Faustino Ansay (ocasionalmente citado como Anzay) (Zaragoza, España, 1765 - ca. 1840) fue un militar español que ejerció cargos militares y administrativos en el Virreinato del Río de la Plata en los últimos años de la etapa colonial. Pasó largos años prisionero de los independentistas argentinos.

Carrera militar y administrativa

En España Ingresó al ejército en el regimiento de dragones de Villaviciosa con el que participó en el sitio y captura de la isla de Menorca y el castillo de San Felipe el 4 de febrero de 1782. Tomó parte en el bloqueo al Peñón de Gibraltar donde ascendió al grado de sargento en julio de 1782.

En Buenos Aires Llegó a Buenos Aires en 1794. El 13 de mayo fue nombrado como alférez agregado y graduado del Regimiento de Dragones de Buenos Aires.

En Santa Fe En 1779, el virrey Vértiz había implementado reformas progresivas en las milicias pagas llamadas Blandengues, cuerpo que se transformó en “veterano” por Orden Real del año 1784. Al comenzar una nueva guerra con Gran Bretaña, en 1797, Sobremonte aumentó la fuerza de los Blandengues de Buenos Aires y de Santa Fe. Con la idea de centralizar el mando, se creó una Comandancia de Fronteras y, siguiendo las ideas de Carlos III de crear “pueblos defensivos”, se buscó territorializar el control militar en las zonas críticas de Buenos Aires, sur de Santa Fe, Córdoba y Mendoza.

Otro de los objetivos fue fortalecer a las autoridades superiores frente a los Cabildos locales, para lo cual se intentó contar en los mandos superiores con oficiales veteranos y peninsulares. En cierta medida esto produjo un cambio en el estatus de esos cargos, lo que atrajo a los jóvenes de las elites locales. Este proceso dio lugar a la criollización de la oficialidad de los Blandengues. En este entorno, el 17 de agosto de 1798, Faustino Ansay figuró prestando servicios como Ayudante Mayor de la Compañía de Blandengues y Sargento Mayor en Santa Fe, según el acta del cabildo de esa ciudad. Así, la Compañía de Blandengues santafesina fue una excepción, porque de los siete mandos, cuatro eran peninsulares y tres rioplatenses, mientras que diez años atrás la relación había sido de uno a seis.

En Mendoza

Expansión de la frontera sur

El 16 de abril de 1800 fue nombrado Comandante de Armas de la Frontera de Mendoza, cargo que el cabildo reconoció el 6 de diciembre de 1800. El 22 de octubre del mismo año, Sobremonte, en su calidad de Subinspector General de Armas, lo nombró Comandante primero del Regimiento de voluntarios de caballería de Mendoza. Ansay asumió el mando en un momento en que la frontera sur de Mendoza gozaba de un largo periodo de paz como consecuencia de los tratados firmados con las naciones indígenas en las décadas de 1780 y 1790. Esta estabilidad indujo a la elite mendocina y las autoridades virreinales a proyectar una nueva etapa expansiva de la frontera sur. A esto se agregó la necesidad comercial de encontrar una ruta más corta y utilizable todo el año para el intercambio con Chile que sirvió además de pretexto para explorar las posibilidades económicas de territorios desconocidos que estaban bajo control indígena. Se pensó además que la presencia de comerciantes que cruzaran el territorio indígena facilitaría la instalación de puntos estratégicos y mejoraría la relación con esas poblaciones.

Con ese objetivo manifiesto, el 26 de noviembre de 1802, José́ Santiago de Cerro y Zamudio partió de Talca y cruzó la cordillera por un paso que solo era conocido por indígenas y criollos chilenos y salió a las nacientes del Río Grande, en Malargüe, desde donde llegó a Mendoza. En febrero y marzo de 1804, el capitán José Barros cruzó por territorio neuquino. Entre abril de 1804 y enero de 1805, Justo José Molina viajó de Chillán a Buenos Aires. En 1806, Luis de la Cruz, alcalde de Concepción, llegó a Melincué. Todos estos viajes fueron hechos cumpliendo las normas protocolares establecidas con los caciques de las zonas contando, en algunos casos, con pasaportes expedidos por Ansay. Sin embargo, el olvido progresivo de que las relaciones con los indígenas no eran las de súbditos fieles sino de aliados, produjo que se fueran postergando los “parlamentos” y agasajos que eran la base de las relaciones diplomáticas entre caciques y autoridades virreinales.

