El reino de Valencia (en valenciano, Regne de València) fue un reino dentro de la Corona de Aragón, que existió desde 1238, año de su fundación por Jaime el Conquistador, rey de Aragón y conde de Barcelona, hasta 1707, cuando el Decreto de Nueva Planta supuso la abolición de sus instituciones y sus fueros, sustituidos por los castellanos. Desde esa fecha hasta la división territorial de España en 1833, el reino de Valencia mantuvo ese nombre como territorio dentro de las diferentes administraciones borbónicas.

Tras la conquista inicial, fue ampliado hacia el sur de la línea Biar-Busot y se inició un proceso de colonización por catalanes y aragoneses. En 1261, se proclaman los fueros, que confirman la entidad jurídica y administrativa del reino, al mismo nivel que los demás territorios integrantes de la Corona de Aragón.

El está considerado como su momento de máximo esplendor. El cap i casal, la ciudad de Valencia, asumió el liderazgo económico y financiero de la Corona de Aragón que hasta entonces había ostentado Barcelona y su dinámico patriciado urbano exhibió su poderío de diferentes formas, pero especialmente por medio de las grandes obras arquitectónicas civiles. Muestra de ello son las Torres de Quart (1440-1461), el Palacio de la Generalidad y, sobre todo, la Lonja de la Seda. El progreso material se tradujo en una gran efervescencia cultural, especialmente en el campo de la literatura, por lo que la centuria también es conocida como el «Siglo de Oro de las letras valencianas».

: formación del reino

Conquista y colonización

Tras haber conquistado Mallorca (1229-1230), el rey de Aragón y conde de Barcelona Jaime I, «que todavía no tenía un proyecto definido y aún menos la voluntad de crear un nuevo reino», cedió la iniciativa de la conquista de los territorios andalusíes de la taifa de Valencia a los nobles y a las mesnadas concejiles del reino de Aragón, a los que concedió la propiedad de todos los castillos y villas que pudieran ocupar. En 1231 Blasco de Alagón tomaba Morella y al año siguiente los peones de Teruel conquistaban Ares. Tras estos éxitos aragoneses JaimeI decidió asumir personalmente el mando de las operaciones de conquista y se reunió en Alcañiz con Blasco de Alagón y con el maestre de la Orden del Hospital para diseñar la estrategia a seguir. Se decidió que se atacarían los centros neurálgicos situados en el llano, como Burriana y la misma Valencia, en lugar de rendir uno por uno los castillos y las fortificaciones.

En la conquista comandada personalmente por JaimeI se suelen distinguir tres fases:

La primera se inició en la primavera de 1233 y consistió en la conquista de Burriana (que cayó el 16 de julio después un difícil asedio), y tras ella el resto de lugares situados en la parte septentrional de la taifa de Valencia como Peñíscola, Pulpís, Alcalatén o Villafamés.

La segunda fase, desarrollada en 1237 y 1238, consistió en la conquista de la ciudad de Valencia (en árabe: بلنسية, Balansiya). Para reunir los medios necesarios JaimeI convocó en octubre de 1236 en Monzón a las Cortes del Reino de Aragón y a las Cortes catalanas prometiendo el repartimiento de las tierras conquistadas a los que participaran. Además solicitó el apoyo del papa Gregorio IX, quien a principios del año siguiente otorgaba el carácter de cruzada a la campaña militar. Junto a la pequeña atalaya de El Puig, muy cercana a Valencia, tuvo lugar el 15 de agosto de 1237 la decisiva batalla del Puig, en la que el ejército de Zayyán ibn Mardanish fue derrotado. En la primavera del año siguiente fue cuando se inició el sitio de Valencia, que capituló el 22 de septiembre. JaimeI hizo su entrada solemne en la ciudad el 9 de octubre —ese mismo día la mezquita mayor sería consagrada como catedral cristiana. Tras la caída de Valencia, la frontera con los musulmanes se estableció en el río Júcar —a finales de 1238 o principios de 1239 JaimeI tomaba Cullera, situada en su desembocadura—.

La tercera fase consistió en la conquista de los territorios más allá del río Júcar. Comenzó con la conquista de Alcira en 1242, seguida al año siguiente de las tomas de Denia y de Játiva, y se cerró con la toma de Biar en febrero de 1245, donde quedó fijada la frontera meridional del nuevo reino, cumpliéndose así lo establecido en el Tratado de Almizra, firmado el año anterior por las Coronas de Castilla y de Aragón. En una primera etapa, entre 1232 y 1236, fue colonizado el norte, entre Morella y Burriana, aunque todavía subsistieron algunos núcleos andalusíes. En esta área la nobleza tuvo una destacada participación, con dominios tan extensos como el de Blasco de Alagón o los de las órdenes militares del Temple y del Hospital, que superaron a los del patrimonio real, reducido a las villas más importantes. El método de «repoblación» empleado fue el de la concesión de cartas pueblas, otorgadas tanto por la corona como por los señores laicos y eclesiásticos. miniatura|left|Pieza central del Retablo del Centenar de la Ploma de principios del (actualmente en el Victoria and Albert Museum de Londres) que representa la batalla del Puig en la que aparece el rey Jaime I (con el Señal real de Aragón), acompañado de San Jorge (con su cruz distintiva), combatiendo a los musulmanes de Balansiya (aunque en realidad JaimeI no estuvo presente en esa batalla) En la colonización de la ciudad de Valencia y de su huerta, así como de las comarcas cercanas, se siguió el sistema que se había empleado en Mallorca de donaciones concretas e individuales que fueron registradas en el Llibre del Repartiment. En el caso de la ciudad de Valencia, las casas y heredades de sus habitantes musulmanes (expulsados de ellas) fueron repartidas entre los conquistadores según su categoría social —los nobles recibieron los bienes de la aristocracia musulmana, que incluía las mejores casas y las fincas cercanas—. «Pero el control del repartimiento por parte de la monarquía impedirá la formación de grandes estados nobiliarios que pudieran rivalizar con la corona», ha puntualizado Antoni Furió.

