El Imperio aqueménida (persa: شاهنشاهی هخامنشی; persa antiguo: 𐎠𐎼𐎡𐎹𐎧𐏁𐏂𐎶 Āryānāxšāçam, «Reino de los Arianos») es el nombre dado al primer y más extenso de los imperios de los persas,Amélie Kuhrt (2002): El Oriente Próximo en la Antigüedad (volumen dos, pág. 298). Barcelona: Crítica, 2002. ISBN 84-8432-163-0. el cual se extendió por los territorios de los actuales Irán, Mesopotamia, Turkmenistán, Afganistán, Asia Central, Anatolia, Rusia, Chipre, Líbano, Siria, Palestina, Grecia, Bulgaria, Ucrania, Rumania, Arabia Saudita, Indostán y Egipto. El imperio fue fundado por Ciro el Grande tras independizar Persia y conquistar Media en el año 550 a. C. y alcanzó su máximo apogeo durante el reinado de Darío el Grande (r. 522-486 a. C.), cuando llegó a abarcar parte de los territorios de Libia, Bulgaria y Pakistán, así como ciertas áreas del Cáucaso, Sudán y Asia Central. Las grandes conquistas hicieron de Persia el imperio más grande en extensión hasta entonces, lo que la convirtió en quizás la primera superpotencia del mundo.

Hacia el , los persas colonizaron la región de Persis, en el suroeste de la meseta iraní. Desde Persis, Ciro se alzó y derrotó al Imperio medo, así como a Lidia y al Imperio neobabilónico, marcando el establecimiento formal de un nuevo sistema de gobierno imperial bajo la dinastía aqueménida. Su existencia terminó en el año 330 a. C. cuando el último rey aqueménida, Darío III, fue vencido por el conquistador macedonio Alejandro Magno, ferviente admirador de Ciro el Grande. Esta conquista marcó un logro fundamental en su entonces activa campaña por su Imperio macedonio. La muerte de Alejandro desencadenó el inicio del periodo helenístico, y la mayor parte del territorio del caído Imperio aqueménida pasó a estar bajo el dominio del Reino Ptolemaico y el Imperio seléucida, ambos surgidos como sucesores del Imperio macedonio tras la Partición de Triparadiso en el 321 a. C.. El dominio helenístico se mantuvo durante casi un siglo antes de que las élites iranias de la meseta central reclamaran el poder bajo el Imperio parto.

El imperio debe su nombre a la dinastía que lo gobernó: los aqueménidas, fundada por un personaje semilegendario, Aquémenes. En la historia de Occidente, el Imperio aqueménida es conocido sobre todo por su condición de rival de los antiguos griegos, especialmente en dos períodos, las guerras médicas y las campañas del macedonio Alejandro Magno. En la era moderna, el Imperio aqueménida ha sido reconocido por la imposición de un exitoso modelo de administración centralizada y burocrática, por su política multicultural, por la construcción de complejas infraestructuras, tales como sistemas de carreteras y un sistema postal organizado (Chapar Janeh), por el uso de lenguas oficiales en todos sus territorios, y por el desarrollo de servicios civiles, incluyendo el de tener un ejército numeroso y profesional. Sus avances inspiraron la implantación de estilos de gobierno similares en diversos imperios posteriores.

Fuentes Las fuentes para el estudio del Imperio aqueménida son especialmente problemáticas, no tanto por su escasez como por ser a menudo contradictorias entre sí. Asimismo, no todas las regiones ni las épocas están documentadas por igual: en el aspecto cronológico, la mayor parte de la documentación se refiere al siglo V a. C., en tanto que de la época anterior a la conquista de Alejandro hay mucha menos información; en el aspecto geográfico, es mucho más abundante la información referente a las regiones occidentales del Imperio, más cercanas a las ciudades griegas, que a su parte oriental.

