Samsagaz "Sam" Gamyi (llamado originalmente en inglés, Samwise Gamgee) es uno de los personajes principales de la novela El Señor de los Anillos, del escritor británico J. R. R. Tolkien. Es un hobbit de la Comarca, nacido en el año 1380 según el Cómputo de la Comarca, 2983 de la Tercera Edad, hijo de Hamfast Gamyi y Campanilla Buenchico. Jardinero de Frodo Bolsón, Sam acompaña a Frodo hasta el Orodruin a destruir el Anillo Único. Su nombre en oestron (la Lengua Común, representada por el inglés en la novela) era Banazîr Galpsi, abreviado en Ban.
Tolkien consideró a Sam como al típico hobbit, al igual que Bilbo. Muchos lo consideran como el "alter ego" del autor, dado que ambos eran bastante contrarios al progreso, amaban las comodidades, la pipa y la jardinería. Sin embargo, el origen más probable de Sam es el de los tradicionales asistentes de los oficiales británicos, personas generalmente extraídas de las capas sociales más humildes, que profesaban admiración y devoción por sus superiores.
Descripción thumb|Placa en el Birmingham Repertory Theatre en Centenary Square. La similitud entre el nombre original del personaje (Sam Gamgee) y la celebridad local no puede ser una coincidencia, conocida la relación entre Tolkien y Birmingham. Sam era un hobbit relativamente bajo, con el pelo castaño y muy rizado y, al igual que Frodo, Sam cumplía las características propias de los de su raza. Era sencillo cuyo máximo placer era una buena comida junto con una buena historia. Y aunque Sam siempre había llevado una vida tranquila y apacible, era muy curioso con las noticias del mundo exterior. Además demostró, durante el viaje con Frodo ser dueño de una lealtad a prueba de todo; su espíritu de sacrificio por su amigo, contrastaba abiertamente con las características de los Hobbits en general, que preferían su casa y sus posesiones, a la aventura.
En más de una ocasión su inteligencia y ubicuidad salvaron a Frodo, siempre parecía anticiparse a los movimientos de su amo, además se dio cuenta del carácter de Boromir mucho antes que los otros. Muchas veces era capaz de la más fina ironía frente a alguna adversidad. No era de cólera fácil pero sabía hacer sentir su enojo cuando este crecía; pero su bondad era tal que cuando esto sucedía tendía a arrepentirse. No era más desconfiado que cualquier hobbit, pero su sentido del deber y su sentido de protección hacían que no fuera rápido en tender su mano a los extraños, tanto que solo aceptó a Aragorn (siempre lo llamó “Trancos”) cuando le fue claro que este era el rey; y ni que hablar de Gollum, al que nunca quiso y del que siempre desconfió. De allí se entiende la dura reacción que tuvo, cuando este los traicionó en el Antro de Ella-Laraña. Cada vez que estaba ante un peligro, se acordaba de que era alguien que estaba viviendo una historia ("Me gustaría saber en qué tipo de historia estamos.").
Cuando Gandalf le pidió que acompañara a Frodo en su viaje a Rivendel, Sam deseaba una cosa sobre todas las demás: ver a los Elfos, las historias de los Elfos eran las que más le gustaban, “(...)adoro esas historias y creo en ellas, contra todo lo que Usted diga. ¡Elfos, señor! Me encantaría verlos. ¿Podría llevarme con usted a ver a los elfos, señor, cuando usted vaya?”; tanto que en su lucha contra la Araña pronunció palabras élficas que no recordaba haber aprendido.
Su honestidad lo llevó, muchas veces, a descubrir su pensamiento espontáneamente como cuando frente a Faramir reveló el carácter de la misión de Frodo, o como cuando descubrió su presencia en el Concilio de Elrond. El primer sorprendido por la personalidad de Sam fue El Portador, y lo dijo luego de oírlo cantar la canción sobre los Trolls, frente a las estatuas de Tom, Berto y Guille Estrujónez: "(...)Estoy aprendiendo mucho sobre Sam Gamyi en este viaje. Primero fue un conspirador y ahora es un juglar. Terminará por ser un mago... ¡o un guerrero!..." y tuvo razón.
