Véase también: Redefinición de planeta de 2006 thumb|300px|El planeta Neptuno y su luna Tritón, fotografiados por la Voyager 2 al entrar en el sistema solar exterior. La definición de planeta ha resultado ser escurridiza a pesar de ser uno de los términos más conocidos de la astronomía.

El término planeta existe desde hace miles de años, no solo en ciencia sino como parte de una cultura más amplia, aplicado en su larga historia a todo tipo de cosas, desde la videncia al ecologismo. Que el sistema solar consta del Sol y ocho planetas es algo muy conocido y repetido. Según fuentes enciclopédicas en general, un planeta es un astro que no emite luz propia como las estrellas y tiene masa para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuma en equilibrio orbital e hidrostático una forma prácticamente esférica.

Hasta principios de la década de 1990 había poca necesidad de una definición, ya que los astrónomos solo tenían una muestra pequeña del sistema solar con la que trabajar, y esta era lo bastante pequeña para que sus muchas irregularidades se pudieran abordar individualmente.

Sin embargo, desde 1992 y el descubrimiento de una miríada de objetos pequeños más allá de la órbita de Neptuno, el tamaño de la muestra ha crecido de nueve a, por lo menos, varias docenas. Tras el descubrimiento del primer planeta extrasolar en 1995, el número de muestras se aproxima ya a varios centenares. Estos descubrimientos no solo han aumentado el número de planetas potenciales, sino que su variedad y peculiaridades (algunos tan grandes como para ser estrellas, otros más pequeños que nuestra Luna) han desafiado la vieja noción de qué es un planeta.

El problema de una definición clara de planeta llegó a un punto crítico en 2005 con el descubrimiento del objeto transneptuniano Eris (2003 UB313), un cuerpo mayor que el más pequeño de los planetas aceptados hasta entonces, Plutón.

La Unión Astronómica Internacional (UAI), el organismo responsable de resolver los asuntos de la nomenclatura astronómica, finalmente anunció su decisión final sobre este tema el 24 de agosto de 2006, aceptando por unanimidad la propuesta elaborada y promovida por los astrónomos uruguayos Julio Ángel Fernández y Gonzalo Tancredi.

Historia y etimología thumb|250px|Los planetas tal y como los entendían antes de la aceptación del modelo heliocéntrico Hasta la propuesta oficial de la UAI (24 de agosto de 2006), nunca había habido una definición precisa y única de la palabra (etimológicamente la palabra griega πλανητής significa errante) sobre el fondo de estrellas fijas que conformaban el cielo nocturno. Esto incluía no solo a los cinco planetas "clásicos", esto es, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, sino también al Sol y la Luna (los "siete objetos celestiales"). Sin embargo, ocasionalmente se hacía una distinción en la terminología; se hacía referencia a los "cinco planetas" (excluyendo al Sol y la Luna) y también a los "siete planetas" (incluyendo al Sol y la Luna), de manera que el término "planeta", ya en sus comienzos, había adquirido ambigüedad.

Finalmente, cuando se aceptó el modelo heliocéntrico en detrimento del geocéntrico, la Tierra se sumó a la lista y el Sol salió de ella, y cuando Galileo descubrió los cuatro satélites de Júpiter, la Luna también fue reclasificada. Sin embargo, los satélites galileanos de Júpiter (en 1610), el satélite de Saturno Titán en 1659, y Jápeto y Rea en 1673, fueron descritos inicialmente como "planetas", no "lunas"; en esa época, la palabra "luna" solo se refería a la Luna de la Tierra.

En 1781, el astrónomo William Herschel, buscando estrellas binarias en el cielo, encontró un objeto en la constelación de Tauro que designó como cometa. Que su extraño objeto pudiera ser un planeta simplemente no se le pasó por la cabeza; los cinco planetas más allá de la Tierra habían sido parte de la concepción del universo que tenía la humanidad desde la antigüedad. Sin embargo, a diferencia de los cometas, la órbita de su objeto era casi circular y dentro del plano de la eclíptica. Finalmente fue reconocido como el séptimo planeta y se le puso el nombre de Urano en honor al dios homónimo.

