thumb|350px|Collage - Historia de la homosexualidad masculina en Argentina. 1) Hombres bailando el tango en el Río de la Plata, 1904. 2) Paco Jamandreu, una de los primeros hombres gay argentinos en darse a conocer como tal en público (década 1940/1950). 3) Tapa de la revista Siete Días con Carlos Jáuregui y su pareja. 4) Congreso de la Nación iluminado con los colores de la bandera LGBT+ 5) Frente de Liberación Homosexual, 1973. 6) Jóvenes de la Comunidad Homosexual Argentina, Marcha del Orgullo en Buenos Aires, Buenos Aires, 2007. 7) Besos de hombres gay en Marcha del Orgullo. 8) Marcha del Orgullo en Buenos Aires 9) Hombre con la bandera LGBT+ en Marcha del Orgullo en Paraná 2019; 10) Pareja de hombres gay leather, Marcha del Orgullo en Buenos Aires 2013.

La historia de la homosexualidad masculina en Argentina es parte de la historia de las disidencias sexuales y de género LGBT+ en Argentina, como el lesbianismo, las identidades trans y queer, la intersexualidad, el poliamor, el movimiento swinger, el BDSM, entre otras. Abarca el lugar que la homosexualidad masculina ocupó en cada época, las formas de llevar adelante su sexualidad por parte de los hombres homosexuales y los movimientos de los colectivos de varones gay para lograr el reconocimiento de sus derechos en Argentina. Los pueblos originarios tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas, en muchos casos admitiendo sexualidades no binarias y no heteronormativas, entre ellas las relaciones sexuales entre hombres. El Imperio Español impuso durante la conquista y colonización una violenta represión de las conductas no heterosexuales, mediante la Inquisición y la figura central de la sodomía como crimen y pecado capital, incluyendo como una de sus manifestaciones principales las relaciones sexuales entre hombres. Luego de la independencia en 1810-1816 los gobiernos patrios abolieron la Inquisición y el delito de sodomía, para adoptar a partir de la segunda mitad del , un régimen de binarismo de género y heterosexualidad obligatoria, basado en la represión médico-psiquiátrica y policial de las sexualidades no binarias y no heterosexuales, que caracterizó en general a la cultura occidental. En la primera mitad del se generalizó la persecución policial a hombres homosexuales y travestis, que ha sido denominada como «la cacería de los homosexuales», a la vez que comenzó a conformarse una cultura homosexual masculina alternativa, entre la que se destacó la cultura marica y la figura del «chongo». A fines de la década de 1960 y principios de la década del setenta, se crean las primeras organizaciones de homosexuales masculinos, como el grupo Nuestro Mundo y el Frente de Liberación Homosexual (FLH). Estas primeras organizaciones debieron disolverse directamente afectadas por el terrorismo de Estado que generalizó la dictadura cívico-militar-eclesiástica de 1976-1983. Con la recuperación de la democracia en 1983, comenzó un proceso sostenido de organización y movilización de las disidencias sexuales, principalmente del movimiento gay (masculino), manifestado en la creación de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), que puso el acento en la despatologización de la homosexualidad y la derogación de los edictos policiales usados por reprimir las reuniones de homosexuales y travestis. En 1990 la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. A partir de la primera década del se obtienen notables avances en la lucha contra la homofobia y conquistas de derechos de gran importancia que tuvieron como base la Ley de Matrimonio Igualitario (2010) y la Ley de Identidad de Género (2012).

Pueblos originarios thumb|250px|Relaciones sexuales entre varones en la cerámica mochica. La noción de «homosexualidad» recién surge a fines del , a partir de una mirada binaria y heteronormativa de las orientaciones sexuales. Las sociedades anteriores al tuvieron miradas sobre las relaciones sexuales que no necesariamente se corresponden con la noción moderna de «homosexualidad». Los pueblos originarios que habitaron el actual territorio argentino tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas. Los cronistas españoles informan abundantemente sobre la habitualidad y aceptación social de las relaciones sexuales entre varones en casi todos los pueblos indígenas, que ellos calificaron como sodomía.

La cultura mapuche, aún existente, nunca fue sometida por el Imperio Español y mantuvo su independencia y su propio territorio en la Patagonia y la pampa hasta fines del , siendo desde ese momento afectada profundamente por los procesos de aculturación. Los mapuches, antes de ser conquistados por la cultura «occidental» (euro-cristiana) carecían de nociones de género y sexo, al menos con la relevancia que se concede a los mismos en la cultura europea. Poseían el concepto y el rol social valiosos denominado weye, que hacía referencia a personas que no eran consideradas ni hombres ni mujeres, y se desplazaban complejamente entre diversos estados que combinaban características performativas, sexuales, de edad y del momento del día. Sus prácticas sexuales admitían una amplia diversidad y no establecían un vínculo determinista con la anatomía.

La cultura guaraní tenía también cierto grado de aceptación hacia las personas que mantenían relaciones sexuales con personas del mismo sexo. Diversos testimonios han registrado la normalidad con que eran tratadas las relaciones sexuales entre los hombres guaicurúes del Gran Chaco.

La cultura incaica, influyente en el noroeste argentino, valoraba la sexualidad entre hombres. En la cerámica mochica son célebre las figuras que representan actividades de sexo anal y oral entre varones. En las áreas yungas, existieron varias sociedades matriarcales, que también consideraban sagradas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y el uso de vestimentas correspondientes a otro género.

