La Batalla de Puente de Márquez fue un enfrentamiento militar librado el 26 de abril de 1829, durante la guerra civil llevada a cabo de 1828 a 1831, entre unitarios y federales en la Argentina, que resultó una victoria de las fuerzas del gobernador de la provincia de Santa Fe, Estanislao López, y del jefe federal Juan Manuel de Rosas sobre el general Juan Lavalle, que había usurpado el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Antecedentes El 27 de junio de 1827 cayó la presidencia de Bernardino Rivadavia y dos días después el jefe del partido federal porteño, coronel Manuel Dorrego, fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, una alianza del partido unitario con los jefes del ejército que había hecho la guerra contra el Imperio del Brasil lo derrocó el 1 de diciembre de 1828. El gobernador depuesto se propuso reunir un ejército con las milicias de la campaña o campiña porteña pero ocho días más tarde fue completamente derrotado en Navarro, siendo fusilado por orden del general Juan Lavalle, instigado por los líderes del partido unitario, el 13 de diciembre, sin fórmula de juicio.

El comandante de campaña de Dorrego, coronel Juan Manuel de Rosas, se retiró hacia la provincia de Santa Fe, desde donde su gobernador, el brigadier Estanislao López ya marchaba hacia Buenos Aires para vengar su ejecución y deponer a los unitarios. El gobernador santafesino reunió a sus milicias y nombró a mayor general del Ejército de la Unión, es decir, Jefe de Estado Mayor. Luego denunció la ejecución de Dorrego, quien desempeñaba el poder ejecutivo del país, la actitud agresiva de Lavalle contra Santa Fe y el desconocimiento de los unitarios a la autoridad de la Convención Nacional Constituyente. Lavalle se enteró del levantamiento de varios caudillos menores en el sur de la provincia de Buenos Aires, bajo los auspicios de Rosas. Forzado a elegir entre enfrentar a la amenaza del norte (López) y la del sur (estos caudillos), optó por priorizar la segunda, pues no podía enfrentar a los santafesinos sin asegurar su retaguardia. Organizó dos divisiones de caballería al mando de los coroneles Federico Rauch y Ramón Estomba para enfrentar a las milicias levantadas en la campaña porteña, ordenó al brigadier José María Paz avanzar con la 2.ª División del Ejército Nacional al Interior y él mismo decidió invadir Santa Fe el 26 de febrero de 1829, según Saldías con 1300 veteranos, y según Frías con 2000, de los que 600 eran jinetes.

López respondió desgastando a su enemigo con su caballería, sin presentar batalla campal, y arrasando las tierras por donde sabían que pasarían los unitarios. Finalmente, para acabar con la superior caballería unitaria, López atrajo a Lavalle a una trampa, haciéndole acampar en un campo de mío-mío que intoxicó sus caballos, muriendo 600 animales en una noche, obligándolo a retroceder. Poco después, le llegaron noticias desalentadoras a Lavalle, el coronel Rauch había sido vencido y muerto y Estomba había enloquecido, quedándose sin fuerzas para luchar en la campaña contra los federalistas porteños. Ante el peligro de perderlo todo, Lavalle se retiró a Buenos Aires.

En su retirada, Lavalle se encontró el 3 de abril en la posta de Los Desmochados —al noroeste de la actual Casilda— con el general José María Paz, quien se estaba dirigiendo a la provincia de Córdoba con la 2.ª División del Ejército Nacional (en su mayoría provincianos del Interior), para deponer a su gobernador federal, el brigadier Juan Bautista Bustos. El 6 de abril Lavalle llegó a San Nicolás de los Arroyos, donde contactó a la flotilla porteña que había transportado desde Buenos Aires a Paz. La retirada unitaria fue inmediatamente seguida por una contrainvasión de las fuerzas federales del general López al norte de la provincia de Buenos Aires. El 9 de abril la vanguardia federal, al mando del teniente coronel Pascual Echagüe, ocupó San Nicolás de los Arroyos. Todo el norte de la provincia de Buenos Aires se pasó a los federales, siguiendo el ejemplo del sur de la provincia; el 16 de abril los pueblos de Salto, Rojas, Arrecifes y Baradero desconocieron la autoridad de Lavalle y Buenos Aires se sumió en el caos. Lavalle, en completo retroceso, fue hostigado constantemente por la vanguardia federal, apoyada de cerca por el grueso de las fuerzas de López. El gobernador de Santa Fe avanzó hasta Luján y adelantó a Rosas, el cual consiguió en la estancia El Talar reunir a sus milicias del sur de la provincia de Buenos Aires.

