miniatura |400px |Mapa de conjunto de la batalla de Waterloo. La batalla de Waterloo se libró el domingo 18 de junio de 1815, cerca de Waterloo (entonces en el Reino Unido de los Países Bajos, ahora en Bélgica), siendo el último enfrentamiento con Napoleón I. El Ejército Imperial Francés, bajo el mando de Napoleón I, fue derrotado por dos ejércitos de la Séptima Coalición. Uno era una fuerza liderada por los británicos, con unidades del Reino Unido, los Países Bajos, Hannover, Brunswick y Nassau, bajo el mando del mariscal de campo Arthur Wellesley, duque de Wellington. El otro estaba compuesto por tres cuerpos del ejército prusiano bajo el mando del mariscal de campo Blücher. La batalla fue conocida en Francia como la batalla de Mont Saint-Jean (por la aldea de Mont-Saint-Jean) y en Prusia como La Belle Alliance (por la posada de La Belle Alliance).

Se enfrentaron por un lado el ejército francés, al mando del emperador Napoleón Bonaparte, y por otro, las tropas británicas, neerlandesas y alemanas dirigidas por el duque de Wellington junto con el ejército prusiano del mariscal von Blücher. El resultado fue una derrota incontestable y definitiva de las fuerzas napoleónicas que determinó el final del primer Imperio francés, y la prisión definitiva de Napoleón en la distante isla de santa Elena hasta su muerte.

Tras la vuelta del emperador de su encierro en la isla de Elba, dio inicio el periodo conocido como los «Cien Días», en que hubo de enfrentarse a una nueva alianza de potencias europeas opuestas a él: la Séptima Coalición. Para confrontarlas, Napoleón decidió invadir lo que entonces se conocía como los Países Bajos, lugar de reunión de las tropas de la coalición. La breve campaña militar resultante —duró solo cinco días— significó el final definitivo de las guerras napoleónicas.

Además de la batalla de Waterloo propiamente dicha, forman parte de la campaña de Waterloo todos los combates entablados desde los primeros encuentros entre las tropas francesas con los destacamentos prusianos el 15 de junio hasta la retirada final del ejército francés el día 18, en particular las batallas de Ligny y Quatre Bras (celebradas a la vez el 16 de junio), y Wavre (celebrada simultáneamente a la Waterloo el 18 de junio).

Waterloo es tal vez la batalla sobre la que más se ha escrito y estudiado, y la que más ha generado controversias, desinformaciones y revisiones a través del tiempo. Determinó el fin de la era de la Revolución francesa, de cuyos ideales el imperio napoleónico fue el gran difusor a los demás países europeos, cimentando, pese a la derrota militar, las bases de igualdad y meritocracia que permean la posterior historia europea a lo largo del .

Antecedentes

miniatura |400px |Situación estratégica de Europa Occidental en 1815: franceses se enfrentaron a unos soldados enemigos en cuatro frentes. El 26 de febrero de 1815 Napoleón Bonaparte logra escapar de la isla de Elba, donde se encontraba exiliado, tras enterarse por varios medios del descontento que reinaba entre los franceses con el gobierno del rey Luis XVIII, sostenido por las potencias aliadas. Napoleón manifestó que no tenía intención de iniciar acciones bélicas y que su retorno era en son de paz. Escribió a cada uno de los monarcas aliados una carta ofreciendo términos conciliatorios como base para la paz, renunciando al control de Italia, Alemania, Polonia y los Países Bajos, entre otras cosas.

El 13 de marzo siguiente, al enterarse de la noticia, el Congreso de Viena, que se encontraba reunido aún, lo declara proscrito y decide formar una nueva alianza contra él, la Séptima Coalición en la cual Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia debían aportar cada una un ejército de efectivos para atacarlo.

