Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Metapa, 18 de enero de 1867-León, 6 de febrero de 1916), fue un poeta, escritor, periodista y diplomático nicaragüense. Fue máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, quizás, el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del en el ámbito hispano, y por ello es llamado «príncipe de las letras castellanas».
Biografía Comienzos Fue el primer hijo de Manuel Darío y Rosa Sarmiento, quienes se habían casado en León en 1866.Archivo Histórico Diocesano de León (2024). Certificación archivística del matrimonio de Manuel Darío y Rosa Sarmiento, basada en libros parroquiales del Sagrario de León, siglo XIX, serie matrimonial, folio 149 correspondiente al año 1866.León, Nicaragua, tras conseguir las dispensas eclesiásticas necesarias, pues se trataba de primos segundos.
La conducta de Manuel, aficionado al alcohol y a las mujeres, hizo que Rosa, embarazada, tomara la decisión de abandonar el hogar conyugal y refugiarse en la ciudad de Metapa, en la que dio a luz a su hijo, Félix Rubén.Fernández, Teodosio: Rubén Darío. Madrid, Historia 16 Quórum, 1987. Colección «Protagonistas de América», ISBN 84-7679-082-1, p. 10.«La trágica vida de Rosa Sarmiento (1840-1895): madre de Rubén Darío», en El Nuevo Diario, 23 de enero de 2011. El matrimonio se reconcilió; Rosa llegó a dar a luz a otra hija de Manuel, Cándida Rosa, quien murió a los pocos días. La relación se deterioró otra vez y Rosa abandonó a su marido para ir a vivir con su hijo en casa de su tía Bernarda Sarmiento, quien vivía con su esposo, el coronel Félix Ramírez Madregil, en la misma ciudad de León. Rosa Sarmiento conoció poco después a otro hombre, y estableció con él su residencia en San Marcos de Colón, en Honduras.
Aunque según su fe de bautismo el primer apellido de Rubén era García, la familia paterna era conocida desde generaciones por el apellido Darío. Rubén lo explicó en su autobiografía: miniatura|La catedral-basílica de la Asunción, en la ciudad de León, en la que transcurrió la infancia del poeta. Sus restos se encuentran sepultados en esta iglesia.
La niñez de Darío transcurrió en León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes consideró en su infancia sus verdaderos padres (durante sus primeros años firmaba sus trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez). Apenas tuvo contacto con su madre, que residía en Honduras, y con su padre, a quien llamaba «tío Manuel».
Sobre sus primeros años hay pocas noticias, aunque se sabe que a la muerte del coronel Félix Ramírez, en 1871, la familia pasó apuros económicos, e incluso se pensó en colocar al joven Rubén como aprendiz de sastre. Según su biógrafo Edelberto Torres, asistió a varias escuelas de León antes de pasar, en 1879 y 1880, a educarse con los jesuitas.
Lector precoz, en su Autobiografía señala:
Entre los primeros libros que menciona haber leído están el Quijote, las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia, los Oficios de Cicerón, y la Corina (Corinne) de Madame de Staël. Pronto empezó también a escribir sus primeros versos: se conserva un soneto escrito por él en 1879, y publicó por primera vez en un periódico poco después de cumplir los 13: se trata de la elegía Una lágrima, que apareció en el diario El Termómetro, de la ciudad de Rivas, el 26 de julio de 1880. Poco después colaboró también en El Ensayo, revista literaria de León, y alcanzó fama como «poeta niño». En estos primeros versos, según Teodosio Fernández, sus influencias predominantes eran los poetas españoles de la época: Zorrilla, Campoamor, Núñez de Arce y Ventura de la Vega.
Más adelante, se interesó mucho por la obra de Victor Hugo, que tendría una influencia determinante en su labor poética. Sus obras de esta época muestran también la impronta del pensamiento liberal, hostil a la excesiva influencia de la Iglesia católica, como es el caso su composición El jesuita, de 1881. En cuanto a su actitud política, su influencia más destacada fue el ecuatoriano Juan Montalvo, a quien imitó de manera deliberada en sus primeros artículos periodísticos.Darío, Rubén. op. cit., p. 18. En esta época (contaba 14 años) proyectó publicar un primer libro, Poesías y artículos en prosa, que no vería la luz hasta el cincuentenario de su muerte. Poseía una superdotada memoria, gozaba de una creatividad y retentiva genial, y era invitado con frecuencia a recitar poesía en reuniones sociales y actos públicos.
En diciembre de 1881 se trasladó a Managua, capital del país, a instancias de algunos políticos liberales que habían concebido la idea de que, dadas sus dotes poéticas, debería educarse en Europa a costa del erario público. No obstante, el tono anticlerical de sus versos no convenció al presidente del Congreso, el conservador Pedro Joaquín Chamorro y Alfaro, y se resolvió que estudiaría en la ciudad nicaragüense de Granada. Rubén, sin embargo, prefirió quedarse en Managua, donde continuó su actividad periodística, colaborando con los diarios El Ferrocarril y El Porvenir de Nicaragua. En agosto de 1882 se embarcó en el puerto de Corinto hacia El Salvador.
