miniaturadeimagen|El juego de las nereidas, de Arnold Böcklin, 1886. En la mitología griega, las náyades (en griego antiguo: Ναϊάδες Naiádes, Ναίδες Naídes o Νάιτιδες Náitides)LSJ: «Ναϊάς» eran un tipo de ninfas muy común. Generalmente eran comprendidas como ninfas de las fuentesPorfirio (De antro nympharum, 8) se refiere a πηγαί (pēgaí), plural de πηγή (pēgḗ), que significa «fuente», «manantial»Segundo Mitógrafo Vaticano, 64 (Sobre las Ninfas); el texto dice, en latín medieval, fontes o simplemente, del elemento líquido.Hesiquio, voz «Náyades». El autor simplemente escribe «Ναϊάδες: νύμφαι τῶν ὑδάτων», esto es, ‘Náyades: ninfas de las aguas’ (entendidas como el elemento agua o la humedad).Porfirio (De antro nympharum, 10) dice que «en sentido estricto llamamos Ninfas Náyades a los poderes que presiden las aguas». Las náyades están asociadas al agua que brota y fluye: los manantiales naturales y las corrientes de los arroyos que de ellos se forman.Porfirio (De antro nympharum, 10) se refiere a νάμα (náma), que significa «agua que fluye», «arroyo», «corriente», «manantial» o «agua de fuente». Es un término poético y religioso, más específico que ὕδωρ («agua») y cercano a «agua surgente» o «agua corriente». Son llamadas náyades por el hecho de fluir (νάειν, náein).Porfirio, De antro nympharum, 8Robert S. P. Beekes: Etymological Dictionary of Greek (Leiden: Brill, 2009)
En su calidad de ninfas, son seres femeninos, dotados de gran longevidad pero mortales. Las náyades encarnan la divinidad del manantial o del curso de agua que habitan. A veces hay una, otras veces son varias, consideradas entonces hermanas.Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana, voz «Náyades» De manera genérica se las denomina como «hijas de Zeus»,Odisea XIII, 356: «Νύμφαι Ναϊάδες, Διὸς θυγατέρες» (‘ninfas náyades, hijas de Zeus’). aunque esta definición homérica expresa autoridad divina más que una genealogía explícita.Eustacio de Tesalónica, en su Comentario a la Odisea, al explicar las ninfas llamadas “hijas de Zeus”, señala que este tipo de expresiones no debe entenderse como una genealogía literal, sino como una forma de indicar su pertenencia al ámbito divino de Zeus; en la misma línea, Walter Burkert (Greek Religion, 1985) explica que las ninfas forman parte del orden de la naturaleza integrado en la soberanía de Zeus, por lo que estos epítetos expresan estatus divino más que parentesco real.
Definición de ‘náyade’ El término ‘náyade’ nunca estuvo bien definido en la mitología y en realidad se trata de un tipo ‘paraguas’ para definir al resto de ninfas. Ya desde la poesía arcaica el término ‘náyade’ se utilizaba indistintamente como ‘ninfa’.Odisea XIII, 347: «ἄντρον Νυμφάων, ἃς Ναϊάδας καλέουσιν» (‘gruta de las ninfas, a las que llaman náyades’). Este verso es clave porque es una de las primeras apariciones del término náyades en Homero. Muestra que el término ya existe como nombre especializado dentro de “ninfas” pero todavía dentro de un sistema muy flexible (no taxonómico cerrado).Píndaro: odas píticas 9.16; Eurípides: Hipólito 550. En conjunto, las ninfas acuáticas se denominaban con mayor frecuencia náyades o, en ocasiones, simplemente «ninfas náyades».Sobre las náyades como término colectivo para referirse a las ninfas acuáticas, véase, por ejemplo, el escolio a la Ilíada XX, 8. Para más información sobre las náyades y las «ninfas náyades», véase Homero, Ilíada VI 21-22, XIV, 444, XX, 384, Odisea XIII, 348, XIII, 356; Eurípides: El Cíclope 430, Helena 187; Apolodoro: Biblioteca mitológica 1.9.6; Antología palatina 9.328, 9.814; Porfirio: De antro nympharum 8-10. En un escolio, recontando a las ninfas, se dice que entre las acuáticas se encuentran náyades, hidríades, crénides, epipotámides y heléades.Escolio a Ilíada XX, 8 En otra referencia se dice que las náyades y las ninfas fontanales (pegeas) son el mismo tipo de ninfas.Porfirio: De antro nympharum, 13