Napoleón, en una marcha memorable desde Grenoble durante la que no se derramó sangre, y en la que los contingentes militares enviados por el rey a arrestarle acabaron uniéndosele a él uno tras otro, llega una semana después a París. Allí recibe de nuevo el apoyo del pueblo. También acuden a él todos los oficiales y soldados de la Grande Armée. Ante tal situación, el rey Luis XVIII huye a Gante y Napoleón se ve proclamado por segunda vez emperador, aunque con poderes constitucionales más limitados.

La nueva coalición empezó a desplegarse en los Países Bajos, en donde ya se encontraban el ejército anglo-holandés de Wellington y el prusiano de Blücher. Napoleón decide atacarlos allí, consciente de la necesidad de contenerles antes de que pudieran unírseles los ejércitos de Austria y Rusia. El 12 de junio en la madrugada salió de París hacia el norte, con el fin de tomar el mando del ejército y reforzarse ante la coalición con la toma de Bruselas.

La invasión de los Países Bajos

La causa principal por la que Napoleón optó por una estrategia ofensiva fue por los positivos efectos que un éxito repentino podría producir. Por un lado, una victoria aplastante lograría derruir la determinación de los aliados. Por otro lado, la derrota de la coalición atraería con toda seguridad una revolución a su favor en Bélgica, donde tenía muchos partidarios, que le proporcionaría a su vez una nueva cantera de reclutamiento. Además quizá acentuara el declive militar de Wellington, que podría provocar el final del gobierno tory de lord Liverpool e instaurar uno nuevo de los whigs, que tal vez serían más proclives a firmar la paz. Por último, le serviría para ganar tiempo y concentrar un ejército que hiciera frente a los esperados y temidos ejércitos austriaco y ruso.

Pero lo que inclinó definitivamente la balanza hacia la invasión era las conocidas discrepancias políticas entre Gran Bretaña y Prusia. De hecho, debido a estas discrepancias, cada uno de los ejércitos tenía sus propias líneas de comunicaciones, en lugar de una compartida. La línea de los británicos se dirigía hacia el oeste, partiendo de Bruselas, pasando por Ninove y Alost, hasta llegar a Ostende y el Canal de la Mancha. La de los prusianos se dirigía hacia el este, saliendo de Lieja y adentrándose en Alemania. Un ataque repentino podía obligar a uno de los bandos a retirarse siguiendo su propia línea de comunicaciones. Si Napoleón aprovechaba la brecha que los separaba, que al comienzo de la invasión era ya de 75 kilómetros (distancia entre ambos cuarteles generales), podría aislar a cualquiera de los dos y atacarlos por separado, pues era claro que ninguno de los dos ejércitos por sí mismo sería capaz de valerse contra la poderosa Armée du Nord francesa: un ejército rápido, poderoso, con unas tropas experimentadas y con sed de venganza, y dirigidas por uno de los mejores estrategas de la historia militar.

Sin embargo, hay que agregar que, a pesar de las discrepancias políticas, los mandos, oficiales y agregados de los dos ejércitos aliados en los Países Bajos mantenían una estrecha cooperación y comunicación. Hubo algunas conferencias entre los dos estados mayores en las cuales se discutió un plan de acción conjunto para hacer frente a una invasión francesa de Bélgica. Tal cooperación fue evidente en los días que siguieron a la entrada de los franceses en el territorio belga. Entrada que fue fruto de una movilización comenzada el 6 de junio, y de una toma de posiciones en Bélgica a partir del 14 de junio.

Primeros movimientos

miniatura |Mapa de la zona de Bélgica en la que tuvo lugar la batalla, marcada en color rojo.

A las nueve de la mañana del 15 de junio, la columna francesa del general Reille, del II cuerpo, la única que alcanzó su posición sin retrasos en el cruce de Marchiennes, se topó con los destacamentos del cuerpo prusiano del teniente-general Zieten, que opusieron tal resistencia que no lograron ser desalojados hasta el mediodía.

A las 15 horas, el III cuerpo francés llega a Charleroi, donde se encuentran ahora las tropas de Zieten. Debido a un error en el despliegue de dicho cuerpo, la caballería del general Pajol carece de apoyo de la infantería en esta localidad, por lo que el emperador se ve obligado a acudir él mismo con un destacamento de la Guardia para expulsar a los prusianos de la ciudad y garantizar el control de los puentes del río Sambre.

