Fernández Punto y Coma fue una serie de Adolfo Marsillach de 30 minutos de estructura serial emitida por Televisión española del 10 de noviembre de 1963 al 26 de abril de 1964 en la Primera Cadena los domingos a las 22.30 horas. La realización corrió a cargo de Pedro Amalio López.
El título El título correcto de la serie es Fernandez Punto y Coma. Viene de la frase: “Fernández nació punto, el mundo nació coma y por eso esta es la historia de Fernández Punto y Coma”
Argumento La serie narra la vida del señor Fernández, un hombre acomodado que decide escribir sus memorias, sin prejuicios y arremetiendo despiadadamente contra todo aquello que le desagrada.
Comentario En palabras de su autor, con la serie se pretendía "decir, que algunas - veces la sociedad en que vivimos acepta unos sistemas o situaciones que a mí no me gustan. Esta vez he creado un personaje que se llama Fernández y que interpretaré yo mismo. Fernández es un analítico, un hombre que, más que vivir, ve vivir, y al que su vida y la de los demás le da un poco de risa, y un poco de pena también."
Reconocía igualmente que "con Fernández, punto y coma empecé a ser opaco, crítico. Porque uno había empezado una galopante concienciación política."
Es la primera vez que Marsillach, entonces un hombre de 35 años, hace una serie retrospectiva, utilizando su propia vida como base del argumento. En cuanto al tema, Marsillach quiere, a través de Fernández, denunciar que: “Vivimos rodeados de tópicos y mitos”.
Reparto
Adolfo Marsillach ... Fernández adulto María Massip ... Secretaria Emilio Gutiérrez Caba ... Fernández adolescente Juan Ramón Torremocha ... Fernández niño
Actores episódicos Entre otros:
Mercedes Barranco José Blanch Modesto Blanch Daniel Dicenta Juan Diego Rafael Espinosa Víctor Fuentes Lola Gaos
Agustín González Mara Goyanes Julia Lorente Enrique Navarro Erasmo Pascual María Luisa Ponte Tony Soler Pedro Sempson
Lista de episodios y recepción crítica Cap. 1 El nacimiento (10-11-1963)
El novelista José María Gironella, amigo de Marsillach y que pudo informarse por éste de lo que pretendía ser la serie, escribió lo siguiente tras emitirse el primer episodio:¡Silencio... Marsillach al habla! Adolfo Marsillach, el pasado domingo, reapareció en las pantallas de la televisión. Su frente con halo, su rictus irónico, su gesto intelectual, se asomaron de nuevo por el ventanillo a nuestros hogares. Todo el mundo esperaba el momento. Todo el mundo echaba de menos a Adolfo Marsillach, cuyas actuaciones anteriores en ¡Silencio... se rueda! y Silencio... ¡Vivimos! habían alcanzado un nivel artístico colindante con el puro milagro, milagro que había hablado por partes iguales a nuestra inteligencia y a nuestro corazón. Oh, sí, Adolfo Marsillach, en el curso de sus dos series aludidas, construyó piezas impecables, rotundamente televisivas. Piezas plásticas, de ritmo armónico, originales. En las que se combinaban con sabiduría la intención profunda y el detalle sencillo. Esta nueva serie se titula: Fernández Punto y Coma. Fernández es un personaje un tanto extravagante feo, católico y poco sentimental -creado por Adolfo Marsillach. Al parecer, Fernández será un disconforme, representará el antitópico. Lleva largo batín, gafas de concha oscura y dicta sus memorias desde la cama, en tanto reclama más y más mantequilla para sus tostadas. Fernández es el punto y las comas son la sociedad... Este será el juego. (El hombre es el punto, el centro de sí mismo y a su alrededor los otros hombres son las comas que una y otra vez se ponen a bailotear a su alrededor, acosándolo. En este primer programa se nos presentó a Fernández en la cuna, al nacer. El niño Fernández era el punto y las comas eran sus padres, la tía Margarita, las visitas. El niño Fernández Punto y Coma gritaba, desde la cuna, más o menos: ¿Por qué la gente habla tan mal, empleando palabras tan raras? ¿Por qué la tía Margarita es imbécil? ¡Déjeme en