thumb|Cristo crucificado, de Velázquez.
El cristianismo en España tiene una larga historia: casi dos mil años, según la leyenda que remonta sus orígenes a la evangelización de la península ibérica, en el mismo , por el apóstol Santiago el Mayor (vinculado a las historias de la Virgen del Pilar de Zaragoza y del milagroso transporte de su cadáver hasta Compostela), y por San Pablo, cuyo viaje a Hispania es poco probable, pero de quien al menos consta su voluntad expresa de emprenderlo:
Introducción Tras haber sido impuesto como religión oficial en el último siglo del Imperio romano, el cristianismo sufrió las vicisitudes de una prolongada Edad Media, que comenzó experimentando la segregación entre el arrianismo que traían los invasores germánicos y el catolicismo de los hispanorromanos (hasta la conversión de Recaredo en 586), para pasar a enfrentarse con el Islam en la Reconquista, periodo que presenció tanto la tolerancia como los intentos de erradicación entre religiones alternativamente dominantes.
La conformación de los reinos que terminaron reuniéndose en la Monarquía Católica o Monarquía Hispánica del Antiguo Régimen se hizo en gran medida a través de la construcción de una personalidad fuertemente religiosa, representativa del dominio social del grupo que se identificaba a sí mismo con el concepto étnicamente excluyente de cristiano viejo, y que desembocó en lo que ha podido llamarse política de "máximo religioso" de los Reyes Católicos,Luis Suárez Fernández (2001), La doctrina del máximo religioso , Instituto de Historia Eclesiástica Isabel la Católica, 2004, (Comisión Isabel la Católica del Obispado de Valladolid, Página oficial de la Comisión para la Causa de Canonización de la Reina Isabel la Católica). incluyendo la creación de la Inquisición española, la expulsión de los judíos y el bautismo forzoso de los moriscos, así como una fuerte reforma institucional del clero, a cargo del cardenal Cisneros. La Iglesia española de la Edad Moderna fue desde entonces un mecanismo disciplinado y al servicio de la monarquía y los estamentos privilegiados, poco accesible a las innovaciones de la Reforma luterana, que solo alcanzó a círculos minoritarios (algunos, incluso con poca relación con el luteranismo, como los alumbrados), con lo que los conflictos religiosos de España no fueron comparables a los que desgarraron Francia, Inglaterra, Alemania o Hungría en esa misma época. España, garantizado el consenso interior en materia religiosa gracias al férreo control social, fue un firme bastión del catolicismo romano, que los reyes de la Casa de Austria reclamaban defender en sus guerras exteriores en Europa (frente a luteranos o anglicanos, aunque a veces llegaran a enfrentarse a la católica Francia o a los mismísimos Estados Pontificios), en el Mediterráneo (frente a los turcos) y en la colonización de América (justificada como evangelización, no sin reflexiones en contra, como la de Bartolomé de las Casas).
En cambio sí se produjeron fortísimos debates, como el que se dio en torno al erasmismo, vinculado a la resistencia a la modernización en las órdenes religiosas.Marcel Bataillon, Erasmo y España. Estudio sobre la historia espiritual del . Durante el se suscitó un movimiento reformista de carácter místico en el que se implicaron con no pocos enfrentamientos los carmelitas Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; también en el contexto de la Contrarreforma fundó San Ignacio de Loyola la muy influyente Compañía de Jesús. La complaciente imagen de una España "más papista que el Papa", o "martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma",Menéndez Pelayo, op. cit. cuyas ciudades se disputaban la primacía en el fervor mariano (votos asuncionista y concepcionista), tuvo su caricatura en la Leyenda Negra que fijó el estereotipo del español como adusto, cruel, intolerante y supersticioso. La mayoritaria identificación de lo español con la versión más rancia del catolicismo, o la minoritaria resistencia a ello, empapó buena parte de la mentalidad y la literatura española: siglos más tarde, Valle Inclán plasmó en tres adjetivos el retrato de ese eterno y quijotesco hidalgo español, el Marqués de Bradomín como "feo, católico y sentimental".Sonata de Invierno. Un estudio sobre este tópico en Maricarmen Martínez Valle Inclán, la estética de un Don Juan feo, católico y sentimental, accesible en Con la caída del absolutismo y la abolición de la Inquisición en el se produce también la aparición de las primeras comunidades protestantes en España, que en principio son solo toleradas con severas restricciones para la práctica de su culto.
La crisis del Antiguo Régimen, rematado por la Guerra Carlista, destruyó las bases económicas y el monopolio ideológico e intelectual del clero, así como buena parte del consenso social existente hasta entonces, pudiéndose hablar a partir de la Edad Contemporánea de Dos Españas que tenían en la oposición anticlericalismo/catolicismo integrista una de las grietas separadoras que las condujeron a una Guerra Civil. Esta fue justificada como cruzada por el clero, víctima de una violentísima represión en la retaguardia republicana (que se ha llegado a calificar de persecución religiosa recordada desde el pontificado de Juan Pablo II con canonizaciones multitudinarias).
Para el primer franquismo, el nacionalcatolicismo fue una de sus principales señas de identidad, además de componer los "católicos" una de las familias en que Franco se apoyaba en el ejercicio de su poder. Tras el Concilio Vaticano II, la jerarquía católica aparece dividida entre una orientación progresista y otra conservadora (sin que esa diferencia, como la que también existe entre una orientación centralista y otra más cercana a los nacionalismos periféricos le impida mantener la unidad estrechamente coordinada y controlada desde el papado). Simultáneamente, las comunidades cristianas de base se alinean claramente con la oposición al franquismo. La Transición supuso la plena libertad religiosa según la Constitución de 1978, que no obstante reconoce la peculiar condición de la Iglesia católica, protegida en cuestiones relativas a la financiación y la enseñanza (conciertos educativos y asignatura de religión), lo que ha dado origen, ya en plena democracia, a algunos enfrentamientos con movilizaciones masivas. Otras cuestiones que separan a la Conferencia Episcopal de los sucesivos gobiernos han sido asuntos relacionados con la moral, como el divorcio, el aborto o el matrimonio igualitario.
