miniatura|Mujer enseñando geometría. Ilustración en la letra capital de una traducción medieval de los principios de Euclides (c. 1310).

Las mujeres han contribuido notablemente a la ciencia desde sus inicios. El estudio histórico, crítico y sociológico de este hecho se ha convertido en una disciplina académica en sí misma.

En varias antiguas civilizaciones occidentales hubo mujeres dedicadas a la medicina, y el estudio de la filosofía natural estaba abierto a las mujeres en la Antigua Grecia. Las mujeres también hicieron aportaciones a la protociencia de la alquimia en el y En la Edad Media, los conventos cumplían una importante función para la educación femenina y algunas de estas instituciones les brindaron a las mujeres la oportunidad de participar en la investigación académica. Pero cuando, en el , se fundaron las primeras universidades, las mujeres quedaron en su mayor parte excluidas de ellas. Fuera del mundo académico, fue la botánica la ciencia que más se benefició de las aportaciones femeninas al inicio de la Edad Moderna. En Italia parece haber reinado una actitud más abierta que en otros lugares hacia los estudios de medicina por parte de mujeres. La primera mujer de la que se sabe que obtuvo una cátedra en una disciplina científica fue Laura Bassi en la Italia del .

Aunque los roles de género estaban muy definidos en el , las mujeres avanzaron de forma visible en lo que respecta a la ciencia. Si bien hasta el se les siguió negando a muchas una educación científica formal, empezaron a ser admitidas en sociedades educativas de menor nivel. En el se produjo un gran cambio; el número de mujeres que estudiaban en universidades aumentó sensiblemente, y comenzaron a ofrecerse trabajos remunerados a las que se quisiesen dedicar a la ciencia. Marie Curie, la primera mujer en ser galardonada con un Premio Nobel de Física en 1903, fue también la primera y hasta ahora única persona en obtener dos premios en dos disciplinas científicas, al recoger en 1911 el de química, en ambos casos por su trabajo sobre la radiactividad. 53 mujeres en total han recibido un Premio Nobel entre 1901 y 2019.

Antigüedad miniatura|Retrato idealizado de Hipatia por Alfred Seifert (1901). De la participación de las mujeres en el campo de la medicina se tiene conocimiento en varias civilizaciones tempranas. Agameda fue citada por Homero como curandera en la Antigua Grecia antes de la Guerra de Troya. Hagnódice fue la primera médica en trabajar como tal en el en Atenas.

El estudio de la filosofía natural en la antigua Grecia estaba abierto a las mujeres. Ejemplos documentados incluyen a Aglaonice, quien predijo eclipses; y a Téano, una médica y matemática que fue pupila y esposa de Pitágoras, y miembro de la escuela fundada por el filósofo en Crotona, donde estudiaban muchas otras mujeres.

Se sabe de varias mujeres que contribuyeron a la alquimia (considerada protociencia) en Alejandría alrededor de los siglos y A la más conocida, María La Judía, se le atribuye la invención de varios instrumentos químicos, incluida la técnica del baño María y un tipo de alambique.

Ptolemaida de Cirene (principios del y d.C.) fue una musicóloga neopitagórica que escribió sobre teoría musical en un tratado en forma de catecismo titulado Elementos de la música de Pitágoras. Porfirio la cita en pasajes de su comentario sobre los armónicos de Claudio Ptolomeo (In Ptolemaei Harmonica Commentarium). Su texto prefiere el enfoque de Aristóxeno al de los pitagóricos.

Hipatia de Alejandría, (c. 370-415) Fue una filósofa, astrónoma y matemática neoplatónica que dio clases en la Biblioteca de Alejandría, gozando de gran prestigio. Escribió comentarios sobre textos de geometría, álgebra y astronomía, entre ellos sobre la Aritmética de Diofanto, aunque ninguna de sus obras ha sobrevivido. Se le atribuyen varios inventos como el hidrómetro, un astrolabio y un instrumento para la destilación de agua. En realidad, ya existían antes de su nacimiento, pero sí se sabe que construyó estos aparatos. Tuvo una actitud tolerante hacia los cristianos y gran influencia en la élite política de Alejandría. Murió asesinada por una turba de fanáticos cristianos.

Europa medieval miniatura|Hildegarda de Bingen.

En la Edad Media, la educación universitaria fue accesible para algunas mujeres, concretamente en Italia. Se cree que en el , la médica italiana Trotula de Salerno, ocupó una cátedra en la Escuela Médica Salernitana, donde enseñó a muchas mujeres nobles italianas, un grupo referido en ocasiones como Mulieres Salernitanae o "las señoras de Salerno". Se le atribuyen textos importantes en medicina, sobre todo en obstetricia y ginecología. La Universidad de Bolonia permitió a las mujeres asistir a clase desde sus inicios en 1088, y Dorotea Bucca fue allí cátedrática en el .

Hildegarda de Bingen Entre las mujeres que se dedicaron a la ciencia en conventos medievales destaca esta abadesa alemana de la Orden de San Benito, cuyos prolíficos escritos incluyen varias materias científicas, entre ellas la medicina, la botánica y la historia natural. También fue una famosa compositora de monofonía sacra; escribíó música y letra de setenta y ocho obras. El papa Benedicto XVI la nombró Doctora de la Iglesia en 2012.

Otro ejemplo es la canonesa Hroswitha de Gandersheim, quien se interesó por las ciencias del trívium y quadrivium y tradujo las principales obras científicas árabes, o incluso la monja Herrada de Landsberg, autora de la primera enciclopedia editada, escrita e ilustrada por una mujer, un intento de compilar toda la ciencia estudiada en su tiempo.

