En antropología, el concepto acerca de las razas humanas se refería a los grupos fenotípicos en que se subdividen los seres humanos de acuerdo con diversos sistemas de clasificación usados especialmente entre los siglos XVIII y mediados del XX.

A partir de los años 1950 y 1960, estos sistemas de clasificación han ido cayendo en desuso con el advenimiento de nuevas corrientes antropológicas, y actualmente existe un amplio consenso científico de que no existen razas humanas en un sentido biológico.

Los sistemas de clasificación racial han variado según la época y contexto, y la rama encargada de su estudio ha sido la antropología física basándose mayoritariamente en aspectos físicos visibles como el color de la piel, características del cabello, forma del cráneo, etc. Para evitar estudiar a las personas solo por sus caracteres físicos, se desarrolla en el siglo XX la antropología biológica, pero no hay una definitiva diferencia entre estas disciplinas.

El racismo ha sesgado los estudios históricos y ha usado conclusiones pseudocientíficas para el enfrentamiento o discriminación de los grupos humanos diferentes al suyo y para prevalencia de los grupos mayoritarios o de poder, produciéndose en el los mayores genocidios étnicos que se registran en la historia.

Conceptos históricos de raza

thumb|Meyers Konversations-Lexikon (1885–90). raza caucasoide:raza negroide:incierto:raza mongoloide:

El concepto y las clasificaciones tradicionales de las razas siempre son relativas y dependientes del criterio del naturalista, todas se basan en la descripción de fenotipos, es decir, en los caracteres morfológicos anatómicos dados por los rasgos más evidentes, como el color de la piel y otros rasgos físicos, rara vez por fisiología. Entre los métodos que ha usado la antropología física está lo que se llamaba Caracteres morfológicos raciales y consiste en el estudio de las siguientes características: pigmentación de la piel mancha pigmentaria congénita pigmentación del cabello, pilosidad o forma, consistencia, estructura microscópica y pilosidad corporal. estatura y peso forma de la cabeza o craneometría, lo que indica el índice cefálico, volumen cerebral y circunvoluciones proporciones y forma de la cara órbitas e índice orbital pigmentación de los ojos forma de la nariz, hueso nasal e índice nasal párpados (brida mongólica) y orejas prognatismo, forma y proporciones de la boca y labios esqueleto, índice pélvico y proporciones del cuello, hombros, tórax, abdomen, extremidades, genitales y esteatopigia.

Sistemas históricos más relevantes de clasificación humana:

Edad Antigua

Antiguo Egipto

thumb|Tumba de Seti I, según un dibujo de 1820.

Existen pinturas y grabados en muchas tumbas faraónicas de la época del Imperio nuevo de Egipto (entre el 1550 y el 1070 a. C.) que dan referencia de las cuatro «razas» conocidas por ellos. De izquierda a derecha, según el dibujo:

libio nubio sirio egipcio

Grecia y Roma antiguas En el mundo greco-romano el determinismo medioambiental fue ampliamente admitido. Fue expuesto por primera vez en detalle en el tratado atribuido a Hipócrates Aires, aguas, lugares del . Así, los asiáticos, que habitan un clima cálido y meridional, serían indolentes y pacíficos, pero inteligentes, mientras que los europeos, que viven en un clima frío y septentrional, serían valientes y belicosos, pero faltos de inteligencia. Este modelo fue desarrollado por Aristóteles en el siglo siguiente en su Política, yendo más allá que Hipócrates en el determinismo medioambiental al señalar que el medio ideal en el que vivían los griegos les predisponía a gobernar a los pueblos menos favorecidos por la naturaleza y que al combinar las mejores cualidades de los europeos y de los asiáticos estaban capacitados para gobernar a la humanidad entera. Sin embargo, hay autores de la Antigüedad clásica como Estrabón, que no tienen en cuenta la teoría medioambiental en su descripción de los pueblos y de sus costumbres.

