Ibn Sina, latinizado como Avicena, es el nombre por el que se conoce en la tradición occidental a Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sĩnã (en persa: ; en árabe: ; Bujará, Gran Jorasán, c. 980-Hamadán, 1037), un polímata, médico, filósofo, astrónomo y científico persa perteneciente a la Edad de Oro del Islam.Biografía en revista digital arteHistoria Escribió cerca de trescientos libros sobre diferentes temas, entre los cuales predominan la filosofía y medicina.

Sus textos más célebres son El libro de la curación y El canon de medicina, también conocido como Canon de Avicena. Sus discípulos le llamaban Cheikh el-Raïs, es decir «príncipe de los sabios», el más grande de los médicos, el maestro por excelencia, o el tercer maestro (después de Aristóteles y Al-Farabi).

Es asimismo uno de los más grandes médicos de todos los tiempos y un importante precursor de la medicina moderna.

Hay que destacar también el paso decisivo que realizó en el ámbito de la futura física al sostener que el ímpetu de un objeto se mantenía constante en ausencia de fuerzas que actúen sobre el mismo y sugiriendo que en el vacío, en ausencia de aire, un cuerpo en movimiento continuaría desplazándose a velocidad constante perpetuamente. Este ímpetu acabó siendo descrito formalmente por el momento y la ley de conservación figura como una de las tres leyes de Newton.

Contexto cultural miniaturadeimagen|Sello postal de Tayikistán conmemorativo de Avicena Avicena creó un extenso corpus de literatura durante el período conocido, en general, como la Edad de Oro del Islam, en que las traducciones de textos grecorromanos, persas e hindúes fueron muy estudiadas. Textos grecolatinos de la escuela neoplatónica y aristotélica y de la escuela Kindi fueron comentados, nuevamente editados y, de manera sustancial, desarrollados por los intelectuales islámicos, que también evolucionaron a partir de sistemas matemáticos, astronómicos, álgebra, trigonometría y medicina hindúes y persas. La dinastía samánida en la parte oriental de Persia, denominada el Gran Jorasán y en la Asia Central, así como la dinastía búyida en la parte occidental de Persia e Irak, fomentó un clima propicio para el desarrollo cultural y académico. Bajo los samánidas, Bujará rivalizaba con Bagdad como capital cultural del mundo islámico.

El estudio del Corán y el hadit prosperó en este ambiente. La filosofía (fiqh) y la teología (kalam) también se desarrollaron principalmente a manos de Avicena y sus opositores. Ar-Razí y Al-Farabí proporcionaron la metodología y el conocimiento necesario sobre la medicina y la filosofía. Avicena tuvo acceso a grandes bibliotecas de Balj, Khwarezm, Gorgán, Rayy, Isfahán y Hamadán. Varios textos, como el Ahd with Bahmanyar, muestran el debate de los puntos filosóficos de los grandes eruditos de su tiempo. Nizami Aruzi describe cómo Avicena, antes de salir de Khwarezm, conoció a Abu Rayhan al-Biruni (un famoso científico y astrónomo), Abu Nasr al-Iraqí (un famoso matemático), Abu Sahl Masihí (un respetado filósofo) y Abu-l-Khary Khammar (un médico).

Biografía Avicena, o Ibn Siná (como fue en persa), nació el 20 de agosto de 980 en Afshana, (provincia de Jorasán, Transoxsiana, actualmente en Uzbekistán), cerca de Bujará. Sus padres eran también musulmanes.

Al parecer, fue precoz en su interés por las ciencias naturales y la medicina; tanto, que a los catorce años estudiaba solo. Se le envió a estudiar cálculo con un mercader, Al-Natili. Tenía buena memoria y podía recitar todo el Corán.

Cuando su padre fue nombrado funcionario, lo acompañó a Bujará, entonces capital de los Samaníes y allí estudió los saberes de la época, tales como física, matemáticas, filosofía lógica y el Corán. Se vio influido por un tratado de Al-Farabi que le permitió superar las dificultades que encontró en el estudio de la Metafísica de Aristóteles. Esta precocidad en los estudios también se reflejó en una precocidad en la carrera, pues a los dieciséis años ya dirigía a médicos famosos y a los diecisiete gozaba de fama como médico por haber salvado la vida del emir Nuh ibn Mansur.

