La guerra civil romana entre los años 406 y 411 fue un conflicto bélico que enfrentó al gobierno del Imperio romano de Occidente frente al usurpador Constantino de Britania y a este, por su parte, con Geroncio, quien era su principal general.

Comenzó en otoño de 406 con la rebelión de las tropas imperiales estacionas en la diócesis de Britania quienes nombraron a tres usurpadores sucesivos, parece ser, ante la inactividad del gobierno de Honorio frente al peligro que suponía la llegada hasta la frontera del Rin de una gran masa de población —formada por alanos, suevos y vándalos— que había emigrado desde el norte del río Danubio. La reacción del gobierno imperial de Rávena ante la rebelión fue destinar al ejército de campo en la Galia al canal de la Mancha lo que, sin embargo, facilitó que los danubianos cruzaran el río la noche de fin de año de 406 y extendiesen la destrucción por las diócesis galas.

El último de los tres usurpadores —Constantino de Britania— cruzó el canal con las tropas en primavera de 407 y tanto el ejército como la aristocracia de la Galia se le unieron en masa al verlo como la única posibilidad de hacer frente a los invasores del Rin. Ante el fracaso de su estrategia, el gobierno de Rávena envió, ese mismo verano, un nuevo ejército al mando de Saro para intentar acabar con Constantino pero fue derrotado y tuvo que retirarse a Italia. El usurpador consiguió controlar la capital de la prefectura —Arlés— a inicios de 408 y tuvo bajo su mando toda la Galia donde optó por pacificar a los invasores bárbaros mediante acuerdos de asentamiento en el oeste y norte para poder, así, centrarse en su defensa ante otro posible ataque de Honorio y en controlar la diócesis de Hispania donde algunos parientes del emperador habían conseguido formar un ejército y rechazar un primer ataque de sus tropas.

El gobierno de Rávena no cesó en su intento de acabar con Constantino y para el verano de 408 había vuelto a juntar un gran ejército en Ticinum (Pavía) que planeaba unir a los visigodos de Alarico para, bajo el mando de este, dirigirse a la Galia y poner fin a la usurpación. Volvió a fracasar ya que las tropas se amotinaron e iniciaron una cadena de sucesos que llevó a la ejecución de Estilicón, la deserción de los soldados bárbaros que servían en el ejército italiano y a la invasión de la propia Italia por Alarico. De esta manera, para inicios de 409 Honorio no tuvo más remedio que reconocer oficialmente a Constantino como emperador quien, tras haber conseguido controlar la península ibérica, alcanzó así la cumbre de su poder.

Avanzado ese 409, Constantino comenzó a perder el control de sus territorios. Primero se rebeló la población de Britania ante el abandono en que habían quedado frente a ataques sajones mientras que en Armórica y las zonas donde se habían asentado los invasores del Rin, sus habitantes también formaron grupos de autodefensa que consiguieron expulsar a los invasores y a los funcionarios partidarios de Constantino. Los bárbaros optaron, entonces, por pasar a Hispania en otoño sin que las tropas estacionadas allí y dirigidas por Geroncio les hiciesen frente. Llegado el año 410, los invasores saquearon la península excepto la provincia de Tarraconense donde se situaban las tropas comandadas por Geroncio quien, en lugar de luchar contra ellos, se centró en rechazar el intento de Constantino para destituirle; nombró a un emperador alternativo Máximo y derrotó a las tropas que llegaron al mando de Constante.

Para inicios de 411 Constantino, con un ejército gravemente mermado, solo controlaba el este de la Galia y la frontera del Rin lo que fue aprovechado por Geroncio para invadir su territorio donde, primero, detuvo en Vienne a Constante quien intentaba llegar al norte para traer más tropas y luego sitió en Arlés al propio Constantino que solo pudo esperar a que su general Edobico volviese desde la frontera del Rin con un nuevo ejército formado por mercenarios francos. Para entonces, el gobierno de Rávena y las tropas de Italia estaban bajo el control de Flavio Constancio, un militar con talento quien aprovechó la muerte de Alarico y que los visigodos se encontraban en el sur de la península para dirigirse a la Galia y acabar con el usurpador. Esta vez, Honorio tuvo éxito ya que su general consiguió que las tropas de Geroncio le abandonasen y se cambiasen de bando de tal manera que continuó él con el asedio. También pudo derrotar a Edobico cuando este llegó con el ejército de refuerzo y eliminó la última posibilidad de Constantino para resistir lo que llevó a este a rendirse finalmente. Fue ejecutado de camino a Rávena junto a otro de sus hijos y su cabeza paseada por la ciudad mientras que Geroncio cayó asesinado por sus propios soldados cuando regresó a Tarraco. Máximo, por su parte, optó por huir y refugiarse entre los invasores de Hispania.

Las consecuencias de esta guerra civil para el Imperio occidental fueron desastrosas ya que dificultó gravemente su defensa frente a las dos grandes invasiones que sufrió durante esos años: la del Rin y la de Italia. Tampoco retornó la normalidad a las provincias galas porque, al poco de volver sus tropas a Italia, un nuevo usurpador —Jovino— consiguió proclamarse emperador con éxito. El ejército, por su parte, sufrió un gran desgaste de tal manera que sus efectivos móviles se redujeron gravemente lo que impidió a Flavio Constancio acabar completamente con los invasores quienes lograron formar sus propios reinos dentro del territorio imperial y dieron inicio, con ello, al proceso de su caída.

