En filosofía de la mente, la intencionalidad (del latín in-tendere, "tender hacia") es la propiedad de la mente que hace que los estados mentales siempre (o casi siempre) estén dirigidos a objetos (internos o externos). Es decir, los estados mentales son acerca de algo. La intencionalidad se atribuye principalmente a estados mentales, como percepciones, creencias o deseos, por lo que muchos filósofos la han considerado como la marca característica de lo mental. Un tema central para las teorías de la intencionalidad ha sido el problema de la inexistencia intencional: determinar el estatus ontológico de las entidades que son objeto de estados intencionales. Es un tema que ha tomado relevancia desde la segunda mitad del , y está en la raíz de la corriente fenomenológica. Más tardíamente, está presente también en la filosofía del lenguaje y de la mente.

Origen del término

La intencionalidad se refiere tanto al contenido de la mente o la conciencia,En este artículo se utiliza el término conciencia en vez de consciencia, por ser el modo en que está escrito en otros artículos de Wikipedia, y porque su significado incluye, tanto la "auto-conciencia", como la conciencia ética o de los valores, como en el caso de Max Scheler. En algunos textos se hace una distinción terminológica: se usa conciencia para juicios éticos o morales, y se reserva consciencia para ámbitos cognoscitivos. Ambos usos son compatibles con las definiciones del Diccionario de la RAE. Su significado se refiere principalmente a la relación entre un sujeto y algo diferente a él -o que se percibe como diferente-, por ejemplo, lo que se conoce a través de los sentidos, lo que se piensa, se desea, etc. El uso de este término no presupone la existencia actual de lo que se presenta a la conciencia. como a la relación entre la conciencia y el mundo. Fundamentalmente, la intencionalidad significa que la actividad de la mente se refiere a, indica o contiene un objeto. Desde otro punto de vista, se puede decir que gracias a la intencionalidad un sujeto es capaz de conocer la realidad que lo circunda y que además tiende naturalmente hacia ella, y, al mismo tiempo, al propio yo, no como objeto, sino en cuanto sujeto del hecho o estado psíquico. La intencionalidad no se reduce al estudio de la intención de la voluntad. No debe confundirse con el concepto que en francés se llama intención y en inglés intensionality, concepto que pertenece a la lingüística. Es en la rama de la teoría del conocimiento o gnoseología donde la intencionalidad adquiere todo su valor, porque todo saber es intencional es decir se refiere a algo ya sea de dicto o de re; provocando así una constante que delimita el acceso al propio conocimiento. Dando, paradójicamente, de esta manera el punto de partida para un entendimiento objetivo de todo estudio. Desde este campo de estudio se analizan temas tan variados como "el acceso de la conciencia al mundo", "la relación entre somaticidad, o el cuerpo propio, y la conciencia", "los fenómenos psíquicos", "los valores, en cuanto percibidos por la conciencia", "la realidad en la conciencia de lo irreal (lo futuro, lo falso, lo erróneo)", "la apertura intencional de la voluntad", etc.

Aproximación histórica

Este tema ha sido tratado de manera muy distinta en diversas épocas y ámbitos filosóficos, desde la antigua Grecia. Sin embargo, como tema de estudio, la intencionalidad es un concepto moderno. Se le dio un lugar especial solo después de que la conciencia ocupara un puesto privilegiado en el trabajo filosófico. Hasta entonces, no se había visto la necesidad de acudir a este concepto como digno de una atención particular. Si un autor premoderno –anterior a Descartes– se acercaba a él, era de manera secundaria o periférica, pues daba por descontado que la conciencia, o el sujeto, tiene acceso al conocimiento del mundo o de la realidad, tanto en autores idealistas como realistas. En el , algunos estudiosos de la intencionalidad intentan alejarse de un cierto "mentalismo", dualista o no, que podría considerar que aquello que se conoce está en la mente, en vez de ser la realidad misma. Acudir a la intencionalidad puede ayudar a evitar el "mentalismo", al considerar que el conocimiento consiste en una relación entre la mente y lo conocido, y no una duplicación de las cosas. El uso de este concepto es compatible con diversas posturas, escuelas, métodos, etc., como la fenomenología, filosofía analítica, metafísica, naturalismo biológico, etc.

La intencionalidad en la Edad Antigua

Se encuentran breves y tangenciales referencias a ella en filósofos antiguos, en los que este término latino se usa sobre todo para el estudio de la voluntad. Este tema hunde sus raíces en la filosofía griega -particularmente Aristóteles (Metafísica, libro V, 1021a31-1021b4)-, y llega a la Europa medieval, como muchos otros temas, a través de pensadores árabes. También se encuentra un cierto interés por la intencionalidad en el neoplatonismo.Sorabji, Why the Neoplatonist Did not Have Intentional Objects of Intelection?, en AA.VV., Ancient and Medieval Theories of Intentionality, editado por PERLER, D., Brill, Leiden-Boston-Colonia 2001

Agustín de Hipona (354-430 d. C.), en "La dimensión del alma" (De quantitate animae) utiliza una fórmula similar a la que siglos más tarde usaría Brentano para definir la intencionalidad. Para encontrar la definición de sensación, pone dentro de un diálogo, en boca de Evodio, frases como la siguiente: «Si me preguntaras qué experimenta (...) el que desea, el deseo; qué el que teme, el miedo; qué el que goza, el gozo».Agustín, S., De quantitate animae, XXIII, en Obras de San Agustín, III, Obras Filosóficas, BAC, Madrid 1982. Para definir esta realidad, Agustín no utiliza el término latino correspondiente a intencionalidad, que reserva para los actos de la voluntad.

