Smilodon (del griego antiguo σμίλη o smilē, «escalpelo» o cuchillo de doble hoja; y ὀδoύς u odoús, «diente») es un género extinto de félidos de dientes de sable de la subfamilia de los macairodontinos. Apareció en América del Norte a finales del Plioceno y se expandió a América del Sur durante el Gran intercambio americano. Se reconocen tres especies de este género: Smilodon gracilis, Smilodon fatalis y Smilodon populator. Se estima que los mayores ejemplares de la especie Smilodon populator podrían haber excedido los 400 kg, superando de este modo al tigre siberiano moderno por el título del mayor félido de todos los tiempos (Más de 300 kg para los ejemplares más grandes reportados). Pero en comparación con la mayor parte de félidos la característica más distintiva del género son sus enormes caninos, que lo convirtieron desde su descubrimiento en uno de los mamíferos prehistóricos más populares. Esta característica, que Smilodon comparte con algunos otros géneros, ha valido a estos animales el sobrenombre popular de «tigres de dientes de sable» (o «felino dientes de sable»), término en realidad inadecuado ya que se trata de especies distintas del tigre actual, además de que por un fenómeno de convergencia evolutiva también existieron otros mamíferos carnívoros de dientes de sable que no estaban en absoluto relacionados con los macairodontinos, como por ejemplo el género de metaterio Thylacosmilus.
Las especies del género Smilodon se extinguieron con probabilidad a raíz de las extinciones masivas de megafauna que tuvieron lugar a finales del Pleistoceno y la consecuente modificación radical de los ecosistemas que ocasionaron estas extinciones. Se considera hoy en día que la causa más probable de estas extinciones sea la llegada de los humanos a continentes a los que nunca antes habían tenido acceso. Efectivamente, estos fenómenos de extinción masiva de especies de relativamente gran tamaño coinciden casi invariablemente con la aparición de la especie humana en Europa, Asia Septentrional, Oceanía, y las Américas del Norte y del Sur.
Morfología thumb|240px|left|Esqueleto de Smilodon fatalis (clasificado como S. californicus). El cerebro de Smilodon tenía en proporción a su peso un tamaño menor comparado con los grandes felinos actuales; pero a diferencia de estos, tenía un bulbo olfatorio más desarrollado. Esto permite intuir que este macairodontinos tenía un buen sentido del olfato. Un ejemplar adulto pesaba entre 51 y 358 kilogramos, según la especie a la que perteneciera. Tenía un cuello muscular y largos colmillos. Sus huesos distales de las extremidades y cola relativamente cortos, indican que era menos rápido que los grandes felinos actuales. En cambio, sus extremidades anteriores eran muy fuertes; La pared de hueso cortical de su húmero era un 15 % más gruesa de lo esperado para grandes felinos modernos en relación con su longitud, indicando un gran desarrollo muscular de sus cuartos delanteros. La gran fuerza de las extremidades anteriores le resultaba especialmente útil si se tiene en cuenta la dificultad que le representaría mantener a sus grandes presas a ras de suelo mientras las sometía. Como en la mayoría de felinos, sus garras eran retráctiles. Muchas de estas características hacen que Smilodon se asemejara más al lince rojo y la pantera nebulosa, que a los grandes félidos como el león y el tigre.
La presencia de dientes de sable en la totalidad de los ejemplares de Smilodon descubiertos indica que los colmillos no formaban parte de ningún tipo de dimorfismo sexual, sino que ambos sexos los poseían. Del mismo modo, las dimensiones corporales entre ambos sexos no variaban mucho, por lo que si en verdad este felino vivió en grupos, su manada bien pudo tener comportamientos similares a la de los actuales cánidos o hienas.
A pesar de sus numerosos restos encontrados, incluyendo huesecillos del oído, y también a pesar del hecho de que todos los félidos modernos al parecer lo tienen, hasta ahora no se ha encontrado el báculo, o hueso del pene, en Smilodon (lo último aplica para otros félidos de dientes de sable). Esto ha despertado la incógnita de que Smilodon en verdad carecía de báculo y de que si esta ausencia de evidencia se puede considerar evidencia legítima de ausencia.
Dientes de sable
thumb|left|upright=1.9|Dos S. fatalis en posición de ataque frente a varios Paramylodon por Charles R. Knight, (1921). Los dientes de sable son exactamente los caninos homólogos de los que están dotados todos los félidos. Es por la forma larga y curvada de estos caninos que se conoce popularmente a las especies del género Smilodon como «tigres de dientes de sable».
Los dientes de sable se suelen asociar con los felinos macairodontinos, pero esta característica ha aparecido en forma independiente (evolución convergente) como mínimo en cuatro tipos diferentes de mamíferos; los macairodontinos, los nimrávidos, los creodontos, y los borhiénidos. Dentro de los grupos mencionados, Smilodon poseía los dientes de sable más largos; en el caso de Smilodon populator llegaban a medir hasta veinte centímetros. Los colmillos tardaban más tiempo en crecer que los caninos normales. Mediante el estudio de las variaciones en los isótopos del oxígeno, presentes en los dientes fósiles hallados en el Rancho La Brea, Los Ángeles, Robert S. Faranec llegó a la conclusión de que S. fatalis tardaba dieciocho meses en desarrollar sus colmillos por completo. El ritmo de crecimiento dental era más rápido que el de los leones actuales; la causa de la demora para desarrollar sus colmillos se debía a que estos tenían que alcanzar una mayor longitud.
