miniatura|Couple de femmes en train de danser, postal de Xavier Sager en 1930.|alt=Dibujo art nouveau de dos mujeres en vestidos rojo y azul bailando cerca la una de la otra.

Las personas LGBT han existido siempre en Francia. Sus sucesivas situaciones sociales, así como las reacciones hacia distintas desviaciones de la norma sexual han sido un objeto de estudio para distintos especialistas en historia cultural, que han descrito la persecución y progresiva firmación de las personas homosexuales, bisexuales y transgénero.

A partir de la llegada del cristianismo a Galia y hasta el , la homosexualidad y otras desviaciones de la norma sexual sufrieron fuertes condenas legales y religiosas. Durante el Antiguo Régimen, esto afectaba de forma menos estricta para la aristocracia que a miembros del tercer estado, quienes llegabron a sufrir la pena de muerte.

La Revolución Francesa de 1794 puso fin a la criminalización de las prácticas homosexuales, convirtiendo a Francia en uno de los territorios más tolerantes de Europa. Sin embargo, la represión continuaría adoptando nuevos avatares.Bajo el imperio de Napoleón se instauró una discreta vigilancia policial. Esto no impidió la aparición de una vivrante sociabilidad y una cultura homosexual y travesti a finales del , centrada siempre en París.

A partir del Segundo Imperio, la medicina y la prensa francesa se interesarían en el fenómeno, llevando a la patologización y criminalización de los homosexuales. La característica más constante de esta estigmatización sería la distinción entre homosexuales «buenos» y «malos», a pesar de que los criterios de esta fuesen cambiando.

Distintas formas de cultura LGBT francesas fueron tomando forma a lo largo del , con la distinción entre travestismo y transexualidad en la década de 1960, seguida de nuevos grupos y manifestaciones militantes en la década de 1970. Éstas desembocaron notablemente en la instauración de la marcha del orgullo en Francia (en francés, marche des fiertés) y en importantes contribuciones teóricas al feminismo lésbico internacional, a través del trabajo de Monique Wittig.

A pesar de que en 1982 se puso fin al registro estatal de homosexuales y de la discriminación legal en cuanto la mayoría sexual, el final del estuvo marcado por la virulenta pandemia del sida. No fue hasta 1999 cuando se creó el PACS, unión de hecho abierta a las parejas homosexuales, y hubo que esperar a 2013 para ver la apertura del matrimonio a las personas del mismo sexo.

Antigüedad

No sabemos mucho de las costumbres sexuales prerromanas en el territorio que hoy llamamos «Francia». Los pueblos celtas, mayoritarios en la tierra que los romanos llamarían «Galia», no tenían una tradición de escritura y solo podemos leer lo que otros pensaban de ellos. Podemos encontrar pistas sobre sus costumbres en los textos del geógrafo e historiador griego Posidonio, que en la primera mitad del viajó extensamente por el mar Mediterráneo, visitando colonias griegas como Masalia, que estaba completamente rodeada de poblaciones galas. Su testimonio aparecen en las compilaciones de Diodoro SículoAsí como en la obra del egipcio Ateneo de Naucratis. tres siglos más tarde y dice lo siguiente:Su testimonio aparecen en las compilaciones de Diodoro Sículo así como en la obra del egipcio Ateneo de Naucratis, tres siglos más tarde.

miniatura|La escultura del «Gálata moribundo» fue encargada en 230 y 220 a. C. por Átalo I de Pérgamo para conmemorar su propia victoria contra los galos

Aunque poseen muchas mujeres hermosas, no se preocupan mucho por ellas. Los hombres se apasionan mucho más por las personas de su propio sexo; se acuclillan sobre las pieles y se divierten con sus amantes de todas las maneras posibles. Lo más extraordinario es que no sienten pudor ni indignidad. Se ofrecen a otros hombres sin el menor escrúpulo. Además, este comportamiento no les parece ni vergonzoso ni despreciado. Al contrario, si uno de ellos rechaza al que se ha ofrecido, este se ofende. Cabe recalcar que Diodoro no condena la homosexualidad masculina, sino la forma en la que los galos se desvían de la norma griega. En efecto, el paradigma griego de Posidonio así como las costumbres romanas de Diodoro ambas consideran aberrante que un hombre «superior» (por su edad o estatus social) pudiese adoptar con entusiasmo un papel pasivo en el acto sexual, cosa que los celtas no estigmatizarían.

Es probable que los autores griegos exagerasen las costumbres celtas para caracterizarlos como bárbaros, lo cual es un sesgo característico de estos autores. Sin embargo, la información de Diodoro es confirmada a finales del por Ateneo, que afirma que los hombres celtas, aún disponiendo de mujeres hermosas, preferían a los jóvenes para sus juegos eróticos y era frecuente verlos acostarse entre ellos, añadiendo que además habían adoptado las costumbres sexuales griegas. Estrabón también habla de los comportamientos sexuales pasivos entre los guerreros celtas como explicación de la famosa agresividad celta.Más adelante, la conquista de las Galias traería nuevas costumbres a través de la hegemonía cultural romana y la llegada de poblaciones latinas. De acuerdo a estas costumbres, el sexo homosexual activo estaba normalizado y era propio de hombres libres, mientras que la pasividad era propia de esclavos. A la desaparición progresiva de la esclavitud seguiría la llegada del cristianismo primitivo, caracterizado por la intolerancia de la homosexualidad, pero cuyo efecto tardaría en permear a la sociedad gala, que posiblemente mantenía costumbres similares a las de sus ancestros paganos.

Edad Media alt=Ilustración de dos parejas de hombres besándose mientras dos pequeños demonios los acechan.|miniaturadeimagen|Manuscrito ilustrado de la Biblia Moralizada de Viena (Codex 2554) realizada a principios del para un miembro de la familia real francesa.

