Atequiza es una localidad mexicana ubicada en el estado de Jalisco, dentro del municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos. Se sitúa a poco más de 30 km al sureste de la capital del estado, Guadalajara, y a 16 km del lago de Chapala. Junto con la comunidad vecina, conforma un núcleo suburbano de más de .

El índice de instituciones encaminadas a la educación hace de Atequiza uno de los pueblos más destacados en este rubro a nivel nacional. Además, es centro de actividades culturales que van, desde el festejo del Día de Muertos, hasta las tradicionales fiestas patronales que tienen su cúspide el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción; en 2023 y 2024 se realizaron muestras de cine en el Teatro del Pueblo, conmemorando el paso de los Hermanos Lumière por la localidad, esta muestra presenta su primera edición como Festival Internacional de Cine en 2025, como uno de sus eventos culturales más relevantes.

Toponimia La palabra Atequiza en lengua náhuatl posee tres elementos: 1) Atl que significa «agua», 2) e que es un enlace eufónico para unir el primer morfema con el segundo y 3) quiza que en náhuatl significa «salir» o «correr el arroyo». Es decir que Atequiza significa «salir agua», «correr el arroyo» o, mejor aún, «(lugar) donde brota agua» o «donde corren arroyos».

De entre los idiomas que se hablaban, el náhuatl y el coca predominaban a la llegada de los españoles. La fusión de vocablos procedentes de estos idiomas da origen a la palabra Atequiza.

Jorge Munguía Martínez, de la Universidad de Guadalajara, desglosó la palabra Atequiza en tres vocablos: Atl que significa «agua»; Teki que significa «cortar»; Za al igual que Tlan se traducen como «lugar». Dando otra definición, más literal y exacta, que es «lugar donde se corta el agua» . Esto se explica debido a la abundancia de cantera gris a flor de piel en lo que hoy es la población, misma cobertura que hacía filtrar el vital líquido, o sea que se cortara en su correr . El dilema está en la palabra original Tequitzistlán, pues nos topamos nuevamente con el Teki (cortar), el Tlan (lugar), muy posiblemente ligado a otras definiciones como Tekitl (trabajo o tributo) y Tzikitzin (pequeño) sin hasta ahora encontrar un significado coherente. Así lo plantea la maestra Ortencia Viveros Ríos, de la Universidad de Guadalajara .

Otra versión sugiere su origen en el idioma vascuence, dado que su fundador era oriundo de Vitoria : la etimología es Ate (Puerta) e Iza (Estrella). Entendida como la «Puerta de Estrella» o bien Ateka: «Cerca e Iza» o en palabras simples «Cerca de las Estrellas», aunque se considera la menos probable.

Historia

Antecedentes prehispánicos: Tequisistlán y Atotonilquillo La región era habitada por indígenas cocas, nahuas, purépechas y otra gran diversidad de etnias. Se cree que Atequiza se llamó Tequisistlán, porque así aparece en los libros de gobierno de la parroquia de Poncitlán, (versión del presbítero Ramón García Sánchez) . Tequisistlán estuvo ubicado, según hallazgos arqueológicos, en el ojo de agua, dos kilómetros al noreste del actual pueblo de Atequiza, que junto con Atotonilquillo fueron habitados alrededor de los siglos y por las tribus nahuatlacas, en las cercanías del río Chicnahuac (hoy Santiago) .

Los conquistadores. 1525-1530 Francisco Cortés de San Buenaventura, primer capitán y teniente del gobierno de Colima, realizó un censo en 1525 en el cual aparece el pueblo de Tequezistlán con un total de 45 casas y unas 270 personas. Nuño Beltrán de Guzmán, después de ganado Poncitlán en 1530, decide conquistar las riquezas de Tonalá; una vez en su poder, varios pueblos, entre ellos Tequesistlán, le dan obediencia.

