Francisco Benjamín López Toledo (Ciudad de México, México, 17 de julio de 1940- Oaxaca de Juárez, Oaxaca, México, 5 de septiembre de 2019), conocido como Francisco Toledo, fue uno de los mayores artistas plásticos de México, con amplio reconocimiento como impresor, dibujante, pintor, escultor y ceramista. En su faceta como activista, apoyó numerosas causas enfocadas, tanto a la promoción y conservación del patrimonio artístico mexicano, como al libre acceso a la formación artística y el cuidado del medio ambiente natural.
Su arte reflejó un gran aprecio por la estética de la naturaleza, particularmente la de animales que no son convencionalmente asociados con la belleza, como por ejemplo, monos, murciélagos, iguanas, sapos e insectos. En su escultura, tuvo dos formas de expresión: una donde representó cosas del mundo natural, específicamente bestiarios de distintos animales, y otra donde se despegó totalmente de la realidad.
Toledo, escribió la crítica Lelia Driben, “fragua [...] un universo que ata cabos con lo real y, simultáneamente, despliega la metáfora”. En su obra abunda la representación de figuras humanas y de otros animales en una suerte de apareamiento, ya sea explícito o simbólico. En ese sentido, su visión moral afirma que el mundo de los humanos y el de los animales es uno con la naturaleza. En sus cuadros se representa mucho la androginia.
Toledo usó la modernidad y la vanguardia de otras civilizaciones, especialmente la europea, para sus obras y mostró un sentido de lo fantástico muy desarrollado, al crear criaturas antropomórficas que son, a la vez, monstruosas y juguetonas, personajes que incluye en sus papalotes, libros de artista, máscaras, piezas de joyería y complejos grabados. Debido a sus obras, se dice que Toledo perteneció a la Generación de la Ruptura, aunque no haya pertenecido históricamente a la misma.
Murió el 5 de septiembre de 2019 en la ciudad de Oaxaca. La causa fue cáncer de pulmón que padecía desde años antes.
Biografía
Primeros años Fue el cuarto de los siete hijos de Francisco López Orozco, originario de Juchitán; y de Florencia Toledo Nolasco, de Ixtaltepec, ambas comunidades del istmo de Tehuantepec. Los padres de Toledo hablaban español y zapoteca. Toledo declaró en varias ocasiones que nació en la capital mexicana, específicamente en la colonia Tabacalera.
Durante sus primeros años vivió en el sur de Veracruz, en Coatzacoalcos y Minatitlán, pero viajaba frecuentemente a la tierra de sus padres, donde visitaba el taller de zapatos de su tía abuela, quien lo empezó a formar en la historia y tradiciones de la región, y lo puso en contacto con los oficios y labores artesanales. A los 11 años emigró al estado de Oaxaca junto con su familia.
A los 12 años, fue enviado a estudiar la escuela secundaria en la capital oaxaqueña e inició sus estudios artísticos en el taller de grabado de Arturo García Bustos, con quien aprendió el linóleo y de cuyo taller desertó rápidamente debido a la difícil relación que se estableció entre ambos.Ponce, R. (2019, septiembre 8). Toledo vive. Proceso, núm. 2236, pp. 56-60. (Consultado domingo, 8 de septiembre del 2019.)
Para continuar su educación formal, es enviado por su padre a la Ciudad de México, con la idea de que se "convirtiera en el próximo Benito Juárez". Sin embargo, Toledo resultó un mal estudiante, más interesado en visitar museos, galerías y bibliotecas.
Posteriormente, ingresó al Taller Libre de Grabado del entonces Centro Superior de Artes Aplicadas, ahora Escuela de Artesanías, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en la Ciudad de México, donde fue alumno de Pedro Castelar, Francisco Dosamantes y Guillermo Silva Santamaría.Tibol, R. (1999, octubre 11). Así en el suelo como en la tierra. Proceso, reimpreso 8 septiembre 2019, pp. 58-59. (Consultado domingo, 8 de septiembre del 2019.)
