La República romana (en latín: Rēs pūblica Populī Rōmānī, Rōma o Senātus Populusque Rōmānus) fue un periodo de la historia de Roma caracterizado por el régimen republicano como forma de estado, que se extiende desde el , cuando se puso fin a la monarquía romana con la expulsión del último rey, Lucio Tarquinio el Soberbio, hasta el , fecha en que tuvo su inicio el Imperio romano con la designación de Octaviano como princeps y Augusto. Durante este período, el control de Roma se expandió desde los alrededores inmediatos de la ciudad hasta convertirse en la potencia hegemónica del mundo mediterráneo entero.
La sociedad romana de la época era principalmente una mezcla cultural de sociedades latinas y etruscas, además de elementos culturales sabinos, oscos y griegos, lo que se evidencia particularmente en la religión romana antigua y su panteón. Su organización política se desarrolló alrededor del mismo tiempo que la democracia directa en la Antigua Grecia, incluyendo magistraturas colectivas y anuales, supervisadas por un senado.Momigliano, A. "The origins of Rome" (pp. 52–112). En Walbank, F. W.; Astin, A. E.; Fredericksen, M. W.; Ogilvie, R. M., eds. (1989). The Rise of Rome to 220 BC. Cambridge Ancient History. Vol. 7 Pt. 2 (2nd ed.). Cambridge University Press. doi:10.1017/CHOL9780521234467. Si bien había elecciones anuales, el sistema republicano era una oligarquía electiva y no una democracia, en tanto un número de familias poderosas monopolizaban en gran medida las magistraturas importantes. Las instituciones romanas tuvieron cambios considerables a lo largo de la República para adaptarse a dificultades, tales como la creación de promagistraturas para gobernar sus provincias conquistadas o, tras la Guerra Social que ocurrió durante la República tardía, la inclusión de italianos peninsulares como ciudadanos y senadores.
A diferencia de la Pax Romana del Imperio romano, la Roma republicana se mantuvo en un estado de guerra casi perpetuo. La República romana consolidó su poder en el centro de Italia durante el y, entre los siglos y , se impuso como potencia dominante de la península itálica, sometiendo y unificando a los demás pueblos itálicos, y enfrentándose a las polis griegas del sur de la península. Sus primeros enemigos fueron sus vecinos latinos y etruscos, así como los galos, quienes saquearon Roma alrededor del año 387 a. C. Tras el saqueo galo, Roma conquistó la mayor parte de la península itálica en el transcurso de un siglo y se convirtió en una de las grandes potencias del Mediterráneo. En la segunda mitad del proyectó su poder fuera de Italia, lo que la llevó a una serie de enfrentamientos con las otras grandes potencias del Mediterráneo, en los que derrotó a Cartago y Macedonia, anexionándose sus territorios. Su mayor rival estratégico fue Cartago, contra la cual libró tres guerras. Roma derrotó a Cartago en la batalla de Zama en el año 202 a. C. y, en las décadas siguientes, se erigió como la potencia dominante en el mundo mediterráneo antiguo. Posteriormente, emprendió una larga serie de difíciles conquistas, derrotando a Filipo V y a Perseo de Macedonia, a Antíoco III del Imperio seléucida, al lusitano Viriato, al númida Jugurta, al rey del Ponto Mitrídates VI, a Vercingétorix de la tribu arverna de la Galia y a la reina egipcia Cleopatra.
En el ámbito interno, durante el Conflicto de los órdenes, los patricios —una cerrada élite oligárquica— entraron en conflicto con la plebe, mucho más numerosa; esta disputa se resolvió pacíficamente, logrando la plebe la igualdad política hacia el . Durante el periodo que abarca el final del y el , Roma experimentó grandes cambios políticos, provocados por una crisis consecuencia de un sistema acostumbrado a dirigir solo a los romanos y no adecuado para controlar un gran imperio. La República tardía, a partir del año 133 a. C., fue testigo de considerables conflictos internos, a menudo interpretados —de manera anacrónica— como un enfrentamiento entre optimates y populares, términos que aluden, respectivamente, a políticos conservadores y reformistas. La Guerra Social, librada entre Roma y sus aliados itálicos a causa de la ciudadanía y la hegemonía romana en Italia, amplió drásticamente el alcance de la violencia civil. Asimismo, la esclavitud masiva contribuyó al estallido de tres Guerras serviles. La violencia política interna, intensificada por la competencia por las magistraturas entre la aristocracia romana, sumada a la presencia de poderosos generales con un alto grado de autonomía, creó irreconciliables fracturas políticas desembocando en una serie de guerras civiles que acabaron por desmantelar la República. La primera de ellas enfrentó a Mario y a Sila. Una generación más tarde, en el año 49 a. C., la República se vio nuevamente sumida en una guerra civil, esta vez entre Julio César y Pompeyo. A pesar de su victoria y de haber sido nombrado dictador perpetuo, César fue asesinado en el año 44 a. C. El heredero de César, Octaviano, y su lugarteniente, Marco Antonio, derrotaron a los asesinos de aquel en el año 42 a. C.; sin embargo, sus caminos se separaron, lo que condujo finalmente a la derrota de Antonio —junto a su aliada y amante, Cleopatra— en la batalla de Accio, en el año 31 a. C. Octaviano, el vencedor, se erigió entonces como la fuerza dominante en la política romana; la concesión por parte del Senado del título de «Augusto» a Octaviano en el año 27 a. C. suele considerarse el hito que marca el fin de la República y el inicio del Imperio romano.
