AlfonsoXII de España (Madrid, 28 de noviembre de 1857-El Pardo, 25 de noviembre de 1885), apodado el Pacificador, fue rey de España entre 1874 y 1885. Hijo de la reina IsabelII y el rey consorte Francisco de Asís de Borbón, con el inicio de su reinado terminó la Primera República y comenzó el período conocido como la Restauración. Tras su prematura muerte a los veintisiete años, víctima de tuberculosis, fue sucedido en el trono por su hijo póstumo, AlfonsoXIII. Debido a la minoría de edad del nuevo monarca, la regencia quedó a cargo de su madre, la reina viuda María Cristina de Habsburgo-Lorena.
Biografía Primeros años (1857-1868) izquierda|miniaturadeimagen|Retrato del príncipe Alfonso con una edad de unos siete años junto a su madre IsabelII y su padre Francisco de Asís de Borbón. Nació en el Palacio Real de Madrid el 28 de noviembre de 1857. En Madrid y en la corte circuló el rumor, también durante el embarazo, de que su verdadero padre no era el rey consorte, Francisco de Asís de Borbón, sino el entonces amante de la reina, el capitán de ingenieros Enrique Puigmoltó y Mayans, III conde de Torrefiel y I vizconde de Miranda,, Walther L.; , Carlos; , Paul; Los reyes de España: dieciocho retratos históricos desde los Reyes Católicos hasta la actualidad. Siglo XXI de España Editores, 1999 de ahí que en algunos medios populares se le llamara al recién nacido el Puigmoltejo. Existen dos teorías más sobre su paternidad: una que apunta al coronel Federico Puig Romero y otra al IV conde de Clonard, Raimundo de Soto.
Alfonso, que recibió el título de príncipe de Asturias tras su nacimiento, tenía cuatro hermanas: la infanta Isabel, condesa de Girgenti (1851-1931), la infanta María del Pilar (1861-1879), la infanta María de la Paz, princesa de Baviera (1862-1946) y la infanta María Eulalia, duquesa de Galliera (1864-1958). Fue bautizado el 7 de diciembre de 1857 en la capilla del Palacio Real de Madrid por el patriarca de las Indias, siendo su padrino el papa Pío IX representado por el nuncio, Lorenzo Barili.
Entre los preceptores del joven príncipe Alfonso se hallaban el duque de Sesto y el arzobispo de Burgos, este último elegido por la propia reina Isabel tras consultar con PíoIX.
Exilio (1868-1874) El príncipe de Asturias, a punto de cumplir los once años de edad, tuvo que abandonar España cuando la Revolución Gloriosa de septiembre de 1868 puso fin al reinado de su madre. La exreina se puso bajo la protección del emperador francés Napoleón III y junto a sus hijos estableció su residencia en París en el «hermoso» Palacio Basilewsky, que Isabel II compró con el dinero que había depositado durante su reinado en la Casa Rothschild de París y con un préstamo de la misma entidad por el valor de las joyas que se había llevado consigo, y que rebautizó con el castizo nombre de Palacio de Castilla, mientras que el rey consorte Francisco de Asís de Borbón se iba a vivir a un palacete en las afueras de la capital francesa tras haber formalizado su separación de la destronada reina. El príncipe Alfonso fue matriculado en el elitista y privado colegio Stanislas y su formación política corrió a cargo de su preceptor Guillermo Morphy. thumb|left|El príncipe Alfonso de Borbón, de doce años de edad, cuando era alumno del colegio Stanislas de París (1870).
A fines de febrero de 1870 el príncipe viajó a Roma para recibir la primera comunión de Pío IX, pero sin lograr, como pretendía la exreina, que el papa reconociese públicamente a la dinastía Borbón como la legítima depositaria de los derechos al trono español y que condenara el «régimen revolucionario» establecido en España. Lo que sí se consiguió fue que de los cuarenta y tres miembros del episcopado español que se hallaban en Roma con motivo de la celebración del Concilio Vaticano I, treinta y nueve visitaran al príncipe, y que uno de ellos, el prestigioso arzobispo de Valladolid, el cardenal Juan Ignacio Moreno y Maisonave, le preparara para recibir la eucaristía.