La colonización del territorio al sur del Júcar no comenzó realmente hasta después del aplastamiento de la revuelta andalusí de Al-Azraq de 1247 que supuso expulsiones masivas y traslados forzosos de la población musulmana, absolutamente mayoritaria hasta ese momento. «En estas tierras meridionales, el protagonismo de la corona era ya absoluto, libre de injerencias nobiliarias. [...] La red de centros colonizadores, todavía débil en los años cincuenta y sesenta —en total, apenas una decena al sur de Játiva: Gandía, Denia, Luchente, Albaida, Onteniente, Cocentaina, Bocairente y Alcoy—, recibirá un nuevo impulso con las últimas revueltas musulmanas de 1276, que dieron lugar a nuevas deportaciones y reasentamiento de la población islámica, confinada en reservas montañosas, y una nueva oleada de repobladores cristianos», ha señalado Antoni Furió.

esquerra|miniatura|Repoblación del Reino de Valencia entre 1238 y 1425, según Enric Guinot. En rojo, mayoría de catalanes. En azul, mayoría de pobladores de otras procedencias, sobre todo aragoneses. En blanco, sin datos. Aparece la línea divisoria lingüística actual entre las comarcas valencianoparlantes y las castellanoparlantes

Los primeros colonos —no consta en ningún documento la hipotética existencia de mozárabes en la taifa de Valencia— fueron las tropas, tanto peones o como caballeros, que participaron en la conquista, a los que siguieron campesinos, mercaderes, artesanos, sacerdotes, etc., todos ellos procedentes en su inmensa mayoría de Cataluña y de Aragón —también gentes de toda la geografía europea cristiana que atendieron a la llamada de la cruzada—. Según Antoni Furió, «catalanes y aragoneses se asentaron indistintamente en la costa y en el interior, en tierras de señorío y del rey, en grupos homogéneos o mezclados entre ellos». Lo que acabaría sucediendo, subraya Furió, es que «el nuevo país se insertaría gradualmente dentro del área cultural y lingüística catalana, ya que tanto la lengua de la administración, desde la cancillería real a las escribanías municipales, y la de los negocios, la de los intercambios comerciales, como la de la calle, la que se hablaba mayoritariamente en las villas y pueblos del país, era el catalán».

Por su parte Enric Guinot ha precisado que partiendo de los estudios antroponímicos, que «han podido establecer unos mecanismos estadísticos aceptables sobre de donde vinieron al nuevo reino los pobladores», «a grandes rasgos se constata un predominio claro de los colonos procedentes de Cataluña en una proporción aproximada de dos tercios, mientras que un tercio fueron aragoneses y cantidades mucho más reducidas de navarros y occitanos».

Creación de un nuevo espacio político

miniatura|Fotografía del señal de Aragón, conservado en el Archivo Histórico Municipal de Valencia, y que es conocido como el penó de la conquesta, por ser la bandera que izaron los musulmanes de la ciudad de Valencia en una torre de las murallas en señal de rendición, poniendo fin así al asedio del rey de Aragón y conde de Barcelona JaimeI

Como ha señalado Vicent Baydal, «a partir de la toma de la capital JaimeI tomó la determinación de crear un territorio administrativo diferenciado [el primer documento conocido en que el se intitula ya Iacobus, Dei gratia rex Aragonum, Maioricarum, Valentie, comes Barchinone et Ugelli et dominus Montispesulani, lleva fecha del 18 de octubre de 1238, pocos días después de su entrada en Valencia], para lo que pidió una nueva compilación legal, que posiblemente fue confeccionada durante el sitio de la ciudad por un equipo de juristas de la cancillería real en el que destacaba Pere Albert, canónigo de la catedral de Barcelona». Fue la Costum de Valencia. Según este historiador, JaimeI no tomó la decisión en vano «sino en beneficio propio, basándose en la orientación cesarista del derecho romano, en favor de la autoridad pública, identificada con la de los reyes y los príncipes, que justo entonces se restauraba por toda Europa». En esta valoración coincide con Enric Guinot que ha afirmado que «la lenta construcción del poder real recibió un fuerte empuje en tiempos de JaimeI con la recepción del derecho romano».

Por su parte, el historiador José Angel Sesma Muñoz ha criticado la decisión de JaimeI de constituir el reino de Valencia, y el de Mallorca, como «entidades políticas independientes del máximo rango» porque «significaba, simplemente, la voladura del edificio común de la Corona y obligar al viaje individual a cada una de sus unidades», «una división interior, con fronteras de diferenciación, espacial, social e institucional, que impidiera la unidad de acción y promoviera la "nacionalización" en cada uno de los estados», condenando a la Corona de Aragón «a ser en el futuro una simple unión dinástica; se perpetuaron las diferencias y los agravios impidiendo un crecimiento armónico y solidario».

En principio el Costum solo se aplicaría en la ciudad de Valencia y en los núcleos de población que JaimeI controlaba directamente (y no en todos), ya que en los cedidos a nobles y eclesiásticos, como recompensa a su participación en la conquista, se regirían por los derechos que sus señores consideraran más adecuados a sus intereses. «Por tanto, unos años después de la toma de la ciudad de Valencia el reino no estaba sometido de manera exclusiva a los Costums valentinos, sino que, por el contrario, constituía un mosaico jurisdiccional formado por diferentes derechos señoriales», ha puntualizado Vicent Baydal.