miniaturadeimagen|En su La escuela de Atenas, Rafael buscó plasmar dos milenios de historia del pensamiento occidental, con Platón y Aristóteles ocupando el centro. La historia de las ideas es un enfoque de la historiografía que estudia la determinación y evolución de las ideas expresadas o reconstruibles a través de las distintas producciones culturales. Éstas pueden abarcar desde textos científicos hasta ensayos, novelas y obras pictóricas, siendo el entorno tradicionalmente privilegiado para la investigación el de la llamada alta cultura a través de los textos clásicos.

Habitualmente se asigna a la historia de las ideas un cierto parentesco metodológico con la literatura comparada y, en general, la comparatística. El reconocimiento de diversos niveles de filiación, influencia, continuidad y ruptura entre diferentes obras humanas forma parte esencial de las herramientas con las que trabaja un historiador de las ideas. A nivel teórico, esto supone dar una cierta independencia analítica -cuando no ontológica- a las ideas o representaciones volcadas en dichas obras con respecto a los sujetos y su contexto de producción.

En verdad puede decirse que existe un subcampo de la historia de las ideas aplicado a cualquier cuerpo o tradición de conocimiento sobre una materia en particular. Desde las prácticas de los antiguos doxógrafos hasta el presente, el enfoque de la historia de las ideas ha sido aplicado a diversas áreas como la historia de la filosofía, la historia de la ciencia, la historia de la literatura, la historia del arte, la historia de las ideas estéticas, la historia del pensamiento social, la historia de las ideas jurídicas y la historia de la teología. Entre los más ilustres representantes de esta tradición se encuentran Friedrich Meinecke, Ernst Cassirer, Arthur Lovejoy, Leo Strauss, Karl Jaspers, Alexandre Koyré, Robin Collingwood, Isaiah Berlin y Crawford Macpherson.

En tiempos recientes, la historia intelectual consistió un desprendimiento consciente y consecuente desde la historia de las ideas hacia un nuevo enfoque enriquecido por los aportes de la historia cultural.

También cabe distinguir a la historia de las ideas con pretensiones historiográficas de aquellas filosofías de la historia de las ideas de corte netamente especulativo, como las teleologías de Saint Simon, Hegel, Comte, Spengler y Toynbee.

Caracterizaciones thumb|200px|derecha|Fotografía realizada por Kaulak y publicada con motivo del fallecimiento de Marcelino Menéndez Pelayo.

En España, una especificación y construcción ejemplar del género intelectual de la "Historia de las Ideas" nació en la Historia de las ideas estéticas en España de Marcelino Menéndez Pelayo en 1883, la cual incluye en su preliminar un programa que define este género intelectual de manera estricta, precisa y extraordinariamente abarcadora en sus términos:

«1º Las disquisiciones metafísicas de los filósofos españoles acerca de la belleza y su idea. 2º Lo que especularon los místicos acerca de la belleza en Dios, considerándola principalmente como objeto amable, de donde resulta que no podemos separar siempre en ellos la doctrina de la belleza de la doctrina del amor, que llamaremos, siguiendo a León Hebreo, Philographia, y que, rigurosamente hablando, corresponde a la filosofía de la voluntad, y no a la del entendimiento ni a la de la sensibilidad, que son las facultades que principalmente intervienen en la contemplación y estimación o juicio de lo bello. 3º Las indicaciones acerca del arte en general, esparcidas en nuestros filósofos y en otros autores de muy desemejante índole. 4º Todo lo que contienen de propiamente estético, y no de mecánico y práctico, los tratados de cada una de las artes, verbigracia, las Poéticas y las Retóricas, los libros de música, de pintura y de arquitectura, etc., etc. 5º Las ideas que los artistas mismos, y principalmente los artistas literarios, han profesado acerca de su arte, exponiéndolas en los prólogos o en el cuerpo mismo de sus libros» (Historia de las Ideas Estéticas en España).Pese a la inclusión especificativa del título de la obra ("en España"), ésta posee fundamentalmente valor general europeo: es la razón por la cual a menudo se la cita suprimiendo esa concreción regional.

En el el historiador estadounidense Arthur O. Lovejoy (1873-1962) se sirvió restringidamente de la fórmula "historia de las ideas" a fin de designar ciertos argumentos filosóficos, sobre todo relativos a "la gran cadena del ser", estudiados mediante pequeñas monografías que luego acumuló en una obra de conjunto. También llegó a crear un History of Ideas Club en la Johns Hopkins University, donde fue profesor de historia entre 1910 y 1939. Allí difundió este concepto entre alumnos y colegas como Leo Spitzer, con los cuales mantuvo extensos debates.

Por otra parte, en Ideología y utopía (1927) el sociólogo Karl Mannheim distinguía entre la historia de las ideas y la historia materialista de tipo marxista, reactualizando así la oposición idealismo / materialismo y privilegiando el último término de esta oposición. Representante del historicismo alemán, Mannheim acepta concebir una historia de las ideas a condición de que estas sean expuestas en su contexto sociohistórico de emergencia. Habla pues no tanto de relativismo, sino de relacionismo, esto es, de la necesidad para el historiador de poner las ideas en relación con lo que las vuelve posibles, frente al atomismo y abuso documental del positivismo. Dentro de esta óptica, la historia no está comprendida en términos de continuidad, sino más bien en función de cambios, de transformaciones, de renovaciones o de desarrollos que siguen los datos espaciotemporales de los objetos estudiados.