Historia política
Era Patricia (509-367a.C.) thumb|El origen de la República romana, obra de Casto Plasencia (1877), conservado en el Museo del Prado. La pintura muestra el momento en el que Lucio Junio Bruto muestra el cadáver de Lucrecia exigiendo venganza contra el rey de Roma, lo que supuso el nacimiento de la República. Según la leyenda, Tarquinio el Soberbio fue derrocado en 509a.C. por un grupo de nobles liderados por Lucio Junio Bruto. Se dice que Tarquinio hizo una serie de intentos para retomar el trono, incluida la Conspiración tarquiniana, la guerra contra Veyes y Tarquinia, y finalmente la guerra entre Roma y Clusium, todos sin éxito. La monarquía histórica probablemente se derrocó rápidamente, pero los cambios constitucionales que ocurrieron inmediatamente después posiblemente no fueron tan extensos como la leyenda sugiere. Quizás el cambio más importante fue el del líder ejecutivo. Antes, un rey era elegido por los senadores por un período de por vida, pero con los nuevos cambios, dos cónsules eran elegidos por los ciudadanos por un período anual. Cada cónsul controlaría a su compañero, y su mandato limitado les permitía ser acusados si abusaban de los poderes de su cargo. Los poderes políticos consulares, cuando se ejercían conjuntamente, no eran diferentes de los del ex rey.
En 494a.C., la ciudad se encontraba en guerra con dos tribus vecinas. Los soldados plebeyos se negaron a marchar contra el enemigo ya que exigían el derecho a elegir a sus propios oficiales, y partieron hacia el monte Aventino. Los patricios estuvieron de acuerdo, y los rezagados regresaron al campo de batalla. Los plebeyos llamaron a sus nuevos oficiales «tribunos de la plebe» y estos tendrían dos asistentes, llamados «ediles de la plebe». Desde el 375a.C. hasta el 371a.C., la república experimentó una crisis constitucional durante la cual los tribunos plebeyos utilizaron sus votos para evitar la elección de magistrados superiores. En 367a.C., se aprobó una ley que requería la elección de al menos un edil plebeyo cada año. En el 443a.C. se creó el censor, y en el 366a.C. se creó el pretor y el edil curul.
Poco después de la fundación de la república, los comicios centuriados se convirtieron en la principal asamblea legislativa, en la que se elegía a los magistrados y se aprobaban las leyes. Durante el siglo a.C., se llevaron a cabo una serie de reformas, especialmente después de la sucesiva secesión de los plebeyos. Como resultado, cualquier ley aprobada por la asamblea plebeya contaría con toda la fuerza de la ley. Esto dio a los tribunos, que presidían la asamblea de los plebeyos, un carácter positivo por primera vez, ya que, antes de estas leyes, el único poder que tenían era el veto.
Conflicto de los órdenes (367-287a.C.)
Los plebeyos estaban experimentando una crisis debido a la deuda. Según Tito Livio, esta crisis se aceleró después del saqueo de Roma por parte de los galos ( 390-387a.C.). Estallaron continuas protestas, en las que las encabezaba Marco Manlio Capitolino, quien, aunque era patricio, se alió con los plebeyos, cuyas deudas ayudó a pagar con su fortuna. A lo largo del siglo, los disturbios sociales se hicieron frecuentes y desencadenaron diversos desórdenes, como los del 378a.C., y la anarquía del 370a.C. Como resultado del creciente descontento de la clase popular, se promulgaron una serie de leyes para hacer frente a la situación. Las leyes Licinio-Sextias del 367a.C. sirvieron para agilizar el pago de deudas e impusieron un límite a la acumulación de tierras públicas —ager publicus— por cada pater familias, así como al número de ovejas y vacas que podían pastar en ellas, mientras que otras, promulgadas en 357, 352 y 347a.C., intentaban reducir y regularizar los tipos de interés. Poco tiempo después, en el 342a.C., la ley Genucia determinó la ilegalidad de los préstamos con intereses y en el 326a.C., gracias a la ley Poetelia Papiria, se suprimió la servidumbre por deudas —Nexum—.
Después de la creación del edil plebeyo, los patricios crearon el edil curul. Después de que el consulado se abriera a los plebeyos en el 367a.C., estos mantuvieron tanto una dictadura (356a.C.) como una censura (351a.C.). Los plebiscitos del 342a.C. pusieron límites a los cargos políticos; un individuo sólo podía ocupar un cargo a la vez, y debían transcurrir diez años entre el final de su mandato oficial y su reelección. En 337a.C. fue elegido el primer pretor plebeyo. Durante estos años la relación entre tribunos y senadores empezó a aproximarse, el Senado se dio cuenta de la necesidad de utilizar oficiales plebeyos para lograr sus objetivos. Para ganarse a los tribunos, los senadores les dieron una gran cantidad de poder y los tribunos comenzaron a sentirse propensos al senado. Con el acercamiento de los senadores y los tribunos, los senadores plebeyos a menudo pudieron asegurar el tributo para los miembros de sus propias familias. Con el tiempo, el tributo se convirtió en el punto de partida hacia posiciones más altas.
A mediados del siglo a.C., la asamblea plebeya promulgó la ley Ovinia. Durante el inicio de la república, solo los cónsules podían nombrar a nuevos senadores, sin embargo, esta nueva ley otorgaba a los censores este poder y exigía que el censor nombrara a cualquier magistrado recién elegido para el Senado. Para entonces, los plebeyos ya ocupaban un número significativo de cargos magisteriales, por lo tanto, el número de senadores comunes probablemente aumentó rápidamente. Sin embargo, seguía siendo difícil para un plebeyo ingresar al Senado si no pertenecía a una familia de políticos bien conocidos, como la aristocracia plebeya emergente. La antigua nobleza seguía existiendo por la fuerza de la ley, ya que solo los patricios podían permanecer en altos cargos. La nueva nobleza existió debido a la organización de la sociedad, por lo que, solo una revolución podría derrocar esta nueva estructura.