Mientras, el IV cuerpo francés, que había sido desviado hacia los puentes de Châtelet, sufre un imprevisto: el general que iba en cabeza, Bourmont, deserta, sembrando la duda y la confusión en su división y en el mando del IV cuerpo, y revelando los planes operativos del ejército francés al mando prusiano.

De todos modos, pese a los retrasos y otros inconvenientes, durante la tarde del 15 de junio prácticamente todas las tropas francesas ocupaban ya sus posiciones prefijadas tras cruzar el río Sambre. El ala izquierda —compuesta por los cuerpos I y II, el III cuerpo de caballería y la caballería ligera de la Guardia Imperial— se dirigía hacia el cruce de caminos conocido como Les Quatre Bras, y el ala derecha —compuesta por los cuerpos III y IV— se situaba en Charleroi con sus avanzadas apuntado hacia Fleurus. Ambas alas eran seguidas por la reserva —compuesta por el resto de la Guardia Imperial, el VI cuerpo y el IV cuerpo de caballería—.

Solo hasta muy tarde, en la noche del 15 de junio, Wellington estuvo seguro de que Charleroi era el objetivo del ataque francés. Avanzada la noche, en las primeras horas del 16 de junio, en el baile de la duquesa de Richmond en Bruselas, recibió Wellington un despacho del príncipe de Orange que le sorprendió por la velocidad del avance de Napoleón. Se apresuró a ordenar a su ejército que se concentrara en el cruce de Quatre Bras, en vez de en Nivelles, donde el príncipe de Orange, con la brigada del príncipe Bernardo de Sajonia-Weimar, mantenía una posición frágil contra los soldados del ala izquierda del mariscal francés Ney.

El príncipe Bernardo y el general Perponcher estaban, según todos los informes, mejor informados del avance francés que otros oficiales aliados, y sus iniciativas posteriores para mantener la posición en el cruce de caminos resultaron vitales para el resultado final. El general Constant de Rebeque, comandante de una de las brigadas neendarlesas, desobedeció las órdenes previas de Wellington de marchar hacia la zona de concentración elegida previamente alrededor de Nivelles, y decidió mantener el cruce y enviar mensajes urgentes al príncipe de Orange y a Perponcher durante la mañana del 16. Este hecho muestra lo poco que Wellington creía en un rápido avance francés hacia Bruselas. No creía mucho en la información reciente que le proporcionó el general Dörnberg, uno de sus oficiales de inteligencia, que le advirtió acerca de numerosos puestos de avanzada franceses al sur de Charleroi. Tampoco daba crédito a algunos informes enviados por la inteligencia del I cuerpo prusiano. Si estos dos generales hubieran obedecido sus órdenes, Quatre-Bras con toda probabilidad habría caído en manos de los franceses, dándoles tiempo para apoyar el ataque de Napoleón contra los prusianos en el área de Sombreffe a través de una carretera rápida y adoquinada, y la historia de la campaña habría sido claramente distinta.

Quatre Bras y Ligny

miniatura |300px | En la aldea de Quatre Bras, a mediodía del 16 de junio, se produjeron los primeros enfrentamientos entre las tropas anglo-holandesas de Wellington y el ala izquierda del ejército francés, al mando del mariscal Ney, en lo que se conoce como batalla de Quatre Bras. Dicha localidad estaba comunicada por una carretera con la aldea de Ligny, y a ella acudieron los prusianos, con Blücher a la cabeza, produciéndose la muy sangrienta batalla de Ligny entre el ala derecha del ejército francés y las fuerzas prusianas, con una furiosa lucha por la posesión de las aldeas de Ligny y Saint Amand. El resultado de ambos combates simultáneos fue la retirada de los anglo-holandeses de Quatre Bras y la retirada prusiana de Ligny.