La pérdida de libros en la Antigüedad tardía (el período comprendido entre finales del y finales del ) representa una pérdida irreparable para el patrimonio cultural de la Antigüedad clásica, el cual en su mayoría estaba plasmado en forma de libros antiguos. Debido a la pérdida de gran parte de la literatura griega y latina antiguas, el número de obras que han sobrevivido hasta nuestros días es extremadamente reducido. La mayoría de los textos que han sobrevivido, sin embargo, se han conservado en copias medievales; muy pocos textos originales de la Antigüedad han sobrevivido. miniaturadeimagen| Papiro con inscripción, P. Colonia II 58 (/), con versos de Arquíloco en griego antiguo. Las razones de esta pérdida masiva son diversas y debatidas. La llamada crisis imperial del siglo III supuso un punto de inflexión. Existen pruebas de la destrucción sistemática de escritos cristianos durante la persecución de los cristianos, así como de escritores paganos en el curso de la cristianización del Imperio Romano. Es probable que otras causas se encuentren en el declive cultural y en los disturbios de la época de las migraciones, especialmente en Occidente, cuando muchas colecciones de libros fueron destruidas durante conflictos bélicos y con la desaparición de las élites culturales que eran los últimos portadores de esta cultura escrita. Los cambios en los soportes –como el paso del papiro al pergamino y de los pergamino a los códices– así como el canon literario y el sistema educativo, también representaron barreras adicionales. La transmisión de las obras finalizaba si no se reescribían en el nuevo soporte.
Mientras que en el Imperio Bizantino la tradición literaria de la Antigüedad se mantuvo hasta la caída de Constantinopla, en Occidente, sólo una pequeña élite de personas ricas y cultas conservó el legado literario de al final de la Antigüedad en una reducida selección de obras. A este círculo pertenecía Casiodoro, de familia senatorial, que en el recopiló los restos de literatura que aún se conservaba y estableció la producción de libros monásticos en Vivarium,, sentando así las bases de la producción de libros en la Edad Media. Especialmente en los siglos y , manuscritos de autores clásicos y algunos autores cristianos fueron borrados y reescritos. De los escasos manuscritos latinos más antiguos que aún se conservan, la mayoría de los que contienen textos de autores clásicos solo se conservan como palimpsestos. Por lo tanto, el posterior Renacimiento carolingio, en el que la producción de manuscritos de textos clásicos volvió a florecer, tuvo una gran importancia para la transmisión. Las razones para la creación de palimpsestos fueron diversas, generalmente consideraciones prácticas como el coste del material, el cambio del tipo de escritura o un cambio en los gustos literarios, y posiblemente también motivos religiosos en el caso de textos clásicos y heréticos.
Las consecuencias de la pérdida de gran parte de la literatura antigua fueron significativas. Fue solo con la invención de la la imprenta en el para que los textos antiguos volvieran a ser accesibles a un público más amplio. Muchos logros de la era moderna se inspiraron directa o indirectamente en estos escritos. Probablemente no fue hasta el cuando las bibliotecas modernas alcanzaron el número que tenían en la Antigüedad.
Las colecciones de libros de la Antigüedad y su transmisión. Antes del descubrimiento de los papiros a partir de 1900, la transmisión de la literatura griega anterior al conocía alrededor de 2000 nombres de autores, pero solo se habían preservado al menos partes de las obras de 253 de ellos. En cuanto a la literatura romana, se conocían 772 nombres de autores, pero solo se habían conservado escritos de 144 de ellos. Esto llevó a la estimación común de que menos del 10 % de la literatura antigua ha llegado hasta nosotros. Los casi 3.000 nombres de autores representan un número ínsignificante. Estos nombres corresponden principalmente a autores clásicos utilizados en la educación, pero no abarcan la totalidad de los títulos antiguos, además de la sobrerrepresentación de muchos autores cristianos si comparamos su producción intelectual con el resto de la cultura de la Antigüedad.
Una estimación del número de títulos y libros en la Antigüedad solo se puede inferir de manera indirecta a través de la historia de las bibliotecas. La biblioteca más famosa de la Antigüedad, la Biblioteca de Alejandría, creció de 532.000 a 700.000 rollos entre el 235 a. C. y el 47 a. C. La mayoría en griego. Un rollo correspondía aproximadamente a un título. Por tanto, la producción de títulos en el mundo griego ascendía al menos a 1.100 títulos al año. Extrapolado al año 350, resultaría en una colección de aproximadamente un millón de títulos.vínculo=Datei:Bibsta4.jpg|alt=Grafik von Bibliotheksbeständen seit der Antike|800x800px|Gráficos de los fondos bibliotecarios desde la Antigüedad.La estadística de las colecciones de bibliotecas, hasta donde se conoce o se ha estimado, muestra una brecha significativa en la historia de la transmisión de conocimientos, desde la Antigüedad hasta la época moderna. Según esta información, hasta el las bibliotecas europeas no volvieron a tener fondos comparables a los de las bibliotecas de la Antigüedad.El volumen de la literatura en latín no puede determinarse con precisión, pero podría haber alcanzado una magnitud comparable. Dado que las obras más triviales de las provincias probablemente no encontrasen su lugar en las grandes bibliotecas,el fondo total de títulos antiguos podría haber superado con fácilmente el millón. Bajo la estimación de una distribución promedio de 10 a 100 copias,esto se traduciría en una cantidad de rollos o libros que podría llegar a varios millones. De estos millones de obras de la época anterior al 350, ni una sola se ha conservado en una biblioteca. Todas las obras de la época precristiana, es decir, antes del 350, probablemente sólo se transmitieron en ediciones cristianas, que se produjeron a partir de los siglos y (especialmente en Occidente, sobre todo en el ).
