcional de la cultura motivó que Martínez Estrada viaje a Cuba en 1960, atraído, como muchos otros escritores e intelectuales latinoamericanos, por la reciente revolución.Fernando Bogado, La cabeza de Ezequiel Página/12, 14.12.2014

El último período de la obra de Martínez Estrada estuvo notablemente influido por su interés en las ideas latinoamericanistas y antiimperialistas promovidas por la revolución cubana. Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina (1962), un largo ensayo fijando paralelos con Asia y África, y el concepto emergente del Tercer Mundo, condenando el imperialismo y el colonialismo, fue el primero de esta serie de «escritos cubanos».

Desde septiembre de 1960 a noviembre de 1962, fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana. Formó así parte de la densa atmósfera intelectual de los primeros años de la revolución: allí se entrevistó con el Che Guevara, editó dos libros de discursos de Fidel Castro y estudió en profundidad la obra de José Martí, al que dedicó tres libros que solo se publicaron póstumamente. Sin embargo, debido a problemas económicos y de salud, Martínez Estrada decidió regresar a su país el 21 de noviembre de 1962, radicándose nuevamente en Bahía Blanca.

De regreso en Argentina, se encontró con el recelo de varios amigos y colegas. Como a José Bianco, su acercamiento al socialismo cubano le costó el rechazo de Victoria Ocampo, quien expulsó a ambos del Grupo Sur, a pesar de lo cual se siguieron escribiendo. En contraparte, atrajo a una generación más joven, y su apoyo a la revolución contribuyó a hacer su nombre más conocido en otros países hispanoamericanos. Durante 1963 editó otros tres libros que recogían ideas e impresiones de su experiencia cubana: En Cuba y al servicio de la revolución cubana, El verdadero cuento del Tío Sam y El nuevo mundo, la isla de Utopía y la isla de Cuba. En este último ensayo relaciona a Cuba y su idea de un «destino manifiesto» con la Utopía de Tomás Moro, y a los taínos con los amaurotos. Un año después, publicó un último trabajo crítico, dedicado a Balzac, Realidad y fantasía en Balzac, y su poemario Tres poemas del anochecer.

Con su salud gravemente quebrantada, Martínez Estrada falleció en su casa el 4 de noviembre de 1964, a los sesenta y nueve años; desde 1970 sus restos descansan en un mausoleo diseñado por Carlos de la Cárcova que custodia una escultura suya, en el cementerio de Bahía Blanca. Uno de sus poemas le sirve de epitafio: «Se despertó de repente / y se asombró al encontrarse / viviendo, sencillamente».