thumb|250px|L'Age du papier, ilustración de Félix Valloton, año 1898.En las calles de París todos leen periódicos de diversas tendencias, y uno de ellos, el famoso ejemplar Los intelectuales (Ranc, Zola, Socie, Jaurés, Ribot, Goblet), un masón, el periódico L'Aurore, y un personaje designado como intellecte 1.º («intelecto primero»), rodean a una flor que es la cabeza Dreyfus coronada por el gorro frigio (símbolo de la República francesa), cuyas hojas son el ateísmo, la guerra a la iglesia, la impiedad, la desmoralización, la laicización, la guerra a Dios, y la anarquía. El título es Tout de même, nous avons reussi a faire pousser une belle fleur («Sea como sea, hemos conseguido hacer que crezca una bella flor»).

Intelectual o pensador/a es la persona que se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública.A la búsqueda de los intelectuales más influyentes, Eligieron a los cien intelectuales más influyentes del mundo Proveniente del mundo de la cultura, como creador o mediador, interviene en el mundo de la política al defender propuestas o denunciar injusticias concretas, además de producir o extender ideologías y defender unos u otros valores.Pascal Ory y Jean-François Sirinelli, Les Intellectuels en France. De l’affaire Dreyfus à nos jours, Paris, Armand Colin, 2002, p. 10.

La intelectualidad es el colectivo de intelectuales, agrupados en razón de su proximidad nacional (intelectualidad española, francesa, etc.) o ideológica (intelectualidad liberal, conservadora, progresista, revolucionaria, reaccionaria, democrática, fascista, comunista, etc.).

El término fue acuñado en Francia durante el llamado affaire Dreyfus (finales del ), inicialmente como un calificativo peyorativo que los anti-dreyfusistas (Maurice Barrès o Ferdinand Brunetière) utilizaban despectivamente para designar al conjunto de personajes de la ciencia, el arte y la cultura (Émile Zola, Octave Mirbeau, o Anatole France) que apoyaban la liberación del capitán judío Alfred Dreyfus acusado injustamente de traición.

Con posterioridad, su uso se hace habitualmente con connotaciones positivas, al estar dotado socialmente de un valor de prestigio asociado a la atribución de un intelecto o inteligencia superior a quienes son identificados con el término.

El factor determinante en la consideración de un pensador (filósofo, científico, escritor o artista) como intelectual es su grado de implicación o compromiso (engagement) con la realidad vital de su época. Como derivación de ello, la interferencia de los intereses y de las distintas opiniones y opciones ideológicas, políticas y sociales, hace que la aplicación del término dependa del grado de afinidad que tenga quien lo aplica con respecto al sujeto en cuestión.

En otras ocasiones, el uso del término, o la valoración del propio concepto, puede ser también negativa, identificando a la intelectualidad con el establishment.

Crítica que implica la existencia de otro tipo de intelectuales:

Intelectuales del En todas las épocas históricas personajes caracterizados por sus conocimientos o por su producción literaria estuvieron presentes en las cercanías del poder político, y especialmente del poder religioso, y ejercieron sus habilidades con propósitos apologéticos: tanto para sustentarlo y justificarlo como para destruirlo y construir su alternativa, papel en que destacaron en Francia los politiques del (guerras de religión) o los philosophes del (enciclopedistas); en España los arbitristas, los novatores, los ilustrados y sus opositores castizos (golillas y manteístas); y diferentes tipos de oratores (clercsJulien Benda, La Trahison des clercs (1927, reeditado y ampliado en 1946), Les Cahiers rouges, Grasset, 2003. ISBN 2-246-01915-X. o clérigos, en su definición feudal -precedida por la función platónica reservada a los filósofos-), letrados, hombres de letras, escolares, universitarios o académicos identificados con distintas corrientes o movimientos en otros países.

Pero la Edad Contemporánea les reservó un papel notablemente diferenciado, muy vinculado al nacimiento del concepto de ideología al protagonismo histórico que alcanzan las masas, y a la función de los medios de comunicación. Además de la literatura ensayística tradicional, la prensa fue convirtiéndose en el vehículo esencial de la comunicación de los intelectuales con el público. No es casualidad que, de Franklin a Mussolini, dirigentes políticos clave hayan surgido del periodismo (profesión que, por sí misma, no otorga la condición de intelectual, como es el caso del líder fascista, caracterizado por su explícito antiintelectualismo).

Paralelamente, la contribución de los intelectuales de todos los ámbitos del arte y la cultura al movimiento obrero y a los movimientos nacionalistas fue fundamental.

La reflexión intelectual sobre la era de la revolución -industrial, liberal y burguesa- llevó a los intelectuales, estimulados por el Sapere aude kantiano (el espíritu de la Ilustración) a comprometerse en juicios sobre los acontecimientos de su presente, y en casos destacados, a participar de ellos, a veces con consecuencias graves (Lavoisier fue guillotinado al grito: La République n'a pas besoin de savants -"la república no necesita sabios"-).

La opuesta valoración de Burke sobre la revolución americana y la francesa contrastó con la participación en ambas de Paine. Dentro del nuevo contexto intelectual del romanticismo, los contrarrevolucionarios franceses (Bonald y Maistre) dieron paso a una reflexión moderada que pretendía la adaptación del Antiguo Régimen al Nuevo (La democracia en América de Tocqueville, doctrinarismo de Guizot).