Fuentes literarias

Antes de que se iniciasen las excavaciones arqueológicas, la historia aqueménida se conocía únicamente a través de los escritos de autores clásicos (griegos y, en menor medida, romanos), y de la Biblia. Entre los autores clásicos destaca particularmente el historiador griego Heródoto, que escribió en el siglo V a. C., y cuyo propósito principal es exaltar los éxitos de los griegos durante las Guerras Médicas. Su obra es útil para conocer el primer período de la historia aqueménida, especialmente en lo que se refiere a su frontera noroccidental. Durante el siglo IV a. C. aportan también información sobre el Imperio aqueménida las obras de Ctesias y de Jenofonte. Todos los autores griegos, sin embargo, coinciden en lo esencial de su visión del Imperio aqueménida: por un lado, admiran su riqueza y su poder, pero por otro consideran su sistema político corrupto y decadente, y presentan al monarca como una figura débil, víctima de las maquinaciones de las mujeres y los eunucos de la corte.

En la Biblia, en los libros de Esdras y de Nehemías, los persas aparecen como restauradores del Templo de Jerusalén y defensores del culto a Yahvé: la imagen que de ellos se muestra es muy positiva, ya que acabaron con la cautividad de Babilonia. No obstante, en el Libro de Ester, muy probablemente escrito en época helenística, la imagen que se da de los persas es muy similar a la que puede encontrarse en las obras de autores griegos.

Fuentes epigráficas thumb|La Inscripción del Harén, de Jerjes I. Se trata de una inscripción bilingüe en persa (izquierda) y babilonio (derecha).

En época aqueménida, el persa antiguo, antecesor del actual idioma persa hablado en Irán, se escribía en una variedad de escritura cuneiforme que solo comenzó a ser descifrada a comienzos del siglo XIX, gracias sobre todo a los esfuerzos de Henry Rawlinson y a su trabajo con la Inscripción de Behistún, que hace un relato pormenorizado de las circunstancias en que Darío I accedió al poder. Actualmente, se conocen numerosas inscripciones en antiguo persa, pero, con una sola excepción recientemente identificada,Una tablilla administrativa hallada en Persépolis (Stolper, M. W.; & Tavernier, J. (2007), "An Old Persian Administrative Tablet from the Persepolis Fortification", ARTA 2007.001). Se desconoce si el documento refleja una práctica más extendida o se trata de un caso excepcional. estas se restringen al ámbito de las declaraciones de la realeza, expresiones de su poder e ideología. Son fuentes de información útiles para conocer la actividad constructora de los reyes, y la imagen que estos tenían de sí mismos, pero no suelen proporcionar información sobre otros ámbitos (la única de carácter narrativo es la de Behistún).

Junto con las inscripciones son también una importante fuente de información los textos en arameo y en egipcio demótico hallados en Egipto,Véase Papiros de Elefantina. así como un número importante de documentos en idioma acadio hallados en Babilonia. Entre estos últimos se destacan numerosos archivos administrativos de los templos y de algunas familias poderosas como Egibi y Murashu. Kuhrt, Amélie: The Ancient Near East: C.3000-330 B.C.. Routledge, 1995. ISBN 0-415-16762-0; págs. 647-652. Disponible en línea (en inglés). Adicionalmente, los archivos elamitas de Persépolis (el de la Fortaleza y el del Tesoro) iluminan la "economía real" del área de las capitales.G. Cameron: Persepolis treasury tablets;R. Hallock: Persepolis fortification tablets.

Fuentes arqueológicas Las excavaciones son todavía muy incompletas. Las principales son los grandes centros reales, Pasargada, Persépolis y Susa, así como tumbas rupestres como las de Naqsh-e Rostam. Las excavaciones se han visto dificultadas porque algunos sitios, como por ejemplo, Arbela y Ecbatana, están actualmente cubiertos por grandes ciudades modernas (Erbil y Hamadán, respectivamente). Otro factor negativo es el tradicionalmente escaso interés de los arqueólogos por el período en cuestión, lo que llevó a que los niveles de ocupación de época aqueménida hayan sido pobremente documentados.Ch. Gates: "The place of the achaemenid persian period in archaeological research in Cilicia and Hatay (Turkey)", en P. Briant y R. Boucharlat: «L'archéologie de l'empire achéménide: nouvelles recherches», en Persika, 6. París: Éditions de Boccard, 2005.

