La historia de Galicia incluye los primeros asentamientos humanos en la zona y se extiende hasta la actualidad. Poblada desde la prehistoria, su territorio presenta bastantes muestras de la cultura megalítica que durante la Edad del Hierro y la Edad del Bronce derivará en la cultura castreña. Los límites geográficos de Galicia evolucionaron a lo largo de los siglos. A la provincia romana de Gallaecia sucedió en 410 el regnum suevorum, regnum galliciense o reino suevo. Se denomina «reino de Galicia» el período que va de 410 al 30 de noviembre de 1833, fecha en la que la regente María Cristina de Borbón firmó el decreto que disolvía la Xunta Superior do Reino de Galiza. Se considera que Galicia tuvo una política autónoma hasta el , tomándose como fecha simbólica 1486, año en el que los Reyes Católicos visitaron Santiago de Compostela, si bien los reyes de Castilla ya eran también reyes de Galicia desde 1230.

A partir de 1833 y hasta la Transición española, Galicia ya no es una entidad política-administrativa. Sin embargo ha evolucionado siempre conservando sus particularismos culturales, económicos, sociales y políticos. El 28 de junio de 1936, un proyecto de estatuto de autonomía fue aprobado por referendum en Galicia, pero el gobierno de la II República no pudo ponerlo en práctica dado que el 17 de julio estalló la Guerra Civil. Desde los primeros días del levantamiento, las cuatro provincias gallegas pasaron bajo control franquista. Cuando el régimen volvió a crear en 1940 unas capitanerías generales militares dotadas de poder civil, Galicia fue la octava.

Las nuevas instituciones democráticas creadas a partir de 1977 llevaron a la aprobación del estatuto de autonomía de Galicia el 6 de abril de 1981, que reconoce Galicia como nacionalidad histórica dentro del Estado español.

Etimología La denominación deriva del topónimo Gallaecia. Con este nombre los romanos identificaban a la provincia del Imperio romano que abarcaba el tercio de la península ibérica situado al norte del río Duero y al oeste del río Pisuerga.

Aunque en esta extensa área territorial convivían grupos humanos asentados desde el Neolítico, el nombre procede de los celtas (conocidos como “celtas de Urnenfelder” (‘campos de urnas’), un grupo de indoeuropeos que se asentaron en la península durante el periodo calcolítico (entre el 2300 y el 1800 a. C.) y posteriormente a partir del (celtas de la cultura Hallstatt o Sefes).

Los celtas aparecen por primera vez en los textos del historiador griego Hecateo de Mileto que en el año 517 a. C. se refiere a ellos con el nombre de κέλτης kéltis (‘ocultos’). Es posible que ese nombre provenga de la mitología griega, en la que se ubicaba al pueblo celta como descendiente de CeltusCeltina, hija de Bretannus, se enamoró de Heracles y huyeron rechazando volver a él a no ser que la contuviera. De Celtus deriva el nombre de la etnia celta. transformándose en celti (céltae) al incorporarse al latín.

Sin embargo el término celtae era muy genérico para identificar la gran variedad de asentamientos celtas en Europa, por lo que pronto comenzaron a ser clasificados en función de sus lenguas o de las deidades que veneraban. De esta forma en las islas Británicas se podían encontrar celtas goidélicos y britones entre otros clanes, en tanto que los de la península ibérica serían conocidos como καλλαικoι (kallaikoi), tal como relata Estrabón en el