Consiguió permiso para acceder a la biblioteca real, donde amplió sus conocimientos de matemáticas, música y astronomía. Al llegar a la mayoría de edad había estudiado todas las ciencias conocidas. Se convirtió en médico de la corte y consejero de temas científicos hasta la caída del reino samaní en 999.

En Hamadán, el emir buyida Shams al-Dawla le eligió como ministro. Se impuso entonces un programa de trabajo agotador, dedicándose de día al trabajo público y de noche a la ciencia. Trabajaba y dirigía la composición del Shifa y del Canon médico. Contó con la ayuda de dos discípulos que se repartían la relectura de los folletos de las dos obras, siendo uno de ellos Al-Juzjani su secretario y biógrafo.

A los veinte años, y por mediación de Abū Bakr al-Barjuy, escribió diez volúmenes, llamados El tratado del resultante y del resultado, y un estudio de las costumbres de la época, conocido como La inocencia y el pecado. Con estos libros su fama como escritor, filósofo, médico y astrónomo se extendió por toda Persia, por donde se dedicó a viajar.

En 1021, la muerte del príncipe Shams al-Dawla y el comienzo del reinado de su hijo Sama' al-Dawla cristalizaron las ambiciones y los rencores. Víctima de intrigas políticas, Avicena fue a la cárcel. Disfrazado de derviche consiguió evadirse y huyó a Ispahán, al lado del emir kakúyida Ala al-Dawla Muhammad.

Con treinta y dos años inició su obra maestra, el celebérrimo Canon de medicina (traducida al latín por Gerardo de Cremona), que contiene la colección organizada de los conocimientos médicos y farmacéuticos de su época en cinco volúmenes.

Durante una expedición a Hamadán, en el actual Irán, el filósofo sufrió una crisis intestinal grave, que padecía desde hacía tiempo y que contrajo, según dijeron, por exceso de trabajo y de placer. Intentó curarse solo pero su remedio le fue fatal. Murió a los cincuenta y seis años en el mes de junio de 1037, tras haber llevado una vida muy ajetreada y llena de vicisitudes, agotado por el exceso de trabajo.

Impacto

Tuvo una influencia de importancia capital, pues supone la presentación del pensamiento aristotélico ante los pensadores occidentales de la Edad Media. Sus obras se tradujeron al latín en el , reforzando la doctrina aristotélica en Occidente aunque fuertemente influida por el pensamiento platónico. thumb|200px|Representación renacentista de Da Foligno, Venecia. Avicena declaró haber leído en más de cuarenta ocasiones la Metafísica sin llegar a entenderla del todo, pues no expone el origen de las cosas como obra de un Creador bondadoso. Mezcló la doctrina aristotélica con el pensamiento neoplatónico, adaptando a su vez el resultado al mundo musulmán. Colocó a la Razón (manifestación objetiva de la voluntad del propio Dios) por encima de todo ser y explicó que con esto se nos llama a buscar la perfección.

También distinguió entre la esencia abstracta y el ente concreto que no exige existir, pero existe por la esencia. Además, el ente está compuesto por una parte necesaria (en este caso Alá, que existe siempre) y una parte de «lo posible» (el resto de los seres del mundo, que solo existen por una causa: la voluntad de Dios). Niega también la inmortalidad del alma como ente individual.

Curó una grave enfermedad al emir de Bujará, quien como recompensa le abrió las puertas de su gran biblioteca. Además de numerosas obras de medicina escribió también sobre filosofía, donde conjugaba la tradición aristotélica con elementos neoplatónicos.

Tuvo una gran influencia en pensadores posteriores de la talla de Tomás de Aquino, Buenaventura de Fidanza o Duns Escoto. También planteó mucho antes que Descartes un pensamiento similar al de este: el conocimiento indudable de la propia existencia.Avicena, Libro de las orientaciones y de las advertencias, (vol-II pags. 343-346), Ed. S. DUNYA, EI Cairo, 4 vols., 1960-1968.