paz, que estoy leyendo La Ilíada. Al final, el niño Fernández le comunicó a su tío que no le apetecía ser ni bueno ni malo, que le apetecía ser un ser humano, es decir, participar de lo uno y de lo otro (de la grandeza y de la limitación). El programa fue, en mi opinión, irregular. Tenía algo de tanteo. Algunas secuencias -la del anarquista, poniendo una bomba debajo de la cama; la del médico- no consiguieron el clima necesario. Tal vez el lenguaje fuera excesivamente codornicesco -el antitópico fácilmente puede convertirse en tópico- y la ironía buscada se basara, mejor que en la propia situación, en el diálogo. No obstante, otras secuencias, como la tía Margarita acercándose a la cuna invisible y la de la corona de laurel, fueron ¡muy brillantes. Y, por supuesto, en la conversación telefónica de última hora, cuando Fernández habla con la Prensa, Adolfo Marsillach volvió a ser el de siempre, nos obsequió con un inimitable muestrario de matices. Confío en que, en manos de Adolfo Marsillach, el personaje Fernández Punto y Coma dará mucho de sí. Porque Adolfo Marsillach es, a mi parecer, uno de los intelectuales mejor dotados de nuestra hora. El hombre que, en la soledad de su mesa, concibe las historietas que conformaron ¡Silencio... se rueda! y Silencio... ¡Vivimos!, posee por Gracia de Dios un talento creador de primer orden. […] Una de las historietas de ¡Silencio... vivimos! la del hipnotizador -espero que algunos lectores la recuerden- era absolutamente modélica y enfrentaba al televidente con un Chéjov puesto al día, con un Chejov que utilizara los recursos de la técnica moderna. Por si esto fuera poco, Adolfo Marsillach es un gran director y un gran actor. Un actor completo, cercano, pongamos por caso, a Fernando Fernán Gómez en El pensamiento de Andreief, que hace pocos días, en el teatro Marquina, me clavó en la butaca, tocado por la admiración, o como Amelia de la Torre en La loca de Chaillot. Adolfo Marsillach llena la escena -o la pantalla- salta la batería del teatro- -o la distancia de la televisión- y se apodera de aquel que lo está contemplando. Su repertorio de siluetas (sus hombros) movimiento faciales, es cambiante y se somete en cada caso a su voluntad. ¿Cerebraliza demasiado los personajes? ¿Los convierte en Adolfo Marsillach? Aparte de que el sambenito no implica necesariamente sentencia peyorativa, no creo que en este caso responda a la realidad. He visto a Adolfo Marsillach en muy diversas ocasiones a lo largo de los últimos años. Podría citar tres encarnaciones suyas en las que ofreció versiones que hubieran podido corresponder a tres hombres distintos, distintos no sólo en temperamento, sino incluso en condición social y en edad: Mi adorable Juan de Mihura; la biografía cinematográfica, ¡inolvidable! de Ramón y Cajal; El huevo de Marceau. En este mismo programa a que vengo refiriéndome, el personaje Fernández Punto y Coma que nos da Marsillach, no tiene sino un lejano parentesco con los personajes representados en los programa anteriores. Desdé estas páginas testimonio mi admiración a este hombre joven que se ha impuesto la difícil tarea de ser un punto que fiscaliza las comas, y de serlo recurriendo al arte. En el yermo de nuestro actual movimiento creador, Adolfo Marsillach está destinado, sin duda -incluso, espero, en el campo de la novela- a traer aire fresco. Personas como él significan un consuelo. Nos invitan a reflexionar y nos emocionan. Como nos ha emocionado Summers en su película Del rosa... al amarillo, como nos emocionan algunos lienzos de Ortega Muñoz; como me emocionó Narciso Yepes tocando en Nagasaki para los enfermos del Hospital de la Bomba Atómica. Cap. 2 (17-11-1963)
Hoja del lunes:Aparte de que hasta ahora, Fernández Punto y Coma puede recordarnos “el repelente niño Vicente”, hay ya, en este segundo capítulo de la serie, un claro acento marsillesco con el tratamiento del tema y en su realización televisiva.