No han sido tanto las conversiones sino la reciente incorporación a la sociedad española de numerosos contingentes de inmigrantes lo que ha ampliado la presencia de confesiones cristianas no católicas, sin conflictos significativos, además de aportar una numerosa población musulmana de más problemática integración. Pero el mayor desafío a la personalidad cristiana de España es la secularización de la sociedad,Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal, Madrid, 30 de marzo de 2006 ; recibida con polémica: Un documento terrible El blog de 21RS, la revista cristiana de hoy creciente desde el desarrollismo del franquismo final. Si son significativas las encuestas de práctica religiosa, el cambio social del último medio siglo ha sido mucho más determinante que la frase de Manuel Azaña en 1931: España ha dejado de ser católica. Sin embargo, la pervivencia de las tradicionales manifestaciones de religiosidad popular, vertebradoras de la identidad local de la práctica totalidad de los pueblos y regiones españolas, y de nuevas instituciones con presencia social decisiva (Cáritas, colegios religiosos, medios de comunicación como la COPE...) siguen haciendo del cristianismo, en su versión católica, un importante referente ideológico y social.
Hispania romana thumb|Santa Justa y Santa Rufina, de Murillo, sostienen la Giralda, como co-patronas de Sevilla.
Tradiciones apostólicas
Son muy numerosas las tradiciones, más o menos legendarias, algunas recogidas por autores antiguos (San Clemente Romano, San Jerónimo, San Ireneo, Orígenes, Tertuliano...) que remontan a fechas muy antiguas la llegada del cristianismo a unos u otros lugares de la Península ibérica.Julio de Prado Reyero (1980) ¿Cómo llegó el cristianismo a nuestras tierras? en "Castillete", accesible en Actualmente se las considera poco más que leyendas sin base, cuyo propósito habría sido legitimar la iglesia hispana con una mayor proximidad apostólica, en un afán por mantener su independencia frente a Roma.Carmelo Arribas Pérez Revista de Historia, "Medieval", comentado en Extremadura al Día, 12 jul 2007 Las más importantes son:
La predicación de Santiago el Mayor: una tradición tardía recogida por San Isidoro de Sevilla y Beato de Liébana, pero no por Gregorio de Tours o Venancio Fortunato, que se considera carente de cualquier base. La venida de Pablo de Tarso: La tradición recoge que Pablo desembarcó en Tarragona, y algunas fuentes recogen el nombre de los primeros conversos, dos mujeres: Xantipa, mujer del prefecto Probo, y la de su hermana Polixena. Las fuentes que refieren estos hechos han sido criticadas desde antiguo por los historiadores, como Marcelino Menéndez y Pelayo, que indica a Simón Metafraste (autor de poca fe), y el Menologio griego.Historia de los heterodoxos españoles, Libro I capítulo I. Propagación del cristianismo en España La persistencia de las referencias parece estar sustentada por la epístola a los romanos (año 58), donde Pablo comenta su deseo de ir a Hispania. Dado el prestigio del texto, muchos autores cristianos primitivos lo citan o glosan, añadiendo información de imposible comprobación (San Cirilo de Jerusalén, San Epifanio, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, Teodoreto y San Clemente de Roma en Canon Muratorio y Acta Pauli-). No obstante, algunos autores indican que, en el caso de haberse producido, se limitó a un contacto con las comunidades judías.José María Blázquez Posible origen africano del cristianismo español, en Antigua: Historia y Arqueología de las Civilizaciones Los siete varones apostólicos, que habrían sido enviados por San Pedro: Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio. Entre ellos San Cecilio, que alguna fuente considera anacrónicamente como obispo de Granada, fue martirizado. El destino de los demás pudo ser también el martirio, aunque en esto discrepan el Martirologio de Lyon y los Calendarios mozárabes, para los que son simplemente Doctores de la fe.Bernardino Llorca 15 de mayo, Torcuato, obispo y compañeros mártires, accesible en Resultado de la llegada de los siete varones a Acci (Guadix, Granada), sería la primera conversión completa de una ciudad, tras el hundimiento milagroso de un puente que los salvó de una persecución. También aquí habría sido una mujer noble la primera conversa: Luparia. Después de eso, los siete varones se dispersaron, quedando Torcuato en Acci, Segundo en Abula (Abla, Almería)o Abula Ávila (que tiene a San Segundo de patrón), Indalecio en Urci (Torre de Villaricos), Tesifonte en Vergi (Berja, Almería), Eufrasio en Iliturgis (Cuevas de Lituergo), Cecilio en Ilíberis (Elvira, Granada) y Hesiquio en Carcesi (Cieza, Murcia).Lecciones de la cátedra de Teología (archimadrid.es): Los orígenes históricos del cristianismo. Lección XVII: La difusión del cristianismo fuera de Palestina. Cita como fuente a García Villada, Historia Eclesiástica de España, pg. 168 La identificación de esas localidades es muy insegura: según otras fuentes, Carcesi o Carcere es Cazorla (Jaén), Urci es Pechina (Almería) y Iliturgi Andújar (Jaén).Diccionario de Historia de España, Madrid: Istmo, 2003P.Juan Croisset, S.J. San Segundo, obispo y patrón de Ávila, accesible en
Origen africano