miniatura|Torre de San Pedro
thumb|Restos de lo que fue un Calvario. La torre de San Pedro, en Ayerbe, está situada al norte de la población, en una calleja sin salida. Es un edificio adosado a edificaciones particulares, alguna de las cuales son restos de la antigua iglesia; a principios del , con acuerdo afirmativo del Supremo Consejo de Castilla, tuvo que ser demolida por los ayerbenses porque amenazaba inminente ruina. La bóveda comenzó a resentirse y a abrirse, ya que sus puntos de apoyo no resistían el empuje que recibían, de tal forma que se empezó a agrietar, por lo que el Cabildo eclesiástico se abstenía cuanto podía de hacer celebraciones en ella pasándolas a la iglesia del convento dominico.
Su fábrica es de sillería que conserva marcas de cantero al exterior y al interior. Tiene tres cuerpos, de los cuales los dos últimos son el campanario, que en dos de sus frentes está abierto por arcos geminados superpuestos, solucionados de distinta forma, según el número y disposición de columnillas en que se apoyan. Los capiteles son lisos. En el frente de poniente, los arcos están enmarcados por una moldura con taqueado jaqués que también aparece en la cornisa del tejado, apoyada en modillones, lo mismo que el resto de los frentes.
En el interior de la torre hay una cámara, que tiene decoración mural lineal. Son restos de un “Calvario” del que se conserva la parte superior del Cristo y de san Juan. Sobre esta figura quedan restos de una inscripción: “DEINDE DICIT DISCIPVLO ECE...” Otra inscripción había donde estaba la Virgen que ha desaparecido por completo. Sobre el Cristo aparece la fecha 1567. La bóveda está recubierta con pintura que imita casetones renacentistas. Los pisos superiores de la torre tienen distintos sistemas de abovedamiento.
En el frente norte, por el exterior, queda todavía el arranque de la bóveda de cañón sobre arcos fajones. En el frente de levante hay una construcción más sencilla que tiene sillares en zócalo, ladrillos en estructura y tapial como aparejo de relleno, en donde se abren vanos en forma de óculos.
Al interior es una estancia de muros enlucidos que conserva algunas molduras. El acceso actual a la torre es por una sencilla entrada de arco de medio punto abierta en el frente de mediodía. Otras entradas cegadas quedan en el frente de poniente y norte.
El edificio de la torre es románico, del , y el 14 de julio de 1924 fue declarado, como «torre de la derruída iglesia de San Pedro de la Villa de Ayerbe (Huesca)» Monumento arquitectónico-artístico.Real orden del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Arte publicada en la Gaceta de Madrid: núm. 200, de 18/07/1924, páginas 417 a 418. Disponible en PDF (Referencia BOE-A-1924-7135), en el sitio oficial del Boletín Oficial del Estado.Véase en el la entrada «Torre de la derruida Iglesia de San Pedro (Ayerbe, HUESCA)» del «BUSCADOR - Patrimonio Cultural de Aragón» del Gobierno de Aragón, disponible en: .
Colegiata de San Pedro Apóstol thumb|Planos de la Colegiata de San Pedro. En el año 1792, Don Pedro Blecua y Paul, en el libro "DESCRIPCIÓN TOPOGRÁFICA DE LA CIUDAD DE HUESCA Y TODO SU PARTIDO EN EL REYNO DE ARAGÓN" cuenta lo siguiente:
Los hábitos corales que usaban los clérigos ayerbenses, eran los tradicionalmente empleados por los cabildos colegiales en la Corona de Aragón: sotana, sobrepelliz, muza con vuelta morada, en el caso del vicario y de los racioneros, y con vuelta negra en el de los beneficiados y capellanes; todos ellos se cubrían con bonete. Los sacristanes iban revestidos solamente con sotana y sobrepelliz. Las grandes ocasiones y solemnidades quedaban señaladas externamente mediante el uso de capas pluviales y de los cetros capitulares así como, saliendo tres sacerdotes de terno; uno de preste(presidente), que iba con capa pluvial, y los otros dos, revestidos con dalmáticas (uno la llevaba de diácono y el otro de subdiácono).