Ante la crítica situación, Lavalle ideó un nuevo plan: decidió interponerse entre el ejército de López y la hueste que reunían los partidarios de Rosas en el sur; impidiendo su unión, evitaría a López y atacaría directamente la ciudad de Santa Fe, obligando a López a terminar su invasión y volver a recuperar su capital. Al mismo tiempo, el ataque unitario sería apoyado por una ofensiva paralela que realizaría Paz desde Córdoba. Para esto acampó cerca de Puente de Márquez y envió mensajes a Buenos Aires solicitando el envío de una columna de infantería. Sin embargo, López y Rosas no le dieron tiempo: sabedores que la caballería unitaria estaba desgastada y todos sus movimientos eran lentísimos, resolvieron reunir a todos sus regimientos de caballería y avanzar sobre Puente de Márquez.

Fuerzas enfrentadas Unitarios Según el parte oficial de la batalla de López, los unitarios sumaban 1500 jinetes, algo menos de 500 infantes y 4 cañones de campaña. La Gaceta de Madrid afirma que «la fuerza de la ciudad» no pasaba de los 4000 hombres. El entonces coronel unitario, Gregorio Aráoz de Lamadrid, sostenía en sus Memorias que su ejército apenas sumaba 700 hombres.

El historiador y militar Juan Beverina, basado en documentación de la época, creía que la división de Lavalle se componía de 1050 hombres cuando luchó en Navarro. Estaban organizados en los regimientos N.° 1 de caballería del coronel Niceto Vega (100 plazas), N.° 3 de caballería del comandante Sixto Quesada (100 pl.), N.° 16 de Lanceros del coronel José Valentín de Olavarría (300 pl.) y Colorados del coronel José María Vilela (450 pl.) y el escuadrón del teniente coronel Manuel Olazábal (100 pl.). Ante las múltiples amenazas que debió enfrentar, la aumentó con la guarnición de Buenos Aires hasta alcanzar a formar una columna de un poco más de 400 infantes montados, 1500 jinetes y 4 piezas de artillería, números en los que le apoya Félix Best. Adolfo Saldías da números ligeramente diferentes: 1400 jinetes y 500 jinetes, pero mantiene el mismo número de cañones; muchos jinetes eran veteranos de la guerra contra los brasileños. Pedro Lacasa dice que sólo eran 1100 hombres. El coronel Antonio Díaz afirmaba que Lavalle mandaba una tropa de 2000 veteranos, cifra que comparte el historiador Bernardo Frías.

Según el político y escritor porteño, Valentín Alsina, los unitarios no contaban con más de 1500 efectivos. En cambio, Manuel María Cervera analiza esa cifra con documentos de la época y la descarta, elevando el número de unitarios a 2000.

Ramón Lassaga afirma que eran 1000 jinetes, 500 soldados de a pie pero mantiene el tamaño de la artillería. En cambio, Leoncio Gianello, historiador santafesino, decía que los unitarios eran menos de 1000 hombres ese 26 de abril. El escritor Eduardo Gutiérrez sostiene que, basado en las plazas de las unidades que participaron en la batalla, Lavalle tenía originalmente menos de 1000 veteranos a los que se sumaron unos 1000 de la guarnición de la ciudad, incluyendo 500 infantes, y que pocas horas antes de la batalla recibió un refuerzo de otros 1000 soldados. Es decir, 3000 en total.

