La Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, también conocido como La Borriquilla, es una obra realizada aproximadamente en el periodo 1542-1550 y atribuida a Francisco Giralte, siendo modificada probablemente por Francisco del Rincón hacia 1600. Procesionado el Domingo de Ramos por la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz, el grupo escultórico está ubicado en la Iglesia de la Santa Vera Cruz de Valladolid (Castilla y León, España).

Historia Contexto La evolución de las hermandades y las procesiones en la segunda mital del siglo se tradujo en el anhelo de crear grupos escultóricos compuestos de varias imágenes que plasmasen de forma más completa los momentos descritos en la Pasión. Esto motivó que se empezasen a fabricar varios conjuntos de rudimentaria factura, denominados «de papelón» (cartón piedra) por Tomé Pinheiro da Veiga en su obra Fastiginia (1605), término no demasiado adecuado puesto que en su mayoría las esculturas poseían un armazón realizado en madera recubierto de cartón encolado y telas enyesadas posteriormente policromadas, siendo la cabeza, las manos y los pies también de madera, los cuales se sujetaban al armazón mediante pernos y anclajes. Su escaso peso permitía la procesión de grupos conformados por numerosas figuras, algunos de gran envergadura como la Oración del Huerto, referenciado por el cronista portugués como «con el Ángel en un árbol, mucho de ver y mucha soldadesca, y desorejamiento de Malco», lo que sugiere una escena plagada de numerosas imágenes y con distintos puntos de interés; Pinheiro da Veiga señaló además que «las figuras son de paño de lino y cartón», dejando constancia, de forma exagerada, de que los pasos eran «muchos y muy hermosos, están armados sobre unas mesas, algunas tan grandes como casas ordinarias». Sin embargo, la poca resistencia del material a los golpes y los efectos del clima suponía tener que someter las obras a numerosas labores de mantenimiento, lo que llevaría a su reemplazo por piezas de mayor calidad y durabilidad. Pese a la extendida creencia de que esta clase de imágenes se destinaban casi exclusivamente a las procesiones, en realidad eran creadas en su mayoría para ser emplazadas en altares, si bien pudo erigirse como elemento distintivo entre unas y otras el detalle de ornamentar algunas figuras procesionales con trajes confeccionados en tela natural los cuales, además de enriquecer las esculturas, mantenían ocultas las telas enyesadas, siendo la riqueza de estos ropajes elogiada por Pinheiro da Veiga: «[...] y si va algún vestido gorra o capa al exterior, es todo de brocado o tela, de suerte que parece muy bien».

La desaparición de casi la totalidad de los pasos de «papelón» impide que a día de hoy se sepa a ciencia cierta cómo eran, quedando como único testimonio el grupo La Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén y los registros documentales en los que consta la fabricación de estas obras y las continuas reparaciones a las que debían ser sometidas. El hecho de ser el único conjunto de estas características que ha llegado a nuestros días convierte el paso de la Santa Vera Cruz en una pieza de valor incalculable en el marco de la escultura procesional castellana, siendo en consecuencia el paso de mayor antigüedad que se conserva, si bien en su momento fue infravalorado por varios historiadores, quienes afirmaron no haber hallado en él «mérito alguno» por pertenecer a la categoría de imaginería ligera. Es probable que el grupo escultórico se haya preservado hasta hoy a raíz de considerarse que no era necesario reemplazarlo por uno más monumental pese a ser un paso que desfilaba en solitario el Domingo de Ramos, partiendo desde la sede de la hermandad y culminando su recorrido en la iglesia del Convento de San Francisco, lugar donde se bendecían los ramos para después regresar al templo de la Santa Vera Cruz una vez recorridas diversas partes del cenobio (la procesión en el convento empezaba y terminaba en la iglesia pasando por el claustro, la nave de Santa Juana y el patio de entrada). La celebración del Domingo de Ramos cuenta con un precedente en Europa muy poco conocido en la actualidad del que se conservan numerosos vestigios escultóricos: estos son los denominados Palmesel, cuya traducción literal sería «asnos de palma». Los Palmesel,  compuestos de una imagen representativa de Jesús montado en un asno y este a su vez sobre un carro, eran llevados en procesión el Domingo de Ramos en múltiples ciudades de Alemania, sobre todo al sur del país, si bien esta costumbre se dio igualmente en Austria, Suiza, Bélgica y Países Bajos. Gran parte de las figuras que han llegado a nuestros días están fechadas en los siglos y , conservándose a su vez una pintura datada en torno a 1700 en la que se muestra un desfile procesional llevado a cabo en Schwäbisch Gmünd. Por su parte, una de las primeras borriquillas documentadas en la península ibérica es la que se mandó hacer en 1493 para la Catedral de Toledo, la cual estaba acompañada de un carro decorado con una imagen de la ciudad de Jerusalén pintada ese mismo año por un maestro y sus oficiales.

