miniaturadeimagen|Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República. La arquitectura de Uruguay refleja la evolución histórica del país, su contexto geográfico y una marcada influencia europea, especialmente española, italiana y francesa. A lo largo de su desarrollo, el territorio ha incorporado estilos que van desde la arquitectura colonial hispánica y neoclásica hasta el eclecticismo, el racionalismo y las corrientes modernas del .
Historia
Período colonial En el territorio del actual Uruguay no existen restos arquitectónicos de las antiguas culturas nativas. Esto debido principalmente a que los grupos indígenas que habitaron la zona —principalmente charrúas, guenoas y otros grupos nómadas o seminómadas— no establecieron asentamientos permanentes ni emplearon materiales duraderos en sus construcciones.
El desarrollo de la arquitectura en el actual territorio comenzó con la colonización española, que fue tardía en comparación con otras regiones del continente debido a la ausencia de minerales y otras riquezas de interés para las potencias europeas. Las primeras edificaciones estuvieron orientadas a satisfacer las necesidades propias del proceso colonizador y a seguir los criterios constructivos establecidos por la Corona española. Entre las obras de esta época descatan el Fuerte de San Miguel, la Ciudadela de Montevideo y la Fortaleza de Santa Teresa con fines militares, y la Calera de las Huérfanas con fines evangelizadores. Una excepción destacada fue Colonia del Sacramento, fundada por el Imperio Portugués en 1680, cuya traza urbana y arquitectura responden a influencias lusitanas. En este enclave se desarrolló una arquitectura portuguesa caracterizada por formas sencillas y una marcada búsqueda de pureza y sobriedad.
Hacia fines del período colonial español destacó la actuación del arquitecto Tomás Toribio, formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, junto con su hijo José Toribio. Ambos introdujeron en el territorio las corrientes del academicismo neoclásico. Tomás Toribio fue convocado para proyectar y ejecutar obras de gran relevancia institucional, entre ellas el Cabildo y las Reales Cárceles de Montevideo, además de continuar las obras de la Iglesia Matriz de San Felipe y Santiago iniciadas por Saá y Farías. Estas construcciones se caracterizan por su orden, sobriedad y claridad compositiva, propias del clasicismo en transición hacia el barroco tardío.
Toribio también proyectó la Basílica del Santísimo Sacramento de Colonia del Sacramento, en la que respetó la gama cromática y la espiritualidad asociadas al período portugués del , así como su propia residencia en Montevideo. Su hijo, José Toribio, completó obras como el ala del Hospital San José de la Caridad y la Casa de Antonio Montero, actual Museo Romántico.
Tras el establecimiento de Uruguay como Estado independiente en 1830, y bajo la influencia de nuevas corrientes filosóficas y políticas, la herencia arquitectónica del período colonial español —asociada al Régimen Indiano y al antiguo orden monárquico absolutista— comenzó a ser percibida como un legado atrasado. En este contexto, la arquitectura de Montevideo experimentó una profunda transformación. La demolición de las murallas de la ciudad marcó el abandono definitivo del modelo de “ciudad-fuerte” y dio paso a su progresiva configuración como “ciudad-puerto” y capital del recién fundado Estado. miniaturadeimagen|226x226px|Teatro Solís Durante el resto del , la cultura uruguaya recibió una marcada influencia francesa, que impregnó las academias y la formación técnica tras el fin de la Guerra Grande en 1851. La fuerte presencia de modelos europeos impulsó tanto la contratación de arquitectos extranjeros como la promoción de estudios en Europa para profesionales locales. Entre los arquitectos inmigrantes más influyentes destaca el italiano Carlo Zucchi, formado en la tradición académica francesa y marcado por la estética del Primer Imperio Napoleónico. Establecido en Montevideo desde 1836, desempeñó un papel decisivo en la configuración urbanística posterior al conflicto, siendo autor del proyecto del Teatro Solís, de la traza de la Plaza Independencia y de los primeros lineamientos para la expansión de la llamada “ciudad nueva”.
