La Educación Permanente () es un paradigma educativo abierto a cualquier etapa de aprendizaje de la vida de una persona. Es considerada como el movimiento que pretende llevar a todos los niveles y estados de la vida del ser humano hacia un aprendizaje continuo, para que a cada persona le sea posible tanto recibirla como llevarla a cabo y mejorar conocimientos, competencias y aptitudes. Desde un punto de vista pedagógico, se puede entender este movimiento como una de las revoluciones más importantes de la época contemporánea.En Latinoamérica, se reconoce que el aprendizaje a lo largo de la vida no solo impulsa el desarrollo profesional y competencial, sino que también fortalece el bienestar general y la competitividad regional, en alineación con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, que promueve oportunidades educativas inclusivas y de calidad para todos a lo largo de la vida.

Aunque la educación permanente y la educación para adultos ofrecen una educación posterior a la edad escolar, esta última se centra en una determinada etapa de la vida, la edad adulta, mientras que la primera pretende la adquisición de conocimientos y destrezas de forma continua a lo largo de la vida de la persona para que esta pueda adaptarse a los cambios que a su alrededor se vayan ocasionando, dándose, de este modo, un desarrollo integral de la persona y una mayor calidad de vida.

Perspectiva histórica Desde una perspectiva histórica, se distinguen tres fases sucesivas de elaboración del concepto de educación permanente.

En la primera fase se pone el acento en la educación de adultos. El principio inicial es el de que nada de lo que procede de la educación de la escuela o de la pedagogía tradicional puede servir para la Educación de Adultos sin una adaptación radical. En el segundo periodo, teóricos y prácticos toman conciencia del hecho de que entre educación de jóvenes y educación de adultos no existe barrera; continuidad entre la una y la otra. Aun con la aparición de la noción nueva de Educación Permanente no modifica los conceptos tradicionales. En la tercera fase, el concepto de Educación Permanente adquiere un sentido más amplio. Se concibe la educación como extensiva a toda la duración de la vida humana; el final de la escolaridad obligatoria no es el final de la educación.

Es importante diferenciar que frecuentemente se toman como sinónimos la educación permanente y la educación continua, pero no es así, son conceptos diferentes. Según Abel Pérez Rojas, la educación permanente "es una visión filosófica de la vida tendiente a desarrollar movimientos de formación  individuales y colectivos liberadores;  se sustenta en el principio de educabilidad en el hombre". Por su parte, "la educación continua es una prolongación de los espacios formales y surge como un esfuerzo para atender las necesidades de especialización y actualización de las personas".

Antecedentes de la Educación Permanente En Europa En los comienzos de la historia de la educación, nos encontramos con referencias concretas sobre la necesidad de que esta se lleve a cabo a lo largo de toda la existencia.

En este sentido, cabe citar la paideia griega y la Ilustración europea.

Estas anotaciones no son las únicas, entre los precursores de esta idea ha de señalarse a Platón (427-348 a. J.C.), que ya sostuvo que la educación debía prolongarse hasta los cincuenta años. Siglos más tarde, Comenio (1592-1670) asoció a la noción de educación a las ideas de continuidad, integralidad y universalidad.

En los siglos XVIII y XIX, las actividades «voluntaristas», esporádicas y asistemáticas se transformaron y se alcanzaron mayores niveles de organización e institucionalización.

Entre los factores que influyeron en este cambio se encuentran las iniciativas promovidas por la Iglesia luterana, el nuevo orden político preconizado por la Revolución francesa y la Revolución industrial. El organismo que ha contribuido en mayor medida a impulsar y desarrollar este ámbito de la educación ha sido la Unesco. Entre las conferencias internacionales más significativas organizadas sobre este tema, destacan las celebradas en: Elsinor (Dinamarca, 1949), Montreal (Canadá, 1960), Tokio (1972), París (1985), Hamburgo (1997), Sofía (2002) y Bangkok (Tailandia, 2003). A estas hay que añadir, además, la Conferencia General que tuvo lugar en Nairobi (1976), y cuya aportación singular es la consideración de la educación de adultos como un subconjunto del proyecto global de educación permanente. Por su parte, la Conferencia de Dakar (Senegal, 2000) la sitúa dentro del marco de la educación para todos y plantea, como objetivo principal, que se atiendan las necesidades de aprendizaje de todos los adultos y se reduzca, en los próximos quince años, el número de analfabetos en un 50% –hay 880 millones de personas que no saben ni leer, ni escribir, y la mayoría son mujeres.

Más lejana a nuestro tiempo es la defensa de este presupuesto que se encuentra en el Informe presentado en 1792 a la Asamblea Nacional Francesa por Condorcet. En dicho documento, se afirma que la instrucción debería abarcar todas las edades, pues no hay ninguna en la que no sea útil y posible aprender. Otra cita ineludible es el Informe final del Comité para la Educación de Adultos del Ministerio de Reconstrucción Inglés (Londres, 1919), donde se hace constar que la educación de adultos no es un lujo reservado a un grupo privilegiado de individuos, sino parte integrante de la vida social. Por ello, deberá ser asequible a todos, a la vez que permanente.

La implantación de la educación durante toda la vida en el seno de la sociedad es una de las propuestas esenciales que Delors (1996) fórmula para afrontar las novedades que surgen y que afectan tanto a la vida privada, como a la vida profesional. Supone una transformación radical del concepto de educación, y no solo implica la prolongación de los procesos educativos –sean estos formales, no formales o informales–, sino que también propicia la aparición un nuevo modelo contrapuesto a la educación tradicional.