Si bien kallaikoi era sólo la denominación de los clanes celtas galaicos situados en torno a la desembocadura del río Duero, este término acabó identificando a todos los del noroeste peninsular.Entre sesenta y sesenta y cinco clanes, entre ellos los grovios (en territorios que hoy corresponden a la región portuguesa del Bajo Miño), ártabros (Ferrol), astures (Asturias), poemanos (Lugo), brácaros (Braga), caporos (Iria Flavia), cuarquernos (Serra do Gerês) o los céltae, nombre que se reservaba para los celtas de Brigantium. El motivo debe encontrarse en su ubicación, una privilegiada zona de paso fluvial y marítimo que favoreció la preeminencia de la pópuli (población) llamada Cale (actual Oporto),De esta aldea Cale decía Salustio en el ser “cívitas in Gallaecia”, datando el topónimo así en al menos un siglo antes de la reforma diocleciana. cuyos habitantes ya serían llamados caleci o gallaeci por Plinio el Viejo. Esto derivaría después en los etónimos Calecia o Gallaecia (Galicia) al norte y Porto Cale (Portugal) al sur.Según apunta Coelho da Silva (2000), ya en el Cronicón de Idacio afirma textualmente que Portu Cale está situado ad extremas sedes Gallaeciae estando separada de la Lusitania por el río Duero, Fluvius Dourus dividens (...) Gallaecia et Lusitania.

La denominación del territorio se consolida en el año 239 d. C. con la reforma administrativa emprendida por Diocleciano cuando es creada la provincia Gallaecia segregándola de la Tarraconensis al abarcar los conventus Bracarensis, Asturiacensis y Lucensis.

El topónimo se conservará incluso en árabe: en los mapas y textos de los cronistas del Califato Omeya de Córdoba, aparecerá como Jalikiah, Yiliquí o Yilliquiyya. Posteriormente derivaría en Galiza, Galicia y en francés, Galyce.

En cuanto a la etimología, la teoría más consolidada (de Higino Martins, 1990) indica que Galicia procede de la raíz indoeuropea kala (‘refugio, abrigo’), que pasó a las lenguas gaélicas como gall (madre, tierra). Esta teoría es además coherente con las que vinculan el étimo a la Diosa Madre de los celtas, Cal-Leach,Para el historiador portugués Fuco O'Sores, los celtas del Duero serían los cal-leic-us, es decir, los ‘hijos de la diosa Cal-Léac’, cuya referencia se ha encontrado en una inscripción en la forma de calaic ia en el lugar de Sobreira, cerca de Porto. como al radical ya latinizado Cale,Palomar Lapesa (1957), Alberto Firmat (1966). de cuyo análisis se identifican los significados de ‘piedra’, ‘roca’ o ‘duro’ en coherencia con la orografía granítica sobre la que se asentaban estos clanes.

Prehistoria: Gallaecia Siguiendo la periodización cronológica al uso, se aborda este extenso período histórico comenzando por las primeras manifestaciones culturales del Neolítico en la región (Oestriminios). En esta época se define la iconografía identitaria galaica que después eclosionará con la llegada de la cultura de las Urnas de Vlenden-Bennghardt de mano de los celtas (Kallaicoi) durante la Edad de Bronce y el Calcolítico. Finalmente, se aborda la romanización desde los primeros enfrentamientos bélicos (romanos) hasta la conformación de la jerarquía eclesiástica priscilianista a finales del (priscilianismo).

Oestrimnios Los primeros antecedentes de la posterior configuración territorial y cultural galaicas se registran a partir del Neolítico. Tras la aparición del género Homo en África durante el Pleistoceno, tendrá lugar la transición entre las especies Australopitecus y sapiens a lo largo de todo el Paleolítico. En Europa, a su vez y a partir de antecesores comunes al Homo Sapiens se desarrolla la especie Neandertal que según las hipótesis de los paleoantropólogos se extinguió, hace unos 30000 años, por la superioridad numérica y organizativa del hombre de Cromagnon aunque posiblemente se dieran casos de hibridación;El análisis genético del esqueleto fósil del niño del yacimiento del Abrigo do Lagar Velho en Portugal reveló que se trataba de una mezcla de Neandertal y Cromagnon por lo tanto, el Homo Sapiens protagoniza en solitario el cambio progresivo de una organización social nómada basada en el sistema de caza y recolección a otra basada en la agricultura. Este cambio favorece la creación de asentamientos más estables y con ellos la emergencia de nuevas formas culturales.