Su primera exposición sucedió a los 19 años, en 1959, en la Galería Antonio Souza de la capital mexicana, especializada en apoyar a artistas jóvenes; fue precisamente el galerista y dueño del lugar quien lo rebautizó artísticamente como Francisco Toledo. En ese mismo año 1959 expuso en el Fort Worth Center, en Texas, Estados Unidos.
Residencias en el extranjero En 1960 viajó a París, donde vivió por cinco años y trabajó con Stanley William Hayter, conocido grafista, profundizando así en el estudio de las técnicas de grabado. En la capital francesa conoció y estableció una relación con el artista Rufino Tamayo y el escritor Octavio Paz; en 1963 expuso la Galería Karl Flinker. Este primer viaje a Europa es también la oportunidad de continuar su educación del arte occidental al visitar museos, galerías, artistas y escritores que cambiaron su visión del arte; en particular fue influido por la obra de Francisco de Goya, Paul Klee y de Jean Dubuffet, así como por la pintura matérica de Antoni Tàpies. En esa misma estancia europea, pasó unos meses en Barcelona, donde trabajó el grabado en la Editorial Polígrafa. En 1965 regresó a México con una nueva perspectiva ideológica y estética.
A finales de la década de 1970 hizo una primera estancia en Nueva York, que repitió en 1981-82 para trabajar la cerámica. En 1984 regresó a Europa: en París y Barcelona produjo obra pictórica, litográfica y plástica.
Instalación en Oaxaca y vida personal En 1987 se instaló en la Ciudad de México y luego, en 1992, se mudó definitivamente a la ciudad de Oaxaca.
Toledo se casó en tres ocasiones. La primera con Olga de Paz Vicente, con quien tuvo a la poeta, cuentista y promotora de literatura indígena Natalia Toledo; de su segundo matrimonio con la antropóloga y poeta Elisa Ramírez Castañeda nacieron la artista y fotógrafa Laureana Toledo, y el tatuador y artista gráfico Jerónimo López Ramírez, conocido como Dr. Lakra. Su tercera esposa fue la tejedora danesa Trine Ellitsgaard, con quien tuvo dos hijos: Sara López Ellitsgaard y Benjamín López Ellitsgaard.
Obra La obra de Francisco Toledo se caracteriza por el toque irreverente, provocativo y transgresor; por las referencias al istmo (particularmente a Juchitán), a la cultura zapoteca y mexicana en general, pero también por la presencia de elementos de la tradición occidental como lo atestiguan sus trabajos a partir de la obra de Kafka o Pinocho de Carlo Collodi. La muerte, la literatura, la naturaleza humana, el sexo y la escatología son también constantes a lo largo de toda su producción artística.
Creador de una iconografía propia o reimaginada, los temas de sus piezas por momentos desvían la atención de un hecho importante: la maestría y variedad que despliega en las técnicas que utiliza. Óleos, acuarelas, gouaches, dibujo, tintas, aguafuertes, puntaseca, litografía, xilografía, mixografía, escultura, cerámica, tapices. Desarrolló su carrera como artista independiente y no se involucró con las temáticas nacionalistas que representaban la Escuela Mexicana de Pintura, aunque se le ha considerado como representante de la Escuela Oaxaqueña de Pintura. De igual forma se le ha asociado en repetidas ocasiones con la Generación de la Ruptura, surgida en los años 50. Sin embargo, además de que su pintura ya se vendía en la galería Juan Martín poco antes del surgimiento de la Ruptura, Toledo sostuvo siempre un carácter de artista autónomo y discreto.