Atribución

La desaparición del archivo de la cofradía a causa de un incendio imposibilita la documentación del conjunto, si bien un examen estilístico permite dilucidar la existencia de una escena primitiva, de la que se conservan cuatro imágenes (tres de ellas vestidas con jubón, calzas y borceguíes), la cual fue elaborada por un artista de mediados del siglo con una clara influencia de Alonso Berruguete, siendo tradicionalmente atribuida la obra en su totalidad a Francisco Giralte además de fecharse en el periodo 1542-1550. No obstante, dos de las figuras de los apóstoles y la talla de Jesús a lomos del asno acompañado por la borriquilla se corresponden, según José Ignacio Hernández Redondo, con los prototipos de la escultura vallisoletana de principios del siglo , por lo que serían fruto de una intervención posterior. Aunque la autoría y la datación del conjunto no pueden precisarse con exactitud, el análisis de las cabezas es de utilidad para ello ya que es lo único que puede vincular la obra a un estilo concreto; estas poseen facciones de gran elegancia y cuentan con cabelleras compuestas por mechones muy finos y algo revueltos, todos fuertemente adheridos al cráneo, con algunos cayendo sobre los hombros de forma apelmazada. En lo tocante a la fisionomía, las bocas aparecen entreabiertas, las narices son finas y las cejas angulosas, todo ello encuadrado en el estilo de Berruguete, teniendo algunas tallas un canon esbelto y una composición en espiral. Una de las figuras de los discípulos que sujeta el manto en primer plano posee una cabeza de proporciones cuadráticas cuyos cabellos se componen de bucles, lo que sirvió a Jesús María Parrado del Olmo para sugerir un vínculo directo del grupo con el catálogo de Giralte, quien fue discípulo de Berruguete. Mayormente se relaciona con los trabajos que el tallista ejecutó durante su estadía en Palencia, sobre todo con el retablo mayor de la Iglesia de San Pedro en Cisneros y con su aportación al retablo mayor de la Iglesia de San Ginés en Villabrágima, ambos elaborados antes de 1547. Otro detalle que aproxima al paso a la producción de Giralte y permite situar su hechura en la década de 1540 son las similitudes que alberga con el relieve de este mismo episodio evangélico presente en las puertas que cierran el claustro de la Catedral de Palencia, principalmente la figura cristífera y la de un discípulo con cabello largo emplazado en la parte posterior. Del mismo modo, la imagen de un apóstol con pelo corto y barba (posiblemente representativa de San Pedro) guarda importantes analogías con varias piezas retablísticas realizadas por el artista en esa misma época, lo que deja abierta la posibilidad de que realizase el paso hacia 1545 a petición de la cofradía ya que en ese año se encontraba en Valladolid inmerso en un pleito con Juan de Juni por la tasación del retablo mayor de la Iglesia de Santa María La Antigua, hoy conservado en la catedral vallisoletana.

No obstante, Hernández Redondo considera que la escena actual se debe a una profunda intervención acometida hacia 1600 puesto que la cabeza de la imagen que posiblemente representa a San Pedro (con ojos oblicuos y cabello conformado por voluminosos rizos) y las tres esculturas ataviadas con botas altas y jubón son diferentes a las imágenes de Jesús, San Juan y el discípulo que tiene ambos brazos abiertos (tal vez representativo de Santiago el Mayor), figuras que exhiben un rostro distinto, con una cabellera notablemente más lineal y un tamaño ligeramente superior al resto de figuras, circunstancia que permite vincular por un lado las cuatro primeras tallas con el estilo de Giralte pese a variar en gran medida con respecto a la calidad de sus obras personales, y por otro fechar las tres últimas figuras en una etapa posterior. La proximidad de estas tres piezas con los prototipos vallisoletanos de entre finales del siglo y principios del se puede constatar al comparar la imagen de San Juan con una talla homónima custodiada en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, obra adjudicada a Francisco del Rincón. Obviando la superior calidad de la imagen rinconiana, las analogías a nivel compositivo entre ambas piezas son notables, aparte de que existen numerosos testimonios documentales acerca de la continua necesidad de reparar las figuras parcialmente así como de proceder a su sustitución dada la fragilidad de los materiales con los que estaban elaboradas. Todas estas evidencias indican que al parecer las tallas de Jesús, San Juan y el discípulo que tiene los brazos abiertos fueron reemplazadas hacia 1600 por las actuales (obra quizá de del Rincón), mientras que las otras imágenes fueron sometidas a una reforma la cual habría afectado no solo a la fisionomía sino también a la policromía. Sumado a esto, una tercera hipótesis, esgrimida por Andrés Álvarez Vicente, sostiene que algunas de las tallas de «papelón» desechadas en el siglo por haber sido sustituidas por imágenes realizadas enteramente en madera pudieron haber sido reaprovechadas para el grupo escultórico, sobre todo las dos de los extremos en la parte frontal debido a su pose forzada.

Vicisitudes thumb|Fotografía del paso extraída del libro Semana Santa Valladolid 1924: única guía oficial (1924). thumb|Fotografía del paso frente a la casa consistorial (primer tercio del siglo ).