Al mismo tiempo, entre los partidarios de los Borbones, tanto dentro como fuera de España, se fue extendiendo la idea de que la restauración de la dinastía sólo sería posible si Isabel II abdicaba en el príncipe de Asturias. Isabel II tardó un año en decidirse pero el 20 de junio de 1870 abdicó la Corona en favor de su hijo.
La guerra franco-prusiana motivó que la familia real española se trasladase transitoriamente a Ginebra, donde además de recibir clases particulares, Alfonso acudió a la Academia Pública de la ciudad cantonal. Como continuación de su educación se eligió la Real e Imperial Academia Teresiana de Viena (Collegium Theresianum). Durante su estancia en el Theresianum, desde febrero de 1872 hasta la finalización de sus estudios en junio de 1874, Morphy desempeñó un papel crucial en la formación del carácter e inteligencia del príncipe Alfonso. Ideó un programa de enseñanza en el que se prestaba especial atención a su formación humanística, a los ejercicios corporales y a las visitas a museos, fábricas y otros establecimientos y lugares de interés, además de instruirle en el derecho constitucional. thumb| El futuro Alfonso XII con su mentor, el duque de Sesto. thumb|left|Antonio Cánovas del Castillo en 1872. Desde agosto de 1873 encabezó la causa «alfonsina».
Tras ser nombrado en agosto de 1873 por Isabel II jefe de la causa dinástica alfonsina, Antonio Cánovas del Castillo decidió que era el momento de que el príncipe comenzara su formación militar, y «dejara de ser colegial», con el objetivo de convertirlo en un «Rey-soldado» porque como le dijo en una carta a la ex reina Isabel «hay que darles a todos los militares honrados la esperanza de que en adelante y tan pronto como don Alfonso esté en España, tendrá en él un verdadero jefe y que bajo él servirá a la Patria…». Aunque tardó un año en conseguir su objetivo a causa de la oposición que encontró en el preceptor del príncipe Guillermo Morphy que quería que estuviera un curso más en el Theresianum de Viena para que acabara de formarse «moral y físicamente», en octubre de 1874 Cánovas envió al príncipe, con el acuerdo de éste ―aunque Alfonso hubiera preferido ir a una universidad para tener un mejor conocimiento de los asuntos de gobierno como futuro rey constitucional― y de su madre, a la británica Real Academia Militar de Sandhurst porque, como explicó en una carta, «ha estado ya D. Alfonso demasiado tiempo en Austria para que no convenga cuanto antes… trasladarlo a un país… donde haya más tradiciones constitucionales».
Cánovas de Castillo estuvo muy atento a la educación del príncipe supervisada por un partidario suyo, el duque de Sesto. Según Ramón Villares, gracias al recorrido que hizo por diversos colegios extranjeros de París, Ginebra y Viena para acabar en la academia militar inglesa de Sandhurst, el príncipe Alfonso «adquirió dominio de lenguas y un regular conocimiento de la historia europea, así como de algunos de los teóricos políticos más apreciados en la época (Benjamin Constant, Walter Bagehot). Su curiosidad intelectual no llegaba a los niveles de algunos monarcas coetáneos, como el joven don Pedro V de Portugal, pero a juzgar por la impresión que causaba en los observadores extranjeros y por los libros que se hizo comprar nada más llegar al Palacio de Oriente, su formación lo avecinaba a un monarca liberal europeo más que a sus inmediatos antepasados españoles, tan castizos como poco cultivados. A fin de cuentas, lo más novedoso fue justamente su condición de haber sido el primer monarca de la España moderna que había sido educado casi enteramente en el exilio, sin pompa ni etiqueta».
