Baltazar Caravedo Prado (Lima, 15 de agosto de 1884 - Lima, 14 de enero de 1953) fue un médico psiquiatra y académico peruano, director del Hospital Víctor Larco Herrera (1930-1953), en donde consolidó la aplicación de los métodos más modernos en la atención de los pacientes psiquiátricos, labor que había iniciado su antecesor Hermilio Valdizán. Fundó también en 1919 la primera clínica psiquiátrica de carácter privado del Perú, llamada Villa Margarita. Dejó escrita una producción científica muy amplia.
Biografía
Nació en Lima, siendo hijo del coronel Enrique Caravedo y de Carmen Prado. Cursó sus estudios escolares en el Colegio Francés de los padres del Espíritu Santo, y en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.
En 1902 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Siendo estudiante, colaboró como ayudante sanitario en la campaña contra la peste bubónica en Lambayeque. En 1909 se graduó de bachiller en Medicina con una tesis sobre «Delirio de persecución» (o «Paranoia»). En 1910 se recibió de médico cirujano.
En ese mismo año de 1910 fue nombrado jefe de la Clínica Oftalmológica de la Facultad de Medicina de San Marcos. Con grado de capitán se incorporó a la sanidad del ejército durante la amenaza de guerra con el Ecuador de 1910. Temporalmente sirvió en la sanidad naval y en la asistencia pública de Lima.
En 1912 ingresó a laborar en la Negociación Agrícola Roma, del valle de Chicama, de propiedad del célebre filántropo Víctor Larco Herrera, a quien convenció para que apoyara con su característica generosidad a favor de la atención a los pacientes mentales, entonces llamados alienados.
Por esa época fue secretario de Alberto Ulloa Cisneros en los diarios El Tiempo y La Prensa de Lima, donde se hizo amigo de José Carlos Mariátegui. Junto con este y con César Falcón formó “un grupo de anticlericales furibundos”.
Participó en el 5.º Congreso Médico Latino Americano realizado en Lima en 1913, entre cuyos asistentes estaba Domingo Cabred, el conocido médico argentino que había reformado en su país el tratamiento de los pacientes psiquiátricos. Junto a Cabred y otros especialistas, fue a visitar el antiguo manicomio limeño, donde pudieron comprobar los inhumanos métodos empleados en el tratamiento de los enfermos mentales. Se pusieron entonces de acuerdo para incinerar los instrumentos utilizados, tales como jaulas, látigos, grillos y camisas de fuerza, algo que fue aplaudido por el propio presidente de la República Guillermo Billinghurst, que se interesó en remediar dicha situación.
En 1914, al proyectarse la construcción de un moderno establecimiento de salud mental en La Magdalena, Caravedo fue nombrado secretario y asesor técnico de la comisión encargada de dicha obra. En 1915, con el apoyo de Víctor Larco Herrera, viajó a Europa y Estados Unidos para estudiar la organización de los hospitales psiquiátricos, ocasión en la que afianzó sus conocimientos de las modernas prácticas en el tratamiento de pacientes mentales, cuyo lema era “humanizar la psiquiatría”, recurriendo a los avances científicos y teniendo en cuenta que las enfermedades mentales no son orgánicas sino psicológicas.
De regreso al Perú, trabajó como médico de la Asistencia Pública de Lima y del servicio de profilaxis venérea. Asimismo, fundó una clínica psiquiátrica, de carácter privado, la primera de ese tipo fundada en el Perú, y que en homenaje a su esposa llamó Villa Margarita. Funcionó de 1919 a 1930. miniatura|350px|Asilo Colonia de La Magdalena en 1920. Pero su labor más memorable empezó al ser nombrado en 1918 médico jefe del servicio común del Asilo Colonia de La Magdalena para alienados, que acababa de ser concluido y a donde se trasladó la población del antiguo manicomio de Lima, así como empezó a recibir a otros pacientes que hasta entonces no habían podido ser acogidos en algún establecimiento médico.
