La guerra de los Mercenarios, guerra de África o guerra inexpiable (241-238 a. C.) fue una guerra civil de extraordinaria crueldad que asoló los territorios africanos del Imperio de Cartago durante tres años y cuatro meses.Polibio, Historia Universal bajo la República Romana L. I Cap. XXIV.

De un lado se encontraban la capital y las ciudades leales. Del opuesto, los mercenarios rebeldes que habían luchado bajo el estandarte cartaginés durante la primera guerra púnica, aliados con la mayor parte de las ciudades africanas, súbditas de Cartago.

Durante el conflicto, una nueva declaración de guerra de Roma provocó la pérdida para Cartago de Córcega y Cerdeña, que pasaron a quedar bajo el dominio de su rival. A pesar de eso, no existió enfrentamiento armado entre las fuerzas de ambos pueblos.

La victoria final del ejército de Cartago, dirigido por Amílcar Barca, no mejoró mucho la situación. Las pérdidas humanas y económicas obligaron a Cartago a dirigir sus miras hacia nuevos territorios que colonizar, con lo que dio comienzo la conquista de la península ibérica.

Antecedentes Primera guerra púnica

Durante la primera guerra púnica, el general Amílcar Barca había resultado invicto en los combates contra los romanos, sometiendo la ciudad de Erice y el monte del mismo nombre, además de Ericté y Drépana. Sus tropas de mercenarios eran la flor y nata del ejército de tierra, y Amílcar los había entrenado en tácticas de guerrilla que causaban quebraderos de cabeza a las legiones.

En ese entonces Cartago era una ciudad riquísima y poderosa, un núcleo clave del comercio mediterráneo con cien o doscientos millares de habitantes. Capaz de armar ejércitos de hasta setenta mil hombres (principalmente mercenarios extranjeros y reclutas libios) y flotas de doscientos navíos de guerra.Hoyos, 2007: xiii

Cortados sus suministros y deshecha la flota cartaginesa tras la derrota naval de las islas Egadas, y ante la imposibilidad de recibir los suministros necesarios para continuar la lucha, Amílcar decidió firmar la paz (241 a. C.). En el tratado, el cónsul romano, Cayo Lutacio Cátulo, reconoció el derecho del cartaginés a retirarse sin hacer entrega de sus armas.Según Nepote, "De los Grandes Comandantes Extranjeros", Amílcar II, Amílcar «prefería perecer en aquel lugar a volver a Cartago en tal deshonor, entregando a sus enemigos las armas que su país le había dado para defenderlo de sus enemigos».

Después de la firma del tratado que ponía fin a la guerra, las tropas cartaginesas de Sicilia se reunieron en la ciudad de Lilibeo, gobernada por Giscón. Amílcar llegó a la ciudad desde Erice, al mando de su ejército de mercenarios, y cedió al gobernador la tarea de repatriar las tropas a África. Giscón prudentemente las dividió en pequeños destacamentos que viajarían de forma escalonada. De este modo, los mercenarios llegarían en grupos reducidos y se trataría el pago del salario con cada contingente en particular.

Rebelión de los mercenarios

thumb|Caricatura de Hannón mostrando a los mercenarios las arcas vacías de Cartago. Cómic de la Historia de Roma, pág. 162.

Pero el Senado de los Cien no siguió los planes del general, por lo que en vez de tratar por separado con cada uno de los contingentes de mercenarios el pago de su salario, concentraron a todos los mercenarios, alojándolos en Cartago primero y luego en la ciudad de Sicca. Allí acampados, acudió Hannón para informarles que las arcas de Cartago estaban agotadas por la guerra y el tratado de paz con Roma, y les pidió que renunciaran a parte de su salario. Polibio, en sus Historias, libro I, 67, relata como debido a la multinacionalidad de los mercenarios y la torpeza de los aristócratas cartagineses, los ánimos se calentaron. Por lo tanto los mercenarios, lejos de consentir, rompieron en protestas hacia Hannón y los aristócratas de Cartago y, después de varios días, partieron en masa hacia la capital. Acamparon al otro extremo de la península, en la ciudad de Túnez, en número de veinte mil infantes, cuatro mil jinetes y trescientos elefantes.Hoyos, 2007: 32Cornelio Nepote, "De los Grandes Comandantes Extranjeros", Amílcar II

La magnitud de los disturbios y el peligro que se cernía sobre la ciudad hicieron que Cartago finalmente conviniera a pagar los salarios en su totalidad. Ante la imposibilidad de mandar a Amílcar Barca, ocupado en empresas lejos de Cartago, el Gran Consejo envió a Giscón, que gozaba del aprecio de los soldados y había combatido junto a ellos en Sicilia, con el dinero y los bienes exigidos por estos.

