miniaturadeimagen|320x320px|Dos manifestantes en Irán rasgan una bandera de EE. UU. en una concentración antiestadounidense tras la retirada del país del acuerdo nuclear con Irán thumb|200px|Manifestación contra la política estadounidense en Brasil. miniaturadeimagen|200x200px|Protesta en España contra la presencia de los militares de la OTAN y Estados Unidos. El sentimiento antiestadounidense (también llamado antiestadounidismo, antiestadounidensismo, antiamericanismo o americanofobia) representa el odio, el miedo, la oposición y la desconfianza hacia el gobierno de Estados Unidos y su política exterior en particular o hacia el pueblo estadounidense en general.

En la práctica, se ha etiquetado como antiamericanismo una amplia gama de actitudes y acciones críticas hacia los Estados Unidos y la aplicabilidad del término suele ser objeto de disputa. Los ejemplos contemporáneos se encuentran principalmente en las críticas hacia el llamado imperialismo estadounidense, en especial en Iberoamérica. El término forma parte del lenguaje político desde mediados del , aunque las raíces históricas del mismo se remontan al .

Este se ha generalizado en Rusia, China, Serbia, Pakistán, Bosnia y Herzegovina, Bielorrusia y el Gran Oriente Medio, aunque se mantiene escaso en Israel, África Subsahariana, Corea del Sur, Vietnam, Filipinas y algunos países de Europa Central y Oriental. En Europa Occidental, esta animadversión destaca, entre otras partes, en Francia, uno de los países europeos donde está más arraigada.

Europa España

El antimericanismo en España es percibido como profundamente arraigado en la sociedad; y numerosas encuestas lo clarifican, clasificando a España como el país con mayor nivel de antiestadounidismo en Europa.Los sociólogos y estudiosos considera que el antiamericanismo es un elemento sustancial de la idiosincrasia española moderna. Según un estudio del German Marshall Fund, la percepción de Estados Unidos en el país ibérico se encontraba como la menos favorables del continente europeo junto con la de Turquía. La consideración de la guerra hispano-estadounidense de 1898 como punto de origen del antiestadounidismo en España ha sido un lugar común en la historiografía, aunque este extremo ha sido recientemente discutido, ya que los estereotipos negativos sobre la cultura estadounidense comenzaron a ser forjados ya desde la independencia de este último país un siglo atrás. La propagación de prejuicios y clichés contra los Estados Unidos, común en Europa durante los siglos y , encontró su terreno más fértil en España y continuó asentándose durante el .

Para muchos autores, la mayor prevalencia del antiestadounidismo en España sobre el de los países de su entorno se ha debido al recuerdo de 1898, al resentimiento de la izquierda por la asociación estadounidense con Franco y a la toma de decisiones de dicho país y su influencia en materia de geopolítica. Además de los acontecimientos anteriores, los Pactos de Madrid de 1953 (que llevaron a la instalación de bases militares estadounidenses), la falta de entusiasmo de los Estados Unidos por una transición democrática en los años 70 en España, el abandono durante la guerra civil española, el incidente de Palomares y la invasión de Irak (incluyendo el asesinato del periodista español José Couso) también han sido mencionados como acontecimientos que han alimentando el antiestadounidismo.Asimismo, las diversas retóricas políticas internas y externas de Estados Unidos durante el último siglo han generado una dura reacción contra dicho Estado. Del mismo modo, influyen otros factores como la gentrificación, las redes sociales, el turismo, las crisis económicas, la complicidad de varios partidos políticos españoles con EE.UU, el impacto lingüístico, la percepción estadounidense sobre la esfera hispanohablante y algunas injerencias de la CIA en el país.

El antiestadounidismo español permea todo el espectro político, edades y lugares del país; trasciende generaciones. Cabe destacar que las consecuencias económicas de la Guerra de Ucrania y el continuo apoyo a Israel por parte de Estados Unidos —España es el país europeo que más apoya a Palestina, siendo algo casi generalizado— han agravado todo ello. El aborrecimiento de los españoles a Estados Unidos suele complementarse con el odio a otros países como Reino Unido, Alemania y Países Bajos. Todos ellos suelen recibir el nombre de «guiris» (también «yanquis» en el caso de EE. UU.).

Francia En Francia, el término anglo-saxón se utiliza a menudo en expresiones de antiamericanismo o anglofobia. Los escritores franceses también lo han utilizado de maneras más matizadas en discusiones sobre el declive francés, especialmente como un modelo alternativo al que Francia debería aspirar, cómo debería adaptarse a sus dos competidores globales más prominentes y cómo debería abordar la modernización social y económica.