La cantidad de textos antiguos transmitidos (sin contar los hallazgos) aún no se ha determinado con precisión. Se estima que la magnitud estaría alrededor de 3000, de los cuales aproximadamente 1000 están en latín. La mayoría de estos textos se han conservado solo en fragmentos. El volumen total de textos no cristianos conservados, al menos en latín, probablemente cabría en menos de 100 códices. Por lo tanto, la pérdida en la cantidad de títulos antiguos es significativa y podría estar en el orden de uno en mil. Según este cálculo, solo el 0,1 % o uno de cada 1000 títulos habría sobrevivido.. Esta cifra se obtiene comparando unas existencias totales estimadas en varios millones de títulos con los varios miles de títulos supervivientes, o al comparar la última biblioteca de la Antigüedad, la Biblioteca Imperial de Constantinopla, incendiada hacia el 473 con 120.000 libros, con la primera biblioteca medieval conocida de Occidente, la de Casiodoro, que tenía alrededor de 100 códices en el año 576.
La pérdida de libros
Colecciones antiguas En la Antigüedad existían un gran número de bibliotecas. Se conocían bibliotecas públicas urbanas y bibliotecas privadas de entre 20.000 a 50.000 rollos de papiro o pergamino. Estas bibliotecas se localizaban tanto en Roma (con al menos 29 bibliotecas públicas en el año 350) como en las provincias del Imperio Romano. Durante la visita de César a Alejandría, es probable que no se quemase la gran Biblioteca de Alejandría en su totalidad, sino quizás únicamente un almacén en el puerto que contenía alrededor de 40.000 rollos. Estos rollo podrían haberse destinado a la exportación como parte de la producción anual. Es un hecho conocido que Alejandría siguió siendo un centro de estudio e investigación mucho después de este incidente. La biblioteca de Alejandría ya contaba con más de 490.000 rollos en la época helenística,Juan Tzetzes, Prolegomena de comoedia Aristophanis 2,10. mientras que la de Pérgamo tenía unos 200.000 rollos. Durante la época imperial romana, es probable que varias ciudades alcanzaran un nivel similar, ya que tener una biblioteca era considerado un símbolo de estatus y prestigio.
No se han conservado registros precisos sobre el tamaño de las grandes bibliotecas en Roma en la Antigüedad. Sin embargo, a través de evidencia arqueológica, se ha deducido que al menos la Biblioteca Palatina y la Biblioteca Ulpia podrían haber tenido espacio para albergar al menos 100,000 rollos de papiro o pergamino. Es probable que en estas bibliotecas solo se almacenaran los rollos más valiosos. Además la biblioteca de Pérgamo también mantenía la mayoría de sus colecciones en depósito. Por el tamaño de los edificios que albergaban estas bibliotecas principales en Roma, así como las de Alejandría y Atenas, se estima que cada una de ellas podría haber tenido espacio para millones de rollos. Con esta distribución geográfica de la literatura antigua en varias bibliotecas importantes, la pérdida de una sola biblioteca no representaría un problema sustancial para la preservación y transmisión del conocimiento en la Antigüedad.
Factores de la pérdida de libros miniaturadeimagen| Página de uno de los libros más antiguos que se conservan, el Vergilius Vaticanus (hacia el 400), un magnífico manuscrito de poemas de Virgilio. El buen estado de conservación demuestra que libros anteriores al año 300 podrían haber sobrevivido hasta nuestros días. Los escritos de algunos autores antiguos podrían haber sido destruidos incluso antes de la época de la Antigüedad Tardía, como lo demuestra el caso de Tito Labieno, cuyos escritos fueron quemados por orden del emperador Augusto debido a un delito de lesa majestad. Sin embargo, esto fue probablemente un caso minoritario.
Particularmente en descripciones generales más antiguas, es común encontrar la teoría de la "reescritura/descomposición", que sugiere que alrededor del año 400 se produjo una transición de papiros a códices de pergamino. En la era dominada por el cristianismo, o incluso antes, la sociedad habría perdido interés en los rollos no cristianos. Por lo tanto, no continuaron siendo copiados y, a lo largo de la Edad Media, se deterioraron en las bibliotecas, mientras que los códices de pergamino más duraderos sobrevivieron.
Entre los investigadores tampoco suele quedar clara la magnitud de las pérdidas. Por ejemplo, en la presentación general de la historia de la transmisión escrita de Reynolds y Wilson (Scribes and Scholars), no se proporciona información sobre el tamaño de las bibliotecas de Casiodoro e Isidoro de Sevilla. Se mencionan escritos perdidos que supuestamente fueron citados en el año 600, sin discutir si estas citas provienen de las obras originales o de extractos previamente existentes, como se ha demostrado en el caso de Isidoro. Es comúnmente aceptada la idea de que, junto o incluso antes de las destrucciones del periodo de las grandes migraciones, la cristianización fue uno de los factores que contribuyó a las pérdidas de la literatura antigua.
Los papirólogos cuestionan la suposición de una menor durabilidad del papiro. Roberts y Skeat examinaron este tema en The Birth of the Codex (El nacimiento del Codex) en 1983, concluyeron que el papiro, en condiciones normales de almacenamiento, no es menos duradero que el pergamino.