Faraón (en egipcio: 𓉐𓉼 pr-ꜥꜣ, "gran casa" , Faraó, Parʿō) 6547. Paroh Biblia Strong. era el título dado a los reyes del Antiguo Egipto. Para los antiguos egipcios, el primer faraón fue Narmer,denominado Menes por Manetón, quien gobernó hacia el año 3150a.C. La última faraona fue Cleopatra, de ascendencia helénica, que reinó del año 51 al 30a.C.
En realidad el título de «faraón», con su terminó en lenguas egipcias antiguas pr-ꜥꜣ (paɾuwˈʕaʀ), ‘casa grande’, solo debería utilizarse en puridad, cuando Egipto llegó a ser un imperio, que se produjo a partir del Imperio Nuevo, más específicamente, a mediados de la Dinastía XVIII, posterior al reinado de Hatshepsut.Dodson, Aidan y Hilton, Dyan. The Complete Royal Families of Ancient Egypt. Thames & Hudson. 2004. ISBN 0-500-05128-3.
Los faraones fueron considerados seres casi divinos durante las primeras dinastías y eran identificados con el dios Horus. A partir de la dinastía V también eran «hijos del dios Ra». Comúnmente no fueron deificados en vida, era tras su muerte cuando el faraón se unía con la deidad Osiris, que adquiría la inmortalidad y una categoría divina, siendo entonces venerado como un dios más en los templos.
Etimología Faraón en última instancia deriva del término compuesto egipcio pr ꜥꜣ (*/ˌpaɾuwˈʕaʀ/) ‘gran casa’, escrito con dos jeroglíficos bilíteros pr ‘casa’ y ꜥꜣ ‘columna’, que aquí significa ‘grande’ o ‘alto’. Era el nombre del palacio real y se usaba solo en frases más largas como smr pr-ꜥꜣ ‘Cortesano de la Gran Casa’, con referencia específica a los edificios de la corte o del palacio.A. Gardiner, Ancient Egyptian Grammar (3.ªedición, 1957), 71–76. A partir de la Dinastía XII aparece en la expresión de deseo «Gran casa, vida, riqueza, salud», pero nuevamente solo con referencia al palacio real y no a una persona. O1:O29
En algún momento del Imperio Nuevo, faraóm se convirtió en la manera de tratamiento del rey. La primera instancia confirmada en la que "faraón" se usa específicamente para dirigirse al gobernante de turno es en una carta a Akenatón (que reinó c. 1353-1336a.C.) que usa la frase «Gran casa, V, R, S, el señor».Hieratic Papyrus from Kahun and Gurob, F. LL. Griffith, 38, 17. Although see also R. Mond and O. Myers (1940), Temples of Armant, pl. 93, 5, for an instance possibly dating from the reign of TutmosisIII. Es posible que antes se hubiera aplicado a Tutmosis III (c.1479-1425a.C.) dependiendo de si una inscripción en el Templo de Armant se dirige a él.Robert Mond and O.H. Meyers. Temples of Armant, a Preliminary Survey: The Text, The Egypt Exploration Society, London, 1940, 160.
Durante la dinastía XVIII (siglos al ), el título de faraón se empleó como designación reverencial del gobernante. Hacia el final de la dinastía XXI () en lugar de usarse solo y para el palacio comenzó a agregarse a los otros títulos antes del nombre del gobernante y desde la Dinastía XXV (siglos a ) fue, al menos en uso ordinario, el único epíteto prefijado al apelativo real."pharaoh" in Enciclopedia Británica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica, 2008.
Desde la Dinastía XIX (1292-1189a.C.) en adelante, pr-ꜥꜣ se usó tan regularmente como ḥm, ‘Majestad’. El término, por lo tanto, evolucionó de una palabra específicamente para un edificio a una designación respetuosa para el gobernante.
La primera aparición datada del título de faraón que se adjunta al nombre de un gobernante ocurre en el año 17 del reinado de Siamón (978-959a.C.) en un fragmento de los anales de los sacerdotes en Karnak.J-M. Kruchten, Les annales des pretres de Karnak (OLA 32), 1989, pp.474-478. Aquí, una inducción de un individuo al sacerdocio de Amón está citado específicamente al reinado del faraón Siamón. Esta nueva práctica se continuó bajo su sucesor, Psusenes II y los reyes de la dinastía XXII.Alan Gardiner, "The Dakhleh Stela", Journal of Egyptian Archaeology, vol.19, n.º1/2 (mayo de 1933) pp.193-200.
