La muralla de Burgos es una cerca defensiva que rodea parte del casco histórico de la ciudad española de Burgos. Su estructura actual remonta a la Baja Edad Media. Desde el se comenzó a derribar progresivamente en ciertos puntos, pero se han conservado varios tramos y puertas importantes, así como algunas torres y lienzos aislados.
Historia El desarrollo de la muralla es consustancial al de la propia ciudad de Burgos. Se puede dividir su evolución en varios momentos: las primeras cercas entre el y el , la construcción de la muralla actual entre los siglos y y su posterior evolución en los siglos sucesivos.
Las primeras cercas Tras la fundación de Burgos en el año 884 debió de construirse ya en el un muro para proteger el castillo y el primitivo núcleo de población que se formó en la parte superior y en las laderas altas del cerro san Miguel.
A finales del el auge comercial y la inmigración impulsaron el crecimiento de la ciudad, cuyo caserío se fue desplazando progresivamente hacia el llano, con el resultado de que los barrios altos de las laderas del castillo comenzaron a despoblarse. Por ello a fines del o en el se hizo una cerca con estructura rectilínea que iría por lo menos desde la puerta de San Martín a la de Santa María. La existencia de esta última se atestigua en el propio Cantar de mio Cid:
La muralla de los siglos y thumb|right|Puerta de San Esteban vista desde el lado exterior. La muralla actual fue construida esencialmente entre el y el bajo impulso del Concejo burgalés. Prueba de ello da un documento de 1276 en el que Alfonso X agradeció a la ciudad el comienzo de estos trabajos:
Este documento ejemplifica la preocupación de los reyes castellanos, que veían cómo una de las principales ciudades del reino se hallaba mal defendida desde finales del , encontrándose buena parte de su caserío desprotegido, especialmente en la zona de la Puebla y de los mercados.
Las obras comenzaron en varios puntos a la vez y el Concejo se ocupó de detallar las características y el trazado que debía tener:
El trazado elegido por el Concejo abarcó la mayor parte de la superficie urbanizada del Burgos bajomedieval, de manera que la muralla iba a cumplir así no solamente una función militar sino también comercial e impositiva. Fuera del recinto amurallado quedaron los monasterios y conventos de San Pablo, las Trinitarias y San Francisco; así como los barrios de San Felices, San Pedro de la Fuente o el arrabal de Vega y de San Juan.
En 1313 se sabe que las obras continuaban en el sector entre el castillo y las riberas de los ríos Pico, Vena y Arlanzón. La prolongación de los trabajos abarcaría prácticamente el resto del siglo, estando el recinto amurallado completamente terminado en los albores del . El coste de las obras fue sufragado por el Concejo, con algunas aportaciones puntuales de reyes como Enrique III.
thumb|600px|Vista de Burgos hacia 1572 aparecida en el Civitates Orbis Terrarum en la que se aprecian diferentes tramos de la muralla.Sin embargo al poco de terminarse, existían ya a finales del ciertos tramos en mal estado o cuya función militar quedaba comprometida al haberse adosado a las murallas casas y palacios, desde los cuales se había incluso abierto ventanas y puertas de servidumbre en la propia muralla.
Esta situación se agravaría durante el , tomándose en 1595 la decisión de ordenar que se devolvieran a su estado original los paños de muralla que habían sido dañados. A los destrozos de los propios vecinos se había añadido los efectos de un terremoto en 1542 que dejó maltrechos algunos paños y el cubo de doña Lambra; así como la inundación de 1582, que contribuyó al desmoronamiento casi total de algunos lienzos.
Las destrucciones de los siglos y El recinto amurallado llegó pese a todo íntegro hasta comienzos del . El primer tramo donde la muralla fue derribada fue el del actual paseo del Espolón. Allí se levantó durante el el edificio del Consulado del Mar sobre el solar mismo de la muralla y la casa consistorial edificada sobre la antigua puerta de las Carretas.
La muralla sufrió sin embargo en la zona del cerro del Castillo el último cometido militar de su historia durante el asedio de las tropas de Wellington a las tropas napoleónicas en 1812. En este momento los tramos de la calle de las Murallas y de las Corazas quedaron afectados y posteriormente cayeron en ruina, como ha demostrado una reciente intervención arqueológica.
Las destrucciones planificadas comenzaron a partir de 1831 y se centraron en el sector que iba de la iglesia de San Gil hasta la antigua puerta de San Pablo. La ciudad tendía entonces a abrirse hacia la ribera del Arlanzón y hacia la vega del río Vena, por lo que las murallas se veían como un impedimento urbanístico y fueron demolidas. Las destrucciones se centraron también en el sector entre el arco de Santa María y Barrantes, como ha quedado constancia en algunos documentos municipales.Año 1849 (Sig. 20-131). Venta en 6.050 reales de vellón de un trozo de muralla antigua junto al arco Santa María, espalda al Corralero por el Intendente Militar. Citada en Yzquierdo Perrín, Rafael (2009). Murallas y puertas de Burgos. Bilbao: Ediciones Beta III milenio. p.40. ISBN 978-84-92629-15-2.
Conservación y puesta en valor La conservación de los sectores respetados por la expansión urbanística del se debió más al hecho de que se encontraran en zonas periféricas o en pendiente (caso del sector del paseo de los Cubos y de la subida a la puerta de San Martín; o del tramo de muralla que baja del Castillo hasta la puerta de San Esteban).