Caravedo convocó a Víctor Larco Herrera como inspector del asilo, personaje este que hizo una cuantiosa donación de casi un millón y medio de soles, por lo que en reconocimiento a ello, el nosocomio fue bautizado en 1930 con el nombre de Hospital Víctor Larco Herrera. Caravedo dejó también que asumiera la dirección del hospital el médico psiquiatra Hermilio Valdizán, que ejerció dicho cargo de 1921 hasta su fallecimiento prematuro en 1929. Su sucesor fue el mismo Caravedo, que desempeñó el cargo de 1930 hasta su fallecimiento en 1953.
Es de señalar que quienes tomaron la dirección del nuevo nosocomio eran los únicos tres médicos psiquiatras que había en el Perú y que habían estudiado la especialidad en el extranjero: Hermilio Valdizán, que se hizo cargo de la dirección; Baltasar Caravedo, que era clínico y que sucedió a Valdizán como director; y Sebastián Lorente Patrón, que era forense. El establecimiento adoptó un régimen moderno: desterró definitivamente las antiguas prácticas anticientíficas, al mismo tiempo que se transformaban el local, las habitaciones, el mobiliario, el equipo y los servicios.
Caravedo participó también en certámenes científicos de su especialidad, entre los que destacan la 1.ª Conferencia Interamericana de Higiene Mental, celebrada en Brasil; la 2.ª Reunión de las Jornadas Neurosiquiátricas Panamericanas, realizada en Lima en 1939; 1.ª Congreso Panamericano de Medicina Legal, Odontología, Neurología, etc., celebrado en Sao Paulo en 1946, y en el 2.º Congreso Médico-Social Panamericano realizado en Lima en 1951.
Se preocupó por la divulgación científica. Fue codirector y fundador, junto con Carlos Enrique Paz Soldán de la revista La Reforma Médica, que se editó de 1918 a 1932. Asimismo fue director y fundador del Boletín de Higiene Mental (1932-1937), que dio origen a los Archivos Peruanos de Higiene Mental (1937-1941).
Promovió la fundación de la Sociedad Peruana de Psiquiatría (de la que fue director en 1923 y 1934-1943), la Liga de Higiene Mental (que dirigió de 1932 a 1937), la Sociedad Peruana de Medicina Legal (1943) y el Consejo Nacional de Salud Mental (1952).
Fue miembro de la Academia Nacional de Medicina, la Asociación Médica Peruana Daniel A. Carrión, la Sociedad Peruana de Historia de la Medicina, entre otras instituciones del Perú y de otros países como Brasil y Colombia.
Otra faceta suya fue su afición a los deportes. Fue el fundador del Comité Olímpico Peruano, cuyos secretarios fueron Luis Alberto Sánchez y Manuel Seoane Corrales. Entre 1920 y 1923 redactó los reglamentos de casi todos los deportes traduciéndolos del inglés.
Falleció en el distrito de Magdalena del Mar, el 14 de enero de 1953. Cuenta su hijo Baltazar Caravedo Carranza que antes de morir pidió que le pusieran “un sayal de franciscano, porque este había sido el signo de su vida.” Y era cierto, ya que, como dice Carlos Enrique Paz Soldán, había hecho de la medicina un apostolado, al humanizar la práctica de la psiquiatría. miniatura|200px|Busto de Baltazar Caravedo en el Hospital Víctor Larco Herrera
Publicaciones
De entre sus publicaciones, destacan los siguientes: Historia de la asistencia de los alienados en el Perú (1935) Algunos datos sobre higiene mental en el Perú (1936) Organización de la asistencia de los alienados (1937) El servicio social en la atención de los enfermos de la mente (1939) El problema de los niños anormales y la higiene mental infantil en nuestro medio (1943) Las enfermedades mentales en el Perú (1945) en coautoría con Baltazar Caravedo Carranza. Organización de servicios psiquiátricos (1949) en coautoría con Baltazar Caravedo Carranza.
Escribió también artículos y folletos que aparecieron publicados en revistas del Perú y del exterior, así como las "Memorias" sobre su labor en la dirección del Hospital Víctor Larco Herrera.
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos Enlaces de obras digitalizadas de Baltasar Caravedo, en Fuentes Históricas del Perú.
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