Las irregularidades inducidas por gravedad que se observaron en la órbita de Urano llevaron al descubrimiento de Neptuno en 1846, y las irregularidades percibidas en la órbita de Neptuno animaron la búsqueda que finalmente llevó al descubrimiento de Plutón en 1930. Más tarde se descubrió que Plutón era demasiado pequeño para producir esas irregularidades. La Voyager 2 determinó que eran debidas a una sobreestimación de la masa de Neptuno.

En la actualidad, los viejos criterios de órbita casi circular, masa que perturba órbitas y estar dentro de la eclíptica han quedado obsoletos con Plutón, que no cumple ninguno de ellos. Por tanto, los astrónomos buscan otros criterios para conseguir una definición precisa. Aunque hay mucho desacuerdo entre las definiciones actuales de planeta, la mayoría se centran en tres criterios generales: que debe orbitar una estrella, tener un cierto tamaño mínimo (normalmente lo bastante para que la gravedad lo haga esférico) y sin embargo no tan grande que produzca fusión nuclear. Todos estos criterios han sido desafiados por varios descubrimientos, detallados a lo largo de este artículo.

Planetas menores El término "planeta menor" o "planetoide" se ha usado a menudo para describir aquellos objetos que, aunque orbitan alrededor del Sol, no cumplen ciertos criterios comunes a los planetas "principales". Qué criterios son esos, o incluso si deben existir tales criterios, está sujeto a cierto debate. El principal es haber limpiado su órbita de planetesimales, o lo que es lo mismo, tener dominancia orbital.Resoluciones de la Asamblea de la IAU, 24 de agosto de 2006

Órbita compartida

Un posible criterio para distinguir entre un planeta principal y un planeta menor sería el de si su órbita es única o compartida con otros objetos de tamaño similar. El descubrimiento de Urano por Herschel parecía validar la ley de Bode, una función matemática que genera el tamaño del semieje mayor de las órbitas planetarias. Los astrónomos consideraban la ley como una coincidencia insignificante, pero Urano caía muy cerca de la distancia exacta que predecía. Como la ley de Bode también predecía la existencia de un cuerpo entre Marte y Júpiter que por aquel entonces no se había observado, los astrónomos prestaron atención a esa región con la esperanza de que pudiera cumplirse de nuevo. Finalmente, en 1801, Ceres, un objeto tan pequeño que casi era invisible para los telescopios de la época, fue hallado justo en el lugar correcto del espacio. El objeto fue declarado como planeta.

Luego, en 1802, Heinrich Olbers descubrió Palas, un segundo "planeta" más o menos a la misma distancia del Sol que Ceres. La idea de que dos planetas pudieran ocupar la misma órbita fue una afrenta a un milenio de pensamiento. Unos años después se descubrió otro mundo en una órbita similar, Juno. A partir de entonces los descubrimientos se aceleraron.

William Herschel sugirió que se les diera una clasificación separada a estos objetos, asteroides, que significa "parecido a una estrella", ya que eran demasiado pequeños para que se pudieran resolver sus discos y por tanto parecían estrellas, aunque la mayoría de los astrónomos prefería llamarlos planetas. Los libros de texto científicos de 1828, después de la muerte de Herschel, todavía contaban a los asteroides entre los planetas. En 1851, el número de asteroides había subido hasta 15, y se adoptó un nuevo método para clasificarlos, añadiendo un número antes de sus nombres, colocándolos inadvertidamente en una categoría distinta. En la década de 1860, los observatorios de Europa y Estados Unidos empezaron a llamarlos "planetas menores", o "planetas pequeños", aunque tuvo que pasar más tiempo para que los primeros cuatro asteroides se agruparan como tales.

thumb|350px|Los tamaños relativos de la Tierra (a la izquierda) y (de arriba abajo) la Luna, Plutón, y su mayor luna Caronte, Sedna, Quaoar y Ceres a la derecha.