Artista independiente o miembro involuntario de movimientos, generaciones o escuelas, lo cierto es que la obra de Toledo es, desde finales del , sinónimo de “arte mexicano”, tal como escribió el cronista y crítico Carlos Monsiváis, quien también apuntaba que los comentarios a su trabajo en un principio destacaban la iconografía indígena que desplegaba Toledo: la calificaban de ajena, provando “elogios y distanciamientos”. “Toledo, el artista, profundamente contemporáneo, era, también, el más variado y obstinado de los representantes contemporáneos de la gran cultura indígena, el zapoteco de la ‘arcilla estupefacta, alucinante’”. Toledo, por su parte, se limitaba "con gozo creativo, humor y malicia a celebrar una de sus herencias, convirtiéndola en la metamorfosis proposición artística de largo alcance”.Nada de lo que aparece en su obra (en universo de Toledo) había existido antes […] Todo, también, estaba ya en Toledo: la vasta cultura pictórica, los años en Europa y Estados Unidos, la admiración por los pintores que elaboran los reflejos de lo primigenio, la experimentación, el saberse siempre parte de la tradición universal - Monsiváis (p. 76-77)
México en su obra Toledo no recurre a las formas que le ha legado su pueblo. Él ha ido más allá de aquello que denominamos ‘mexicanidad’, y con lo que nos referimos a lo mexicano como cualidad especial. Él pudo hacerlo porque, con su origen [zapoteca], aporta algo al arte de lo que el mexicano, que ya no vive inmerso en las viejas estructuras, ya no es consciente: eso ’otro’ que podemos llamar, utilizando un término acuñado por Lévi-Strauss, ‘pensamiento salvaje’ - Erika Billeter (p. 103)Antes de Toledo, desde los muralistas hasta Rufino Tamayo, el arte mexicano tiene más que un proyecto estético, uno de carácter ideológico cuya misión es educar a la población sobre el pasado prehispánico, consolidando así la imagen de "lo mexicano". Toledo y los artistas de su generación se encuentran entonces en un panorama donde dicho proyecto le es ajeno y la idea de lo mexicano en los términos expresados por el muralismo ya ha sido asentada. Si bien Toledo termina por desplegar una iconografía mexicana, lo hace de una forma propia y sin tener en mento el romper o el apegarse a un proyecto ideológico en particular.
Proyectos y series Los cuadernos Se trata de un total de 27 cuadernos con aproximadamente 1,745 dibujos, realizados en París entre 1985 y 1987, los cuales donó al programa Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.González Rosas, B. (septiembre 8, 2019). Un artista como ya no hay. Proceso, núm. 2236, p. 60. (Consultado domingo, 8 de septiembre del 2019.) En 2001, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) organizó la exposición Los cuadernos de la mierda y la publicación del catálogo correspondiente, todo lo cual celebraba la cesión que la Secretaría de Hacienda hacía al museo de los 27 mencionados cuadernos.
Un informe para una academia En 2005, Toledo presentó una serie de grabados sobre placa metálica inspirados en el cuento de 1919 Un informe para una academia, del escritor checo Franz Kafka, en donde un simio que tiene vida y características humanas cuenta su experiencia a través de una carta a un grupo de científicos. El proyecto principal constó de una carpeta de 15 piezas acompañadas de frases del cuento. El proyecto completo constó de 60 obras que fueron expuestas durante el Festival Internacional Cervantino de ese año en el Museo Casa Diego Rivera de la ciudad de Guanajuato, mientras que la carpeta fue el motivo de exposiciones en Oaxaca, Ciudad de México y Seattle.
Con este proyecto, la metamorfosis se hacía presente una vez en la obra de Toledo, temática a la que también regresó en diversas ocasiones Kafka, existiendo así "un diálogo natural" entre ambos creadores que provoca que las imágenes creadas por el mexicano —un simio que se emborracha para parecer humano, o que fuma y trabaja para un circo— parezca "casi una prolongación de la imaginación de Toledo".
Urna de Monsiváis Toledo es responsable del diseñó de la urna en donde, desde junio de 2011, descansan las cenizas del escritor y ensayista mexicano Carlos Monsiváis en la Sala de Lectura del Museo del Estanquillo; la pieza, de barro pintada al óleo, simboliza a un gato que juega con una pelota.
Papalotes de "los 43"