El conflicto de las islas Kuriles (, «problema de la propiedad de las Kuriles del sur»; , «disputa de los Territorios del Norte») es el conflicto territorial que enfrenta a Rusia y Japón por la soberanía de las doce islas meridionales del archipiélago.
La propiedad del conjunto del archipiélago así como de la isla de Sajalín ha sido un tema algo abstracto a lo largo de la historia. El primer documento entre ambos Estados, el tratado de Shimoda (1855) estableció la frontera entre las islas de Iturup (Etorofu para los japoneses) y Urup; pero años más tarde (tratado de San Petersburgo de 1875) Rusia cedió todas las Kuriles a cambio de los derechos japoneses sobre Sajalín. Tras la rendición del Imperio de Japón en la Segunda Guerra Mundial, la por entonces Unión Soviética ocupó todas las islas, anexionándoselas según el acuerdo de Yalta, y quedando incluidas en el óblast de Sajalín. Pero Japón elevó una queja por las cuatro islas meridionales, que denomina Territorios del Norte (北方領土; Hoppō Ryōdo) y considera propias, pues según su postura, en el Tratado de San Francisco, Japón se comprometía a devolver territorios ocupados en su etapa imperial, y las islas meridionales ya le pertenecían antes del citado periodo, no habiendo sido rusas anteriormente.
La disputa continúa en debate: Japón quiere la soberanía japonesa a cambio de paz y término al conflicto, ofreciendo también ayuda económica a Rusia. Los tratados de paz no han quedado cerrados y el conflicto continúa hasta la actualidad.
Según las fuentes rusas, el gobierno japonés gasta unos 850 millones de yenes al año en propaganda sobre el conflicto. (en ruso) Aparte, en el legislativo japonés se ha aprobado una enmienda en donde se reconoce como Territorio japonés a las islas en dominio ruso según declaraciones del ministro de relaciones exteriores de Japón Katsuya Okada,http://sp.rian.ru/international/20100903/127658477.html haciendo que Rusia tome una posición defensiva en la que aduce que los laudos arbitrarios de Japón serán desconocidos y que se acogen únicamente los laudos emitidos en donde se reconoce la soberanía soviética/rusa de la zona en cuestión, y según declaraciones del primer ministro ruso Dmitri Medvédev, que no se debe polemizar tanto sobre el asunto, si Japón accede al plan de normalización de 1956, en donde solo 2 de las 4 islas mayores retornarían a la soberanía nipona.Aunque el litigio se da sobre 12 islas, es común que se haga referencia a las «4 islas», ya que a diferencia de Etorofu, Shikotán y Kunashiri, las Jabomai son un conjunto de las que sólo Shibotsu supera los 15 km², por lo que es común que el conjunto de 9 islas sea referido simplemente como «Jabomai».
Los Estados Unidos creen que Japón tiene soberanía sobre las islas disputadas. Estados Unidos pide a Rusia que devuelva las islas a Japón.
El Parlamento Europeo (institución parlamentaria de la Unión Europea), en una resolución titulada «Relaciones entre la UE, China y Taiwán y Seguridad en el Lejano Oriente»,https://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:C:2006:157E:0471:0473:ES:PDF adoptada el 7 de julio de 2005, pidió a Rusia que devuelva a Japón las islas ocupadas de los Territorios del Norte.
Trasfondo histórico
Historia de las Kuriles
Las islas Kuriles estaban pobladas originalmente por una rama de la población ainu autóctona de las islas, al igual que los nivjis de la isla de Sajalín. Respecto a la administración extranjera del archipiélago, el primer dato es la asimilación nominal de las islas por parte del clan Matsumae, protectores de los ainu de Hokkaido, durante el período Edo de Japón hacia el .
El conocimiento de las islas por parte de la administración de las islas, que se data con registros de hasta el , puede observarse en el mapa realizado en la era Shōhō de Japón, al comienzo del Shogunato Tokugawa, donde se pueden apreciar 39 islas de diversos tamaños en este trabajo de 1644. En el mapa, ya aparecen algunos topónimos para ciertas islas como Choka, una adaptación del nombre original en ainu para la isla de Paramushir y sus islas vecinas. También aparece Rakkoshima [Islas de la Nutria Marina] como denominación del archipiélago de las islas comprendidas desde la isla de Onekotán a Simushir.
El primer registro de una visita a las islas por la parte rusa data de comienzos del , cuando el capitán ruso Vasili Golovnín y su tripulación, quienes se habían detenido en Kunashir durante la elaboración de un estudio hidrográfico, fueron apresados por miembros del clan Nambu y enviados a las autoridades Matsumae. Aunque el viaje ya estaba planeado hacia las islas, por lo que el conocimiento de los rusos del archipiélago, si bien no está datado, debía ser anterior.
Al año siguiente del suceso del capitán Golovnín, un comerciante japonés, Takadaya Kahei, también fue capturado en 1812 cerca de Kunashir por Pedro Ricord, otro capitán de navío ruso, esto llevó a Japón y Rusia a acordar entablar negociaciones para delimitar la frontera entre ambos países.
Primeros tratados ruso-japoneses
thumb|right|275px|La Pallada en Nagasaki, Japón (1854).
Rusia, consciente de los intentos de aperturismo en Japón llevados a cabo en 1844 por parte de los neerlandeses y por los estadounidenses en la expedición de James Biddle en 1846, decidió enviar una expedición diplomática esperando ser la primera potencia en obtener tratados ventajosos con el aislacionista Shogunato Tokugawa.
Para el cometido, el entonces ministro de exteriores ruso, Karl Nesselrode, designó al almirante Putiatin al frente de la misión rusa a bordo de la fragata Pallada. La misión salió del puerto de Kronstadt, en la costa báltica de Rusia, el 7 de octubre de 1852, pero diversos problemas en el viaje la hicieron retrasarse por lo que arribó al puerto de Nagasaki en Japón en agosto de 1853, casi seis meses más tarde que el comodoro estadounidense Perry, que ya había forzado la firma del Tratado de Kanagawa, que había puesto fin al Sakoku japonés ( literalmente, «país en cadenas» o «cierre del país»).
Tras diversas negociaciones marcadas en la parte japonesa por la sucesión del Shōgun entre Tokugawa Ieyoshi y Tokugawa Iesada; mientras que en la parte rusa estuvieron también marcadas por las noticias del estallido de la guerra de Crimea, finalmente se llegó a ciertos acuerdos plasmados en el Tratado de Shimoda que suponía abrir los puertos de Nagasaki, Shimoda y Hakodate a los barcos rusos, estableció la posición de los rusos en Japón, definió la figura del embajador ruso ante Japón y delimitó las fronteras entre Japón y Rusia con dos elementos que han sido un elemento de disputa hasta el día de hoy: el dominio conjunto de Sajalín y el reparto de las islas Kuriles (Kunashir, Etorofu/Iturup, Shikotán y las islas Jabomai para Japón, y el resto para Rusia). El acuerdo, si bien sirvió para formalizar las relaciones y fue visto por ciertos sectores políticos japoneses como una oportunidad de acercamiento hacia una potencia capaz de contrarrestar la influencia estadounidense; otros vieron la firma del tratado como poco ventajosa y otra muestra más de la injerencia extranjera en los asuntos internos japoneses. El gobierno ruso por su parte, no estuvo muy satisfecho con su misión diplomática, puesto que uno de sus objetivos era llegar a un acuerdo comercial que finalmente no fue incluido en el primer tratado.
A finales de la década de 1860, Japón vive la restauración Meiji, un cambio completo en todos los aspectos estructurales del Estado que le hará pasar de su gobierno de corte feudal, en el que las alianzas entre clanes suponían un peligro para la autoridad, a una estructura estatal moderna siguiendo el modelo prusiano, donde el emperador era el representante máximo del poder, pero la gestión se llevaba a cabo mediante la Dieta imperial.
La entronización del emperador Meiji Tennō, su carta de juramento y el fin de la guerra Boshin marcaron el inicio de la era Meiji y la proclamación del Imperio del Japón, una potencia asiática moderna que buscaba convertirse en la esfera de influencia predominante en Asia Oriental.
Respecto al tema de la no delimitación de una frontera en Sajalín, había causado numerosos incidentes entre ciudadanos de ambos países y las autoridades del otro Estado. Por ello, el diplomático japonés, Enomoto Takeaki, había sido enviado a San Petersburgo para delimitar una frontera en la isla en 1867, llegando a un preacuerdo conocido como Tratado Provisional Ruso-Japonés de la Isla de Karafuto, nótese que Karafuto () era el nombre que los japoneses daban a la isla.
Este acuerdo alcanzado entre los rusos y el diplomático del shogun no fue reconocido por las nuevas autoridades Meiji, por lo que se buscó llegar a un acuerdo nuevo que delimitase definitivamente los problemas e incidentes ocurridos en la isla compartida por ambos países. Finalmente ambos imperios firmaron el 7 de mayo de 1875 el Tratado de San Petersburgo, ratificado el 22 de agosto del mismo año y con fecha de entrada en vigor el 1877. En el citado tratado, el Imperio de Japón renunciaba a cualquier control de la isla de Sajalín (donde los rusos habían llevado a cabo un plan de colonización del sur de la isla que había frustrado los planes de colonización y nuevos pobladores japoneses), a cambio de que el Imperio ruso le cediese el dominio de todas las islas Kuriles.
Japón empezó a extenderse por Corea y la zona norte de China a finales del . Este aumento de su dominio y esfera de influencia motivó a Rusia a forzar la Triple Intervención para obligar a Japón a renunciar a Lüshunkou (conocida por los rusos como Port Arthur) y a toda la península de Liaodong que Japón había obtenido en el Tratado de Shimonoseki, pues eso dejaría a Rusia sin una conexión entre su territorio y el puerto de Port Arthur, que la Marina rusa consideraba indispensable por ser el único puerto de aguas cálidas que podían utilizar en la costa del Pacífico. Aprovechando el caos en la zona, los rusos aumentaron las concesiones chinas en Port Arthur y poco después, con el estallido del levantamiento de los bóxers, los rusos invadieron Manchuria. Tras el fin del levantamiento y la firma del Tratado de Xinchou, los rusos no se retiraron de Manchuria, lo que enfureció a Japón por ver cómo Rusia intentaba hacer lo que a ellos se les había impedido tras el fin de la primera guerra chino-japonesa.
En un primer momento, el gabinete de Hayashi Tadasu propuso un nuevo pacto a los rusos en el que ellos reconociesen el protectorado ruso sobre Manchuria si Rusia reconocía su dominio sobre Corea, a lo que Rusia se negó. Ante ello, Japón cambió su política de neutralidad con Rusia frente a Corea aumentando significativamente su influencia y control sobre la península para disponer de una frontera más cercana con Manchuria desde donde aumentar su influencia en la zona. Rusia por su parte impidió a los barcos chinos utilizar el puerto de Lüshunkou que ya a todos los efectos se gestionaba como una ciudad rusa más, lo que le ganó la desaprobación del Reino Unido, su rival imperial en el Gran Juego, que motivó la firma de una alianza entre el Reino Unido y Japón en 1902.
Esta firma le serviría a Japón para hacer una tercera fase de modernización de su flota (tras la creación de la misma en 1869-1873 y la primera modernización 1880-1888) con la construcción de modernos buques en Reino Unido, así como algunas unidades más en Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos. Tras modernizar su armada y su ejército para 1903 y contar con el respaldo británico, Japón volvió a exigir un acuerdo sobre Corea y Manchuria a Rusia, a lo que ésta nuevamente se negó dilatando la respuesta diplomática.