La italiana Alessandra Giliani (1307-1326), a pesar de su corta vida, fue la primera mujer en la historia de Occidente que figura en documentos históricos como practicante de la anatomía (lo que hoy se llamaría patología).

Revolución científica (siglos y ) miniatura|Margaret Cavendish. A pesar del éxito de algunas mujeres, en la Edad Media los sesgos culturales eran notables y afectaron a la educación y la participación de las mujeres en la ciencia. Muchos de estos prejuicios tienen su origen en la filosofía cristiana. Santo Tomás de Aquino, refiriéndose a las mujeres, escribió en su obra más importante Suma Teológica: "este es el sometimiento con el que la mujer, por naturaleza, fue puesta bajo el marido; porque la misma naturaleza dio al hombre más discernimiento."

La Revolución científica de los siglos y vio una gran afluencia de mujeres al campo de la ciencia, aunque se las seguía excluyendo de las universidades. Así, las mujeres interesadas se vieron obligadas a obtener sus conocimientos de manera informal. Los hombres de la nobleza europea eran libres de desarrollar sus intereses en ciencia como pasatiempo, y las mujeres tenían la opción de participar en los trabajos científicos informales junto a sus padres y hermanos. Se alentaban las habilidades en pintura de las mujeres nobles, que a menudo les servían a ellos para detallar y precisar las ilustraciones científicas.

Marie-Anne Pierrette Paulze, conocida como Marie Lavoisier es considerada la madre de la química moderna. Ella se menciona frecuentemente junto a su esposo el científico Antoine Lavoisier, con quien trabajó en colaboración, aunque son menos difundidos sus logros científicos en la química.

Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle, tomó parte en algunos de los debates científicos más importantes del momento, el .Rodríguez, Patricia. «Lady Margaret Cavendish. La científica revolucionaria.» Journal of Feelsynapsis (JoF). . 2011.(1): 22-24. Escribió numerosos trabajos sobre materias científicas, entre ellos Observations upon Experimental Philosophy y Grounds of Natural Philosophy. En estas obras fue especialmente crítica con la idea, cada vez más extendida, de que los humanos, gracias a la ciencia, son los amos de la naturaleza. Como aristócrata, la Duquesa de Newcastle es un valioso ejemplo para las mujeres científicas en Francia e Inglaterra.

Las mujeres que querían trabajar en ciencia y vivían en Alemania llegaron con distintos bagajes. Allí, la tradición de la participación femenina en el oficio de la producción permitía a algunas mujeres adentrarse en la ciencia observacional, especialmente en astronomía. Entre 1650 y 1710, las mujeres representaban, en Alemania, el 14 % del total de astrónomos.

La mujer astrónoma más conocida de esa época es María Winkelmann. Fue educada por su padre y su tío y adquirió conocimientos en astronomía de un astrónomo autodidacta cercano. Su oportunidad de ser profesional en astronomía llegó cuando se casó con Gottfried Kirch, el astrónomo más conocido en Prusia. Se convirtió en su ayudante en el observatorio astronómico que operaba en Berlín para la Academia de las Ciencias. Realizó algunas contribuciones originales, entre ellas el descubrimiento de un cometa. Cuando su marido murió, Winkelmann solicitó un cargo de astrónomo asistente en la Academia de Berlín, para el cual estaba altamente cualificada. Por ser mujer –sin estudios universitarios, por tanto– se le denegó la solicitud. Los miembros de la Academia de Berlín temían que contratar a una mujer diera mal ejemplo.Patricia Rodríguez. Mujeres de Ciencia. «María Margarethe Winkelmann-Kirch: La astrónoma que quiso dejar de ser invisible.» Journal of Feelsynapsis (JoF). . 2012.(4): 13-19. Los problemas de Winkelmann con la academia de Berlín reflejan los obstáculos que las mujeres afrontaban para ser aceptadas en la práctica científica, considerada territorio masculino. A ninguna mujer se la invitó ni a la Royal Society de Inglaterra ni a la Academia de las Ciencias francesa hasta el . Durante el una vida dedicada a la producción de conocimiento se consideraba incompatible con las labores domésticas que se le atribuían como propias.

En general, la Revolución Científica hizo poco por cambiar las ideas existentes sobre la naturaleza de la mujer. Algunos científicos usaron la nueva ciencia para extender la idea de que la mujer era por naturaleza inferior al hombre, estaba subordinada a él y le correspondía un rol doméstico como madre cuidadora.

miniatura|Émilie du Châtelet. La Ilustración vio la expansión del rol de las mujeres en la ciencia. El surgimiento de la cultura del salón literario en Francia durante este tiempo, llevó a los filósofos y sus conversaciones sobre temas de política, sociedad y ciencia contemporánea, a las casas de los pudientes y poderosos. Estos salones eran mayoritariamente dirigidos por mujeres, ya que la casa era tradicionalmente espacio de la mujer, y muchas damas reconocidas emergieron como figuras destacadas tanto por sus dotes de anfitrionas, reuniendo a los ilustrados intelectuales del momento, como por sus propias contribuciones intelectuales a la conversación.

Émilie du Châtelet, por ejemplo, tradujo la obra de Newton, Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, al francés y dedujo la conservación de la energía.Patricia Rodríguez. «Émilie du Châtelet. Una apasionada en el siglo de las luces.» Journal of Feelsynapsis (JoF). . 2012.(5): 22-26.