El Real monasterio de san Isidoro o san Isidro, situado en la localidad de Dueñas (Palencia), conocido popularmente como «La Trapa», es un monasterio trapense (desde 1891).
Orígenes Parece que fue fundado o restaurado a fines del o comienzos del por Alfonso III (866-910), al abrigo de una fortaleza próxima denominada Dueñas y junto a dos asentamientos romanos de los siglos y respectivamente (Villa Possidica), en la vía romana que de Palencia conducía a León. Aunque nada permite asegurarlo, es posible que, al igual que otros como Sahagún, fuera repoblado por monjes huidos de Córdoba. Algunos autores como Yepes situaban los inicios de la vida monástica en Dueñas en época visigoda, tesis sostenida a comienzos de siglo por Fidel Fita, basándose en la aparición en las inmediaciones del vecino santuario de nuestra Señora de Onecha de una lápida sepulcral que hacía referencia a un clérigo llamado Isidoro de Quíos.
Destacó, en especial, por la conservación de las reliquias del mártir alejandrino San Isidoro de Quíos, donadas por García I en el , se erigió en el principal difusor de su culto y devoción en la Península y el resto de Europa. Dichas reliquias adquirieron fama de milagrosas, no solo en las comarcas próximas, al considerar al santo como especial protector de los campos y las cosechas y, en especial, de un gusano denominado "coco", que afectaba a viñas y plantíos. El cenobio se convirtió, por tanto, en un lugar de peregrinación, adonde acudían gentes de diversos lugares para pasar agua por la reliquia para su posterior aspersión sobre dichos La desaparición de dichas reliquias a causa de un incendio durante la guerra de la Independencia, en 1812.
Historia Hipótesis sobre su origen
miniatura|Portada románica del monasterio|izquierda
Documentalmente, el primer texto que cita este monasterio es un privilegio del rey de León García I, otorgado el 15 de febrero del 911, por el que se deduce que este monarca había donado las reliquias de San Isidoro de Chios, soldado romano martirizado en el 251 en la época del emperador Decio ().
Sin embargo, la restauración monástica de dicho cenobio había sido realizada ya por su padre Alfonso III el Magno hacia el año 883 cuando repobló toda esta zona, entregándoselo a una comunidad de monjes mozárabes benedictinos procedentes de Córdoba. Vemos así que Alfonso III no funda ex novo el monasterio, sino que como apunta López Serra, se restaura la vida monástica de un cenobio anterior dedicado a San Martín de Tours y ocupado por una comunidad femenina de domnas (monjas) que, probablemente, formaran un monasterio dúplice con el cercano monasterio de San Juan Bautista, fundado por Recesvinto en el 661 d. C.
Ambos monasterios habrían sido abandonados y parcialmente destruidos por la invasión árabe de la Península en el 711. Concretamente, existe constancia de una razzia en el año 854 d.C., e incluso en el , el cronista Gregorio de Argaiz, al que se le encomendó la continuación de las crónicas de su orden iniciadas por Antonio de Yepes, nos narra un relato teñido de tintes legendarios:
Pese a su abandono y destrucción, poco tiempo después, Alfonso III repoblaría toda la comarca conocida como los Campos Góticos (Tierra de Campos), decidiendo restaurar la vida monástica masculina ya no en San Juan de Baños sino en el antiguo monasterio femenino de San Martín de Tours. El cambio de titularidad al del mártir alejandrino San Isidoro tendría lugar a raíz de la donación de las reliquias del santo por su hijo García I, convirtiéndose en uno de los principales difusores de su culto en la Península.
Sí se conservó, no obstante, una iglesia dedicada a San Martín dentro del coto redondo perteneciente al monasterio, que ejercía como parroquia de la pequeña población conformada por los diferentes sirvientes y trabajadores que servían a la comunidad monástica. Esta iglesia, seguramente de origen románico (o, incluso, anterior), sobrevivió hasta bien entrado el , pues se convirtió también en la parroquia del incipiente núcleo poblacional que se crearía en torno a la estación de tren, próxima al monasterio, que daría lugar a la aparición de Venta de Baños. De hecho, en 1896, el obispo de Palencia, Enrique Almaraz y Santos, aprobó el traslado de la antigua parroquia de San Martín de Tours desde San Isidro de Dueñas a la incipiente Venta de Baños, que posteriormente recibiría la advocación de Santa Rosa de Lima, perdiéndose también la de San Martín. Desconocemos que ocurrió con esta primigenia iglesia, pero seguramente desaparecería afectada por la construcción de la vía férrea que transcurre por las inmediaciones donde se debió ubicar.
Por el contrario, otros autores como Bishko rechazan el origen visigodo y su posterior restauración mozárabe y consideran que se trata de una fundación de nueva planta en torno al año 900 a través de monjes de las Asturias de Santillana o Liébana que tuvieron contacto con Gascuña y Aquitania en el , región por la que se había difundido el culto a San Isidoro.