Además, al momento en que Ansay asumió su cargo las limitaciones presupuestarias eran importantes lo que reducía sus posibilidades. A fines del año 1800, acompañado por Francisco Barros, experimentado capitán de amigos, Ansay intervino como mediador en una rencilla intertribal. El “capitán de amigos”, una institución híbrida del reino de Chile, era un funcionario militar cuya tarea consistía en servir de intermediario entre las naciones indígenas y las autoridades españolas, además era el intérprete oficial en los parlamentos y actuaba como pacificador en caso de conflicto. Al fallecer Barros, a principios de 1802, los caciques reclamaron que se nombrara a su hermano Nicolás como nuevo capitán de amigos, lo que Ansay rechazó diciendo que no estaba capacitado para el cargo. Pese a un agasajo para reforzar su argumento, que pagó de su propio bolsillo, y al enojo que manifestó por el alboroto producido, Ansay tuvo que dar nuevos regalos que tampoco resultaron suficientes. Volvieron a reclamar el nombramiento de un reemplazante amenazando esta vez con retirarse a la sierra y a Chile. Ansay reaccionó en forma airada pero finalmente terminó proveyéndoles de vino y aguardiente, aunque en cantidad limitada para mantener “la mejor armonía”. En concreto, sin renovar los parlamentos, sin nombrar un nuevo capitán de amigos y sin saber que de esta manera desprestigiaba a los caciques por no dar una compensación razonable a los deudos de los familiares muertos, acuciado además por problemas presupuestarios que no podía resolver, Ansay intentó sortear todos los problemas con alcohol. Cuando la pehuenche María Josefa, respetada por su alcurnia, viajó a Buenos Aires, se quejó personalmente a Sobremonte por la conducta avara y autoritaria de Ansay. El virrey tomó dos medidas: a) reprendió por nota a Ansay, pidiéndole que la asistencia en comida fuera más abundante que la de bebida y, b) nombró al pehuenche fray Francisco Inalicán y a Miguel Télez Meneses como mediadores por su buena relación con los indios. El capitán Teles de Meneses era un militar portugués capturado en 1777 e internado en Mendoza donde se quedó a vivir. Con los años terminó desempeñándose como comandante de las milicias urbanas de Mendoza y al que, con buen criterio, Sobremonte decidió nombrar como comandante de frontera de Mendoza en reemplazo del iracundo Ansay, que mantuvo su cargo de comandante de armas. Sobremonte consideró que estas medidas facilitarían la instalación de un fuerte y poblado en las confluencias del río Atuel y Diamante, hito fundamental para consolidar el avance hacia el sur. El 2 de abril de 1805 se fundó, junto con el teniente coronel Miguel Teles Meneses, al fuerte San Rafael del Diamante, nombre puesto en honor al Virrey Sobremonte.

Relevamiento de caminos

A fines de 1801, como consecuencia del incremento del tránsito comercial desde Buenos Aires y el Litoral hacia Mendoza, Chile y Perú, y viceversa, se necesitó verificar el estado de los tres caminos que partían de San Luis rumbo a San José de Corocorto, hoy La Paz, en Mendoza. El objetivo era evaluar cuál era el mejor para el tránsito de las carretas.