Las Constituciones que regulaban la vida de esta colegiata estipulaban que la entrada en el Coro, para comenzar los capitulares el Oficio Divino, debía hacerse: 1 de abril a Santa Cruz de mayo – 7h 30’ Santa Cruz de mayo a la exaltación de la Santa Cruz en septiembre - 7h Exaltación de la Santa Cruz a santa Teresa de Jesús – 7h 30’ Santa Teresa de Jesús a 1 de abril – 8h
En caso de haber Maitines fundados por la mañana y los sábados para la Misa de la Virgen, se entraba en el Coro una hora antes y si había entierro o procesión, media hora antes. Para las Vísperas se observaba el mismo orden, pasando de las 14 h a las 15 h.
Para el canto de las misas mayores, desde Santa Cruz de mayo hasta la Exaltación de la Cruz en septiembre, los racioneros entraban en el Coro a las 8 de la mañana, el resto del año lo hacían a las 9 de la mañana, salvo fundaciones de misas o aniversarios.
Torre campanario
Este edificio tan singular en la villa de Ayerbe conocido como "o Campanal", antaño, reguló la vida de sus habitantes. El campanario cuenta con cuatro campanas: dos pequeñas: Virgen del Pilar y María Juana y dos grandes: Santa Bárbara y Santa Leticia, refundidas respectivamente en 2010, 1997, 2010, y 1945. Tras un tiempo de restauración , el 27 de julio de 2010 fueron colocadas de nuevo en su sitio. Indicaba las celebraciones litúrgicas que en cada momento se celebraban en la colegial de San Pedro Informaban de la clase de honras fúnebres que había elegido la familia de la persona fallecida y del desembolso económico que ésta había hecho para encomendar su alma a Dios. Igualmente comunicaban si el fallecido era hombre, mujer o niño.
Los toques debían ser ejecutados todo el año media hora antes del comienzo de las diferentes celebraciones litúrgicas por el campanero intitulado de San Pedro que servía este oficio en la Colegiata de San Pedro Apóstol.
Toques de campana del
Hoy día los toques de campana se han perdido casi por completo, pero del nos han llegado los siguientes:
Toques ordinarios
Días de primera clase: a primeras y segundas Vísperas, se hacían tres toques con las tres campanas a repique y la mayor a bando, terminados los cuales tocaba, por espacio de un cuarto de hora, el cimbalico a medio bando, terminado éste, brevemente efectuaba un repique con las cuatro campanas.
Días de segunda clase: ejecutaba únicamente dos toques, por espacio de un cuarto de hora, y después con el cimbalico y repique como anteriormente se ha dicho. Días festivos de precepto: realizaba solamente un toque por espacio de un cuarto de hora y después medio cuarto el cimbalico con el repique antes citado. Días feriados regulares: tañía la campana mediana a bando y la mayor y pequeña a repique por tiempo de medio cuarto de hora y otro medio el cimbalico, finalizado lo cual hacía el repique con solo las dos campanas mayores. Días semidobles y ferias: empezaba a tocar la campana pequeña dándole unos cuantos golpes a continuación levantaba la campana mediana a bando por espacio de un cuarto de hora y otro medio con el cimbalico como se ha expresado al principio. Completas solemnes fundadas y votivas: tenía obligación de hacer un solo toque por espacio de un cuarto de hora como se hacía para las Vísperas de primera clase, sin tocar el cimbalico, si se cantaban inmediatamente tras las Vísperas. Si eran a la tarde, aparte de dichos toques, hacía el del cimbalico durante medio cuarto. Maitines: si eran cantados por la tarde, hacía lo expuesto para las Completas. Oficios fundados: en los días en que había oficios fundados solemnes, comenzaba a tocar como en las Vísperas de feria y acto seguido con las cuatro campanas, de las cuales las dos mayores a medio bando, cuyo toque duraba un cuarto de hora, el cimbalico lo tañía durante medio cuarto concluyendo con el repique. Esto lo repetía a la hora de las oraciones y el día siguiente al que se hubiese cantado la misa, sin tañer el cimbalico. Maitines matutinos: cuando se celebraban por la mañana, hacía lo mismo que para las Vísperas de primera clase, por espacio de un cuarto de hora y en el mismo espacio de tiempo con el cimbalico y el repique. Prima: para esta hora menor, tocaba a repique con las dos campanas pequeñas durante un cuarto de hora y luego con el cimbalico otro cuarto para concluir haciendo el repique con las dos campanas mayores. El día que había Maitines para Prima omitía tanto el toque con el cimbalico como el repique. Este oficio fue suprimido por el Concilio Vaticano II. Se celebraba después del canto de Laudes y precediendo al de Tercia, más o menos sobre las 8 de la mañana.