Eustacio nos habla de los tres tipos de ninfas acuáticas más comunes en la poesía: nereidas si son ninfas del mar, náyades si son ninfas de las fuentes de agua dulce y oceánides si son ninfas del «gran océano».Eustacio, sobre Homero, p. 622 La mayoría de las veces las náyades eran ninfas del agua dulce pero a veces también se llamaba náyades a las ninfas del mar.Alceo, por ejemplo, describe a Tetis, la madre de Aquiles —que es una nereida y, por lo tanto, una ninfa marina— como una náyade (Poetae Melici Graeci [PMG] frag. 44). E incluso a veces a las oceánides se las denomina como náyades;Creúsa, referida como una náyade, era hija de Océano y Gea. Así en Píndaro, Píticas IX, 16. En Nono: Dionisíacas 38, 108 ss., se dice que Clímene, la hija de Océano y Tetis, es una náyade, y que fue la madre de Faetonte en unión con Helios. la principal diferencia radica en que las oceánides suelen ser esposas de dioses y las náyades de héroes locales.Robert S. P. Beekes: Etymological Dictionary of Greek (Leiden: Brill, 2009). Beekes sugiere que las Oceánides tienden a aparecer en la mitología como esposas de dioses o figuras de rango cósmico (Metis y Zeus engendran a Atenea), mientras que las Náyades se asocian más a héroes locales y genealogías fundacionales (Endimión y una ninfa náyade engendran a Etolo). Sin embargo, esta distinción debe tomarse como una tendencia interpretativa más que como una regla fija de las fuentes. En la práctica, tanto Oceánides como Náyades participan de redes genealógicas y narrativas muy flexibles. La poesía griega, especialmente en época helenística y tardía, difumina progresivamente estas categorías, de modo que lo decisivo no es tanto el tipo de ninfa como el contexto narrativo en el que actúa.
Estudios mitográficos El filólogo Walter Burket diserta acerca de la naturaleza de las náyades en la mitografía. Dice que aunque las náyades estaban asociadas con las pequeñas corrientes de agua dulce, las oceánides con las aguas continentales y las nereidas con el mar había cierto solapamiento debido a que los griegos pensaban en las aguas del mundo como en un sistema único que se filtraba desde el mar a profundos espacios cavernosos en el seno de la tierra desde donde subía ya dulce en filtraciones y manantiales. Aretusa, la ninfa de un manantial, podía abrirse paso a través de las corrientes subterráneas del Peloponeso para salir a la superficie en la isla de Sicilia.Platón (Fedón 111c–112e) habla de la circulación subterránea de aguas. Aristóteles (Meteorológicos II, 1–3) del ciclo del agua (del mar a la tierra y desde aquí a las fuentes). Como paralelo mítico, Homero (Ilíada, XXI) nos habla del río Océano como origen y retorno de todas las aguas. Como interpretación moderna, M. P. Nilsson (Geschichte der griechischen Religion) comenta la continuidad funcional de cultos naturales. Walter Burkert (Greek Religion) diserta acerca de la naturaleza no compartimentada en la religión griega.
En su calidad de ninfas, las náyades son seres femeninos asociados a masas de agua dulce concretas, cuya existencia está inseparablemente ligada a su localización. En la tradición mitográfica, su vida depende del mantenimiento del cuerpo hídrico que habitan, de modo que la desaparición de la fuente implica también la desaparición de la ninfa. Esta concepción se inscribe en la naturaleza profundamente local de las divinidades griegas, que, como ha señalado Burkert, están definidas por su anclaje espacial más que por una identidad abstracta universal.Walter Burkert, Greek Religion, Cambridge, Harvard University Press, 1985, pp. 174–178 (sobre divinidades locales y cultos de lugar). En este sentido, la universalidad del dominio de Zeus sobre el mundo natural puede expresarse en términos poéticos mediante hipérbole mítica, sin que ello elimine la estructura fundamentalmente localizada del culto a ríos y ninfas.Homero, Ilíada I, 493–530 (asamblea divina); cf. Burkert, Greek Religion, cap. sobre religión olímpica y fuerzas naturales.
