La escritura cuneiforme es uno de los sistemas de escritura más antiguos en la historia de la humanidad, con una tradición de más de tres milenios, desde finales de los 1600. hasta el primer siglo después de Cristo. Se utilizó a lo largo de los milenios para expresar varios idiomas —sumerio, acadio e hitita son solo los tres que más textos transmitieron a la posteridad— en un área geográfica que corresponde al Próximo Oriente, es decir, desde el Levante y Anatolia en el oeste hasta Irán y el Asia Central en el este, y desde el Cáucaso en el norte hasta la península arábiga en el sur.
A finales del IV milenio a. C., los sumerios comenzaron a escribir su idioma mediante pictogramas, que representaban entidades visibles, pero no conceptos abstractos. Una muestra de escritura en esta etapa se puede observar en la tablilla de Kish (del 3500 a. C.). Con el tiempo, las representacioes pictográficas se simplificaron y se volvieron más abstractas, apareciendo los logogramas (signos que representan palabras), que designaban tanto objetos visuales como conceptos; la relación grafema-significado devino arbitraria y se redujo el número de signos. Ya entonces estaba presente el principio de transferencia fonética (algunos signos representaban sonidos), lo que abriría la vía al desarrollo de la escritura fonográfica. Hacia el 2600 a. C. los símbolos cuneiformes ya se diferenciaban claramente del pictograma original, y al finalizar ese milenio, con objeto de hacer más fácil la escritura, ya eran completamente diferentes.
La escritura cuneiforme también fue adoptada por otros idiomas como el elamita, el hurrita, el urarteo, el eblaita y, en variedades alfabéticas, por el antiguo persa y el ugarítico.
Origen La escritura cuneiforme nace en Mesopotamia, en primer lugar, ante la necesidad de contabilizar bienes y transacciones con una finalidad contable. Cerca del 3200 A.C el sistema contable consistía en el uso de unas fichas de formas gráficas (conos, discos, esferas, tetraedros, cilindros, ovoides), que se combinaban con un tipo de esferas de barro (bullae). Las primeras representaban cosas, como ganado, una jarra, etc. Si se quería registrar la cantidad determinada de un bien, por ejemplo, un ganado, se cogía la cantidad deseada y la ficha que representaba al ganado. Para asegurarse que la cantidad quedaba fijada se introducían las fichas de los numerales y las del ganado dentro de una bola de barro que posteriormente era sellada para garantizar que nadie podría modificar la cantidad.
El uso de este sistema contable implicaba el establecimiento de un código por parte de la sociedad que lo utilizaba. Todos debían saber que una determinada ficha representaba “vaca” y que otra determinada ficha representaba “10”.
Existían dos tipos de cuentas, las simples y las complejas, que pertenecían al mismo mecanismo de contabilidad, pero servían a distintas ramas de la economía. Las cuentas simples surgieron con el comienzo de la agricultura y representaban materias primas y las cuentas complejas aparecen con el surgimiento de las ciudades y representaban bienes manufacturados.
Estas cuentas podían diferenciarse ya que las simples eran lisas mientras que las complejas tenían marcas y eran de formas más variadas.
Más tarde, el sistema evolucionó, pasando a hacerse una impresión de las fichas en la parte exterior de las esferas de barro para indicar su contenido de manera que no hubiese necesidad de romperlas. Posteriormente, el último paso es “imprimir” el “mensaje” en la superficie de la bola sin introducir las fichas. De este modo nos encontramos ante las primeras tablillas.
El sistema cuneiforme se escribió originalmente sobre tablillas de arcilla húmeda, mediante un tallo vegetal biselado llamado cálamo. El término cuneiforme proviene del latín cuneus (‘cuña’) por la forma de las incisiones, aunque un antiguo poema sumerio las denomina gag (‘cuñas’).Michalowski, Piotr (2004), pág. 25.
Durante el período acadio comenzaron también a usarse el metal y la piedra.
