El Teatro Real es un teatro de ópera de Madrid, España. Situado en la plaza de Oriente, frente al Palacio Real, y conocido coloquialmente como El Real, está considerado como la máxima institución de las artes escénicas y musicales del país y uno de los teatros de ópera más prestigiosos de Europa.

La primera piedra del Teatro Real se colocó el 23 de abril de 1818, bajo el reinado de Fernando VII, y fue inaugurado formalmente por su hija la reina Isabel II el 19 de noviembre de 1850. Cerró en 1925 debido a daños en el edificio y reabrió el 13 de octubre de 1966 como sala de música sinfónica. A partir de 1991, se sometió a importantes obras de remodelación y renovación, y finalmente reabrió como teatro de ópera el 11 de octubre de 1997. Cuenta actualmente con una superficie de 78.210 metros cuadrados y un aforo máximo de 1.958 localidades.

Desde 1995, el teatro está gestionado por una fundación pública en cuyo patronato están representados el Ministerio de Cultura del Gobierno de España, el Gobierno de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Desde 1998, su orquesta titular es la Orquesta Sinfónica de Madrid.

Además de su programación anual regular de ópera, danza, conciertos y recitales, el teatro ha acogido otros eventos especiales a lo largo de su historia, como el 14.º Festival de Eurovisión en 1969, la 25.ª edición de los Premios Goya en 2011 o el sorteo especial de Navidad de la Lotería Nacional desde 2012. El Teatro Real recibió el galardón a la "Compañía de Ópera del Año" en los International Opera Awards 2020/21. El edificio está catalogado como bien de interés cultural desde 1993.

Historia Construcción e inauguración mini|Grabado de 1850 del interior mini|Billete de abono con entrada para la temporada inaugural en 1850 El rey Fernando VII promovió la construcción en Madrid de un teatro de ópera incluido dentro del proyecto de remodelación de la plaza de Oriente, que encargó al Arquitecto Mayor de Palacio Isidro González Velázquez. Para ello, se ordenó la demolición del antiguo Teatro de los Caños del Peral. El proyecto del edificio del nuevo teatro se encargó al Arquitecto Mayor de la Villa de Madrid, Antonio López Aguado, que diseñó un edificio con forma hexagonal irregular, cuya fachada principal miraría a la plaza de Oriente y la otra, de menor empaque, recaería sobre la actual plaza de Isabel II.

La construcción del nuevo "Teatro de Oriente" se inició el 23 de abril de 1818, pero la escasez de fondos de la Casa Real impidió que las obras arrancaran antes de 1830. A la muerte del arquitecto, el proyecto fue asumido, sucesivamente, por Custodio Teodoro Moreno y Francisco Cabezuelo. Tras la subida al trono de la reina Isabel II, numerosos acontecimientos políticos y burocráticos paralizaron la ejecución del proyecto, hasta que el 7 de mayo de 1850, por medio de una Real Orden, se impulsaron las obras del Teatro, exigiendo su finalización en un plazo de seis meses, como así se hizo.

En la decoración interior trabajaron los artistas y decoradores más importantes de la época, como Rafael Tegeo, Eugenio Lucas, que pintó los techos, o Humanité-René Philastre, que diseñó el telón de boca. Aparte del auditorio, que se estima que tenía unos 2200 asientos (aunque se decía que eran 2800), había dos salones de baile, tres salones de descanso, una confitería, un café, un tocador y un guardarropa. Todas estas comodidades se habían copiado de los grandes teatros europeos de la época, como el San Carlo de Nápoles o La Scala de Milán.

El teatro se inauguró el 19 de noviembre de 1850, coincidiendo con la onomástica de la soberana. La obra elegida para el estreno fue la ópera La favorita de Gaetano Donizetti y actuaron artistas de renombre, como la contralto Marietta Alboni, la soprano Erminia Frezzolini o el director de orquesta Michele Rachele.

