Rodrigo de Saavedra y Vinent, II marqués de Villalobar (1864-1926), fue un diplomático español que desplegó una gran labor humanitaria durante la ocupación alemana de Bélgica en la Primera Guerra Mundial.
Datos biográficos Nació en Madrid el 4 de enero de 1864, hijo mayor de Ramiro de Saavedra y Cueto, I marqués de Villalobar, y nieto del tercer y más famoso duque de Rivas. Obtuvo su despacho de agregado diplomático en 1887. Sucedió a su padre como marqués de Villalobar en 1896, al fallecimiento de este.
Nació con muchas deformidades físicas, que dificultaban su movilidad. La emperatriz de Francia Eugenia de Montijo, que siempre le aconsejó y le apoyó, se interesó por su problema siendo él aún muy joven. Más tarde aprovecharía sus viajes a Bélgica para tratar de solucionarlas haciéndose construir un arnés metálico que se sujetaba a su cuerpo y le sujetaba los brazos y piernas con un sistema de prótesis articuladas, lo que le acarreó alguna anécdota.Ejemplo de ello fue lo que sucedió en Palacio el día que María Cristina de Habsburgo dio una fiesta de presentación en sociedad de sus hijas, las infantas María de las Mercedes y María Teresa. Durante un vals de la fiesta, un ruido sobresalto a todos los presentes, que inmediatamente dejaron de bailar. En ese momento la reina pregunto a su camarera mayor: -¿Por qué se ha interrumpido el baile? - Nada, majestad -contestó la sirvienta. Sólo que el marqués de Villalobar se ha desmontado sobre el parquet. El marqués, que pese a todo era un hombre muy presumido, se había "desmontado" dejando sobre la pista de baile su pierna y dentadura postizas, el peluquín que ocultaba su calvicie y las alzas de los botines con las que trataba de disimular su baja estatura. Sin poder levantarse y viéndose rodeado de gente que se disponía a ayudarle dijo: "tranquilos todos, no me toquen, avisen por favor a mi criado que sabe cómo se monta todo otra vez". Y es que su sirviente era el que se encargaba todos los día de fijarle la armadura y de quitársela antes de dormir. http://www.erroreshistoricos.com/curiosidades-historicas/1012-rodrigo-de-saavedra-y-vinent-el-marques-que-se-desarmo.html
Se decía de él que poseía un espíritu muy fino y un gran sentido del humor, y que sabía mostrarse afable. Poseía un acentuado sentido del deber y era leal sin fisuras a su soberano, el rey Alfonso XIII.
Matrimonio y descendencia Contrajo matrimonio tardíamente en Bélgica, en 1911, con María de la Aurora Ozores y Saavedra (1871-1939), su prima carnal, VIII marquesa de Guimarey. Ella estaba viuda del marqués de Casa Pavón, y tras el fallecimiento de Villalobar, volvería a casar con el marqués de Monsolís, pero solo tuvo prole de Villalobar. Tuvieron por hijo único a Carlos de Saavedra y Ozores (1912-2004), III marqués de Villalobar y IX de Guimarey, que casó con la princesa Isabel María de Ligne, hija de Eugène Frédéric Marie Lamoral de Ligne, XI príncipe de Ligne, y de Philippine Marie Cécile Douce de Noailles, su mujer, de los príncipes de Poix. Con descendencia en que siguen los marquesados de Villalobar y Guimarey.
Carrera inicial En 1891 estuvo un corto tiempo en Washington como agregado en la legación de España; y participó como delegado español en la Feria Colombina de Chicago en 1893. Parece que nuevamente pasó por Washington en 1895. En 1900 fue delegado español en la Exposición Universal de París, y en 1901 fue nombrado secretario en la embajada de España en París.
En 1904, fue enviado como secretario a la embajada en Londres, y posteriormente ascendido a ministro consejero. Durante su estancia en Londres, Villalobar actuó como persona de confianza del rey Alfonso XIII en su cortejo a la princesa Victoria Eugenia de Battenberg y en los preparativos de su boda. Trabó además amistad con el rey británico Eduardo VII y con muchos miembros de la aristocracia política, amistades que le serían útiles durante la Primera Guerra Mundial.
Permaneció en Londres hasta 1909, año en que, tras un breve paso por Madrid, en el mes de julio se incorporó de nuevo a la legación de España en Washington como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, su primer destino como jefe de misión. Viajó a su destino en el transatlántico Lusitania, tristemente famoso porque sería torpedeado seis años después. En los nueve meses que pasó allí, poco pudo hacer. Debía ser un período particularmente difícil para las relaciones bilaterales, por el poco tiempo que había transcurrido desde la breve guerra hispano-estadounidense de 1898. Se integró rápidamente en la vida social de Washington, donde trataba asiduamente al presidente Taft, al secretario de estado Knox y a los más influyentes miembros del gobierno. A juzgar por las crónicas de los diarios de la época, recibía brillantemente en su casa de 1521 New Hampshire Avenue. En agosto de 1909, hizo un viaje a Toledo, en el estado de Ohio, cuyo alcalde era Brand Whitlock, a quien Villalobar se encontraría cinco años más tarde como ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Bruselas y con quien trabaría una buena amistad. En octubre del mismo año, hizo un viaje oficial a San Francisco.
En marzo de 1910, fue nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la legación de España en Lisboa. Por aquel entonces estaba a punto de estallar en Portugal la revolución que derrocaría la monarquía. La actuación de Villalobar en Lisboa fue bastante conflictiva porque no solo estuvo físicamente al lado del rey Manuel II durante sus últimas horas antes del exilio, sino que después desplegó gran actividad, a veces abiertamente provocativa al nuevo régimen, intentando restablecer la monarquía e incluso buscando excusas para provocar una invasión española de Portugal, probablemente siguiendo instrucciones directas del joven rey Alfonso XIII. Esa actuación no gustó a los nuevos dirigentes del país.