Una de ellas es el megalitismo, que en Europa se desarrolla desde el Neolítico hasta la Edad de Bronce caracterizándose por la presencia de megalitos,Básicamente de tres tipos: los círculos líticos o crómlechs, los menhires o pedras fitas y los dólmenes o mámoas construcciones realizadas con piedras de grandes dimensiones. A la luz de las dataciones arqueológicasEntre otras Cronología y periodización del fenómeno megalítico en Galicia y norte de Portugal a la luz de las dataciones por carbono 14 (Alonso Matthias y Bello Diéguez). y síntesis historiográficasEntre otras The Megalithic tombs of Western Iberia: Reflections on their origins, chronology and geographical distribution. Copenhague, 1999. hasta la fecha, no se recomienda asumir como probado el comienzo de esta nueva cultura antes del 4300 a. C. tanto en Galicia como en el norte de Portugal, donde se origina el megalitismo atlánticoTambién a partir del 3000 a. C., comienza una segunda fase, denominada “megalitismo oriental (o mediterráneo)”, por la presencia de tholoi, al extenderse desde el norte de Portugal al sudeste peninsular apareciendo ciudades fortificadas a partir del 2600 a. C. (Vila Nova y Los Millares). al extenderse por toda la fachada atlántica. llegando a la Bretaña francesa en torno al 3800 a. C., alcanzando Irlanda y el sur de la península escandinava a partir del 3500 a. C. hasta que se consolida en torno al 3000 a. C. La cultura del “megalitismo atlántico” vive su apogeo peninsular entre el 3000 a. C. y el 2300 a. C. y se manifiesta de forma homogénea en un área que comprendería el norte de Portugal, Galicia, Asturias, León y Zamora de manera que su área de implantación sería el precedente de la futura Gallaecia.

Los megalitos que más abundan son los sepulcros funerarios, construcciones formadas generalmente por un túmuloCapa de tierra y piedras, de 10 a 30 metros de diámetro semejante a un montículo. en torno a un dolmenConstrucciones ortostáticas. interior con o sin corredor de entrada, en el que se depositaban los cadáveres y un ajuar funerario.La mayor parte de estos sepulcros fueron expoliados en el por el hidalgo Vázquez de Orxás, que obtuvo permiso del gobierno para buscar tesoros en las tumbas de los gentiles galigrecos. Estos dólmenes se encuentran frecuentemente agrupados en necrópolis situadas en llanuras o altiplanos y proliferan sobre todo en la vertiente septentrional y occidental de la actual Galicia.

El gran número de dólmenesRegistrados más de 10.000, se calcula que pudo haber más de 20.000. inducen la existencia de una población densa y dispersa que, según los análisis arqueológicos, hacía uso de una ganadería primitiva basaba en la cría de bueyes, cerdos, cabras y ovejas y una agricultura de cereales y leguminosas poco sofisticada, lo que les obligaría a seguir dependiendo de las técnicas mesolíticas de caza y recolección. La sociedad megalítica galaica no desarrolló una jerarquización social significativa, como demuestran los ascéticos uniformes de los sepulcros o los enterramientos colectivos, en los que abundan más los útiles de finalidad productiva que los objetos de adorno. Se trataba en cambio de una “sociedad igualitaria, compuesta de pequeñas comunidades, poco belicosa y asentada de forma dispersa” en el territorio. Su características más destacables serían su sorprendente habilidad arquitectónica (arquitectura prehistórica de Galicia) —lo que revela una gran capacidad de organización del grupo—, y sobre todo su capacidad de abstracción y trascendencia manifestada en profundo sentido religioso, constatable en la gran cantidad de sepulcros. Los grabados encontrados en ellos describen una “mitología centrada en la fecundidad y en la muerte”, emergiendo la figura del oficiante o mediador entre los dioses y los seres humanos.Entre otros: Die Megalithkultur in Galicien (Walter de Gruyter, Berlín – Nueva York, 1990), Historia de Galicia (R. Villares, 2004), y Elements symbolico-funéraires dans le Mégalithisme galicien. (Révue Archéologique de l’Ouest, Rennes, 1992).