Edad Media

thumb|Mapa de T en O del . Siguiendo el relato de la Biblia de que la humanidad proviene de los tres hijos de Noé, arriba está Asia (habitada por los semitas, descendientes de Sem), abajo a la izquierda Europa (habitada por los jafetitas, descendientes de Jafet) y abajo a la derecha África (habitada por los camitas, descendientes de Cam).

El cristianismo aportó un nuevo concepto, el universalismo, hasta entonces ajeno a la Antigüedad al considerarse la verdadera religión de toda la humanidad. De esta forma la división entre griegos/romanos y «bárbaros», propia de la Antigüedad, fue sustituida por la diferenciación entre los que ya formaban parte de la comunidad cristiana, los bautizados, y «los todavía no cristianos» (los paganos). Un grupo especial lo constituían los judíos ya que eran la cuna de la religión cristiana y por tanto no eran perseguidos, pero solo «conllevados» que no tolerados. Las regiones desconocidas de la Tierra en el imaginario del Occidente medieval aparecían pobladas por seres fabulosos no destinados a la salvación.

Por otro lado, en el Islam medieval la maldición de Cam, convenientemente reelaborada, fue utilizada para justificar la esclavitud de los negros al señalarlos como los descendientes de Cam que, según el relato bíblico, se había mofado de su padre Noé cuando lo encontró borracho y desnudo y Noé furioso había maldecido al hijo de Cam, Canaan, a ser «para sus hermanos el esclavo de los esclavos». En la Biblia nada se decía del color de la piel de Cam (en realidad se trataba de justificar la esclavitud de los cananeos, los grandes enemigos de Israel), pero en el el padre de la Iglesia Orígenes añadió a la maldición el prejuicio de la piel al afirmar que los hijos de Cam estaban abocados a una vida degradante marcada por la oscuridad (en sentido espiritual). Será el gran erudito árabe Al-Tabari el que en el afirmó claramente que la maldición de Cam había acarreado el ennegrecimiento de su piel por lo que sus descendientes eran los negros que estaban condenados a la esclavitud.

Siglos , y

La aparición del término «raza» miniaturadeimagen|left|Portada de una edición de 1500 de El Corbacho. En esta obra del arcipreste Alfonso Martínez de Toledo acabada en 1438 apareció por primera vez en castellano el término «raza». La primera constatación escrita de la palabra «raza» en castellano se encuentra en la obra El Corbacho del arcipreste Alfonso Martínez de Toledo publicada en 1438.

En esta obra el arcipreste de Talavera usa la palabra «raza» como sinónimo de linaje para señalar que un «labrador» será siempre un «labrador» («de vil raza e linaje») y un «cavallero» un «cavallero» («de buena raza») sin importar el contexto social en que se eduquen. Según Max Sebastián Hering Torres, de la Universidad Nacional de Colombia, «en este pasaje se evidencia que el término “raza” no pretendía nada más que ser una manifestación de procedencia, es decir, de linaje. El autor utiliza en principio la expresión “raza” de manera neutral y solo mediante la inclusión de un adjetivo positivo “buena raza” o de uno de carácter negativo “vil raza”, el término obtiene un componente valorativo. La palabra “raza” en sí misma no contiene, por tanto, ni una connotación halagadora ni peyorativa. Igualmente se muestra que dicha concepción de “raza” está acompañada por el imaginario de un ethos natural inmanente e invariable del ser».

Sin embargo, el significado más extendido del término «raza» en castellano en los siglos XV, XVI y XVII no era el de sinónimo de linaje, sino el de «mancha» o linaje «defectuoso», «maculado», o de «sangre impura». Proviene de la aplicación del término «raza» en otros contextos, como lo recoge el humanista Antonio Nebrija en su Diccionario (1495) cuando traduce la locución latina panni raritas como «raça del paño», es decir, una rareza o defecto en los paños, expresión muy utilizada por el gremio de sastres.