Adolfo Marsillach comprende perfectamente el medio donde se expresa. Y sabe, además, que “la función del escritor de televisión es brindar a su audiencia trozos significativos de una modalidad de la vida, por otra parte sin sentido. “Nuestras vidas – según [el guionista Paddy] Chayetsky- están llenas de infinitos momentos de estímulo y depresión. Nos relacionamos de maneras increíblemente complejas; cada fibra de la relación merece un estudio dramático”, y hay un drama más excitante en las razones por las que un hombre se casa que en las de por qué mata.
Marsillach apura -y de pura- todo esto. Y lo hace desde el mejor ángulo y a través del más gozoso tratamiento televisual, abarcando, además, los tiempos de atención para evitar la distracción; es decir, la dispersión de los ojos y la mente del espectador. Todo esto, sí, es muy complicado; pero él lo hace sencillo, porque sencillo y natural parece todo, desde la colocación de los actores hasta su acento, su ademán, su gesto… Marsillach es, además, claro, un gran director, y moldea figuras con evidente autoridad y buen éxito. Buen éxito que, ayer compartieron con él, y por él, María Massip, Torremocha, Sempson, Prada, Daniel Dicenta, Caridad Zabala y Lola Gaos, está un tanto exagerada, a nuestro juicio.Diario Baleares:Reapareció Marsillach. Su personalidad, singularísima de agudo escritor, competidísimo realizador y eminente actor, se puso de manifiesto una vez más a través de su nuevo programa Fernández Punto y Coma, un espacio en el que, como es habitual en el excelente hacer de Marsillach, ni sobra ni falta nada [y lo hace] a través de un humor acre, cortante, al dente, pero realista y substancioso. Cap. 3 (24-11-1963)
Hoja del lunes:Adolfo Marsillach no ha querido defraudarnos, y ha dado a su Fernández, sin abandonar todavía la adolescencia, todo lo que nosotros hubiéramos pedido. Ahora ya sabe uno a qué atenerse. Y puede asegurarse que Fernández Punto y Coma, es un digno sucesor de los Silencios discutidos y admirados.
Otra nota aún: Marsillach es un director soldable. Al niño Torremocha lo ha elevado a zonas muy difíciles de la interpretación. Su gesto suficiente y despectivo, vale por todo un curso de bienhacer. El niño es, desde luego, gran promesa de actor. Pero hay matices que demuestran la tarea realizada por quien escribe y dirige este espacio. (Viriato, Hoja del lunes, 25-11-1963, p. 23)Cap. 4 (1-12-1963)
Hoja del lunes:Fernández Punto y Coma tarda en centrarse, en agarrar. Marsillach parece no haber encontrado aún su vía en la nueva serie, excesivamente experimental. Quizás estorben ese recrearse en el “tiempo viejo” y ese afán analítico de la infancia; de “su” infancia como Fernández, que ha servido -esto sí- para confirmar las dotes de actor de Toeremochita, y anoche, las sorprendentes de Conchi Meléndez, nueva estrella de indudable brillo. Pero… Pero Fernández-niño pide el relevo. Hay cierta impaciencia por el otro Fernández. El Fernández antitópico y un tanto polémico, el Fernández, en fin, marsillesco, que es, en definitiva, lo importante…
Se diría que Adolfo Marsillach ha emprendido su nueva serie agarrotado de prejuicios y temores, cómo acobardado y melindre. Se diría que en el lustre de escritor, actor y director han hecho mella algunos juicios poco juiciosos y muy llenos de envidia, en cambio. ¡Sería una lástima! Lo cierto es que hasta ahora no ha surgido en Fernández Punto y Coma el auténtico Marsillach… Aquel de ¡Silencio… se rueda! y Silencio…¡Vivimos!, quizás porque no quieren que viva en el éxito quien tiene el éxito por aliado cuando se desembaraza de prejuicios, temores y qué dirán. Porque, por lo visto, dicen que Marsillach es ególatra, pretencioso, soberbio… No sé. Lo que sí sé, en cambio, es qué Marsillach es, como escritor, director y actor, punto y aparte. Pero debe demostrarlo otra vez…Cap. 5 (8-12-1963)
Diario Baleares:Debemos destacar el excelente sentido del humor y las magníficas dotes psicológicas de Adolfo Marsillach.Cap. 6 (15-12-1963)