Epicuro (, Epíkouros) también conocido como Epicuro de Samos, (Samos, 341 a. C. - Atenas, 271 a. C./270 a. C.)Según D.L. 10.14 fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo. Influido por Demócrito, Aristipo, Pirrón, y posiblemente Aristóteles y los cínicos, se volvió contra el platonismo y estableció su propia escuela en Atenas, conocida como el "Jardín" (kêpos; hortus), donde permitió el acceso de mujeres, prostitutas y esclavos. Se dice que escribió más de 300 obras sobre diversos temas, pero la gran mayoría de estos escritos se han perdido. Solo tres cartas escritas por él, la Carta a Heródoto, Pítocles y Meneceo; y dos colecciones de citas, las Máximas capitales y las Sentencias vaticanas, han sobrevivido intactas.

Como Aristóteles, Epicuro era un empirista, lo que significa que creía que los sentidos son la única fuente confiable de conocimiento sobre el mundo. Las experiencias sensoriales repetidas se pueden utilizar para formar conceptos (prolepsis) sobre el mundo que pueden proporcionar la base para la filosofía. Derivó gran parte de su física y cosmología del filósofo atomista Demócrito. Enseñó que el universo es infinito y eterno, donde toda la materia está formada por diminutas partículas invisibles llamadas átomos. Se manifestó en contra del destino, la necesidad y el recurrente sentido griego de fatalismo. La naturaleza, según Epicuro, está regida por la necesidad y el azar, entendiendo este como ausencia de causalidad debido a la desviación (parénklisis) producida por la caída de los átomos en el vacío, permitiendo así que los humanos posean libre albedrío como fundamento de la ética en un universo determinista.

Para Epicuro, el propósito de la filosofía era la búsqueda de la felicidad (eudaimonia), caracterizada por la ausencia de turbación en el alma (ataraxia) y de dolor en el cuerpo (aponía). Su ética hedonista considera procurar el placer y evitar el dolor el propósito de la vida humana; siempre de una manera racional para evitar los excesos, pues estos provocan un sufrimiento posterior. Los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, y ambos deben satisfacerse con inteligencia, procurando llegar a un estado de bienestar corporal y espiritual. Criticaba tanto el desenfreno como la renuncia a los placeres de la carne, y argüía que debería buscarse un término medio donde los goces carnales deberían satisfacerse, siempre y cuando no conllevaran un dolor en el futuro. Manifestó que los mitos religiosos son falsedades que amargan la vida y que no se debe temer a los dioses porque no se preocupaban por nuestras vicisitudes. Abogó por una filosofía de vida sencilla y autosuficiente rodeada de amigos.

Otro aporte importante de Epicuro fue su filosofía respecto a la muerte, y complementando su pensamiento sobre la felicidad, Epicuro buscó reducir el miedo respecto a esta, y ayudar al encuentro de nuestra felicidad. Su pensamiento consistía en que no hay que temerle a la muerte, ya que esta consiste en la falta de sensación, por lo que no tiene sentido espantarnos por algo que nunca vamos a sentir. A su vez, explicó que mientras existimos, la muerte no estará presente, y cuando esté presente, nosotros no existiremos, lo que significa que jamás estaremos en una relación directa con nuestra muerte, concluyendo así con la idea de que no hay que temerle a algo que no estará presente mientras existamos en este mundo.

Aunque la mayor parte de su obra se ha perdido, conocemos bien sus enseñanzas a través de la obra De rerum natura, del poeta latino Lucrecio (un homenaje a Epicuro y una exposición amplia de sus ideas), así como a través de sus cartas recogidas por Diógenes Laercio y fragmentos rescatados por otros filósofos como Filodemo de Gadara, Diógenes de Enoanda, Sexto Empírico, Séneca y Cicerón. El epicureísmo alcanzó la cima de su popularidad durante los últimos años de la república romana. Se extinguió a finales de la antigüedad, sujeto a la hostilidad del cristianismo primitivo. A lo largo de la Edad Media, Epicuro fue recordado popularmente, aunque de manera inexacta, como un patrón de borrachos, prostitutas y glotones. Sus enseñanzas gradualmente se hicieron más conocidas en el , pero no se volvieron aceptables hasta el con figuras como Walter Charleton y Robert Boyle. Su influencia creció considerablemente durante y después de la Ilustración, impactando profundamente las ideas de pensadores modernos como Pierre Gassendi, John Locke, Thomas Jefferson, Jeremy Bentham, Karl Marx y Michel Onfray.

Biografía

Familia

Epicuro, el segundo de los cuatro hijos de una familia pobre, nació en el año 341 a. C. en una de las islas Espóradas griegas, Samos, lugar en el que los atenienses habían establecido una cleruquía y en el que su padre, Neocles, un maestro de escuela a quien probablemente Epicuro ayudaba, se había asentado como colono gracias a una ayuda estatal. Heredó la ciudadanía ateniense de su padre, pese a haber nacido en Samos. Su madre, Queréstrata, era adivina. También tenía tres hermanos: Neocles, Chaeredemus y Aristóbulo.Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, X, Epicuro, 1-2.