Formación del patrimonio monacal (siglos -) Durante los siglos y fue uno de los principales monasterios del reino de León, bajo la directa protección y patronazgo de la realeza, que realizó importantes donaciones. el monasterio recibió nuevas donaciones de los reyes leoneses Ordoño II (914-924) y Ramiro II (931-951). Avanzadilla de la reforma cluniacense en el reino León, fue favorecido por Sancho III Garcés (1000-1035), al anexionarse la Tierra de Campos a comienzos del último quinquenio de su reinado. En esta época, lacomunidad monástica estaba regida por monjes catalanes, a cuya cabeza estaba el abad Durando. Cabe destacar, así, que en torno al propio monasterio se formó un amplio señorío jurisdiccional, conocido como Coto Redondo de San Isidro, sobre el que el abad poseía atribuciones jurisdiccionales. La extensión de este coto es ya delimitada por el primer documento de García I, y ampliada por su hijo y sucesor Ordoño II (entre el 915 y 919). Abarcaba no solo la aldea que se desarrolló al calor del monasterio, sino todo el terreno situado entre los ríos Carrión y Pisuerga desde su confluencia hasta los términos de Baños y Calabazanos. Limítrofes a este coto se encontraban otras dos propiedades que suponían una ampliación del mismo: la Huelga de Santa María del Remolino, al otro lado del río Pisuerga, frente al monasterio, que se extendía hasta el límite con Tariego, y el llamado Soto Blanco, motivo de disputa con el próximo monasterio de Calabazanos. Asimismo, adquirió también diversos privilegios otorgados por diferentes monarcas, como la potestad otorgada por Alfonso VI en 1076 de pastar con sus rebaños, cortar leña en los montes o extraer piedra de las canteras de los términos de Dueñas y Tariego, eximiéndoles de la realización de velas, guardas y labores en sus castillos, recibiendo también la jurisdicción sobre las aguas del río a su paso por el coto propiedad de monasterio o de la mitad del puente sobre el río Carrión.
Por todo ello, su influencia se extendió rápidamente por las villas y aldeas aledañas, sobre todo en la comarca del Cerrato palentino y la Tierra de Campos, recibiendo el monasterio de Santa Coloma, entre Tariego y Hontoria de Cerrato, a la que pertenece actualmente, por donación de los condes de Monzón, Fernando Ansúrez y su mujer Toda, en 971; la iglesia de San Miguel de Baltanás por Sancho III en 1033; el priorato de Santiago del Val , entre Santoyo y Astudillo, por Alfonso VI en 1077; el monasterio de San Millán en Soto de Cerrato en 1114; la iglesia y la villa de San Juan de Baños en 1115 y 1117, respectivamente, o la villa de Hontoria de Cerrato y su monasterio de San Miguel (hoy su iglesia parroquial) en 1116 por la reina Urraca I. También poseyó otros bienes más distantes como es el caso del convento de San Miguel de Mediavilla en Medina de Rioseco, fundado por la infanta doña Sancha en 1132, siendo cedido a San Isidro, quienes, en 1424, lo cederían a su vez a censo a una cofradía que se estableció en dicha iglesia, o San Boal del Pinar en Cuéllar, donado por los condes Pedro Ansúrez y su mujer Eylo en 1112.
Es esta primera etapa, este monasterio ostentaba rango abacial, por lo que sus abades eran elegidos por la propia comunidad de monjes cada cuatro años (cuadrienios).
Etapa cluniacense: reforma románica (1073-1478)
miniatura|Torre románica del monasterio
El 29 de diciembre de 1073, Alfonso VI de León y Castilla lo donó al monasterio benedictino de Cluny, convirtiéndose en unos de sus prioratos y convertido en la primera propiedad de la orden de Cluny en España, foco de los cambios litúrgicos que sustituyeron el antiguo rito visigodo o hispánico por el rito romano. El monasterio se convertiría en el principal monasterio benedictino peninsular hasta que alcanzaron su esplendor los monasterios de San Zoilo en Carrión de los Condes y San Benito el Real de Sahagún, situados en pleno Camino de Santiago, y, por tanto, mejor comunicados con Francia. Tres años más tarde, Alfonso VI concedió al monasterio, descrito como filial de Cluny, los privilegios de cortar leña en las montañas y de pastar sus animales en Dueñas y en Tariego.Durante esta etapa, el monasterio perdió su rango de abadiato y se convirtió en un priorato dependiente de la casa madre de Cluny, por lo que los priores no eran elegidos por los monjes, sino que eran directamente designados por el abad de Cluny o por sus representantes en la provincia hispana, renovándose cada cuatro años (cuadrienios).
Será durante esta etapa cuando tenga lugar la reforma del monasterio, en el s. XII, en un estilo artístico extendido también por toda la Europa occidental, el románico, del que solo se conserva el exterior de la iglesia, portada, cimborrio y cabecera, pero que nos permite constatar que siguió un modelo de influjo francés, al igual que otros ejemplos próximos como San Martín de Frómista o San Zoilo, en Carrión de los Condes. Estas iglesias se caracterizan por una portada flanqueada por dos torres circulares, de las que en el caso de Dueñas solo se conserva una, y que, seguramente, contaron con un pórtico de acceso, conocidos como galilea o sagrera. La portada principal, situada en el hastial oeste, hacia poniente, ha sufrido diferentes reformas a lo largo de los siglos, pero conserva importantes vestigios románicos y se compone de cinco arquivoltas, alternándose las de perfil sencillo con las interiores de doble moldura de baquetón, enmarcadas por un guardapolvo decorado con un ajedrezado jaqués. Cabe destacar los capitales de la portada decorados no solo con motivos vegetales y geométricos sino también un interesante capitel historiado que representa dos de los pecados capitales la avaricia en forma de un hombre de cuclillas con una bolsa colgada al cuello que aparece junto con una figura desnuda que lo señala y la lujuria a través de una figura femenina con serpientes que le muerden los pechos. El cimborrio es una torre-campanario, características también de esta centuria y los tres ábsides son semicirculares, carentes de decoración y con pequeños ventanales. El interior de la iglesia también se ha visto fuertemente modificado, aunque conserva la planta basilical de tres naves de 46 metros de longitud por 17 de anchura, con transepto marcado en planta y cabecera de tres ábsides con presbiterio. Se encuentra divida en seis tramos que cubren con bóvedas de cañón con lunetos, fruto de la reforma de principios del , cuyo peso descansa sobre pilares cruciformes.
Crisis bajomedieval y reforma monástica: dependencia de San Benito el Real de Valladolid (1478-1808)
miniatura|izquierda|Fachada principal