Primeros años (1850-1877) mini|El Teatro Real de Madrid en 1853 mini|Juan Daniel Skoczdopole fue director de orquesta del Teatro Real de 1851 a 1865 y de 1871 a 1877 mini|Incendio del Conservatorio del Teatro Real en 1867 Tras las pérdidas que ocasionó la primera temporada, y debido al enorme coste que tenía una representación, en torno a 1.200.000 reales, y a las deudas por su construcción, el Gobierno decidió trasladar la gestión del teatro a manos privadas, mediante concesión. Durante los años sucesivos se fueron alternando diferentes empresarios privados, que solían abandonar la gestión tras sufrir enormes pérdidas. El primero fue el conocido libretista y compositor italiano Temistocle Solera. La segunda temporada se inició con la representación de Los mártires, de Donizetti. Fue una temporada breve con tan solo 69 representaciones, con gran éxito entre la aristocracia madrileña que disfrutaba con la asistencia a la ópera.

En estas primeras temporadas predominaron las óperas de Donizetti y Bellini, con presencia también de Rossini y Verdi, que pronto se convirtió en el compositor favorito del público madrileño. La visita del propio Verdi al teatro, con motivo del estreno en España de su obra La forza del destino en 1863, fue todo un acontecimiento social en el Madrid de la época. En los primeros años frecuentaron el teatro algunas de las mayores figuras líricas del momento (además de Alboni y Frezzolini destacan Marietta Gazzaniga, Rosina Penco, Giulia Grisi, Giorgio Ronconi, Italo Gardoni, Mario de Candia, Emilio Naudin, Gaetano Fraschini, Geremia Bettini, Felice Varesi o Antonio Selva). Asimismo, durante los primeros veinticinco años del teatro, destacó la prestación como director musical de Juan Daniel Skoczdopole.

A pesar de que, por contrato, los empresarios estaban obligados a presentar al menos una obra de autor español en cada temporada, normalmente se evitaba el cumplimiento de este compromiso. La primera representación de una ópera de un compositor español fue el 26 de abril de 1854, con Ildegonda, de Emilio Arrieta. Habría que esperar hasta 1871 para escuchar la primera obra en español, fue Marina, del mismo Arrieta. Y en 1856, a la edad de doce años, el violinista Pablo Sarasate realizó un concierto en el teatro, entusiasmando al público y a la crítica.

Cada uno de los ciclos tenía un promedio de 120 representaciones, la mayoría óperas, ballets y conciertos. La plantilla del teatro ascendía a 447 empleados, más los artistas que participasen en las obras concretas. Como anécdota, el joven Emilio Castelar realizó su primer gran discurso desde uno de los palcos de este teatro, en 1854.

En 1867 tuvo lugar un incendio en el Conservatorio de Música (actual Salón de baile) que se extendió a la fachada este, pero que pudo ser sofocado antes de que afectara al escenario y al resto del teatro.

Época dorada (1877-1900) miniaturadeimagen|250px|Luigi Mancinelli, director principal del Teatro Real entre 1886 y 1893 Los años de esplendor del Teatro Real se iniciaron en el último cuarto del . Se presentaron en el teatro las voces más prestigiosas del panorama europeo, como Adela Borghi, Marie Sasse, Adelina Patti, Christina Nilsson, Luisa Tetrazzini, Mattia Battistini, Julián Gayarre, Angelo Masini, Francesco Tamagno o Enrico Tamberlick. Se produjeron representaciones memorables, como la del 23 de diciembre de 1880, en la que Patti y Gayarre cantaron Lucia di Lammermoor, de Donizetti. El propio Gayarre protagonizó uno de los episodios históricos del teatro al manifestar durante una representación de Los pescadores de perlas, en diciembre de 1889, los primeros síntomas de la pulmonía que le llevaría a la muerte un mes más tarde.

Durante esos años se pusieron al frente de la orquesta una serie de grandes directores españoles (Oudrid, Barbieri, Goula, Saco del Valle, Villa o Arbós) o extranjeros, como Franco Faccio, Edoardo Mascheroni, Leopoldo Mugnone, Cleofonte Campanini o Luigi Mancinelli, que durante siete temporadas fue director musical del Teatro.