En su calidad de ninfas las náyades son seres femeninos dotados de gran longevidad pero mortales. La esencia de una náyade estaba vinculada a su masa de agua de forma que si ésta se secaba ella moría. Aunque Walter Burkert señala que «cuando en la Ilíada (xx.4-9) Zeus llama a los dioses a asamblea en el Monte Olimpo no son sólo los famosos olímpicos quienes acuden sino también todas las ninfas y todos los ríos; sólo Océano queda en su puesto» los oyentes griegos reconocían esta imposibilidad como una hipérbole del poeta que proclamaba el poder universal de Zeus sobre el mundo natural antiguo: «la adoración de estas deidades» confirma Burkert «está limitada sólo por el hecho de que están inseparablemente identificadas con una localidad específica».Walter Burket: Greek Religion, III 3, 3
Su genealogía cambia según el mitógrafo y la leyenda consultada: Homero las llama «hijas de Zeus» pero en otras partes se afirman que eran hijas de Océano. Es más común considerarlas hijas del dios fluvial en el que habitan. Su genealogía en cualquier caso es variada. La ninfa acuática asociada con una fuente particular fue conocida por toda Europa en lugares sin relación directa con Grecia, sobreviviendo en los pozos celtas del noroeste de Europa que más tarde fueron rededicados a los santos y en la Melusina medieval.
Todas las fuentes y manantiales célebres tienen su náyade o su grupo de náyades normalmente consideradas hermanas y su leyenda propia. Eran a menudo el objeto de cultos locales arcaicos adoradas como esenciales para la fertilidad y la vida humana. Los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad dedicaban sus mechones infantiles a la náyade del manantial local. Con frecuencia se atribuía a las náyades virtudes curativas: los enfermos bebían el agua al que estaban asociadas o bien más raramente se bañaban en ellas. Era este el caso de Lerna donde también se ahogaba ritualmente a animales. Los oráculos podían localizarse junto a antiguas fuentes.
Las náyades también podían ser peligrosas. En ocasiones bañarse en sus aguas se consideraba un sacrilegio y las náyades tomaban represalias contra el ofensor. Verlas también podía ser motivo de castigo, lo que normalmente acarreaba como castigo la locura del infortunado testigo. Hilas un tripulante del Argo fue raptado por náyades fascinadas por su belleza. Las náyades eran también conocidas por sus celos. Teócrito contaba la historia de los celos de una náyade en la que un pastor Dafnis era el amante de Nomia a quien fue infiel en varias ocasiones hasta que ésta en venganza lo cegó para siempre.
En el origen de muchas genealogías como las de Icario, Erictonio o Tiestes aparece una náyade. Cuando se creía que un rey mítico había desposado una náyade y fundado una ciudad Robert Graves ofrece una lectura sociopolítica: los recién llegados helenos justificaban su presencia tomando como esposa a la náyade de la fuente como en la historia anterior al mito de Aristeo en la que Hipseo un rey de los lápitas se casó con la ninfa Clidánope con quien tuvo a Cirene. Entre los inmortales se da el paralelo de los amoríos y violaciones de Zeus que según Graves registran la suplantación de antiguos cultos locales por otros olímpicos (Graves 1955). Aristeo tuvo una experiencia más allá de lo común con las náyades: cuando sus abejas murieron en Tesalia fue a consultarlas. Su tía Aretusa le invitó a pasar bajo la superficie del agua, donde fue lavado en un manantial perpetuo y recibió consejo. Un mortal, pero relacionado se había ahogado siendo enviado como mensajero de esta forma para lograr consejo y favores de las náyades para su pueblo.
Catálogo de náyades