La intencionalidad en la Edad Media El filósofo persa Avicena (c. 980 – 1037) nos proporciona una consideración sobre lo mostrado a la conciencia como tema específico de estudio. Se trata del ejemplo del hombre volante, suspendido en el aire, que no recibe sensaciones de ningún tipo. ¿Qué tipo de pensamientos, si es que los tiene, se dan en este hombre volante?, se pregunta Avicena. No obstante, no postula el conocimiento como relación o contenido intencional.

El fraile dominico Tomás de Aquino se cuestiona sobre la intencionalidad del conocimiento desde dos puntos de vista: primero, ontológicamente, se pregunta por el ser del conocimiento en el hombre: el esse intentionale (ser intencional); en segundo lugar, por la manera en que las formas en el conocimiento se identifican con la forma presente en la sustancia que el hombre conoce. Tomás de Aquino no parte inicialmente del estudio de la conciencia, para dar después un salto hacia la realidad natural, sino que da por supuesto que el hombre tiene acceso al conocimiento efectivo de las cosas, es decir, no se trata de un conocimiento inmanente. Al ser un autor anterior al desarrollo de la filosofía de la conciencia, no se preocupa por dar una definición de intencionalidad o justificarla.

thumb|left|120px|Manuscrito medieval de un texto de Tomás de Aquino.

Este autor medieval entiende la realidad física según el punto de vista llamado hilemórfico, y solo desde esa perspectiva se puede comprender su concepto de intencionalidad. Las cosas tienen como principios la "materia" y la "forma". El hombre, al conocer, adquiere la forma de las cosas, no su materia. Las facultades cognoscitivas del ser humano están hechas a la medida del mundo, de modo que pueda acercarse a ellas conociéndolas. En este contexto, Tomás de Aquino introduce el término ser intencional, es decir, que la “forma” de las cosas está presente ("es") en la mente del hombre de modo que indica o se dirige a la realidad material de la cual se tomó la “forma” conocida.Tomás de Aquino, Comentario al De Anima de Aristóteles, II 553: «Et per hunc modum, sensus recipit formam sine materiam quia alterius modi esse habet forma in sensu, et in re sensibili. Nam in re sensibili habet esse naturale, in sensu autem habet esse intentionale et spirituale». De este modo, la parte intelectiva del hombre tiene, en cierta manera, la capacidad de convertirse en todas las cosas (quodammodo omnia), pero no de manera real, sino intencional, pues posee la forma de lo que ha sido conocido. Tomás considera también la intencionalidad según se refiera a las cosas materiales, lo sensible, que es individual y concreto, o las intelectuales, las ideas, que son universales.Moya, La intencionalidad como elemento clave en la gnoseología del Aquinate, Cuadernos de Anuario Filosófico, Pamplona 2000. Entiende la intencionalidad como relación (de las formas: la conocida y la que se encuentra en el objeto o cosa), que le permite no postular una duplicación en la mente de lo conocido. Es decir, concibe el conocimiento como una posesión intencional de lo conocido.

La intencionalidad en la Edad Moderna

Hasta la llegada de la filosofía de Descartes, que pone el conocimiento en el centro de la investigación filosófica, no era necesario preguntarse sobre la intencionalidad, que se aceptaba implícitamente.Sin embargo "si la formulación noética perfecta de esa opción se dio por primera vez en Descartes, como tendencia y tanteo apareció en el mismo comienzo del filosofar humano". Cardona, Carlos, Metafísica de la opción intelectual, Rialp, Madrid, 2ª Edición, 1973, p. 183. Al cambiar el modo de concebir la aproximación del hombre, o bien, de la conciencia, al mundo, se diluye la intencionalidad. El cogito ergo sum de Descartes es un pensamiento que no requiere objeto para ser postulado. Pues, según explica Husserl -entre otros- el conocimiento que la conciencia tiene de sí misma, se da en concomitancia con la percepción que ésta tiene de lo conocido, y no de manera aislada o independiente de ese conocimiento.

El filósofo irlandés Berkeley, que profesa un idealismo parcial (y por tanto, podría decirse, una intencionalidad parcial), niega la trascendencia del conocimiento sensible, pero acepta la capacidad de conocer objetos inmateriales, o corpóreos.Cfr. Millán-Puelles, A., Fundamentos de Filosofía, p. 469.

Immanuel Kant niega la posibilidad del conocimiento humano de las cosas, tanto de su esencia, como de su existencia (que, en todo caso, es pensada, pero no conocida). La cosa conocida es solamente causa de la percepción.Cfr. Millán-Puelles, A., Teoría del objeto puro, p. 45-48. "Lo que las cosas en sí mismas son es, según Kant, humanamente imperceptible, y no sólo en algún aspecto, sino de un modo absoluto."Cfr. Millán-Puelles, A., Teoría del objeto puro, p. 46. Sin embargo, la realidad calificada de empírica por Kant es esencialmente objetual, es decir, en cierto sentido intencional. Aun así, no se da una apertura intencional hacia la realidad, sino que es meramente inmanente. Schopenhauer (1788-1860), por su parte, afirma que el mundo agota su ser en su referencia objetual al sujeto correspondiente.Cfr. Millán-Puelles, A., Teoría del objeto puro, p. 128. Ésta "referencia objetual" puede ser catalogada como intencional.

thumb|120px|Franz Brentano tomó la noción de intencionalidad de la filosofía medieval y la introdujo en el pensamiento moderno.