La primera parte de la Edad Media estuvo marcada por un avance de la concepción cristiana del amor y la sexualidad que concebía la sexualidad como un pecado. El ideal era el santo, virgen o casto. La continencia, es decir, una práctica restringida de la sexualidad dentro del matrimonio heterosexual, es un mal menor. Se valorizan los afectos entre mujeres o entre hombres y distintos poetas hablan de ellos como Baudri de Bourgueil y Marbode. En estos cantos, la retórica erótica es parte de la virtud de los personajes.

Dos cambios alteraron la situación a partir de los siglos -. Fue en esta época cuando surgió la persecución de la «sodomía», en el sentido amplio de práctica sexual no reproductiva que incluye el coito entre dos hombres. Está bien documentado que la acusación de practicarla servía como arma de deslegitimación política. El primer ejemplo con el que contamos es la campaña de desprestigio emprendida contra Juan, obispo de Orleans, que fue acusado de haber tenido relaciones carnales con Felipe I como lo afirma Yves de Chartres en una carta a Urbano II. Estas acusaciones cobrarían fuerza con el tiempo. Mientras que un contexto de poderes descentralizados llevó a celebrar el afecto entre los hombres tal y como lo era el vínculo entre señor y vasallo, el fortalecimiento de la monarquía llevó a criticar las relaciones demasiado íntimas entre el soberano y otro hombre por ser causa de favoritismo. Por su parte, el monarca podía también sentirse amenazado por las fuertes alianzas entre súbditos.

Esta fue también la época en la que convergieron él amor verdadero y la sexualidad normativa, primero en la literatura de los trovadores y luego en el seno de la Iglesia, que sacralizó el matrimonio heterosexual al consignarlo como un nuevo sacramento en el Cuarto Concilio de Letrán de 1215. Esto significaba que el afecto y la sexualidad quedaban restringidos al matrimonio, excluyendo así la afectividad homoerótica. A partir de entonces, la homosexualidad ya no se percibía en su dimensión afectiva o social, sino únicamente a través del prisma sexual. Es esta inversión, entre otras cosas, lo que hace que contibuye a hacer del catarismo una herejía especialmente grave a ojos del papado, el hecho que se les acusaba de homosexualidad, también conocida como bougrerie. La condena de la herejía a través de la homosexualidad hipersexualizada alcanzó su apogeo en el proceso de la Orden del Temple, a principios del , donde las acusaciones contra los Templarios enumeraban en particular fellatio y anilingus.

Los historiadores pensaron durante bastante tiempo que las el lesbianismo no correspondía a la ley de sodomía, pero estudios más recientes muestran que juristas como Cino da Pistoia tomaron en consideración la Lex foedissiman de 287, una oscura ley de Diocleciano para condenar a las mujeres que tenían relaciones sexuales con otras mujeres. En 1400 Bartolomeo de Saliceto se ampara en esta ley para condenar el lesbianismo a la pena de muerte y Lecturas de Saliceto se convertirían en una referencia hasta el .

Período moderno Condena teológica, jurídica y moral

Algunos filósofos de la Ilustración se posicionaron en contra de la penalización de la homosexualidad, como Voltaire, Condorcet o Montesquieu. Sin embargo, esta defensa de la despenalización iba acompañada de una condena moral, criticándose la respuesta penal solo porque sería menos eficaz que la condena social. Otros, menos numerosos, sostienen que la homosexualidad es tan natural como la heterosexualidad. Denis Diderot y Théophile de Bordeu sostienen que la sexualidad homosexual no puede ser condenada, ya que su única consecuencia práctica es proporcionar placer a los participantes. El historiador Bryant T. Ragan Jr. sostiene que la frecuente y peyorativa asociación entre homosexualidad y filósofos ilustrados por parte de sus retractores impidió a estos últimos defender la homosexualidad por miedo a ser acusados de serlo. En efecto, la homosexualidad llegó ser llamada "amor socrático" y "vicio de los filósofos". Voltaire y d'Alembert fueron personalmente acusados de mantener relaciones con hombres.

El pensamiento homófobo se justifica entonces con argumentos teológicos, jurídicos y sociales. La condena teológica se basaba en una asociación entre homosexualidad y herejía: la novela pornográfica Thérèse philosophe se refiere a los homosexuales como "herejes", y el término más común en la época para referirse a un gay, "bougres", procede del y es una distorsión de "búlgaros", un pueblo al que se consideraba lleno de herejes y sodomitas. La asociación entre herejía y homosexualidad era tan fuerte que, desde la Reforma hasta finales del , figuras protestantes, como Pierre Jurieu, acusaban a los católicos, especialmente a los sacerdotes, de mantener relaciones sexuales entre ellos. Los anticlericales retomaron este motivo, como lo hace Voltaire en su Candide. Se comenzó a desarrollar un estereotipo pornográfico de los monasterios como lugares de libertinaje gay y lésbico, desarrollado por Mirabeau en Erotika Biblion.

En este contexto, solo se hace referencia a la homosexualidad mediante perífrasis, como «el vicio más notorio» o «abominación de las abominaciones». Estos eufemismos estaban bien vistos por los teólogos, que pensaban entonces que nombrar directamente la homosexualidad daría a sus ignorantes lectores la idea de practicarla. En cambio, cuando los juristas condenaban la homosexualidad, lo hacían explícitamente. Aunque el término «homosexual» aún no existía, la «sodomía» era un delito par ambos géneros. Se desarrolla simultáneamente la fetichización del lesbianismo como tema pornográfico dirigido a un público de hombres heterosexuales.