Así, los que tenían un linaje sin «impurezas» no tenían «raza». Agustín Salucio en 1599 redactó un discurso contrario a los estatutos de limpieza de sangre en el que en uno de sus apartados decía: «[...] porque para tener raza basta un rebisabuelo judio, aunque los otros 15 sean Cristianisimos y nobilissimos». En 1611 el filólogo Sebastián de Covarrubias en su renombrada obra Tesoro de la lengua castellana o española definía «raza» como «la casta de cauallos castizos, a los quales señalan con hierro para q sean conocidos» y decía también que «raza en los linages se toman en mala parte, como tener alguna raza de Moro, o Judio». Lorenzo Franciosini, posiblemente inspirado en Covarrubias, desarrolló en su libro Vocabolario español, e italiano una definición que pone de manifiesto la cercanía entre «limpieza» y «raza» de la siguiente manera: «Limpio: es a veces utilizado en España. Todo el que es cristiano viejo, es porque no tiene raza, ni procedencia mora ni judía». En 1638 Bartolomé Jiménez Patón escribió: «[...] que son los limpios Christianos viejos, sin raza, macula, ni descendencia, ni fama, ni rumor dello». Max Sebastián Hering Torres concluye que «no existe un nexo semántico-ideológico entre el término “raza” utilizado en los siglos XVI-XVII, con el utilizado en los siglos XVIII-XX».

François Bernier thumb|Distribución de las razas humanas según François Bernier. En rojo los africanos negros, en azul los asiáticos amarillos y en verde los lapones. El resto del mundo en gris. François Bernier fue el pionero en acuñar el término de «raza» en el sentido moderno en su artículo Nouvelle Division de la Terre para les différentes éspèces ou races d’homme qui l’habitent (1685).

Bernier dividió las «razas» humanas en cuatro grupos:

los europeos, africanos del norte, persas, árabes, habitantes de la India y de Insulindia. Después incluyó en este grupo a los americanos, a los que describió de "color oliváceo" los demás africanos asiáticos amarillos lapones.

Gottfried Leibniz y Samuel Smith Gottfried Leibniz a fines del siglo XVII creía que, independientemente de las diferencias físicas y culturales, todos los seres humanos pertenecemos a una misma raza. Igualmente Samuel Smith escribió en 1787 que las diferencias físicas fueron causadas por el clima y que todos somos esencialmente de la misma raza; concluyó que los humanos son multivariables y que tratar de clasificarlos en razas era inútil e imposible.

George Buffon

George Buffon creía que las diferencias raciales eran subjetivas y que estaban inducidas por procesos temporales climáticos, dieta alimentaria o costumbres. Por ejemplo, relacionaba la piel negra con la sobreexposición al sol, y que los lapones y groenlandeses tenían la piel más oscura que los noreuropeos por el frío congelante; y que si los pueblos cambian de lugar, cambiará su tipo. Publicó a partir de 1749 y distinguió seis variedades de hombre dándoles la categoría de raza: lapón o polar tártaro, que según el lenguaje ordinario se refería al tipo de la Mongolia sur de Asia europeo etíope americano.

Carlos Linneo Linneo definía ya la posición de los humanos en el marco general de las especies naturales, en correlación con las especies zoológicas y botánicas, además de incluir a la especie humana y a los monos en el orden especial de los primates.

En realidad Linneo no utilizó el concepto de raza, sino que se limitó a dividir al género humano en variedades. Linneo tuvo el mérito de dar origen a un nuevo e inmenso campo epistemológico, el de la antropología, si bien se limitó a enunciarlo y no lo cultivó. A él tendrán que remitirse todos los científicos posteriores, tanto para retomar sus definiciones como para criticarlas. En 1758 se definió al Homo sapiens linneano como una especie diurna que cambiaba por la educación y el clima, y que comprendía según sus propias palabras las variedades: