La guerra de sucesión castellana fue un conflicto bélico que se produjo de 1475 a 1479 por la sucesión de la Corona de Castilla entre los partidarios de Juana de Trastámara, hija del difunto monarca Enrique IV de Castilla, y los de Isabel, media hermana de este último.

La guerra tuvo un marcado carácter internacional porque Isabel estaba casada con Fernando, heredero de la Corona de Aragón, mientras que Juana se había casado con el rey Alfonso V de Portugal. Francia también intervino, apoyando a Portugal para evitar que Aragón, su rival en Italia, se uniera a Castilla.

A pesar de algunos éxitos iniciales para los partidarios de Juana, la escasa agresividad militar de Alfonso V y las consecuencias políticas de la batalla de ToroLa solución de este conflicto es también semejante a la anterior; la indecisa batalla de Toro, que no lo fue ciertamente en sus resultados y consecuencias, pone término al indudable “peligro portugués” para Castilla., Julián MARÍA RUBIO en Felipe II y Portugal, Voluntad, Madrid, 1927, Volume I de Manuales Hispania, página 34.Desde un punto de vista estrictamente militar, no puede considerarse la batalla de Toro como una clara victoria castellana, sino solamente como un encuentro ventajoso para los Reyes Católicos. No es su valor intrínseco lo que provoca la jubilosa explosión de los cronistas, sino las consecuencias que de ella se derivaron. Decide la guerra, eso es todo, porque desanima definitivamente a los partidarios de Juana (página 157)… Pero en esto documento [la carta en la que Fernando comunicó su victoria a las ciudades] … no se contiene más que la escueta atribución de la victoria a las armas castellanas, lo que non contradice en modo alguno la realidad del hecho de que una parte del ejército portugués, vencedora del ala derecha castellana, permaneciera sobre el campo y pudiera retirarse al día siguiente sin ser molestada. Batalla sin interés desde el punto de vista militar, lo tiene muy grande desde el político, y en este sentido es enteramente favorable a los Reyes Católicos (página 161)… No victoria militar, pero sí victoria política, la batalla de Toro constituye, por si sola, un acontecimiento decisivo, porque resuelve la guerra civil a favor de los Reyes Católicos” (página 163), en La España de los Reyes Católicos (1474-1516), Espasa-Calpe, 1.ª edición: 1969, 2.ª edición: 1995; Autores: Juan de MATA CARRIAZO; SUÁREZ FERNÁNDEZ; M. FERNÁNDEZ ÁLVÁREZ llevaron a la desintegración del bando juanista entre 1476 y 1477. El matrimonio de Isabel y Fernando fue reconocido en las Cortes de Madrigal (abril-octubre de 1476) y su hija Isabel jurada heredera de la Corona de Castilla.

A partir de entonces, el conflicto consistió esencialmente en una guerra entre Castilla y Portugal, cobrando gran importancia la guerra naval en el océano Atlántico. Las flotas portuguesas se impusieron a las castellanas en la lucha por el acceso a las riquezas de Guinea (oro y esclavos),En una guerra en la cual los castellanos quedaron vencedores en tierra y los portugueses en el mar,… en Bailey W. DIFFIE y George D. WINIUS- Foundations of the Portuguese empire 1415-1580, volume I, University of Minnesota Press, 1985, p.152.Sin embargo, en 1478 los portugueses sorprenderán treinta y cinco navíos retornados de la Mina [en Guinea] y tomarán todo su oro… otra expedición castellana a la Mina, la de Eustache de la Fosse, fue interceptada en 1480... Tomando en consideración todos los hechos, no es sorprendente que los portugueses emergiesen vencedores de esta primera guerra naval y colonial. Ellos estaban mucho mejor organizados que los castellanos, fueron capaces de obtener dinero para la preparación y abastecimiento de sus flotas, y tuvieron una clara lideranza… del príncipe Juan. en Malyn NEWITT- A history of Portuguese overseas expansion, 1400-1668, Routledge, New York, 2005, pp. 37-38. donde se libró la decisiva batalla naval de Guinea.

La guerra concluyó en 1479 con la firma del Tratado de Alcazobas, que reconocía a Isabel y Fernando como reyes de Castilla y otorgaba a Portugal el monopolio marítimo comercial en la costa occidental africana al mantener el control de los territorios en los que ya tenía cierta presencia, los cuales eran Guinea, Elmina, Madeira, Azores, Flores y Cabo Verde; por el contrario, las islas Canarias quedaron al margen de las pretensiones portuguesas. Juana, por otra parte, perdió el derecho al trono castellano y tuvo que permanecer en Portugal hasta su muerte.

Este conflicto ha sido llamado también guerra Civil Castellana, pero este nombre induce a confusión con otras guerras civiles que afectaron a Castilla en los siglos y . Algunos autores hablan de guerra de Portugal, pero este nombre es parcial (claramente denota un punto de vista castellano) y hace olvidar que el bando juanista también podía considerarse castellano legítimamente. Otras veces se ha utilizado el término guerra peninsular, que no debe confundirse con el nombre inglés y portugués de la guerra de la Independencia Española (1808–1814). Por último, algunos autores prefieren la expresión neutra de guerra de 1475-1479.

Antecedentes

El problema de la sucesión al trono

miniatura|170px|izq|Isabel y Fernando.

En 1462, nace Juana de Trastámara, la primera y única hija del rey Enrique IV de Castilla, que inmediatamente es nombrada princesa de Asturias. Sin embargo, las presiones de una parte de la nobleza obligan al rey a despojarla del título y nombrar en su lugar heredero a su medio hermano Alfonso en 1464. Desde esta época surge un rumor que afirma que la princesa Juana no es realmente hija del rey Enrique sino de su valido, Beltrán de la Cueva, por lo cual se la empieza a llamar «la Beltraneja».

En 1465, los nobles, reunidos en Ávila, acuerdan destronar a Enrique y nombran rey a Alfonso (de 12 años entonces) en la denominada «farsa de Ávila». Estalla así una guerra que no terminará hasta 1468, con la muerte de Alfonso. Enrique IV recupera plenamente el poder y el título de heredera pasa a ser disputado entre Juana e Isabel, hermana de Alfonso y segunda en la línea de sucesión.

Isabel rompe con Enrique IV en 1469, fugándose para casarse con su primo Fernando, heredero de la Corona de Aragón en el palacio de los Vivero de Valladolid el 19 de octubre de 1469. Poco a poco la pareja va ganando apoyos, obteniendo el respaldo del legado papal Rodrigo Borgia en 1472 y el de la poderosa Casa de Mendoza en 1473.

En 1474, muere Enrique IV y cada una de las dos candidatas al trono son proclamadas reina de Castilla por sus respectivos partidarios.

Los juanistas, conscientes de su posición de debilidad frente al bando isabelino, proponen al rey de Portugal, Alfonso V, tío de Juana, que se case con ella a pesar de la consanguinidad y se convierta en rey de Castilla. Alfonso acepta, con lo cual la fuerza de los dos bandos queda más equilibrada y se perfila la guerra como único método para resolver el conflicto.

Alianzas internacionales

miniatura|Europa occidental en 1470.

El reino de Francia y la Corona de Aragón mantenían una antigua rivalidad por el control del Rosellón y, más recientemente, por la hegemonía en Italia. En junio de 1474, las tropas francesas invadieron el Rosellón y los aragoneses tuvieron que replegarse. Fernando intercedió ante su padre, Juan II, para que no declarase la guerra a Francia, concentrando su atención en los asuntos castellanos. De todas formas, ante la perspectiva de que el heredero del trono aragonés se fuese a convertir también en rey de Castilla, en septiembre de 1475 Luis XI de Francia se puso oficialmente del lado de Juana y de Portugal.

En ese momento Francia estaba también en guerra con Borgoña. Esto convertía a los borgoñones en aliados teóricos del bando isabelino, pero en la práctica siguieron haciendo la guerra por su cuenta, sin coordinar sus acciones con las castellano-aragonesas. También Inglaterra entró brevemente en guerra con Francia al desembarcar su rey Eduardo IV en Calais en junio de 1475, pero en una rápida respuesta diplomática Luis XI acordó con Eduardo en agosto la paz de Picquigny. El rey de Inglaterra concedió una tregua de nueve años a cambio de una importante compensación económica y se volvió a su reino.

Por su parte, el reino de Navarra vivía una guerra civil intermitente entre beaumonteses y agramonteses, a la que se superponían los intentos de Francia y de Aragón por controlar el reino.

Por último, el reino nazarí de Granada se mantuvo neutral. El 17 de noviembre de 1475, el rey Abu al Hasan Alí firmó un tratado de paz con Isabel y Fernando por el que además se ofreció a prestarles ayuda en la región de Córdoba contra los partidarios de Juana.EDWARDS, p.37

Rivalidad entre Castilla y Portugal en el Atlántico

miniatura|izq|170px|Reconstrucción actual de una carabela portuguesa.

A lo largo del , los exploradores, comerciantes y pescadores de Portugal y de Castilla habían ido internándose cada vez más profundamente en el océano Atlántico. La posesión de las islas Canarias fue desde el principio un punto de fricción entre los dos reinos. Más tarde, el control del comercio con los territorios de Guinea y la Mina, muy ricos en oro y esclavos, se convirtió en una disputa aún más importante.

Durante la primera mitad del siglo, Castilla organizó la conquista de algunas de las islas Canarias (Lanzarote, Fuerteventura, Hierro y Gomera) mediante pactos de vasallaje primero con caballeros normandos y luego con nobles castellanos. Portugal mantuvo su oposición a la autoridad castellana en las islas y por su parte fue avanzando en la exploración de Guinea, obteniendo grandes beneficios comerciales.

A partir de 1452, los papas Nicolás V y su sucesor Calixto III modificaron la anterior política de neutralidad de la Santa Sede y otorgaron una serie de bulas favorables a Portugal, reservando a este país el control del comercio y la autoridad religiosa en una amplia zona hasta toda la Guinea y más allá. No arbitraron la cuestión de las Canarias, cuya conquista por otro lado había quedado relativamente estancada. El rey de Portugal adoptó una política comercial abierta, permitiendo a súbditos extranjeros comerciar en las costas africanas a cambio de los correspondientes impuestos. El único perjudicado era, así, el rey de Castilla.

En agosto de 1475, tras el estallido de la guerra, Isabel reclamó que las partes de Africa et Guinea pertenecían a Castilla por derecho e incitó a sus comerciantes a navegar a ellas, iniciando la guerra naval en el Atlántico.

El conflicto

Bandos de la guerra en 1475

miniatura|Armas de Alfonso V, entre 1475 y 1479, como rey de Portugal, de Castilla y de León.

A favor de Juana: Portugal. Francia. Una parte de la alta nobleza castellana: el arzobispo de Toledo, la familia Estúñiga, la Casa de Pacheco, el marqués de CádizSegún CIUDAD RUIZ, Rodrigo Ponce de León era el principal miembro de la oposición a los reyes en Andalucía junto con Alfonso de Aguilar, pero no quiso rebelarse abiertamente, aunque mantuvo su guerra particular con el duque de Medinasidonia. y el maestre de la Orden de Calatrava.

A favor de Isabel: La Corona de Aragón. El resto de la nobleza castellana: la muy poderosa Casa de Mendoza, la familia Manrique de Lara, el duque de Medina Sidonia, el exvalido Beltrán de la Cueva, la Orden de Santiago y la Orden de Calatrava excepto su maestre.Hasta la muerte del marqués de Villena en 1474, cuando (...) el comendador mayor, el clavero y otros caballeros de la Orden tomen el partido de la reina Isabel frente al maestre, partidario en ese momento de doña Juana, en CIUDAD RUIZ

El ducado de Borgoña y el reino de Inglaterra estaban en guerra con Francia en 1475 pero no coordinaron sus acciones con los partidarios de Isabel y por ello no se les considera normalmente integrantes del bando isabelino.

La lucha por el trono (mayo de 1475-septiembre de 1476)