Historia El viaje a Rivendel Sam Gamyi viajó con el Portador del Anillo a Rivendel, en un principio porque Gandalf pensaba que era peligroso que Frodo viajara solo y aprovechando que Sam había oído la conversación entre el Mago y el Hobbit, el primero lo conminó. Sam que en un principio se mostró asustado por la perspectiva de abandonar La Comarca, pronto se rehízo y tramó una “conspiración” con Merry y Pippin para acompañar al Portador del Anillo en su viaje.
En el primer tramo del viaje se dio con el gusto de conocer a los Elfos cuando se encontraron con la compañía de Gildor, más aún sostuvo una larga conversación con ellos mientras los otros descansaban; esto significó un cambio importante en su vida y fue, quizá, el primero de todos los miembros de la compañía que tuvo conciencia de su tarea: -Sí, señor; no sé cómo decirlo, pero después de anoche me siento diferente. Me parece ver el futuro, en cierto modo. Sé que recorreremos un largo camino hacia la oscuridad; pero también sé que no puedo volverme. No es que quiera ver elfos ahora, o dragones, o montañas... lo que quiero no lo sé exactamente, pero tengo que hacer algo antes del fin, y está ahí adelante, no en la Comarca. Tengo que buscarlo señor, si usted me entiende...”
Cuando los hobbits llegaron a Cricava y se encontraron con Merry y Fredegar Bolger, quedó al descubierto lo tramado por Sam. En secreto había confiado los pormenores de la misión a sus amigos, con el fin de formar una pequeña compañía para proteger y acompañar a Frodo, este, asombrado y feliz aceptó y como dijo Sam, "(...)Gildor le dijo que llevase voluntarios que lo acompañaran, no lo puede negar".
Pero fue en la segunda parte del viaje en donde Sam Gamyi comenzó a aparecer como el protector de Frodo puesto que lo salvó de las garras del viejo Hombre-Sauce, justo cuando este, a través de un maleficio, durmió a su amo sobre una raíz muy cercana al agua del Río Tornasauce y atrapó a Merry y a Pippin. Sam había notado que la somnolencia no era natural y enseguida desconfió del árbol, y cuando oyó que Frodo había caído al agua, inmediatamente lo rescató. Pero le fue imposible sacar a los otros de las entrañas del sauce, solo la llegada de Tom Bombadil evitó el desastre. En la Quebrada de los Túmulos Frodo tuvo la oportunidad de devolverle a su amigo el favor puesto que, junto a Bombadil, salvaron a los otros hobbits.
Conoció a Aragorn en la taberna «El Póney Pisador» y no le gustó nada su aspecto, más aún, lo interpeló duramente por sus intenciones respecto de Frodo y de su viaje. Y ni siquiera quedó convencido cuando leyó la carta que Gandalf había dejado en manos de Cebadilla Mantecona y que el dueño de la posada no había enviado.
En el resto del viaje a Rivendel, Sam cuidó de su amo cuando este fue herido por la espada de Morgul, manteniéndose junto a él lavándole la herida y conduciendo el poni Bill en el que iba Frodo malherido. Y durante su convalecencia en los aposentos de la casa de Elrond Sam no dejó el lado de la cama, ni de día ni de noche llorando de felicidad cuando vio a Frodo recuperado.
Con la Compañía del Anillo Sam Gamyi se convirtió en miembro de la Compañía del Anillo, cuando participó sin ser invitado del Concilio de Elrond, descubriéndose en el momento en que el señor de Rivendel anunció que Frodo llevaría el Anillo: "(...)-¡En bonito enredo nos hemos metido, señor Frodo!..." dijo Sam; y fue el único que permaneció junto al Portador del Anillo durante toda la Misión.
Rumbo a Lothlórien En el primer tramo de la marcha de la Compañía del Anillo, Sam no estuvo ocioso; fue un infatigable compañero siempre ayudando a organizar el funcionamiento de la compañía; siempre aprendiendo cosas nuevas y estando muy atento al paisaje; conduciendo al poni Bill y participando de la defensa y de la vigilancia; siempre tenía una palabra de aliento o de reconocimiento para sus compañeros.