El largo camino seguido por Ceres desde la consideración de planeta a la pérdida de tal está reflejado en la historia de Plutón, que fue designado como planeta poco después de su descubrimiento en 1930. Plutón era una anomalía: un mundo pequeño y helado en una región de gigantes gaseosos con una órbita que lo eleva muy por encima del plano de la eclíptica e incluso lo introduce dentro de la de Neptuno. Sin embargo, era único, que se supiera. Luego, a principios de 1992, los astrónomos empezaron a detectar un gran número de cuerpos helados más allá de la órbita de Neptuno que eran similares a Plutón en tamaño y composición. Concluyeron que habían descubierto el hipotético cinturón de Kuiper (a veces llamado cinturón de Edgeworth-Kuiper), una franja de cuerpos helados que es la fuente de los cometas de "periodo corto"—como el Halley, con periodos orbitales de hasta 200 años.

La órbita de Plutón se encuentra en medio de esta franja y, por tanto, su estatus planetario se puso en cuestión. El precedente sentado por Ceres de degradar a un objeto de su estatus de planeta por su órbita compartida ha llevado a muchos a concluir que Plutón también debe ser reclasificado como planeta menor. Mike Brown, del Caltech, ha sugerido que debería redefinirse "planeta" como "cualquier cuerpo del sistema solar que tenga más masa que la masa total de todos los demás cuerpos que tengan una órbita similar". Los ocho planetas por encima de ese límite serían los "planetas mayores". Ha habido bastante clamor ante la perspectiva de una "degradación" de Plutón, y en 1999 la Unión Astronómica Internacional votó oficialmente para mantener la clasificación de planeta para Plutón.

El descubrimiento de varios objetos que se aproximan al tamaño de Plutón, como (50000) Quaoar y (90377) Sedna, siguieron minando los argumentos a favor de que Plutón era excepcional en comparación con el resto de la población transneptuniana. El 28 de julio de 2005, Mike Brown y su equipo anunciaron el descubrimiento de un objeto que se confirmó como mayor que Plutón, designado inicialmente como 2003 UB313 (y desde el 13 de septiembre de 2006 con nombre definitivo: Eris), aunque sus descubridores (y mucha gente de los medios de comunicación) lo llamaron inmediatamente el décimo planeta. En la segunda mitad de octubre de 2003 se le dio la designación provisional 2003 UB313, colocándolo como el objeto número 7827 en la lista oficial de planetas menores. Tras la decisión de la UAI en agosto de 2006, pasó a ser el planeta menor más grande conocido del sistema solar, por delante de Plutón.

Sin embargo, el criterio de órbita compartida no carece de ambigüedad; no define un planeta por su composición o formación, sino por su posición. Por tanto, con esta definición, un cuerpo del tamaño de Plutón o más pequeño que orbite en solitario se llamaría planeta, mientras que objetos más grandes que estuvieran próximos entre sí se denominarían "planetas menores".

Esfericidad thumb|El asteroide (4) Vesta es técnicamente un esferoide Varios astrónomos, como Alan Stern, sostienen que el tamaño, y no una órbita única, es el criterio adecuado para definir a un planeta menor. El tamaño de los objetos que orbitan alrededor del Sol varía desde partículas de polvo a Júpiter, por lo que obviamente sería necesario un límite inferior. El límite potencial más debatido es cuando un objeto se hace esférico por su propia gravedad. Muchos astrónomos favorecen esta definición, porque permitiría a Plutón conservar su estatus de planeta. Una definición como esta le daría la vuelta a las nociones convencionales sobre nuestro sistema solar, ahora se sabe que Ceres, antes un mero punto de luz, es esférico, y por tanto, con esta definición, recuperaría su estatus de planeta.