El 1 de diciembre de 1874, tres días después de que el príncipe Alfonso hubiera cumplido los diecisiete años, Cánovas del Castillo tomó la iniciativa con la publicación del que sería conocido como el Manifiesto de Sandhurst, redactado cuidadosamente por él y firmado por el príncipe. En el Manifiesto Alfonso ofrecía la restauración de la «monarquía hereditaria y representativa» en su persona («único representante yo del derecho monárquico en España») como «lo único que inspira ya confianza en España» al estar «huérfana la nación ahora de todo derecho público e indefinidamente privada de sus libertades». El Manifiesto concluía: «Sea lo que quiera mi propia suerte, ni dejaré de ser buen español, ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal».
Reinado (1874-1885) miniatura|Investidura de Alfonso XII como gran maestre de las Órdenes Militares el día 24 de febrero de 1877, óleo sobre lienzo, 200 x 150 cm, Madrid, Palacio del Senado. miniaturadeimagen|349x349px|Alfonso XII fotografiado por Fernando Debas (c. 1875). El 29 de diciembre de 1874 se produjo la restauración de la monarquía al pronunciarse el general Martínez-Campos en la localidad valenciana de Sagunto a favor del acceso al trono del príncipe Alfonso. En aquel momento, el jefe del Estado era el general Serrano y el jefe del Gobierno era Sagasta. El 9 de enero de 1875 llegó a España y fue proclamado rey ante las Cortes Españolas. Alfonso XII nombró al conde de Morphy su secretario particular. Desde este cargo, se convirtió en un gran protector de los artistas de su tiempo, intercediendo en la concesión de pensiones por parte de la Casa Real y tuvo una fuerte presencia en las instituciones culturales del Madrid de la Restauración.Regeneracionismo musical en el Ateneo de Madrid bajo la presidencia del Conde de Morphy 1886-1895
Al frente de la monarquía llegaba un joven monarca en contacto con la Europa moderna, dispuesto a aunar todos los esfuerzos para la modernización de España. Los propósitos regeneradores de Alfonso XII eran explicados por el propio Morphy a Julio Nombela en una «larga y sustanciosa conferencia», poco antes del pronunciamiento de Sagunto.thumb|left|Grabado que reconstruye el atentado contra Alfonso XII a su paso a caballo por la calle Mayor de Madrid, del que resultó ileso (23 de octubre de 1878). El autor del intento de regicidio, Juan Oliva Moncusí, que declararía pertenecer a la AIT, fue detenido allí mismo. Sería ejecutado a garrote vil el 4 de enero de 1879. thumb|left|Grabado de Le Monde Illustré que reconstruye el atentado fallido contra Alfonso XII y su esposa la reina María Cristina perpetrado en Madrid el 30 de diciembre de 1879. thumb|190px|Alfonso XII en Bad Homburg (1883), vestido de coronel de un regimiento alemán de ulanos destinado en Alsacia, lo que provocó un serio incidente diplomático entre Francia y España.
Su reinado consistió principalmente en consolidar la monarquía y la estabilidad institucional, reparando los daños que las luchas internas de los años del llamado Sexenio Revolucionario habían dejado tras de sí, ganándose el apodo de «el Pacificador». Se aprobó la nueva Constitución de 1876 y durante ese mismo año finalizó la guerra carlista, dirigida por el pretendiente Carlos VII (el propio monarca acudió al campo de batalla para presenciar su final). Los fueros vascos fueron abolidos mediante la Ley de 21 de julio de 1876 y se logró que cesaran, de forma transitoria, las hostilidades en Cuba con la firma de la Paz de Zanjón. En 1878 y 1879 fue víctima de dos atentados perpetrados por anarquistas de los que salió ileso. thumb|left|Visita del rey Alfonso XII a las víctimas del terremoto de Granada de 1884.
Alfonso XII realizó en el año 1883 una visita oficial a Bélgica, Austria, Alemania y Francia. En Alemania aceptó el nombramiento como coronel honorario de un regimiento de la guarnición de Alsacia, territorio conquistado por los alemanes y cuya soberanía reclamaba Francia. Este hecho dio lugar a un serio incidente diplomático entre España y Francia. Alfonso XII fue objeto de un recibimiento hostil por parte del pueblo de París durante su visita oficial a la capital francesa.