En un principio, la escritura a base de pictogramas no era adecuada para escribir conceptos abstractos, los verbos y sus tiempos, los pronombres, etc. Por ello, se comenzaron a emplear ciertos símbolos con valor fonético silábico. Así, por ejemplo, dado que en sumerio el sustantivo «ajo» y el verbo «dar» eran homófonas (sum), el mismo símbolo que se utilizaba para aquel comenzó a usarse con valor fonético para este. Con el paso del tiempo, aplicando similitudes semejantes, se creó un corpus silábico, usado preferentemente para expresar ciertos elementos gramaticales y conceptos abstractos.
El sumerio era una lengua aglutinante, por ello, cuando los acadios adoptaron el cuneiforme para su propia lengua semítica. Dado que el valor fonético y el ideográfico podían confundirse fácilmente, desarrollaron estos unos signos determinantes que indicaban cómo debía leerse cada símbolo. Al final de este proceso, por ejemplo, el símbolo que se leía como an, además del silábico, podía tener otros dos significados: el concepto ‘dios’ o ‘cielo’ y un determinante para indicar que algo tenía naturaleza divina o celeste.
miniatura|400px|Evolución del ideograma ‘cabeza’, del 3000 al 1000 a. C.
En algunos conjuntos de tablillas, como los de Uruk, se han contado hasta 2000 signos cuneiformes diferentes. En los siglos sucesivos, tal variedad se redujo enormemente, hasta que durante el período acadio eran usados con asiduidad unos 600. miniaturadeimagen|Muestras de escritura cuneiforme dibujadas a pluma en los Comentarios de don García de Silva que contienen su viaje a la India y de ella a Persia, Biblioteca Nacional de España, manuscrito 553.
Descubrimiento
miniaturadeimagen|Georg Friedrich Grotefend, quien comenzó el desciframiento de la escritura cuneiforme. miniatura|Escritura cuneiforme Europa tuvo constancia de esta escritura gracias al diplomático español García de Silva Figueroa, que visitó Persépolis en 1618, identificando la ciudad que él llama Chilminara (castellanización del persa Čehel Menāra) como Persépolis. e hizo una descripción de la escritura cuneiforme en las ruinas Fue seguido de cerca por el viajero italiano Pietro Della Valle, que hizo escala en Persépolis aproximadamente hacia el año 1621. Su periplo fue en su época -y aún hoy en día- mucho más conocido que el de Silva. Una vez allí, los dos viajeros no sólo dejaron constancia por escrito de la magnífica y antigua capital del Imperio aqueménida, sino que también copiaron una serie de peculiares signos grabados en las ruinas de las puertas del palacio de dicha ciudad y que además figuraban en tres versiones. Della Valle fue el primero en hacer referencias a las tablillas con escritura cuneiforme. Las dio a conocer, pero no las estudió.
En 1700, Thomas Hyde ―profesor de la Universidad de Oxford― acuñó el término «cuneiforme» para estas inscripciones, cuando publicó un trabajo sobre los logros obtenidos por Della Valle. El título de su obra: Dactuli pyramidales seu cuneiformes, dio nombre a esta original escritura.McCall, Henrietta, Mitos mesopotámicos, 1994.
Fue Georg Friedrich Grotefend (1775-1853) el primero en comenzar la carrera por el estudio de estas tablillas e intenta descifrarlas a través del método hipo-deductivo. Más tarde Henry Creswike Rawlinson (1810 - 1895) logró descifrarlo gracias a la inscripción trinlingüe de Behistún, que contiene escritura persa, elamita y babilonia.
Finalmente fue George Smith (1840-1876) quien se llevó el mérito de descifrar los documentos asirios, convirtiéndose de esta manera en el padre de la asiriología. Hizo las primeras traducciones del poema épico de Gilgamesh.
Descifrado
A partir del año 1835 Henry Rawlinson, un oficial de la armada británica, encontró la Inscripción de Behistún, en un acantilado en Behistún en Persia. Tallada durante el reinado del rey Darío I de Persia (522-), consistía en textos idénticos escritos en los tres lenguajes oficiales del imperio: persa antiguo, babilonio y elamita. La importancia de la inscripción de Behistún para el descifrado de la escritura cuneiforme equivale a la de la piedra de Rosetta para el descifrado de los jeroglíficos egipcios.