Obviando algunas reparaciones puntuales, se hubo de esperar hasta bien entrado el para que el Ayuntamiento ejecutase primero políticas activas de conservación, y ya en el último tercio del siglo, acciones de restauración y de puesta en valor. Durante los años ochenta se restauró el tramo del paseo de los Cubos, después el tramo de la puerta de San Esteban en el marco de la recuperación del cerro del Castillo y finalmente ya en la primera década del pequeños paños de muralla como el de la calle San Lesmes.
Características El trazado de la muralla recorría las actuales calles de San Lesmes y la ribera del Arlanzón siguiendo la calle Vitoria y el paseo del Espolón hasta la calle Eduardo Martínez del Campo. A continuación serpenteaba suavemente en el paseo de los Cubos para subir hacia el arco de San Martín, para desde allí rodear el cerro del Castillo y bajar de nuevo hacia el arco de San Esteban, el arco de San Gil y prolongarse hasta enlazar con el punto de partida.
La longitud total rondó originalmente los 3500 metros, lo que supuso una superficie intramuros de 45 hectáreas. El recinto fortificado contaba con 93 torres y 12 puertas, el espesor era de entre ocho y doce pies y la altura máxima alcanzó los 13 metros en los restos que se han conservado.
Actualmente se conserva en buen estado menos de una cuarta parte del trazado original y cinco puertas, a lo que se añaden varios cientos de metros que han sido recientemente sacados a la luz en la calle de las Murallas y la calle de las Corazas.
Puertas Partiendo del arco de San Martín, avanzando en sentido antihorario, se encuentran o encontraban las siguientes puertas:
Arco de San Martín
thumb|Arco de San Martín visto desde el exterior de la muralla. Este arco es la puerta más occidental de las murallas. Por aquí entraban los reyes de Castilla a la ciudad tras haber prestado el juramento de respetar sus privilegios, por lo que también recibió el nombre de Puerta Real o Puerta Juradera.La última vez que un rey juró los privilegios en esta puerta fue Carlos I en 1520; y la última ocasión en la que un personaje real entró por ella fue Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II en 1570. En 1600 Felipe III y la comitiva real entraron por el arco de Santa María.
El nombre de arco de San Martín deriva de la existencia en sus proximidades de la iglesia de San Martín, hoy desaparecida. Esta puerta era y es la salida del Camino de Santiago de la ciudad, desde aquí los peregrinos avanzan hacia el puente de Malatos y el Hospital del Rey.
Es obra de arquitectos moriscos de comienzos del y su estilo mudéjar es visible en sus cuatro arcos de herradura en ladrillo, material que se alterna con la piedra caliza del resto del conjunto. La puerta podría haber contado originalmente con un piso superior equiparable a la arquería de la puerta de San Esteban que habría sido demolido en 1609 durante unos trabajos de reparación.
Puerta de la Judería y paseo de los Cubos
thumb|150px|Puerta de la Judería tras su restauración.Se denomina así por haber servido originalmente para facilitar el acceso a la judería existente en esta zona de la ciudad durante la Baja Edad Media. Se trata de una puerta secundaria con arco semicircular, exenta de elementos decorativos. Estuvo tapiada en época moderna hasta 1973, cuando se volvió a abrir con el fin de dar acceso a unos nuevos edificios residenciales.
La puerta de la Judería se ubica al final del paseo de los Cubos. En este tramo, el mayor y mejor conservado de todo el trazado de las murallas, se alternan los lienzos con cinco cubos (torres) semicirculares que le otorgan su denominación.
El torreón situado junto a la puerta de la Judería se conoce como Torreón de doña Lambra, sobrenombre que le viene por ser tradicionalmente identificado como el lugar donde vivió este personaje de la leyenda de los siete infantes de Lara. Doña Lambra, acusada de todos los males que sufrían los infantes, se suicidó al tirarse desde lo alto del torreón.
Puerta de los Tintes, o del Hierro, o de los judíos Derribada en 1889, se encontraba al final de la calle de Ronda. Se trababa de una puerta secundaria de forma ojival lanceolada cuyo nombre le vino por estar próxima a los lavaderos de los tintes de lana. También se conoció como puerta del Hierro, por contar con una puerta claveteada; o como puerta de los judíos, por dar también acceso a la vecina judería.
Puerta de Santa Águeda
También conocida como de Santa Gadea o de Barrantes, desapareció en 1870. Según Isidro Gil «carecía de torres defensivas en sus flancos y de adornos (...) Los arcos de entrada y de salida eran ojivales»
Arco de Santa María thumb|Puente y arco de Santa María. Construido inicialmente en los siglos y , entre 1536 y 1553 fue remodelado totalmente por Juan de Vallejo y Francisco de Colonia, dando lugar al arco triunfal en piedra caliza blanca de Hontoria de la Cantera que puede contemplarse en la actualidad. El arco estuvo ocupado por el Consistorio burgalés hasta la construcción de la nueva casa consistorial en el . Entre los años 1878 y 1955 fue sede del Museo Arqueológico Provincial de Burgos y en 1943 fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional. En la actualidad está abierto al público y alberga exposiciones temporales. thumb|Artesonado de la sala de Poridad del arco de Santa María.|alt=|izquierdaLa puerta fue concebida a manera de gran arco triunfal, con organización de retablo labrado en piedra y con un remate almenado a modo de castillete, lo que hace del conjunto un monumento arquitectónico singular. En las seis hornacinas principales, dispuestas en dos cuerpos y tres calles, se encuentran personajes importantes de la historia de Burgos: los Jueces de Castilla (Nuño Rasura y Laín Calvo); los condes Diego Rodríguez Porcelos, fundador de la ciudad, y Fernán González, primer conde independiente de Castilla; el Cid; y el emperador Carlos I, a quien dedicó la ciudad el Arco para congraciarse con él tras las revueltas comuneras.