En el primer enfrentamiento serio que tuvo la Comunidad, con los lobos en Acebeda, el Hobbit luchó a la par de los grandes e incluso calmó a Pippin que se hallaba muy asustado. Más tarde se sintió muy triste al tener que dejar al poni frente a las Puertas de Moria. En el ataque del guardián del agua, su desesperación al ver a Frodo atrapado por la bestia, fue cambiada por una rápida y decidida acción para rescatar a su amo; atacando a cuchilladas el tentáculo que tenía sujeto al Portador y, cuando fue soltado, arrastrando rápidamente el cuerpo de Frodo hacia la protección del umbral de la Gran Mina.
Ya en los caminos bajo la oscuridad de Khazad-dûm, lamentaría muchas veces no haber llevado una cuerda. Luchó valientemente en el ataque de los Orcos y del Troll en la Cámara de Mazarbul, matando a varios y rompiendo de un certero golpe de espada la lanza del Jefe Orco que había herido a Frodo; también recibió una herida en el cuero cabelludo producto de una flecha orca que Aragorn curó con hojas de Athelas. Una enorme tristeza lo embargó cuando Gandalf cayó por el abismo con el Balrog aferrado a una pierna del mago, "(...)Frodo oyó que Sam lloraba junto a él y en seguida descubrió que él también lloraba y corría..."
En el Bosque Dorado Cuando la compañía llegó a Lothlórien, se abrió la última etapa del viaje que realizarían juntos; esta etapa es de suma importancia para la historia de El Señor de los Anillos pero también para Samsagaz Gamyi, puesto que vio antes que nadie lo que ocurriría en la compañía, presintió la actitud de Boromir, tal como se lo relató después a su hermano Faramir: Sam había visto como Boromir cambio en Lothlórien, porque según él "(...)¡Desde el momento en que lo vio, quiso tener el Anillo del Enemigo!..." Esa perspicacia era la marca de un Sam al que todos creían bonachón y sin muchas luces, excepto Frodo y la demostraría muchas veces a lo largo de la historia...
A la sorpresa, la alegría y la emoción que causaron a Sam el hermoso bosque dorado, ya que expresó que se sentía dentro de una Canción; se le unía el amor y la admiración por la Reina Noldor Galadriel; quien le propuso ver por el espejo sabiendo de su nostalgia por La Comarca. Allí Sam Gamyi pudo contemplar con horror y con tristeza lo que sucedía en su país y se prometió volver para remediarlo pero solo cuando culminara la Misión.
Antes de despedirse la Dama, le regaló a Él en particular, una simple cajita de madera gris que llevaba colgada en el cuello con una cadena y le dijo: Esta caja contiene tierra de mi jardín y lleva las bendiciones que Galadriel todavía puede otorgar. No te protegerá en el camino ni te defenderá contra el peligro, pero si la conservas y vuelves un día a tu casa, quizá tengas entonces tu recompensa. Aunque encontrarás todo seco y arruinado, pocos jardines de la Comarca florecerán como el tuyo si esparces esta tierra allí. Entonces te acordarás de Galadriel y tendrás una visión de la lejana Lórien, que viste en invierno. Pues nuestra primavera y nuestro verano han quedado atrás y nunca se verán otra vez, excepto en la memoria. Y Sam enrojeció y enmudeció.
La disolución de la Compañía En tres barcas élficas abandonaron Lórien por el Anduin, aguas abajo. Pensaban llegar hasta el Rauros y allí definir el destino de la Compañía del Anillo, la mayoría pensaba dirigirse a Minas Tirith y esperaban que Frodo los acompañara, para desde allí, si él lo deseaba fuera a Mordor; respecto a Sam, el hobbit ya tenía definido acompañar a su amo por el camino que este eligiera. La navegación fue en un principio tranquila, salvo para Samsagaz que le tenía terror al agua (como la mayoría de los Hobbits) y fue de muy poca utilidad para los otros en el viaje.