La pronunciación nativa de este título en egipcio tardío se reconstruye como *[parʕoʔ], de donde Heródoto habría derivado el nombre de uno de los reyes egipcios, escrito en griego koiné Φερων.Herodotus, Histories 2.111.1. See , commenting on ch. 59.1. En la Biblia aparece en hebreo como פרעה [parʕoːh]Elazar Ari Lipinski: "Pesach – A holiday of questions. About the Haggadah-Commentary Zevach Pesach of Rabbi Isaak Abarbanel (1437–1508). Explaining the meaning of the name Pharaoh." Published first in German in the official quarterly of the Organization of the Jewish Communities of Bavaria: Jüdisches Leben in Bayern. Mitteilungsblatt des Landesverbandes der Israelitischen Kultusgemeinden in Bayern. Pessach-Ausgabe Nr. 109, 2009, Zeitschriftendatenbank ZDB 2077457-6, S. 3–4. a partir de eso, en la versión septuaginta de la Biblia, se usa φαραώ, transliterado pharaō, y luego, en latín tardío, pharaō, ambos nombres declinados con sufijo -n. El Corán también lo escribe con «n» al final: فرعون firʿawn, lo que combina el ayin ع del original egipcio junto con la «n» del griego.
En el idioma inglés, al principio se deletreaba Pharao, pero los traductores de la Biblia del rey Jacobo utilizaron Pharaoh con la «h» del hebreo. Mientras tanto, en el mismo Egipto, * [par-ʕoʔ] evolucionó al copto sahídico ⲡⲣ̅ⲣⲟ pərro y luego por resegmentación a ərro al confundir p- con el artículo definido el (del antiguo egipcio pꜣ).Walter C. Till: "Koptische Grammatik". VEB Verläg Enzyklopädie, Leipzig, 1961. p.62.
Otros epítetos notables son nswt, traducido como ‘rey’; jty ‘monarca’ o ‘soberano’; nb para ‘señor’; y ḥqꜣ para ‘gobernante’.
Historia thumb|El faraón Menkaura. Museo de El Cairo. La sucesión de faraones y la historia del propio Egipto vienen indisolublemente unidas y son tan complementarias entre sí que es imposible desconocer una de ellas y ser experto en la otra. Tanto es así, que incluso en los periodos más críticos, cuando la anarquía reinaba en muchas zonas del país, siempre había, al menos, un faraón que afirmaba ser el legítimo gobernante de la caótica nación en su extensa totalidad.
El sacerdote egipcio Manetón, que vivió en la época de los primeros reyes Ptolomeos (hacia el año 300a.C.) recibió la orden real de redactar una historia de Egipto. Y, dado que actualmente se conocen los nombres de más de trescientos monarcas, es lógico que Manetón los agrupase en linajes o dinastías, denominación que los historiadores siguen utilizando como válida. Aunque es una gran desgracia para la historiografía que la obra de Manetón se haya perdido, afortunadamente quedan algunos fragmentos comentados por autores muy posteriores a él, que nos han permitido delimitar las treinta dinastías en las que Manetón dividió la historia de su longevo país.
Desde Menes, 3100a.C., hasta el año 2600a.C., la monarquía pasó por momentos de debilidad y seguía siendo cuestionada por la nobleza local. Así, no es de extrañar que en la dinastía II los reyes perdieran notablemente el poder y tuvieran que hacer frente a peligrosas revueltas que pusieron en peligro la estabilidad del país.
Imperio Antiguo Sería solo de 2600 a 2200a.C. cuando se consolida la institución y los reyes pasan a ser monarcas absolutos con derecho divino. Es la época dorada de la monarquía egipcia, conocida como Imperio Antiguo (aunque en realidad la denominación de imperio solo le quepa al Imperio Nuevo o a lo sumo al Imperio Medio), que acabaría de forma trágica ante la debilidad de los últimos reyes de la dinastía VI, momento en el que una vez más la nobleza y los gobernadores de los nomos tomaron el poder surgiendo principados independientes. Heródoto comenta: «después de la muerte de Nitocris, el país se hunde en un estado de inestabilidad, confusión y caos», iniciándose el denominado primer periodo intermedio de Egipto.