Rawlinson dedujo que el persa antiguo usaba un alfabeto silábico y lo descifró correctamente. Trabajando de manera independiente, el asiriólogo irlandés Edward Hincks también contribuyó al descifrado. Después de traducir el persa, Rawlinson y Hincks comenzaron a traducir los otros. En gran medida fueron ayudados por el descubrimiento de la ciudad de Nínive por Paul-Émile Botta en 1842. Entre los tesoros descubiertos por Botta estaban los restos de la gran biblioteca de Asurbanipal, un archivo real que contenía varios miles de tablas de arcilla cocidas con inscripciones cuneiformes.
En 1851, Hincks y Rawlinson podían leer ya 200 signos babilonios. Pronto se les unieron otros dos criptólogos, un joven estudiante de origen alemán llamado Julius Oppert y el versátil orientalista británico William Henry Fox Talbot. En 1857 los cuatro hombres se conocieron en Londres y tomaron parte en el famoso experimento para comprobar la precisión de sus investigaciones.
Edwin Norris, el secretario de la Real Sociedad Asiática, le dio a cada uno de ellos una copia de una inscripción recientemente descubierta datada en el reinado del emperador asirio Tiglath-Pileser I. Un jurado de expertos fue convocado para examinar las traducciones resultantes y certificar su exactitud. Las traducciones resultantes de los cuatro expertos coincidían en todos los puntos esenciales. Hubo por supuesto algunas pequeñas discrepancias. El inexperto Talbot había cometido unos cuantos errores, y la traducción de Oppert contenía unos cuantos pasajes dudosos debido a que el inglés no era su lengua materna. Pero las versiones de Hincks y Rawlinson eran virtualmente idénticas. El jurado declaró su conformidad, y el descifrado de la escritura cuneiforme acadia pasó a ser un hecho consumado.
En 2023 se demostró que es posible lograr una traducción automática de alta calidad de idiomas cuneiformes como el acadio utilizando métodos de procesamiento de lenguaje natural con redes neuronales convolucionales.
Uso Cuneiforme deriva de la forma de cuña de esta escritura. Los signos cuneiformes eran escritos por escribas usando punzones, también llamados estiletes, principalmente sobre tablillas, casi siempre de arcilla, pues es lo que abundaba en Mesopotamia, y ocasionalmente de metal, que luego se guardaban en una suerte de primitivas bibliotecas, escrupulosamente organizadas, que servían para el aprendizaje de futuros escribas. Estas bibliotecas pertenecían a la escuela de cada ciudad o, a veces, a colecciones particulares. La arcilla era un material cómodo para escribir, pero su conservación a través del tiempo resulta frágil, por esta razón solo han quedado las que fueron cocidas. También se utilizaba el cincel para escribir en piedra y roca.
La tablilla que se utilizaba era pequeña y estaba dividida en las celdas en las que posteriormente se escribirán los conceptos. Estos conceptos eran símbolos que representaban la realidad, pero con el paso del tiempo se fueron alejando del concepto representado.
Las tablillas estaban escritas en un número variable de columnas y contenían: La serie y el número de la tablilla en esa serie, para su correcta catalogación. El texto. Colofón, que contiene a su vez la primera línea de la siguiente tablilla, el propietario, el año de reinado del soberano correspondiente, en ocasiones los títulos del mismo, la ciudad de la escuela y el nombre del escriba y, raramente, el autor.
Nótese el parecido de ese sistema con la operativa moderna de los protocolos de escribanos y notarios.
Evidentemente el uso no quedaba restringido a las tablillas; por ejemplo, encontramos escritos en los ladrillos de la Babilonia del primer milenio el nombre de Nabucodonosor II.
Lenguas individuales
Existieron diferentes lenguas que utilizaban el sistema de escritura cuneiforme.