La primera guerra de Indochina y la crisis de Suez de 1956 provocaron consternación entre la derecha francesa, que ya estaba enfadada por la falta de apoyo estadounidense durante batalla de Dien Bien Phu en 1954. Para los socialistas y comunistas de la izquierda francesa, las fuentes de resentimiento fueron la guerra de Vietnam y el imperialismo estadounidense. Mucho más tarde, la polémica de las supuestas armas de destrucción masiva en Irak ensució aún más la imagen previamente favorable de los Estados Unidos en el país. En 2008, el 85% de los franceses consideraba que el gobierno y los bancos estadounidenses eran los más responsables de la crisis financiera de 2007-2008. En 2013, el 36% veía a Estados Unidos desde una perspectiva «muy desfavorable» o «algo desfavorable». Alemania Durante la Guerra Fría, el antiamericanismo fue la política oficial del gobierno en Alemania Oriental y los disidentes fueron castigados. Por su parte en Alemania Occidental, el antiamericanismo era la posición común de la izquierda, pero la mayoría elogiaba a los Estados Unidos como protector contra el comunismo y aliado fundamental en la reconstrucción de la nación tras la caída del Tercer Reich. La negativa de Alemania a apoyar la invasión de Irak encabezada por los estadounidenses en 2003 fue vista a menudo como una manifestación de antiamericanismo.Tuomas Forsberg, «German foreign policy and the war on Iraq: anti-Americanism, pacifism or emancipation?». Security Dialogue (2005) 36#2 pp: 213–231. online Este rechazo había estado silenciado en la derecha alemana desde 1945, pero resurgió en el , especialmente en el partido Alternativa para Alemania (AfD), que comenzó en oposición a la Unión Europea, y ahora se ha vuelto a la vez antiamericano y antiinmigrante. La molestia o la desconfianza hacia los estadounidenses se incrementó en 2013 por las revelaciones de espionaje estadounidense a altos funcionarios alemanes, incluida la canciller Angela Merkel.«Ami go Home», Economist 7 February 2015, p 51

En el asunto del periodista Claas Relotius de Der Spiegel, el embajador de Estados Unidos en Alemania, Richard Grenell, escribió a la revista quejándose de un sesgo institucional antiestadounidense (en alemán, «anti-amerikanismus») y pidió una investigación independiente. Grenell escribió que «estas noticias falsas se centran en gran medida en las políticas estadounidenses y ciertos segmentos del pueblo estadounidense».

El historiador alemán Darius Harwardt ha señalado que a partir de 1980, el término ha experimentado un aumento en su uso en la política alemana, por ejemplo para desacreditar a aquellos que desean cerrar bases militares estadounidenses en el país.

Países Bajos Aunque los neerlandeses generalmente han mantenido una actitud favorable hacia los Estados Unidos, hubo corrientes negativas después de la Segunda Guerra Mundial cuando culparon a la política estadounidense como la razón por la cual sus colonias en el sudeste asiático pudieron obtener la independencia. Las actitudes de posguerra continuaron la perenne ambigüedad del antiamericanismo: la relación de amor-odio, o la voluntad de adoptar patrones culturales estadounidenses y al mismo tiempo expresar críticas hacia ellos. En la década de 1960, el antiamericanismo en los Países Bajos revivió en gran medida como reacción contra la guerra de Vietnam. Sus primeros defensores principales fueron estudiantes, periodistas e intelectuales de izquierda, no afiliados a ningún partido. Las encuestas de opinión pública en los Países Bajos (1975-1983) indican una actitud estable hacia Estados Unidos; sólo el 10% de la población era profundamente antiestadounidense. La retórica más estridente provino del ala izquierda de la política holandesa y puede atribuirse en gran medida a las consecuencias de la participación neerlandesa en la OTAN.

Reino Unido Según una encuesta del Pew Global Attitudes Project, durante la administración de George W. Bush las opiniones favorables sobre los Estados Unidos entre 2000 y 2006 cayeron del 83 al 56 % en el Reino Unido. Artículos de noticias y blogs han analizado las experiencias negativas de los estadounidenses que residen en el país. El sentimiento antiestadounidense se había generalizado en el Reino Unido tras las guerras de Irak y Afganistán.

En mayo de 2010, una encuesta realizada por YouGov reveló que el 66 % de los británicos tenía una opinión favorable de los Estados Unidos y el 62 % estaba de acuerdo con la afirmación de que este país era el aliado más importante de Gran Bretaña. Sin embargo, la encuesta también reveló que el 85 % de los ciudadanos británicos creía que el Reino Unido tiene poca o ninguna influencia en las políticas estadounidenses y que el 62 % pensaba que los Estados Unidos no tenían en cuenta los intereses británicos. Otra encuesta realizada por YouGov en septiembre de 2016 reveló que el 57 % todavía creía en la relación especial, mientras que el 37 % no.

Rusia Rusia tiene una larga historia de antiamericanismo, que se remonta a la Revolución de Octubre de 1917. Ya en 1919, se grabó al líder de la Rusia soviética, Vladimir Lenin, dirigiéndose a los soldados del Ejército Rojo donde afirmó que «los capitalistas de Inglaterra, Francia y Estados Unidos están haciendo la guerra contra Rusia». Los bolcheviques también utilizaron la imagen del Tío Sam para presentar a las fuerzas rusas blancas como patrocinadas por el extranjero.

En 2013, el 30% de los rusos tenía una visión «muy desfavorable» o «algo desfavorable» de los estadounidenses y el 40% veía a Estados Unidos desde una perspectiva «muy desfavorable» o «algo desfavorable», frente al 34% en 2012. Encuestas recientes del centro Levada muestran que el 71% de los rusos tienen al menos una actitud algo negativa hacia los EE. UU., frente al 38% en 2013. Es la cifra más grande desde la caída de la Unión Soviética. En 2015, una nueva encuesta del centro Levada mostró que el 81% de los rusos ahora tienen opiniones desfavorables de Estados Unidos, presumiblemente como resultado de las sanciones estadounidenses y occidentales impuestas contra Rusia debido a la guerra ruso-ucraniana. Según se informa, el antiamericanismo en Rusia está en su punto más alto desde el final de la Guerra Fría.