En 1876 se representó por primera vez en el Real una ópera de Wagner, Rienzi, aún lejos del gran éxito que tendrían sus composiciones en este teatro quince años más tarde. En esta etapa, grandes compositores españoles como Tomás Bretón, Ruperto Chapí o Emilio Serrano pudieron ver sus obras representadas, aunque solo Los amantes de Teruel de Bretón alcanzó cierto éxito. En los años ochenta estuvo como director escénico el decano de la escena José García Fernández.

En 1884 el arquitecto Joaquín de la Concha reformó la fachada oeste del teatro para ampliar las dependencias del rey Alfonso XII, y en 1888 se inauguró la iluminación eléctrica.

El Real en el (1900-1966) miniatura|250px|El Teatro Real a principios del miniatura|250px|Los Ballets Rusos actuaron en el Teatro Real entre 1916 y 1921 miniatura|250px|Fachada del Teatro Real según el proyecto de Antonio Flórez (1926) En el primer cuarto del destacó la presencia en el Real de grandes cantantes españoles, como María Barrientos, Ofelia Nieto, Ángeles Ottein, María Gay, Miguel Fleta, Hipólito Lázaro o Francisco Viñas. También de las grandes figuras líricas extranjeras (Rosina Storchio, Gabriella Besanzoni, Tito Schipa, Titta Ruffo, Giuseppe Anselmi, Giacomo Lauri-Volpi...). Dominaban el repertorio las óperas de Puccini (Tosca, La bohème) y Wagner (Lohengrin o La valquiria). La Filarmónica de Berlín dio conciertos en el teatro, dirigida por Arthur Nikisch en 1901 y por Richard Strauss en 1908.

El teatro sufrió poco a poco un enorme declive, ya que a pesar de la representación de grandes óperas y la dirección de empresarios como José Arana y Luis Calleja, las crisis económico-políticas y diversos factores como la Primera Guerra Mundial causaron su ruina. Pero se consiguió sacar adelante las siguientes temporadas, en las que fueron partícipes José de Amézola y Luis París. El coliseo gozó de momentos de gloria, como cuando vio pasar por su escenario al gran bailarín Nijinsky, en la que sería una de sus últimas actuaciones, en 1917; o cuando Igor Stravinski dirigió en persona su ballet Petrushka, en 1921, ambos integrados en la compañía de los Ballets Rusos de Sergéi Diágilev, que visitaron el teatro varias veces, con gran éxito.

El 6 de noviembre de 1925, el Teatro Real se cerró por Real Decreto, ya que corría el peligro de derrumbarse debido a la inestabilidad de sus cimientos, agravada por las obras del Metro que se hacían en sus inmediaciones y que utilizaban explosivos, suspendiéndose la nueva temporada que estaba a punto de iniciarse.

Aunque en un primer momento el alcalde de Madrid, Fernando Suárez de Tangil, propuso la destrucción del edificio para construir en su lugar una vía comercial que discurriera de forma ininterrumpida entre la Puerta del Sol y el Palacio Real, finalmente se impuso la propuesta de Antonio Flórez Urdapilleta, arquitecto conservador del edificio, y Pedro Muguruza, quienes plantearon un ambicioso proyecto de remodelación y modernización que incluía el aumento en altura y profundidad de la caja escénica y la reedificación de toda su estructura, utilizando hormigón armado. Además, se decidió levantar una planta más alrededor de todo el perímetro del edificio, lo que le otorgó al teatro su aspecto de bloque macizo actual. Sin embargo, dificultades económicas y de planificación fueron retrasando la finalización del proyecto. Se llegó a ejecutar la parte de consolidación y reconstrucción, pero la remodelación interior no se llegó a comenzar. Las obras se detuvieron en 1936, con el inicio de la Guerra Civil, durante la cual el edificio quedó dañado, fundamentalmente tras la explosión de un polvorín que se había instalado en su interior. En 1940, Luis Moya y Diego Méndez González intentan finalizar el proyecto de Flórez, que no consigue avanzar significativamente, antes de que, a finales de los años 50, las obras se paralicen definitivamente.