Esa tarea fue realizada por Ansay, que la inició el 21 de diciembre de 1801 y la finalizó el 23 de junio de 1802. En tres Diarios separados describió cada camino con gran detalle, midiendo las distancias, el estado, la vegetación y el tipo de suelo, en tramos de 80 y 240 metros. Los caminos en cuestión eran: a) el llamado “de los Arrieros” que salía de San Luis hacia el norte, cruzaba el río Desaguadero y se dirigía hacia Corocorto con dirección suroeste; b) el denominado de la “Travesía del Medio” o “Camino Real” que con dirección oeste iba del puente del río Desaguadero a Corocorto; c) el llamado “camino del Bebedero”, que por el sureste bordeaba el río Tunuyán que por entonces ya había cambiado su curso al actual.

El 23 de julio de 1802, Ansay informó al virrey Joaquín del Pino que la tarea había concluido como así también los planos que realizó el teniente coronel de milicias Julio Ramón de César.

Invasiones inglesas

Durante las invasiones inglesas, por orden del virrey Sobremonte, Ansay partió hacia Buenos Aires el 16 de julio de 1806 con un contingente de 400 milicianos, pasó por las guardias de Rojas y Salto con el objetivo de reunirse con las fuerzas que venían de Córdoba en la guardia de Luján pero, por falta de caballos, tuvo que detenerse en el fuerte de San Claudio de Areco. El 23 de agosto seguía en ese lugar, donde recibió la orden de permanecer hasta nuevo aviso. El 7 de septiembre de 1806, Ansay recibió una comunicación de Sobremonte en la que le ordenaba, como parte de la primera etapa del Plan de Internación, esperar 400 prisioneros ingleses que debía conducir, 200 a San Juan y 200 a Mendoza, y que ya habían salido de Buenos Aires el día 3. Debía custodiar esos prisioneros hasta su destino con las tropas que había traído desde Mendoza. Inútiles fueron las objeciones de Ansay, respecto de que carecía de armas, hombres, medios de transporte y lugar de alojamiento, tanto en Mendoza como en San Juan. Con estos prisioneros iban además unas 41 mujeres y aproximadamente 25 niños.

A fines de 1806 Ansay contrató a Melchor Videla para que en el plazo de 26 días transportara a Buenos Aires trescientos quintales de pólvora "en trece carretas y cinco tercios de otra" con un costo de 200 pesos por carreta. Se estableció un premio de 50 pesos por cada día que ganara e igual monto de descuento por cada día de demora. Esta partida ingresó a Buenos Aires en la segunda quincena de enero de 1807. Una segunda partida de cuatrocientos quintales de pólvora, conducida por José de Pasos, ingresó a mediados de febrero. Trajo también plomo y armas.

Prisioneros ingleses

Desde que llegaron los prisioneros ingleses a Mendoza, el cabildo presionó al comandante Ansay para que aumentase las medidas de vigilancia y los traslade a otros lugares: Luján de Cuyo, Arboleda, fuerte de San Carlos, incluso San Juan y San Luis. El argumento que esgrimían era: 1) la pericia militar de los prisioneros; 2) la gran probabilidad de que se sublevaran y pudieran conquistar Córdoba; 3) las preguntas sospechosas que hacían sobre distancias, cantidad de armas, etc.; 4) la probable alianza con prisioneros detenidos en San Juan; 5) el peligro de un acuerdo con los indígenas del sur para que les sirviera de guías para llegar al Atlántico y volver sobre Buenos Aires. El 15 de noviembre de 1806, el cabildo se reunió con Ansay quien, para tranquilizarlos, propuso trasladar los prisioneros a Luján lo que además tenía la ventaja de ahorrar recursos. Al día siguiente, el cabildo apeló al virrey enviando un extenso oficio donde detalló sus temores. El 9 de diciembre, Sobremonte pidió al cabildo que tranquilice al pueblo mendocino. Cuando el 3 de febrero de 1807, Montevideo cayó en poder de los ingleses, volvieron los reclamos del cabildo. Esta vez se dirigieron al gobernador de Córdoba, lo que motivó que éste llamara la atención a Ansay. Cuando las noticias del ataque inglés a Buenos Aires llegaron a Mendoza, el cabildo preguntó a Ansay qué pasaría si los prisioneros ingleses se enteraran de que sus compatriotas habían tomado la capital.