Historia

Persia comenzó como un estado tributario del Imperio medo, pero esta terminó derrocándolo y amplió sus dominios hasta abarcar Egipto y Asia Menor. Con Jerjes I llegó casi a conquistar la Antigua Grecia, pero fueron finalmente derrotados por las fuerzas griegas.

Antecedentes

El imperio aqueménida fue creado por persas nómadas. Los persas pertenecían a los grupos iranios que se habían establecido siglos atrás en la meseta de Irán, y habitaban la actual provincia de Fars (Irán), una región de tradicional influencia elamita. Se dedicaban de modo destacado a la cría de ganado y el pastoreo nómada, aunque con el tiempo fueron adoptando la agricultura. Es posible que el aqueménida no haya sido el primer imperio iranio, en tanto los medos, otro pueblo iranio, posiblemente establecieron un imperio de corta duración tras haber jugado un rol importante en derrocar a los asirios. La historia de los primeros reyes persas, quienes habrían vivido durante el y la primera mitad del , es poco conocida. Los aqueménidas gobernaron inicialmente la ciudad elamita de Anshan, cerca de la actual ciudad de Marvdasht; el título de «rey de Anshan» era una adaptación del anterior título elamita de «rey de Susa y Anshan». Existen versiones contradictorias sobre la identidad de los primeros reyes de Anshan. Según el Cilindro de Ciro (la genealogía más antigua de los aqueménidas), los reyes de Anshan fueron Teispes, Ciro I, Cambises I y Ciro II, también conocido como Ciro el Grande, que fundó el imperio. De acuerdo con la genealogía tradicional, basada en la posterior Inscripción de Behistún escrita por Darío I (ca. 518 a. C.) y en el historiador griego Heródoto de Halicarnaso, los persas habrían sido gobernados por la dinastía aqueménida, fundada por su epónimo Aquemenes (en antiguo persa, Haxamaniš, ‘el que tiene el espíritu de un seguidor’Schmitt, R: "Achaemenid dynasty", en Encyclopaedia iranica.). Le sucedió su hijo Teispes (Cišpi), de quien se sabe por inscripciones de sus sucesores que utilizó el título de «rey de Anshan».R. Schmitt: "Cispis", en Encyclopaedia iranica. Su bisnieto Ciro II le otorga tal título en el Cilindro de Ciro. Ningún texto anterior menciona a Aquemenes. Heródoto, escribe que Ciro el Grande era hijo de Cambises I y Mandana de Media, hija de Astiages, rey del Imperio medo

La dinastía se habría dividido entonces en dos linajes: uno comenzado por Ciro I, rey de Anshan, y continuado por su hijo Cambises I y su nieto Ciro el Grande, y otro por Ariaramnes, bisabuelo de Darío I. Ciertas inscripciones se refieren a Ariaramnes y a su hijo Arsames como reyes de Persia. Esto llevó a que se especulara sobre una supuesta división del reino de Teispes entre Ciro I y Ariaramnes, quienes habrían reinado, respectivamente, en Anshan y en Persia.Shahbazi, A. Sh.: "Arsames" y "Ariaramna", en Encyclopaedia iranica.

Resulta llamativo que, mientras Darío insiste constantemente en su ascendencia aqueménida, esta es completamente ignorada por Ciro el Grande, el cual solo se remonta hasta Teispes en sus inscripciones. Esto ha llevado recientemente a algunos estudiosos a pensar que las líneas de Ciro («téispida») y Darío («aqueménida») no estaban relacionadas.M. Waters: «Cyrus and the achaemenids», en Iran, 42, 2004; con bibliografía anterior.

Según Heródoto, los persas de las épocas tempranas eran vasallos de sus poderosos vecinos, los medos.

Las grandes conquistas thumb|Tumba de Ciro el Grande en Pasargada. vínculo=https://en.wikipedia.org/wiki/File:Achaemenid_Empire_under_different_kings_(flat_map).svg|miniaturadeimagen|Mapa del proceso de expansión de los territorios aqueménidas