Conquista y colonización española thumb|300px|Representación de las torturas en el Museo de la Inquisición de Lima, donde eran enviadas para ser juzgadas por sodomía, las personas que mantenían relaciones sexuales con personas del mismo sexo y quienes vestían prendas consideradas inadecuadas para su género.

La conquista europea de América modificó radical y violentamente la sexualidad y las relaciones de género de la población americana. Los conquistadores impusieron un orden héteronormativo y patriarcal, impulsado por la Iglesia católica, que reprimió duramente todo apartamiento de una sexualidad reproductiva o contrario a una rígida división de la sociedad en dos géneros asignados al nacer por la Iglesia. Simultáneamente el poder colonial estableció un sistema de valores de desprecio y rechazo a las personas que tuvieran conductas sexuales y de género no heterosexuales. De la colonia vienen expresiones españolas homofóbicas como «marica» y «maricón»; el Diccionario de la Real Academia Española de 1734 incluyó la palabra «marica» y la definió del siguiente modo: «afeminado, cobarde, de poco brío». También de esta época proviene la palabra «puto», utilizada habitualmente tanto en las colonias españolas como en la península.

Los conquistadores europeos impusieron un tipo de sexualidad basada estrictamente en la reproducción, que reprimía los actos sexuales cuyo objetivo era la obtención de placer, considerados como delitos y pecado de lujuria. En ese contexto jurídico-religioso, todos los regímenes coloniales europeos en América, incluyeron las relaciones sexuales entre hombres dentro del impreciso delito de sodomía, considerado como «crimen nefando», contra natura y contrario a Dios, castigando a quienes fueran hallados culpables a ser quemados en la hoguera.

Durante la conquista española, los conquistadores y cronistas europeos informaron asiduamente que las personas de los pueblos originarios mantenían habitualmente relaciones sexuales entre varones o entre mujeres, y presentaron el hecho como evidencia del salvajismo indígena y su alejamiento del dios cristiano. Esos relatos dieron origen al mito de los gigantes sodomitas de la Patagonia. La llamada «sodomía» fue considerada como una de las causas justas que habilitaba a los conquistadores españoles a declarar la «guerra» contra la población indígena.

Fernanda Molina constató 99 casos de condena por sodomía en el Virreinato del Perú (al que pertenecía el actual territorio de Argentina), durante los siglos y , tratándose en todos los casos de hombres que mantuvieron relaciones sexuales con otros hombres, o consideradas impropias del género asignado («pelilargos, afeminados y travestidos»).

La independencia y thumb|upright|Manuel Belgrano, uno de los "padres de la patria", fue objeto de acoso homofóbico. Luego de la Independencia (1810-1816), se mantuvo el orden heteronormativo y patriarcal, con su correspondiente acción represiva de toda diversidad sexual y de género, pero atenuada cuando la Asamblea del Año XIII abolió la Inquisición. Aun cuando las leyes españolas quedaron en vigencia luego de la independencia, no hay mención desde entonces de condenas por relaciones sexuales consensuadas entre personas mayores del mismo sexo. El delito de sodomía siguió existiendo, pero con un contenido confuso e indefinido, para castigar la violación de hombres.

Desde entonces no se sancionarían leyes nacionales reprimiendo penalmente ningún tipo de práctica sexual consensuada u orientación sexual, ni identidad de género, aunque la diversidad sexual y de género volvería a ser reprimida en el por medio de normas policiales, contravencionales provinciales, y militares -para sus integrantes-.

A comienzos del , uno de los padres de la patria, Manuel Belgrano, fue objeto de acoso homofóbico por una parte del Ejército del Norte. A lo largo del y de la mayor parte del fue tratada como una enfermedad, una "desviación", una "inversión", un "pecado" y una "anormalidad", siendo usada como descalificación y percibida como algo traído por los extranjeros, especialmente los inmigrantes italianos, a quienes se atribuían todos los prejuicios. En 1887 Eugenio Cambaceres, en su novela En la sangre, incluye un personaje homosexual por primera vez en la literatura argentina, Genaro Piazza, un inmigrante italiano que de niño frecuentaba el Paseo de Julio para jugar con otros niños "a los hombres y las mujeres".

En la segunda mitad del siglo, se destacó el tucumano Gabriel Iturri o Gabriel de Yturri, que en la década de 1870, siendo estudiante secundario en el Colegio Nacional de Tucumán, hizo pública su homosexualidad, generando la censura moral del director del establecimiento, el francés Paul Groussac, sufriendo el acoso homofóbico de sus compañeros. Iturri emigró entonces a Europa donde se hizo conocido por ser pareja y secretario del poeta y dandi francés Robert de Montesquiou e inspirar el personaje de Jupien, secretario del Barón Charlus, en la novela En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Al morir en 1905, Montesquiou publicó en la revista Caras y Caretas un inusual panegírico aludiendo al amor que los unió y a las dificultades que enfrentaban las personas gay:

La cacería homofóbica del thumb|300px|La estatua de Giuseppe Mazzini en la actual plaza Roma era el principal lugar de encuentro de los hombres homosexuales de Buenos Aires en la época del Centenario. 300px|miniaturadeimagen|Varias parejas de hombres bailan el tango en el Río de la Plata. La relación entre el tango, el lunfardo y la homosexualidad es uno de los capítulos más destacados de la historia de la homosexualidad masculina en Argentina.