Pero esta concesión llegó demasiado tarde. Dos mercenarios, el libio Matón (Μαθως) y el campanio Spendios (Spendius), alzaron su voz por encima del resto, llevados por intereses particulares. Imponiendo su voluntad, los rebeldes apresaron a Giscón, apoderándose de los tesoros que traía consigo (240 a. C.).Polibio, Historia Universal bajo la República Romana i. 66 - 70.

La guerra de África La declaración de guerra

Tras ser nombrados generales, Matón y Spendios enviaron misivas a las ciudades tributarias de Cartago, incitándolas a deshacerse del yugo púnico y unirse a ellos en el conflicto. Sufriendo los gravosos tributos que cayeron sobre ellas tras la desastrosa guerra con Roma, accedieron fácilmente a las peticiones de los mercenarios, lo que convirtió el motín original en un levantamiento nacional. Sólo dos ciudades se mantuvieron leales: Bizerta y Útica.Polibio, Historia Universal bajo la República Romana T.I L.I, 20

Respaldados por un ejército de 70 000 africanos y 20 000 mercenarios, los generales rebeldes declararon formalmente la guerra a Cartago.Miles, 2011: 1874-1875 Pero modernas estimaciones rebajan la cifra a unos 40 000 combatientes reunidos por Matón y Spendios al inicio de la guerra.Hoyos, 2007: 93-94. Este sería el tamaño de la fuerza reunida a las afueras de Cartago, Bizerta y Útica, probablemente la mitad estaría sitiando las dos últimas y unos cinco mil estaría guarneciendo Túnez. La situación de ésta era desesperada. Recién salida de otra guerra, se hallaba escasa de armas, sin flota de guerra, pertrechos navales, reservas de víveres ni esperanzas de socorro externo.

Los cartagineses concedieron a Hannón el Grande el mando militar por sus anteriores victorias en África, reunieron un nuevo ejército mercenario y armaron a todos los hombres en edad adulta. Entrenaron la caballería de la ciudad y unificaron los restos de su flota.

Matón, dividiendo su ejército en dos, sitiaba las ciudades de Útica y Bizerta, y aseguraba el campo de Túnez, con lo que quedaban cortadas de raíz las comunicaciones de Cartago por tierra.

La ayuda romana Los mercenarios enviaron también una embajada a Roma, buscando su apoyo en la guerra. Pero por esa época los latinos se hallaban envueltos en otra guerra civil contra los faliscos, una guerra no obstante de menor trastorno y duración que la librada en África.

Ante la imposibilidad de reconciliar a ambas partes, Roma liberó sin rescate alguno a todos los cautivos cartagineses que tenía en su poder, envió grano a Cartago y permitió a la ciudad que reclutara mercenarios en las tierras de sus aliados. No buscaban con ello el beneficio de Cartago, sino forjarse una reputación de pueblo honorable y justo.Zonaras, 17.g-17.h (LacusCurtius) Además, Cartago todavía debía una fuerte suma de dinero a Roma como indemnización de guerra, y por eso a los romanos no les interesaba que la ciudad fuera destruida.

Así pues, la ayuda romana no fue masiva, pero constituyó sin duda un punto de apoyo primordial para la preparación de Cartago en su guerra civil.