Jardines de la quintaDurante las últimas décadas del , Montevideo inició un proceso de expansión urbana que implicó la incorporación de poblados cercanos y la consolidación del modelo de casa estándar, no solo en la capital, sino en la mayoría de las ciudades del país. Paralelamente, la llegada de arquitectos europeos favoreció la difusión de corrientes academicistas (beaux arts), neoclásicas, eclécticas e historicistas. En ese contexto, el art nouveau —particularmente el modernismo catalán— adquirió una presencia significativa en el paisaje arquitectónico de la Montevideo y ciudades como Salto y Paysandú. En 1878 se aprobó el trazado del Bulevar Artigas, hito que definió los límites de la denominada Ciudad Novísima. Para entonces, las líneas de tranvía experimentaban una rápida expansión, contribuyendo a la integración de nuevos barrios.
miniaturadeimagen|302x302px|Palacio Salvo, inaugurado en 1928 en estilo ecléctico. izquierda|miniaturadeimagen|225x225px|Palacio Uriarte de Heber, construido en 1896. Entre 1890 y 1910, en pleno apogeo de la Belle Époque, se impulsó un programa de obras públicas orientado al embellecimiento urbano. Durante este período se crearon parques y plazas diseñados por reconocidos paisajistas franceses como Charles Thays, Carlos Racine y Édouard-François André. En este sentido destacan la construcción de la Plaza Zabala, del Parque del Prado y del Jardín Botánico, y la renovación de la Plaza Cagancha.
Caracterizada por una masiva inmigración europea, principalmente italiana y española, la Belle Époque vio en los barrios de Ciudad Vieja, Centro, y Cordón —especialmente a lo largo de la Avenida 18 de Julio— un marcado incremento en la construcción de edificios de estilo Beaux-Arts y ecléctico-historicista. Entre las obras más destacadas se encuentran el Ateneo de Montevideo, el Hospital Italiano Umberto I, el Palacio Taranco, el Club Uruguay, la Estación General Artigas, el Hotel Nacional de Montevideo y la Casa Mayor de la Universidad de la República. Simultáneamente, en el Prado y el contiguo barrio Atahualpa se levantaron numerosas residencias, mansiones y palacetes que respondían a estas mismas corrientes arquitectónicas, incluyendo la Casa Quinta Fein Lerena —actual Residencia presidencial de Suárez y Reyes— y la Casa quinta de Eastman en estilos eclécticos, y la Casa Quinta Aurelio Berro en estilo gótico inglés. izquierda|miniaturadeimagen|344x344px|Palacio Díaz, exponente del art decó. A partir de mediados de la década de 1920, el país fue fuertemente influenciado por el art decó. Los barrios neurálgicos de Centro y Ciudad Vieja volvieron a concentrar las manifestaciones más destacadas del estilo, con obras emblemáticas como los palacios Díaz y Rinaldi, y el edificio de la Dirección Nacional de Aduanas. Asimismo, otras zonas de la ciudad —como Villa Muñoz, Pocitos y Punta Carretas— incorporaron numerosas construcciones de esta corriente, tanto en edificios como en residencias particulares. La amplitud de su difusión y la relevancia de sus obras hicieron que Montevideo sea una de las ciudades con mayor desarrollo del art decó a nivel mundial. El estilo también se expandió a otras localidades del país, entre ellas Salto, Paysandú, Carmelo y Nueva Helvecia. miniaturadeimagen|302x302px|Casa Matriz del Banco de Seguros del Estado. También en la década de 1920, en el marco de las obras del Palacio Legislativo, se desarrolló el proyecto de la «Diagonal Agraciada», que implicó el ensanchamiento de la actual Avenida del Libertador. Tras la inauguración de la nueva avenida, se levantaron varios edificios de altura en estilo moderno, entre ellos la Casa Matriz del Banco de Seguro y la sede de la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland.
Véase también Anexo:Edificios más altos de Uruguay
Bibliografía
Referencias