Los filósofos del idealismo alemán (Kant, Fichte, Hegel), científicos, artistas y literatos alemanes de todos los ámbitos (Goethe -prefiero la injusticia al desorden-, los hermanos Humboldt -Wilhelm y Alexander-, los hermanos Grimm, Wagner, etcétera) se implicaron en los diferentes movimientos sociales y políticos que, con el tiempo y tras muchas alternativas, llevaron a la unificación alemana. Esta se terminó construyendo sobre lo que, para Hegel, era la manifestación en la realidad de la racionalidad del espíritu absoluto (el Estado prusiano). Algo similar ocurrió en la unificación italiana, promovida por Mazzini desde la Joven Italia, modelo de participación social que incluía a pensadores, literatos y artistas junto a militares y conspiradores políticos, y que pretendía extender a todo el continente con la Joven Europa. La edad de oro de la literatura rusa produjo simultáneamente a intelectuales de una dimensión universal (Pushkin, Gogol, Turgueniev, Chejov, y sobre todo Tolstói y Dostoievski).

En Inglaterra, el utilitarismo de Bentham y Mill (movimiento contemporáneo al positivismo francés de Comte) abrió una línea de interés intelectual por la situación social desde una perspectiva reformista, vinculada a la idea de progreso que preside la época y que a finales del XIX se plasmó en los fabianos. Ya en el , con nuevos presupuestos, menos optimistas, la tendencia intelectual progresista y de experimentación de modelos alternativos fue continuada por el grupo de Bloomsbury. El impacto del evolucionismo fue decisivo para todos los campos del pensamiento, incluyendo peculiares interpretación de los postulados de Darwin aplicados fuera de su contexto biológico (el darwinismo social de Spencer).

En los Estados Unidos tuvo una gran repercusión local The American Scholar de Ralph Waldo Emerson (1837), calificado como "la declaración de independencia intelectual" por Oliver Wendell Holmes. Mucho más universal fue la influencia de Thoreau en el pacifismo posterior, un movimiento que alcanzó una dimensión trascendental entre los intelectuales de todo el mundo (Tolstói, H. G. Wells, Rolland, Tagore, Gandhi, Russell). Cuando Alfred Nobel instauró los premios que llevan su nombre, consideró que además de las diferentes ramas del saber, debía concederse uno a la paz (el primero, de 1901, se concedió ex-aequo a Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja, y a Frédéric Passy, impulsor de la Unión Interparlamentaria).

En el ámbito hispánico, el papel de los intelectuales fue decisivo en los últimos movimientos independentistas (Martí y Rizal); mientras que en la metrópoli alcanzaba gran influencia el krausismo, la corriente de pensamiento progresista que se sustanció en la Institución Libre de Enseñanza (Giner de los Ríos); frente a la que se articuló la corriente de pensamiento reaccionario de los neocatólicos (Menéndez y Pelayo). Tras el desastre del 98, con gran repercusión pública, se insistió en la reflexión intelectual sobre las causas del fracaso histórico de España y su posible remedio, en lo que ve denominó regeneracionismo (término ambiguo, con el que, junto a los políticos que protagonizaron la crisis de la Restauración, se etiquetan tanto científicos -Cajal- como movilizadores sociales -Costa- y literatos -generación del 98-).

Intelectuales del

Los líderes de algunos de los más importantes movimientos revolucionarios y descolonizadores del , eran ellos mismos intelectuales (Lenin, Gandhi, Mao Zedong).

Los intelectuales se enfrentaron a una elección problemática: mantener la pureza de su pensamiento cayendo en el elitismo (Juan Ramón Jiménez: a la minoría, siempre), o buscar la proyección social de su trabajo (Blas de Otero: a la inmensa mayoría) lo que supone en muchos casos implicarse en la cultura de masas y los nuevos medios de comunicación, es decir, en la mediática. Según McLuhan el medio es el mensaje (the medium is the message, 1964); Understanding Media: The Extensions of Man, 1964, Nueva York: Mentor. Fuente citada en The medium is the message según Andy Warhol, todos tendremos opción a gozar o sufrir de nuestros quince minutos de fama (In the future, everyone will be world-famous for 15 minutes, 1968).Catálogo de su exposición en el Moderna Museet de Estocolmo, de febrero a marzo de 1968. Fuente citada en 15 minutes of fame Umberto Eco expresó el problema como una contradicción esencial entre apocalípticos e integrados (1965).

Primer tercio del

La crisis intelectual de comienzos del implicó una profunda renovación en los paradigmas científicos (revolución relativista, revolución cuántica, revolución neuronal, revolución freudiana), al tiempo que se asistía con enorme asombro al aparente suicidio de la civilización (Primera Guerra Mundial, Gran Depresión, Segunda Guerra Mundial) y al surgimiento de modelos alternativos (comunismo soviético, fascismo).

El periodo de entreguerras fue de un enorme dinamismo intelectual: al tiempo que se renovava el positivismo con el Círculo de Viena para la concepción científica del mundo (Wittgenstein, Schkick -que fue asesinado por los nazis-, Popper, Ayer), se especulaba en torno a la consecución del consenso manufacturado y aparecían textos de gran repercusión (La decadencia de Occidente, La rebelión de las masas). La reflexión intelectual procuraba entender el nuevo protagonismo lo irracional, que en el mundo del arte se enfocaba con el expresionismo, el surrealismo y la abstracción.

La civilización occidental, que se había impuesto a nivel planetario, tuvo muy distintos efectos en los ámbitos intelectuales de las culturas no europeas, desde la aculturación hasta el rechazo, pasando por el sincretismo. Los nacionalismos independentistas comenzaron a generar discursos alternativos, y el panasianismo japonés construyó una propuesta propia desde la única civilización extraeuropea que no había sido sometida por el colonialismo.

Los virajes hacia la guerra