Cristóbal Romero Gutiérrez, fue el primer encomendero de Tequisistlán, cuando los estados de Jalisco y Nayarit ya llevaban por nombre Nueva Galicia. Luego, Alonso Dávalos fue dueño por mitad de Tequisistlán y Chapala. En 1541, los caxcanes del norte aún no eran conquistados, los caciques de Tequisistlán, Ixcatlán y Copala incitaron a una rebelión en apoyo, pero fueron descubiertos y sentenciados. En ese año el virrey Antonio de Mendoza junto con el ejército de México, se dirige a poner paz en el Mixtón, pasa por Tequisistlán y recibe muchos presentes, yéndose muy contento, tanto que llamó a los nativos de Tequisistlán, Tonalá y Tetlán: “los tlaxcaltecas de Galicia” .

Fundación de Atequiza. 1556 En 1556, Juan Ortiz de Urbina, originario de Zuazo de Vitoria, en Álava, fundó la Estancia de Santa Ana de Atequiza, con una merced otorgada por el rey Felipe II de España, en tierras pertenecientes a Atotonilquillo y con naturales de allí, a los que se les quitaron veinticinco caballerías y dos estancias de ganado mayor . Juan de Urbina, como era mejor conocido, participó en la fundación de Guadalajara del Valle de Atemajac en 1542, había servido a Pedro de Alvarado en Honduras, y a Nuño Beltrán de Guzmán en Nueva Galicia, tuvo tres hijos, donó un molino a una escuela para niñas pobres y era teniente de corregidor en los pueblos de Tetlán y Analco .

Los dueños de Atequiza en la época colonial La hacienda fue propiedad de los descendientes de Martín Casillas, el constructor de la catedral de Guadalajara; periodo que abarcó de 1600 a 1685. El primero fue Martín Casillas Cabrera "el Mozo", hijo del primero, quien fue alcalde ordinario y procurador de Guadalajara en las primeras décadas de 1600. Después pasó a manos del bachiller Domingo Casillas y finalmente a Pedro Casillas y María Langa.

Don Andrés Fernández de Pacheco fue dueño de Atequiza de 1685 a 1700. Era un importante mercader vinculado directamente con la Ciudad de México, y uno de los pocos hacendados con las condiciones necesarias para hacer una red de riego, gracias al río, lo cual le daba grandes ganancias. Durante un repartimiento, fue dotado de 152 indígenas para las labores pesadas del campo. Era también dueño de la hacienda de Buenavista.

Después de don Andrés, la dueña de la hacienda fue una mujer llamada Doña Francisca Velázquez quien se hizo cargo de la propiedad durante 25 años, hasta que la compra Francisco Soto Ceballos, quien vivía en la ciudad de Guadalajara cuatro cuadras al sur de la catedral (en donde ahora está el edificio Mulbar, calles Corona y Madero), este hombre vendió la hacienda de Atequiza en 1751.

El nuevo dueño, un minero de Bolaños, Pedro Álvarez Cantón, hizo de Atequiza una hacienda criadora de ovejas, que le dieron el dominio del mercado, solo compitiendo con Mazatepec y La Sauceda. Llegó a tener cerca de La Barca 5,890 reses y por todo esto era llamado "señor de ganados". Atequiza se volvió también, una hacienda triguera y desde entonces se distinguió como uno de los principales lugares de Jalisco que producía este cereal (hasta ya entrado el año 2000 que desapareció esta actividad). En 1775, le fue otorgada a don Pedro la licencia para oficiar misa dentro de la hacienda, por orden del ilustrísimo Fray Antonio Alcalde y Barriga.