Teoría literaria
La teoría litera de Rubén Darío, a diferencia de otros autores, no se recoge en una obra concreta enfocada en ese aspecto, si no que se puede observar y apreciar a través de un listado de obras determinadas, las cuales entre todas conforman los que puede ser una visión para entender sus ideas clave.
Desde el punto de vista literario, Rubén Darío se enfrenta a un modelo en el que predomina la función referencial del lenguaje. El realismo y el naturalismo conciben la lengua como un instrumento transparente destinado a representar la realidad social. Frente a ello, Rubén Darío formula una concepción del lenguaje en la que la finalidad no es reflejar el mundo, sino producir un placer estético (teoría la cual es afín a las ideas que mantenía Horacio). Esta característica, construye el núcleo de su teoría literaria y además destaca temas como la musicalidad y la imagen en su obra. Este autor, sin embargo, se enfrenta a una función referencial que predominaba en esa época, la cual mantenía las ideas de transmisión objetiva de información sobre la realidad, un hecho, o un concepto, sin incluir opiniones del emisor, lo cual no era la forma de pensar de este autor.
Todo esto encaja perfectamente con el modernismo, periodo en el cual se sentía un gusto o atracción por lo moderno y novedoso.
La obra más destacable acorde a este tema es Los raros (1896), donde funciona como un manifiesto estético del modernismo y defiende la autonomía del arte, el cosmopolitismo, la musicalidad del verso y la ruptura con el realismo y costumbrismo.
Por otro lado, su obra Historia de mis libros (1909) actúa como texto fundamental para entender su pensamiento literario, ya que consiste en una poética autobiográfica. Esta obra destaca sus influencias literarias, su concepción del lenguaje poético y la función del poeta moderno.
A pesar de obras propias, su teoría se encuentra en otros formatos, como artículos periodísticos y crónicas, donde reúne la función del escritor y la relación entre tradición e innovación, además de sus pensamientos y experiencias que reunió a través de los diferentes viajes realizados a lo largo de su trayectoria literaria.
Innovación lingüística Debido a los cambios y avances literarios que incorporó Rubén Darío en su momento, este autor fue calificado como el máximo exponente del modernismo en España.
No obstante, no es incluido directamente dentro de la Generación del 98 o Generación del 27, si no que se encuentra un paso adelantado, ya que toda su producción literaria sirvió como las bases para que en el futuro se llevasen a cabo estos movimientos o grupos de intelectuales literarios, donde posteriormente, destacarían figuras como Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado o Valle-Inclán en la Generación del 98 y García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén o Vicente Aleixandre en la Generación del 27.
Entonces, podemos decir que Rubén Darío no solo funda el modernismo, sino que inaugura una reflexión teórica sobre el lenguaje literario en español, anticipando conceptos centrales que marcarían la teoría literaria del .
La innovación que marcó Rubén Darío, en gran parte vino influenciada por sus diferentes viajes alrededor del mundo, donde entró en contacto con diferentes culturas y literaturas, absorbiendo influencias del parnasianismo (perfección bajo el lema “arte por el arte”), simbolismo y literatura europea, y las contrastó con la realidad latinoamericana. Destacó su observación social y política, viendo de cerca la vida urbana, la política y los conflictos de los distintos países. A pesar de todo, sus viajes le mostraron la diversidad cultural y lingüística, reforzando su interés por la renovación del idioma y la autonomía del arte frente a la norma social o literaria.
Mediante todas estas experiencias, llegó a la conclusión de que el escritor hispanoamericano no debe encerrarse en lo nacional, debe absorber tradiciones extranjeras y recrearlas en español, tal y como hizo Rubén Darío a lo largo de su vida.
Destaca la visión de que poeta debe innovar en el idioma y en la forma, adaptando y enriqueciendo el idioma y la literatura, que, a su vez, debe ser autónoma, no subordinada a la moral, política o sociedad.
El papel del lector Rubén Darío sostenía el pensamiento de que el lector debe desarrollar la capacidad para formar sus propias ideas y que sirva de puente entre las tradiciones literarias, así, el lector no solo recibe el texto, sino que también participa en la expansión del idioma y la literatura. En sus artículos y crónicas, destaca la idea de que el lector puede cuestionar y reflexionar sobre la literatura, aportando un papel importante dentro de su marco teórico ya que puede ser el que continúe dando paso mediante las ideas creadas a las generaciones posteriores.
En El Salvador En El Salvador, el joven Darío fue presentado por el poeta Joaquín Méndez al presidente de la república, Rafael Zaldívar, quien lo acogió bajo su protección. Allí conoció al poeta salvadoreño Francisco Gavidia, gran conocedor de la poesía francesa. Bajo sus auspicios, Darío intentó por primera vez adaptar el verso alejandrino francés a la métrica castellana.La influencia de Francisco Gavidia fue decisiva por cuanto fue este autor el que descubrió a Darío la poesía francesa. El nicaragüense escribió, en Historia de mis libros: El uso del verso alejandrino se convertiría después en un rasgo distintivo no solo de la obra de Darío, sino de toda la poesía modernista. Aunque en El Salvador gozó de bastante celebridad y llevó una intensa vida social, participó en festejos como la conmemoración del centenario de Bolívar, que abrió con la recitación de un poema suyo.
Más tarde pasó penalidades económicas y enfermó de viruela, por lo cual en octubre de 1883, todavía convaleciente, regresó a su país natal.