Tanto en París como en Londres, Washington y Lisboa, Villalobar estableció contactos amistosos con diplomáticos de otros países, entre otros de Alemania, que le servirían sobremanera posteriormente en Bruselas.
Primera Guerra Mundial El 10 de marzo de 1913 fue destinado a Bruselas como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la legación de España. Pasó allí toda la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la cual España se mantuvo neutral y por ello jugó un papel de mediador entre los contendientes.
Cuando las tropas alemanas invadieron Bélgica en 1914, violando su neutralidad, todos los representantes diplomáticos decidieron seguir al gobierno belga en el exilio a Le Havre, en Normandía, excepto tres de países neutrales: los de España, Estados Unidos y Países Bajos (este último dejó un encargado de negocios). El ministro de Estados Unidos, Brand Whitlock, era conocido de Villalobar. Juntos desplegaron una intensa labor en muchos frentes como ministros “protectores” de Bélgica.
En los primeros días de la invasión alemana, Villalobar se hizo cargo de los intereses diplomáticos de una larga lista de potencias beligerantes, la cual se alargó todavía más con la sucesiva entrada en guerra de otros países y en particular, en 1917, cuando Whitlock abandonó Bruselas al declararle Estados Unidos la guerra a Alemania. Villalobar colaboró con las autoridades municipales con objeto de que Bruselas no fuera bombardeada, lo cual repetiría semanas más tarde a favor de Amberes, esta vez a petición de las autoridades alemanas, y estableció desde el primer momento una relación duradera con el gobierno alemán de ocupación, que siempre sería operativa, aunque en ocasiones la tensión llegase a niveles próximos a la ruptura.
Villalobar acudirá asimismo al gobierno alemán para asistir la situación de residentes españoles, especialmente la de los que se vieron envueltos en atrocidades alemanas como la masacre de Lovaina, pero también para ayudar a los belgas, intentando evitar deportaciones de civiles, intercediendo por determinadas personalidades patrióticas como Adolphe Max, burgomaestre (alcalde) de Bruselas y por los catedráticos Henri Pirenne y Paul Frédéricq y, en general, procurando suavizar los comportamientos alemanes haciaa la población civil.
El barón von der Lancken, que fue su principal interlocutor entre las autoridades de ocupación, le pidió consejo a propósito de un famoso enfrentamiento con el cardenal Mercier, primado de Bélgica y arzobispo de Malinas, motivado por una carta pastoral de este último. Villalobar le aconsejó actuar con moderación hacia el cardenal, lo cual fue debidamente recogido por los alemanes, evitando mayores males, y agradecido por la diplomacia de la Santa Sede.
El rey Alfonso XIII había montado en el Palacio Real de Madrid una oficina “Pro Captivis” dedicada a ayudar a los prisioneros de guerra de ambos bandos. Esta oficina tuvo en Villalobar un decidido colaborador, al usar éste sus buenos contactos con los alemanes para interesarse por un sinfín de prisioneros aliados y conseguir casi siempre, bien su liberación, bien una humanización de sus condiciones de cautiverio. También intentó, sin éxito, poner en marcha negociaciones de paz en las que el rey Alfonso XIII actuara como árbitro y defendió que España continuase neutral, contribuyendo por ello a la campaña que llevó a la dimisión del primer ministro Romanones, que era partidario de unirse al bando aliado.
El caso Edith Cavell Una de las actuaciones más dramáticas de Villalobar se refiere a sus esfuerzos desesperados, en el transcurso de la noche del 12 al 13 de agosto de 1915, para que se pospusiera la ejecución de la enfermera británica Edith Cavell. Cavell había sido condenada a muerte en juicio sumarísimo por un tribunal militar alemán, por haber cobijado en su hospital en Bruselas a hasta doscientos soldados belgas, franceses e ingleses (prisioneros evadidos y pilotos abatidos) y haberles ayudado a huir de Bélgica y reintegrarse a sus puestos de combate. Villalobar fracasó en su empeño, no sin haber pasado una buena parte de aquella fatídica noche acosando hasta altas horas a sus contactos alemanes del más alto nivel, extralimitándose incluso en sus prerrogativas diplomáticas, y elevándoles la voz una y otra vez, incluso para exigir que se despertara por teléfono al propio Kaiser.
Ayuda humanitaria Las actuaciones de Villalobar que dejaron una huella más profunda en Bélgica fueron las conducentes a evitar el hambre para la población belga, de siete millones de habitantes. Siendo Bélgica un país que no producía más que una pequeña parte de los alimentos que consumía, en tiempos de paz importaba el resto de sus necesidades pero los británicos habían establecido un bloqueo naval que impedía a Alemania y a los territorios ocupados por ella realizar intercambios comerciales con el extranjero. Además, los ocupantes alemanes pretendían alimentar con los recursos del país tanto a las tropas como a la administración civil de ocupación.
Por lo tanto, había que: financiar y organizar la compra de alimentos, principalmente en Estados Unidos, a una escala masiva; convencer a los ingleses que dejaran pasar dichos alimentos a través de su bloqueo; obtener de los alemanes el compromiso de que sus submarinos no torpedearían los barcos de ayuda humanitaria; y obtener de los alemanes que no utilizaran para sus propias tropas o la administración civil de ocupación los alimentos así obtenidos.