Días regulares: para entrar en el Coro a cantar las Misas matutinas, tocaba la campana mediana a bando y la mayor y la pequeña a repique por espacio de un cuarto de hora y otro tanto con el cimbalico, finalizando con el mismo repique que se dice anunciar el canto o rezo de Prima. Días de aniversarios y Misa de Almas de los lunes: tocaba la campana mayor a medio bando y la mediana y una de las pequeñas a llano durante un cuarto de hora, terminando con el cimbalico durante el mismo tiempo que las dos últimas. Misas de la Virgen: tocaba las cuatro campanas a repique, observando el mismo tiempo y orden expresado para la Prima. Misas de Llagas y del Sermón: igual que anteriormente, exceptuando que en estas ocasiones el toque lo llevaba tañendo las dos campanas mayores a repique. Misas mayores de primera clase: se anunciaban con tres toques en tres cuartos de hora, sin tocar el cimbalico. Misas mayores de segunda clase: ejecutaban dos toques de dos cuartos de hora Días festivos de precepto: hacían un solo toque por espacio de un cuarto de hora, como en los días feriados de especial devoción. Claustros de días de precepto de primera y segunda clase: En estas ocasiones y en aquellas fechas en que la Misa mayor estaba fundada, se levantaba la campana mayor y la mediana a llano; en los demás casos repicaba solamente con las dos mayores. Víspera de precepto y domingos: debían tocar las campanas como si fuese para Vísperas por la tarde al anochecer. Lo mismo hacían por la mañana, después de haber tocado a las oraciones en los días de primera y segunda clase. Toques vespertinos: estaba obligado a tocar las campanas todas las tardes al ponerse el sol para el rosario y después de éste a las oraciones del Ave María. Este último toque igualmente lo hacía todos los días por la mañana, al rayar el alba, y al mediodía en punto. Para esto, utilizaba la campana mayor a bando y las demás a repique en los días de primera y segunda clase; en los restantes días, únicamente con la campana mediana a bando, menos los días de precepto, que bandeaba la campana mayor sola. Toque de oración por las almas: este toque anunciaba el cierre de las puertas de la Villa. En invierno se verificaba a las ocho de la noche y en verano a las nueve.
Observaba el mismo orden expuesto anteriormente. Si al día siguiente había sermón, a esa hora lo anunciaba con el toque correspondiente. Nublados: se tocaba a los nublados de noche y de día siguiendo las instrucciones que le daba el sacerdote conjurador con la campana de la ermita de san Miguel, campana que este sacerdote (puesto por la Villa) tocaba a bando. Procesiones y otras funciones: se tocaba las campanas en todas las procesiones de letanías, rogativas, etc. Y en aquellas otras funciones que hacía el Capítulo de San Pedro. Misas matutinas fundadas y votivas: Una vez que el Cabildo había entrado en el Coro, el campanero estaba obligado a tocar las campanas a cada una de las Misas matutinas fundadas y votivas; cuando éstas eran con ministros, empleaba las cuatro campanas, de las cuales la mediana tañía a bando brevemente; las celebradas sin ministros, se anunciaban repicando las dos campanas grandes. Aniversarios: los de carácter común eran pregonados mediante el toque a llano de las dos campanas grandes; en los de altar privilegiado y oficios solemnes procedía como se ha expresado en los días de primera clase.