Federales La Gaceta de Madrid elevaba al ejército de Santa Fe, reunido con tropas de las provincias y montoneros, a 6000 hombres. Saldías sostiene que los federales habían reunido todos los regimientos de caballería que pudieron, 6000 milicianos de Santa Fe y Buenos Aires. Lacasa afirmaba que eran 4000 santafesinos y porteños y 3000 aliados del Chaco y la Pampa, todos a caballo. Díaz creía que eran 3000 a 4000 jinetes de milicias y algunos indios mansos, sin disciplina y mal armados. Lamadrid habla de 7000 a 8000 gauchos.

Alsina afirma que los federales sumaban 8000, sin embargo, Cervera es completamente crítico y señala que todo el ejército federal sólo podía sumar hasta 3000 hombres mal armados. Según él, Rosas reclutó a mucho menos de 2000 milicianos y si se consideran a los numerosos indios aliados que se sumaron a sus fuerzas, probablemente no pasaban de 2800 en total.

Beverina señala que Rosas consiguió reunir rápidamente a las milicias del sur de la provincia gracias a los emisarios, alcanzando unos 2000 hombres, que había sumado a los de López. Frías afirma que López, antes de unir sus fuerzas con Rosas, tenía apenas 1000 combatientes. Lassaga dice que López tenía el doble de hombres que su rival, unos 3000 gauchos. Gutiérrez estima que los federales sumaban hombres de los que 2000 eran indios que marchaban en vanguardia, eran gauchos de la campaña de Buenos Aires y 2500 milicianos santafesinos, bien entrenados y veteranos de varios combates. Sin embargo, dice que solamente 7000 participaron de la batalla, quedando más de 8000 como espectadores junto a sus comandantes. El belga Teodoro Lacordaire, quien residía en Córdoba en esos momentos, afirmaba que federales al mando de López y Rosas asediaban Buenos Aires mientras bandas de malechores delinquían en la campiña.

Ejércitos federales de los años siguientes indican que las estimaciones como las de Lacasa o Díaz eran perfectamente posibles.

Respecto a los indios aliados, Cervera afirma que pocos años después, en la campaña de 1831, López pudo movilizar 1000 indios para incorporarlos a sus milicias santafesinas. Probablemente se tratara de mocovíes y abipones, tribus con las que logró establecer alianzas en sus primeros años de gobierno al ofrecerles protección de los tobas. Estas tribus eran parte de los guaicurúes, grupo lingüístico del que López reclutó contingentes de guerreros para sus campañas. Destacaban los Lanceros del Sauce, indios abipones que sirvieron en el ejército de López como guías de las incursiones en el Chaco o vanguardia en las guerras civiles. También se sabe que Rosas negoció alianzas con ranqueles y pampas.

Batalla Comienzo El 25 de abril, Lavalle acampó en el arroyo del Medio mientras la vanguardia federal estaba en el río Las Conchas (actual río Reconquista).

Lavalle quería impedir el avance federal buscando un punto de fácil defensa, así que decidió atacar a su enemigo por sorpresa. Para eso debía cruzar el río Las Conchas, pero no podía usar el Puente de Márquez, donde estaba atrincherada la vanguardia federal, formada por los Dragones de Santa Fe de Echagüe, que probablemente eran 300. La noche anterior intentó atacar el campamento de los santafesinos creyendo que ahí estaba la división de Rosas, y les causó muchas bajas. Vadeó el curso fluvial en otro sector y venció en la otra orilla a algunos piquetes de gauchos enemigos. El resto del ejército federal se repuso de la sorpresa y se preparó para el combate. Tanto Lavalle como López estaban deseosos de presentar batalla y ambos se encontraron en el paraje llamado la Posta de Álvarez.