Imperio Medio La situación tardaría más de un siglo y medio en restablecerse, y pese a que nuevamente una dinastía de reyes fuertes asumiría el control absoluto del país, con la dinastía XII, siguió existiendo el peligro constante de un golpe de Estado. Tanto es así que se sabe de, al menos, un monarca asesinado, Amenemhat I, por unos ambiciosos nobles. La ligera estabilidad del llamado Imperio Medio estallaría de forma similar a la del Imperio Antiguo, por la debilidad de los monarcas y el creciente poder de las clases dirigentes locales, a las que se añadiría la llegada a Egipto de pueblos cananeos, algunos de ellos violentos.
Imperio Nuevo La siguiente etapa de calma y prosperidad no llegaría hasta el 1500a.C., con el Imperio Nuevo, momento en el cual llegaron al poder los faraones mejor conocidos, que impulsaron la creación de un enorme imperio colonial en Siria-Palestina (Canaán) y Kush (Nubia), entrando en contacto con los otros pueblos del Oriente Próximo. Sin embargo, también estos reyes estuvieron acosados por un peligro que hacía tambalear sus tronos, que en este caso fue el de los sacerdotes de Amón, que habían adquirido mucho poder. El traslado de la capitalidad al Delta acabaría por convertir al Sumo sacerdote de Amón en rey independiente y daría al traste con la monarquía egipcia.
Periodo Tardío o Baja Época Tras esta situación, Egipto no volvería a convertirse en un gran imperio. Desde la toma del poder de los sacerdotes de Amón hasta la llegada de una dinastía fuerte, la XXVI, pasaron más de cuatrocientos críticos años en los que convivieron dos, tres e incluso más faraones a un mismo tiempo, y el país fue invadido por libios, nubios y asirios. La dinastíaXXVI trató de recuperar el esplendor del Imperio Antiguo, pero la inmediata conquista persa desbarataría todo.
Tras ello, los invasores aqueménidas, macedonios y lágidas (estos últimos pertenecen a la llamada dinastía Ptolemaica) trataron de adaptarse a las costumbres del país y aceptaron ser deificados en vida.
Periodo Greco-Romano El último faraón egipcio reconocido como tal fue la legendaria reina Cleopatra. El último rey nativo, Nectanebo II había gobernado trescientos años antes, y los faraones ptolemaicos, de origen extranjero, se aislaron en Alejandría y, aunque respetaron las tradiciones ancestrales del pueblo, no tardaron en convertirlos en semi-esclavos. Por ello, no es de extrañar que cuando Egipto pasó a formar parte del Imperio romano, los egipcios no dieran importancia al cambio: los verdaderos faraones habían abandonado a su país mucho tiempo atrás.
Símbolos del faraón Coronas thumb|200px|Máscara del faraón Tutankamón, en la que el rey-niño aparece tocado con el Nemes. Sin duda, el elemento del vestuario mejor conocido de los faraones egipcios eran sus propias coronas, de las que existían numerosos ejemplos. Las más comunes y mejor conocidas son: miniaturadeimagen|Ilustración de un faraón portando la Doble Corona. La Corona Hedjet o Corona Blanca, símbolo del Alto Egipto. La Corona Desheret o Corona Roja, símbolo del Bajo Egipto. La Corona Sejemty o Corona Doble, símbolo del Egipto unificado, es una superposición de las dos coronas anteriores. La Corona Atef o Corona Osiriaca, presente en algunos rituales de carácter funerario. Precisamente, el culto funerario era la esfera de influencia del dios Osiris. La Corona Jepresh o Corona Azul, de significado aún oscuro, pero muy utilizada a partir del Imperio Nuevo. La Corona Shuty o Corona Emplumada, que con el tiempo pasó a ser utilizada por las Grandes Esposas Reales y por las Divinas Adoratrices. La Corona Hemhem o Triple Atef, compuesta por tres coronas Atef y algunos complementos; parecía tener una función solar.
Cetros También existían diversas variedades, cada una de ellas con una sutil función que no hacía más que remarcar el poder del faraón sobre todo el mundo civilizado. Los más frecuentes son: El Cetro Nejej, símbolo antiquísimo del estado, tenía la forma de un flagelo o mayal. Era muy utilizado en las ceremonias, y aparece con mucha frecuencia asociado al dios Osiris.