Estallido

Rebelión del ejército en Britania

Entre septiembre y octubre del año 406 se inició una rebelión entre las tropas romanas estacionadas en la diócesis de Britania, las cuales, habían sido recientemente reforzadas con la incorporación de unidades experimentadas formadas por la élite de los guerreros que siguieron a Radagaiso y con ello alcanzado un volumen de efectivos suficiente para aclamar a un emperador propio. Lo hicieron con una sucesión de usurpadores: Marcos al que dieron muerte, al poco, para elegir en su lugar a Graciano que se mantuvo en el poder hasta la primavera de 407 cuando, también, lo asesinaron para sustituirlo por Constantino. Los motivos de esta rebelión nunca han estado claros y son dos las explicaciones que se toman por factibles. miniaturadeimagen|derecha|Sólido con la imagen de Constantino de Britania. Por un lado se piensa que fueron las dificultades en el pago de sus salarios lo que llevó a los soldados a rebelarse. Proclamarían emperador a Marcos quien sería, en ese momento, el comes Britanniarum y su falta de éxito para conseguir el dinero les llevó a asesinarle y elegir a un civil: Graciano, quien tendría una importante influencia en los gobiernos municipales y que tuvo que tener éxito en conseguir el dinero necesario para contentar a los soldados ya que se mantuvo varios meses hasta la primavera del año siguiente cuando, aislados del resto del imperio por la invasión de la Galia, las tropas le dieron muerte y eligieron, en su lugar, a un militar: un soldado raso llamado Constantino para, bajo su mando, pasar al continente y enfrentarse a los invasores.

El otro enfoque considera que lo que llevó al ejército de Britania a elevar a un emperador propio fue la amenaza de invasión que se cernía sobre la vecina Galia. En el verano de 406 un gran conglomerado de tribus bárbaras procedentes del área danubiana llegó hasta el Rin. Los aliados francos que debían impedir el paso hasta la frontera de otras tribus fallaron en su cometido y sufrieron una estrepitosa derrota que permitió a los recién llegados acampar frente al río con el peligro que esto suponía para las defensas romanas que, a todas luces, eran insuficientes para detener a una masa humana que un estudio moderno estima en unos de los que cerca de serían guerreros. Ante la falta de medidas del gobierno imperial frente a esta amenaza, los soldados temieron quedar aislados si se producía una invasión y decidieron actuar por su cuenta de tal manera que proclamaron a una serie de usurpadores.

Primera reacción del gobierno imperial miniaturadeimagen|derecha|Imagen de Estilicón. Priorizó el enfrentamiento contra el Imperio oriental frente a la defensa de la Galia ante la amenaza de una gran invasión bárbara. Esto llevó a las tropas britanas a rebelarse y su reacción fue enviar a los comitatenses al canal de la Mancha para acabar con la rebelión lo que facilitó la invasión del Rin. En el verano de 406 llegaron al gobierno imperial en Rávena las primeras noticias sobre la aproximación de la coalición bárbara a la frontera del Rin y poco después —en otoño— las de la rebelión del ejército en Britania. En ese momento el emperador era Honorio pero la personalidad dominante dentro del gobierno era el magister militum Estilicón. Este había conseguido rechazar con éxito varias invasiones de Italia durante los años anteriores y ahora había vuelto a su objetivo de recuperar las diócesis de Dacia y Macedonia que habían quedado en posesión de la mitad oriental tras la partición del imperio a la muerte de Teodosio I en 395. El general consideraba de vital importancia su control ya que eran el principal área de reclutamiento para el ejército romano, de tal manera que se preparó para invadirlas con su ejército y no dudó en negociar con Alarico —quien había invadido Italia cinco años antes— para que participase con sus tropas en la campaña. Este aceptó la alianza y se trasladó al Epiro para esperar al ejército romano y atacar juntos al Imperio oriental.

Ante la situación que se le presentaba —amenaza de invasión de la Galia, rebelión del ejército en Britania y la campaña en marcha para invadir el Imperio oriental— Estilicón tomó, entonces, una decisión que se considera como el mayor error estratégico de su carrera. No interrumpió sus planes ni envió al ejército italiano a la Galia sino que confió en que la actuación de los aliados francos fuese suficiente para detener a la coalición bárbara mientras que ordenó al magister equitum per Gallias que el principal grupo del ejército allí —los comitatenses— se trasladase al norte, cerca del canal de la Mancha, para hacer frente a las tropas britanas, si estas decidían cruzar, o para pasar ellos mismos a la isla en primavera y sofocar la rebelión.

La coalición bárbara, que estaba establecida firmemente junto a la frontera desde su victoria contra los francos, vio como al finalizar el otoño su situación se tornaba muy difícil por la falta de provisiones para pasar el invierno, además de la perspectiva de ser objeto de nuevos ataques cuando llegase la primavera. En esta situación y con el principal grupo del ejército romano destinado lejos del Rin para ocuparse de otro enemigo, tomaron la decisión de atravesar sorpresivamente el río la última noche de ese año 406 y arrollaron fácilmente al ejército fronterizo romano para iniciar una exitosa invasión y saqueo de la Galia.

Ascenso de Constantino

Proclamación y paso a la Galia miniaturadeimagen|derecha|400px|Facciones durante la guerra civil romana (406-411). Zonas de control entre la primavera de 407 y primavera de 408:

Constantino de Britania cruzó con sus tropas al continente donde se le unieron las de la Galia. Consiguió recuperar el área fronteriza junto al Rin y continuó por el valle del Ródano hacia Arlés. Las fuerzas de Honorio le hicieron frente, sin éxito, en Valentia.