Hasta no hace mucho tiempo, se defendía que el proceso de enseñanza debía centrarse, únicamente, en etapas concretas –la niñez y la juventud. Se hacía hincapié en que el sujeto aprendiera en dicho período todo lo que fuera a necesitar, puesto que esta era la única etapa de la vida en la que se podían adquirir conocimientos. De este modo, el desarrollo de destrezas, habilidades y actitudes que facilitaran a la persona el aprender a aprender quedaba relegado a un segundo plano.

Las políticas educativas comunitarias no han sido tan homogéneas y coherentes como cabría esperar.

Las primeras décadas de la puesta en marcha de la Unión Europea se caracterizan, en líneas generales, por la tardanza en el tratamiento de las cuestiones relacionadas con la educación. Se afirma que la educación ha sido la gran ausente en el comienzo del proceso de construcción europea. Una de las conquistas más relevantes es la obtención, no sin esfuerzo, de una interpretación amplia de los pocos artículos del Tratado de Roma relacionados con la educación. En relación con el tema que nos ocupa, hay que señalar que, en esos momentos, se confiere a la educación de personas adultas la finalidad de completar, continuar y ampliar los estudios iniciales de educación general y, especialmente, de formación profesional.

El Tratado de Maastricht (1992) sentó, en los artículos 126 y 127, las bases jurídicas de la política educativa en lo que respecta al desarrollo de una educación de calidad y a la política de formación profesional, respectivamente. En el plano práctico, la Unión Europea se ocupa de manera específica de aumentar la cooperación europea en el campo de la educación de adultos a través de la acción Sócrates-Grundtvig, que pretende promover la innovación, la accesibilidad y la calidad de las actividades destinadas a este sector de la población.

En esta línea, la proclamación del Año Europeo de la Educación Permanente (1996) y la publicación del Memorándum sobre el Aprendizaje Permanente (2000) representaron hitos muy importantes para la formación permanente. Por primera vez, se dedicaba un año europeo a la educación y, específicamente, a la educación de personas adultas.

En España Los términos "educación de adultos" y "educación permanente" son conceptos que se han mezclado en muchas ocasiones, provocando confusiones que han tergiversado el contenido real y el significado propio implícito en cada uno de ellos.

Sin embargo, desde hace algunas décadas, se viene desarrollando un intento clarificador que ha llevado a la mayoría de especialistas a la siguiente precisión: la educación permanente sirve como marco referencial, no solo a la educación de adultos, sino también al conjunto del proceso educativo, al plantearse como "sistema de los sistemas educativos".

thumb|Estatua a Claudio Moyano en la cuesta homónima de Madrid. De esta forma se quiso dar respuesta al 81% de analfabetos existentes por entonces en España.

Durante el siglo XIX, tanto a nivel normativo como de estudios y reflexiones teóricas, existió una considerable preocupación por el fomento de la educación de las personas adultas. Prueba de ello son la Ley Someruelos de 1838 o la Ley Moyano de 1857 en el plano legislativo, y los estudios de Puig Sevall, Fontanalls del Castillo o el Boletín de la I.L.E. en un plano reflexivo-teórico y de análisis.

Las realizaciones del siglo XX pueden dividirse en tres etapas: República, Dictadura y Transición democrática.

La República impulsó significativamente la educación de las personas adultas. En mayo de 1931, se puso en marcha el Patronato de Misiones Pedagógicas y en agosto del mismo año se organizó un servicio de bibliotecas como instrumento de cultura popular. Fueron notorias las actividades llevadas a cabo por la Institución Libre de Enseñanza: Museo Pedagógico, Instituto Escuela, Misiones Pedagógicas. Sin embargo, el periodo republicano pronto se vio truncado por la conflictividad, la Guerra Civil (1936-1939) y la implantación del franquismo

La etapa franquista se caracterizó por la influencia del nacionalcatolicismo, la doctrina del Movimiento Nacional impartida por la Sección Femenina, la Organización Juvenil Española y las escuelas de mandos. En 1950 se creó la Junta Nacional contra el analfabetismo, como anticipo de la Campaña Nacional de Alfabetización, que se llevaría a cabo durante la década de los años sesenta, coincidiendo con el desarrollo económico.

En la postguerra, y dado el gran número de analfabetos existentes en España, el franquismo hizo de las campañas de alfabetización su objetivo prioritario en materia de educación de adultos, tratando de reparar las deficiencias de la instrucción elemental, con un enfoque centrado en una enseñanza primaria, tal y como expresó el Libro Blanco de 1969.

El principio de la educación permanente fue tenido en cuenta por el Libro Blanco de 1969, en su análisis y proyección de futuro. Del mismo modo, la Ley General de Educación de 1970, lo incorporó como

En la estela de la LGE, se puso en marcha el Programa de Educación Permanente de Adultos con la Orden Ministerial de 26 de julio de 1973. El objetivo básico y prioritario del Programa era proporcionar una formación elemental a las personas que en su momento y por diferentes causas no pudieron completar la EGB.

Tras la Constitución española de 1978, con un nuevo orden político y territorial (además del contexto general de cambio y renovación de estructuras), surgieron importantes planes de actuación por iniciativas de Comunidades Autónomas, Ayuntamientos y otras instituciones. También se desarrollaron en el ámbito estatal los Programas de Educación Compensatoria, llamados “Programas de Educación Permanente de Adultos” y los Programas de Formación Profesional.