Los felinos suelen matar a las presas mordiéndolas en la nuca, fracturándoles la columna cervical. Para hacerlo, los grandes felinos utilizan colmillos especialmente adaptados para romper huesos. En cambio, la finalidad de los dientes de sable no era esta, es mucho más probable que tuviesen una utilidad letal doble; Smilodon los utilizaría para morder el cuello de las presas, bloqueándoles el flujo respiratorio por la tráquea y cortándoles las principales arterias que irrigan el cerebro. Para que esta operación no supusiera un riesgo para los dientes de sable, el animal debía mantener inmovilizada a la presa.
A pesar de que tenía una constitución más fuerte comparado con los otros grandes felinos, la mordedura de Smilodon era más débil. Los grandes felinos actuales tienen arcos cigomáticos más pronunciados, mientras que en Smilodon eran más pequeños; en tal grado, que limitaban la potencia del músculo temporal, reduciendo la potencia de su mordedura. El análisis de su estrecha mandíbula indica que solamente podía morder con el tercio de la potencia de un león.
Los dientes de sable con los colmillos más largos tenían una mordedura proporcionalmente más débil. Del mismo modo, los análisis de la fuerza de torsión de los caninos (la capacidad de los dientes caninos de resistir fuerzas de torsión sin partirse) indican que los dientes eran más fuertes en relación con la fuerza de mordedura que los grandes felinos actuales. Además, Smilodon podía abrir la boca hasta un ángulo de 90°, mientras que el león solamente posee una apertura de 65°.
Se ha estimado que la fuerza de flexión aplicada desde atrás hacia adelante necesaria para romper un canino superior de Smilodon fatalis sería de 7000 Newtons, en comparación, en leones y tigres, dos depredadores de tamaño similar, se necesitaría una fuerza de flexión de 8243 y 7440 Newtons, respectivamente.
Diversos huesos de Toxodon platensis, Lestodon armatus, Glossotherium robustum, Doedicurus clavicaudatus y Notiomastodon platensis, encontrados en el sitio Salto de Piedra, Argentina, muestran que los caninos superiores de Smilodon populator eran capaces de penetrar la pared de hueso cortical de animales relativamente grandes y robustos.
miniaturadeimagen|Cómo bien vemos el tamaño cambia según la especie
Comportamiento
thumb|240px|right|Cráneo y colmillos de S. fatalis.
thumb|240px|right|Colmillo de S. fatalis.
El comportamiento social de este felino es incierto. Según algunos paleontólogos, el hallazgo de fósiles con heridas graves es una prueba de que Smilodon vivía en grupos, ya que el análisis de los huesos muestra que éstos se encontraban curando. Esto resultaría imposible si se tratara de un cazador solitario, pues habría muerto mucho antes. Esto muestra que los Smilodon cuidaban de los compañeros heridos o, como mínimo, que compartían el alimento con ellos. Además, vivir en grupos también habría ayudado a competir contra los leones americanos, los Homotherium serum, osos de cara corta, osos pardos, negros y los lobos Canis dirus y grises.
Una hipótesis alternativa sugiere que más que cuidado grupal de los heridos, los felinos con dientes de sable heridos sobrevivieron a sus heridas y se recuperaron debido a la capacidad natural propia de los felidos de sobrevivir y curarse rápidamente de lesiones fatales para los humanos.
A causa de su tamaño, los dientes de sable tardaban más en crecer que los dientes caninos normales. Por este motivo, es posible que los ejemplares jóvenes no pudieran hacer uso de ellos para cazar y se vieran obligados a mantenerse dentro del grupo, siendo alimentados por los adultos durante un tiempo mayor que los grandes felinos actuales.
Caza y alimentación
Se alimentaba de una gran variedad de presas, en las que se encontraban bisontes, alces, ciervos, camellos americanos, perezosos gigantes, crías de mamuts y mastodontes.
Los grandes felinos actuales matan a sus presas mediante estrangulación, lo cual puede llevar hasta 13 minutos para un león. Probablemente, los músculos de la mandíbula de Smilodon fueran demasiado débiles como para hacerlo, y sus colmillos serían propensos a partirse durante una lucha prolongada. Una investigación publicada en 2007 llegó a la conclusión de que Smilodon fatalis aprovechaba la enorme fuerza de sus miembros delanteros para derribar a sus presas, y a continuación utilizaba sus dientes de sable para morder el cuello de la presa para cortar la yugular, las carótidas y la tráquea, matándola rápidamente. Los investigadores señalaron que esta técnica podría haber convertido a Smilodon en un depredador más eficiente que los tigres o los leones actuales, pero también habrían sido más dependientes de la disponibilidad de grandes animales. Este estilo de caza tan especializado podría haber contribuido a su extinción, ya que al tener que matar a pequeñas y rápidas presas sería mucho menos eficaz.
Mediante una máquina que simula los movimientos cervicales y mandibulares, y que recrea la dentición en Smilodon fatalis (El "Robocat"), se ha comprobado experimentalmente que la técnica de apuñalamiento al cuello es la más plausible y práctica de todas las técnicas hipotetizadas, con diferencia.
Gracias al hallazgo de la correlación entre el tamaño relativo de la placa cribriforme y el repertorio de genes receptores olfatorios funcionales, se ha encontrado que S. fatalis tenía un repertorio ligeramente menor que el de los félidos modernos con 600 genes receptores olfatorios, comparado a los 677 de un gato doméstico. Esto indica que S. fatalis usaba menos el olfato para sus actividades diarias que los félidos modernos.
Hábitat
thumb|Máxima extensión de la edad del hielo a la región ártica durante el Plioceno. En la época de transición entre el Plioceno y el Pleistoceno, los continentes se encontraban prácticamente en la misma posición que tienen actualmente. Las placas tectónicas sobre las que reposan probablemente no se han movido más de 100km en relación las unas a las otras desde principios del Pleistoceno.