En muchos libros de filosofía se hermana su pensamiento con el del cordobés Averroes, pues suponen el acercamiento del islam (y del Cercano Oriente en general) a la filosofía griega.

Aunque muy proclive a la mística, trató el tema de modo objetivo. El ascetismo no le bastaba; creía que se debía buscar la iluminación como acto final de conocimiento. La iluminación se obtiene por medio de los ángeles que actúan como unión entre las esferas celestiales y la terrestre. Podemos por ello decir que Avicena abrió el camino a una nueva rama de la filosofía islámica, la Sabiduría de la iluminación o lumínica, la llamada Híkmat al-Ishraq (Metafísica de la Luz), inaugurada por su seguidor Suhrauardi.

Su obra thumb|200px|left|Avicena en un texto de 1271. De una amplitud variable según las fuentes (276títulos para G. C. Anawati, 242 para Yahya Mahdavi), de los que se conservan 200, la obra de Avicena es numerosa y variada. Avicena ha escrito principalmente en la lengua culta de su tiempo, el árabe clásico, pero a veces también en la lengua vernácula, el persa.

Uno de sus textos más famosos es Al Qanun, canon de medicina también conocido como Canon de Avicena, es una enciclopedia médica de 14volúmenes escrita alrededor del año 1020. Se basa en una combinación de su propia experiencia personal, de medicina islámica medieval, de los escritos de Galeno, Sushruta y Charaka, así como de la antigua medicina persa y árabe. El Canon se considera uno de los libros más famosos de la historia de la medicina.

La obra filosófica maestra de Avicena es al-Shifá (La Curación), de marcado carácter enciclopédico. Su compendio es al-Nayat (La Salvación). Por su tamaño y por la importancia del papel que representó, al-Shifá puede compararse con al-Qanun. Publicada La Curación en seis volúmenes (El Cairo, 1952-1965), es quizás la obra filosófica de mayores dimensiones hecha por un hombre solo. Empieza por la lógica e incluye física y metafísica, botánica y zoología, matemáticas y música, y psicología.

En otra gran obra, Kitab al-Isharat wa-l-tanbihat (Libro de las orientaciones y las advertencias), trata temas de filosofía y mística, y dedicó tres capítulos al sufismo, que también trató en otros treinta y dos libros sobre el tema. En esta obra aparece su famoso argumento del Hombre Volante, predecesor del cógito cartesiano, en el que exponía que un hombre suspendido en el aire aislado, sin ningún contacto con nada, ni siquiera su propio cuerpo, sin ver ni oír, afirmará sin duda alguna que existe e intuirá su propio ser.

thumb|200px| Ejemplar del Canon de 1597.Es autor de monumentos, de obras más modestas, pero también de textos cortos. Su obra cubre toda la extensión del saber de su época: Lógica, Lingüística y Poesía. Física, Psicología y Medicina, Química. Matemáticas, Música y Astronomía. Moral y Ciencias Económicas. Metafísica. Mística y comentarios del Corán.

La finalidad personal del filósofo encontró su acabado en la filosofía oriental (hikmat mashriqiya), que tomó la forma de la compilación de veintiocho mil temas. Esta obra desapareció de Ispahán en 1034, y no quedan más que algunos fragmentos.

Durante varios siglos, hasta el , su Qanûn ('Canon') fue la base de la enseñanza tanto en Europa, donde destronó a Galeno, como en Asia.

A él se debe el uso de la casia, del ruibarbo, del tamarindo, y descubre el aceite de rosas, etc.

miniaturadeimagen Publicaciones antiguas thumb|200px| Ilustración de El canon de medicina. Las obras de Avicena fueron publicadas en árabe, en Roma, en 1593, in-folio.

Se tradujeron al latín y se publicaron sus Cánones o Preceptos de medicina, Venecia, 1483, 1564 y 1683; sus Obras filosóficas, Venecia, 1495; su Metafísica o filosofía primera, Venecia, 1495.

Pierre Vattier había traducido todas sus obras en francés; solo se publicó la Lógica, París, 1658, en octavo.

La medicina de Avicena

El canon de la medicina

El Kitab Al Qanûn fi Al-Tibb («Libro de las leyes médicas»), compuesto por cinco libros, es la obra médica mayor de Avicena.