Este proyecto de una historia de las ideas será seguido —desde una óptica diferente— por Michel Foucault, quien afirmaba, como el referido Paul Veyne, que «la historia de las ideas comienza verdaderamente cuando se ha de tener en cuenta del carácter múltiple de la “verdad” a través de la historia». Las ideas varían en función de las culturas y, para darse asumir esto, es preciso levantar acta de los efectos de ruptura, de la historia, de las diversas maneras de pensar de los actores y de las variaciones semánticas del pensar de los actores y del lenguaje, todo lo cual impide concebir una historia de las ideas de carácter homogéneo y continuo.

La historia de las ideas y su contexto histórico e intelectual Pueden encontrarse esbozos de historia de las ideas en Aristóteles, que poseía un fino sentido crítico para clasificar la importancia de sus fuentes, o en historiadores posteriores como notablemente Ibn Jaldún en el . Su Historia universal revela unos enormes conocimientos y una inusual capacidad para desarrollar teorías generales que explican siglos de evolución social y política. Fue el único historiador musulmán de su época que sugirió razones económicas y sociales para el cambio histórico, pero su trabajo, ampliamente leído y copiado, no tuvo una influencia real hasta el . Muy diversos sectores y escuelas del pensamiento europeo pueden reclamar posiciones de hecho en establecimientos determinables como de Historia de las ideas, así notablemente por ejemplo, la Escuela de Salamanca, no ya en lo relativo a problemas teológicos y morales sino políticos y económicos. Sea de recordar por otra parte, que la primera persona que escribió una historia completa de China desde sus orígenes fue Sima Qian, que redactó su Shiji (Memorias históricas) durante el gobierno de la dinastía Han. Esta obra incluye datos tabulados, ensayos sobre cuestiones actuales de la época y biografías de personajes destacados. Si en la tradición occidental corresponde al humanismo el mayor núcleo y permanente corriente de creación de ideas clave de la civilización occidental, en la tradición asiática esta función ha estado desempeñada por el confucianismo.

El descubrimiento de América provocó una nueva proliferación de ideas cuya visión del mundo supuso una amplia conmoción y debate en torno a lo que era el ser humano y los modos de ser del mismo que es patente en escritores como Montaigne. La Ciencia nueva del genial profesor de Retórica napolitano Giambattista Vico no sólo concibió una original teoría espiral de la historia según la cual esta se desarrolla a través de la sucesión cíclica de tres etapas (divina, heroica y humana) sino que contribuyó además al vuelco de las ideas de fondo sobre el lenguaje y la poesía en un sentido que sería decisivo para la época romántica. El contraste entre diversas ideas constituyó algo fundamental en Montesquieu y escritores de la Ilustración como Voltaire. Recuperó la tradición historiográfica literaria a la que se añade la excitación de su provocativo racionalismo e ignoró el interés clásico por la historia política incluyendo todas las facetas de la civilización en una historiografía de profundo carácter intelectual, despreocupándose del detalle erudito. Otros ilustrados diversos como David Hume o Jean Antoine Condorcet, continuaron esa concepción filosófica de la historia y la evaluación indiferente de las evidencias. Edward Gibbon escribió con esa inspiración su Historia de la decadencia y caída del Imperio romano (1776-1788). La escuela universalista española desplegó un semillero enciclopédico de ideas científicas, humanísticas, musicológicas y filológicas, especialmente en Italia, también en América.

Con la obra e influencia de Leopold von Ranke, máximo exponente del historicismo, la historiografía había alcanzado identidad académica independiente, dotada de propio método crítico y universalmente reconocido. Ranke insistió en una desapasionada objetividad como punto de vista propio del historiador, e hizo de la consulta de las fuentes documentales una ley de la reconstrucción histórica. Progresó de forma sustancial en la Crítica de las fuentes, más allá de los logros de los especialistas en antigüedades, al tener en consideración las circunstancias históricas del escritor que se convirtieron en la clave para evaluar los documentos. Esta combinación de la objetividad del historiador (al menos como ideal) con la aguda observación de que todos los historiadores son producto de su tiempo y entorno, y que por tanto sus relatos son necesariamente subjetivos, auguraba la ruptura de la conexión de la historiografía clásica con el arte literario, de carácter intuitivo, y la alineaba con la moderna investigación científica.

Pero la mayor riqueza y contribución a lo que llegaría a ser la historia de las Ideas corresponde sin duda a la obra y el pensamiento de Jacob Burckhardt, fundamentador de la historia cultural y otras muchas cosas más tarde rentabilizadas. François Guizot trabajó propiamente la historia de las civilizaciones. Por su parte, la epistemología de las Ciencias humanas como Ciencias del espíritu, al igual que la Hermenéutica, encuentran en la obra de Dilthey su proyección más vinculable a la Historia de las Ideas. El positivismo se instaló en España con la obra de Marcelino Menéndez Pelayo, memorable y decisivo por casi todas sus obras, allegable a terrenos característicos del pensamiento ideológico en su juvenil, monumental y beligerante Historia de los heterodoxos españoles, maduro en Los orígenes de la novela y, sobre todo, su original y fundacional Historia de las Ideas Estéticas en España (1883-1889).