La campaña de Hannón

Hannón se ocupó con eficiencia de la logística. Dirigiendo un ejército que contaba con un centenar de elefantes de guerra, rompió el cerco de Útica, pero en lugar de acabar con los enemigos en fuga, entró en la ciudad. Mientras celebraba la victoria, los rebeldes, utilizando las tácticas aprendidas con Amílcar, se reagruparon y lanzaron ataques de guerrilla, hasta poner en fuga al ejército de Hannón. Poco después el general perdió una oportunidad de asestar un golpe al ejército rebelde cerca de un lugar llamado Gorza.Polibio, Historia Universal bajo la República Romana Lib. I Cap. XX

Ante los fracasos de Hannón, el Consejo de Cartago nombra a Amílcar comandante en jefe del ejército (240 a. C.), entregándole además setenta elefantes,Polibio, Historia Universal bajo la República Romana Lib. I Cap. XXI las tropas mercenarias de nuevo contrato y los desertores de entre los rebeldes, la caballería y la infantería de la metrópoli. En total, las tropas reunidas ascendían a 8000 o 10 000 hombres,Hoyos, 2007: 92Gabriel, Richard A. (2002). The Great Armies of Antiquity. Westport: Greenwood Publishing Group, pp. 18-19. ISBN 978-0-27597-809-9. muchos de ellos sobrevivientes del desastre de Hannón.Hoyos, 2007: 231 Y eso sin contar con las guarniciones de Bizerta y Útica, probablemente bastante numerosas. Sin embargo, algunos historiadores hablan de 20 000 a 30 000, principalmente reclutas líbicos.Hoyos, 2007: 93 Tropa lo suficientemente grande en comparación a las enemigas como para atreverse a enfrentarlos en campo abierto.

En su primera incursión, contando además con la ventaja moral del temor y respeto que inspiraba en sus enemigos, Amílcar rompió el cerco a Cartago y a Útica, que había sido recuperada tras la huida de Hannón.

La campaña de Amílcar

thumb|200px|left|Ígor Moiséyev en el ballet Salambó (Teatro Bolshói, 1932). Ballet coreografiado por Aleksandr Gorski y basado en la novela Salambó de Gustave Flaubert. Los caminos de montaña que salían de Cartago habían sido tomados y fortificados por los rebeldes, al mando de Matón. La única ruta practicable para un gran ejército cruzaba el río Bagradas. Spendios, el otro general mercenario, había construido un campamento junto al puente, custodiando el paso.

Amílcar conocía la geografía del terreno mejor que los extranjeros, pues había nacido en Cartago. Sabía que en verano, cuando soplaba el viento del desierto, la arena arrastrada por el mismo formaba un depósito de lodo que creaba una ruta vadeable en la desembocadura del río. Sin mencionar sus planes, abandonó la metrópoli al abrigo de la noche y cruzó por esa zona con su ejército.

Al amanecer sorprendió tanto a los ciudadanos de Cartago como a los rebeldes. Cuando Spendios percibió el movimiento de Amílcar, abandonó el campamento junto al puente y atacó con 10 000 hombres. Un segundo ejército mercenario partió desde el sitio de Útica, en número de 15 000.Hoyos, 2007: 115-116 De estos 25 000 soldados probablemente unos 20 000 salieron a presentar batalla a Amílcar mientras el resto siguió asediando las ciudades.Hoyos, 2007: 116 Cifras hoy consideradas exageradas.Hoyos, 2007: 105. En lugar de 25 000 rebeldes probablemente eran 15 000. Estimaciones más moderadas que los historiadores antiguos dicen que el ejército que dejó el sitio de Útica probablemente no llegaba a los 15 000 efectivos. Es más, los siteadores de Bizerta probablemente no pasaran de 5000. Sólo 5000 mercenarios vigilaban el puente sobre el Bagradas y la tropa de refuerzo posiblemente fuera de unos 10 000 reclutas líbicos. El ejército cartaginés se componía por unos 10 000 combatientes, incluidos 1000 infantes ligeros, 1000 jinetes y 70 elefantes.Hoyos, 2007: 108-109, 111, 115-117. Basándose en la proporción usual que tenían los ejércitos antiguos, usualmente un 10% eran jinetes. En un hábil movimiento, Amílcar reorganizó su ejército, de modo que la caballería y los elefantes, que constituían la vanguardia, se retiraron por los extremos de la formación, mientras la falange, que formaba en retaguardia, comenzaba a desplegar una línea compacta frente al enemigo.