En 1784, compra la hacienda un importante aristócrata tapatío: don José Ignacio Basauri Cid y Escobar, casado con María Ana Villasón Álvarez Cantón, nieta del antiguo dueño. Fue miembro de la Junta de Abasto y alcalde ordinario de primer voto en Guadalajara. En Atequiza creció la producción de trigo, además de maíz, frijol, y ganado, en esta época se edificó la iglesia de Atequiza. Basauri también poseía la hacienda de Miraflores en Tepatitlán de Morelos. Al final de su vida tomó los hábitos y como lo había hecho su padre don Tomás Basauri, apoyó la construcción de la capilla de Aranzazu en Guadalajara. Su hija María de Jesús se casó con Manuel José Nogueras, y por su hermana María Josefa, estaban emparentados con los González de Castañeda.

miniatura|Teatro y molino de trigo. Propiedad de don Vicente Gallardo Riesch quien según la fuente original aparece en la imagen (ca. 1886-1890). El Teatro de Atequiza tiene una importancia histórica que lo ubica en el tercero del estado de Jalisco después del Teatro Rosas Moreno en Lagos de Moreno, y el Teatro Degollado en Guadalajara''.

Miguel Hidalgo en Atequiza y el asalto de Encarnación Rosas El 24 de noviembre de 1810, el padre de la patria mexicana, el cura de Dolores Hidalgo, llegó a la Hacienda de Atequiza, propiedad de los hijos de Ignacio Basauri muerto en 1804. Traía consigo un ejército de siete mil hombres que durmieron esa noche en la hacienda. ¿Por qué Hidalgo decide quedarse en Atequiza? Una teoría razonable es el abasto de alimento, pues eran miles de bocas, y Atequiza tenía enormes trojes de diversos cereales. De 1812 a 1816, duró un heroico levantamiento de José Encarnación Rosas y los habitantes de la comunidad indígena de Mezcala contra el gobierno español, los insurgentes ribereños fueron sitiados en la isla del Presidio, pero en una oportunidad burlan la guardia y saquean la Hacienda de Atequiza para llevar alimento a los soldados.

Pedro Juan de Olasagarre, proveniente de Panamá (nacido en Veraguas en 1780) llegó al puerto de San Blas (Nayarit) en 1813, apenas estallada la guerra de independencia, con la bolsa llena de miles de pesos y con ideas que cambiarían el comercio en Jalisco. Compró de contado la enorme y rica hacienda de Atequiza en 1819, cosa poco común entre los ricos jaliscienses acostumbrados al crédito, además fue el primer empresario individual en todo el occidente mexicano. Era casado con Ignacia Villaseñor, y en 1829 le compró a su suegro José María, la hacienda de Huejotitán en 50 mil pesos.

Don Pedro poseía un barco propio, llamado La Fragata Cazadora, que comercializaba en todo el Pacífico, fundó varias compañías agrícolas y mercantiles. Su principal socio fue su cuñado José Prieto y Ramos, tenía inversiones en Kingston y en Londres en miles de libras esterlinas. Poseía en Atequiza enormes cantidades de ganado para la venta de carne, tenía la hacienda huertos ricos en frutas del país; lechería, cuartos para la fabricación de queso y grandes graneros, era una de las más ricas en la vecindad inmediata de Guadalajara con sus verdes sembradíos de trigo y gozaba de una temperatura desconocida en las provincias centrales aún durante los meses más calientes. Pedro Juan y su hijo Manuel Jesús Olasagarre fueron dos personas que impulsaron la economía regional en el . Manuel Jesús, quien había estudiado en Inglaterra, fundó la textil La Escoba, mediante un ambicioso proyecto que revolucionó la industria en Jalisco. Además fue ministro de Hacienda en 1854, en una de las gestiones del presidente Antonio López de Santa Anna.

La Edad de Oro de la Hacienda de Atequiza (1839-1903) En 1839, don Cástulo Gallardo y González Hermosillo adquiere la hacienda de Atequiza, que ya era una de las más ricas de la región, continuando su producción de granos y animales. Extraordinaria tanto por su tamaño como por su belleza, la hacienda en estos tiempos era custodiada por fuerzas de infantería quienes vigilaban el orden de la región combatiendo a las gavillas de bandidos, tan comunes por aquellos días. En 1875 hereda su viuda, Doña Francisca Riesch Mayen y después sus hijos Refugio, Vicente, Josefa y María Luisa Gallardo Riesch.