Formación miniaturadeimagen|337x337px|Grabado de Epicuro por Thomas Stanley (1655) Epicuro tuvo ya desde joven un gran espíritu crítico y un gran deseo de conocimientos. Apolodoro el Epicúreo en Vida de Epicuro dice que "llegó a la filosofía por haberse decepcionado de sus maestros, cuando no supieron explicarle la cuestión del Caos (χάους) de Hesíodo". Es probable que, al no querer aceptar exclusivamente las enseñanzas tradicionales de las escuelas, se dedicara a leer a distintos filósofos. Así, comenzó a estudiar filosofía a edad temprana y ya con catorce años fue alumno de un hombre llamado Pánfilo (discípulo de Platón), que vivía en la isla y de quien Epicuro aprendió las bases del idealismo platónico, que posteriormente consideraría un fraude y rechazaría en su filosofía.

En el año 323 a. C., con dieciocho años, marchó a Atenas para cumplir el servicio militar. Terminado este, regresó con su familia en el 321 a. C., aunque en esta ocasión lo hizo a la ciudad de Colofón. Allí se habían trasladado tras entrar en vigor el año anterior un decreto de amnistía política, gracias al cual los desterrados pudieron recuperar sus tierras en Samos; por tanto, los colonos como la familia de Epicuro, hubieron de abandonarlas.

En dicha ciudad permaneció durante una década, hasta el 311 a. C. Allí estudió con Nausífanes, un filósofo atomista discípulo de Demócrito y de Pirrón, con quien tuvo una relación decisiva en su formación, a pesar de que posteriormente Epicuro dirigió contra él duras críticas e improperios.Diógenes Laercio, "ibid.", X, Epicuro, 5. Demetrio de Magnesia sostiene que fue discípulo de Jenócrates y Apolodoro también dice que fue de Lisifanes y Praxifanes. Aun así, el filósofo se consideró como autodidacta, "discípulo de sí mismo".Diógenes Laercio, "ibid.", X, Epicuro, 8.

Magisterio Tras esos años de formación, comenzó una etapa magisterial estableciendo en el año 311 a. C. su primera escuela de filosofía en la ciudad de Mitilene, en Lesbos. La oposición de Epicuro al platonismo, filosofía dominante en la educación superior, formó una gran parte de su pensamiento. Otros filósofos que detestaba fueron Protágoras, los cínicos, pirrónicosy cirenaicos. Tenía afecto por Anaxágoras y Arquelao, maestro de Sócrates.

Sin embargo, tuvo que abandonar la escuela al poco tiempo debido a rivalidades con los aristotélicos de la ciudad. Aunque se desconocen los motivos exactos de dichas rivalidades, aquel enfrentamiento pudo haber sido una de las primeras reacciones antiepicúreas, aunque se debe tener en cuenta que el carácter de juventud de Epicuro podría distar de su posterior mansedumbre.

Posteriormente se estableció en Lámpsaco, donde permaneció durante cuatro años en los cuales tuvo gran actividad. Allí estableció nuevamente una escuela gracias a amigos influyentes y consiguió un círculo de discípulos y seguidores, entre los que se encontraban Idomeneo, Metrodoro, Leonteo y su mujer Temista, Colotes, Pitocles y Timócrates; posiblemente también en Lámpsaco conoció a Hermarco, quien le acabaría sucediendo al frente de la dirección del Jardín.

El Jardín

alt=|miniaturadeimagen|270x270px|Grabado de Epicuro y la filósofa Leontion por Ludwig Gottlieb Portman. La escuela epicúrea permitía el acceso a heteras. En el año 306 a. C., a los 35 años, regresó a Atenas, donde permanecería hasta su muerte, para fundar su escuela de filosofía. Compró una casa y un pequeño terreno en sus cercanías, a las afueras de Atenas, de camino al Pireo; allí fundó el Jardín, su escuela. El Jardín ofrecía un lugar tranquilo, alejado del bullicio de la urbe, en el que tenían lugar desde charlas y convivencias hasta comidas y celebraciones. Se trataba, pues, de un lugar más destinado al retiro intelectual de un grupo de amigos que de un lugar para la investigación científica y a la paideía superior, a diferencia de la Academia de Platón o el Liceo de Aristóteles.Séneca registra una inscripción en la puerta del Jardín en la epístola XXI de las Cartas a Lucilio: «Extraño, tu tiempo será agradable aquí. En este lugar el mayor bien es el placer».

Eran admitidas al Jardín personas de toda condición y clase, por lo que llegó a ser causa de escándalo. Incluía a personas respetables, pero igualmente a gentes de vida disoluta. También a mujeres como Temista, prostitutas heteras como Leontion y a esclavos como Mus y Fedrión, lo que en aquella época constituía un hecho inusual para una escuela filosófica.

Muerte Fue maestro de la misma hasta su fallecimiento en el año 270 a.C., a la edad de 71 años. Epicuro nunca se casó y no tuvo hijos conocidos. Dejó la dirección de su escuela a Hermarco de Mitilene, quien afirmó que su maestro, después de verse atormentado por crueles dolores durante catorce días, sucumbió víctima de una retención de orina causada por el mal de la piedra.Laërtius, Diógenes (1925). "Epicuro". Vidas de los eminentes filósofos. 2:10. Traducido por Hicks, Robert Drew (Dos volúmenes ed.). Biblioteca clásica de Loeb. § 1–154 A pesar de sufrir un inmenso dolor, se dice que Epicuro se mantuvo alegre y continuó enseñando hasta el final. En su testamento, conservado por Diógenes Laercio, otorgó la libertad a cuatro de sus esclavos. En una carta de su lecho de muerte, Epicuro encomendó a los hijos de su difunto estudiante Metrodoro al cuidado de Idomeneo, quien se había casado con Batis, la hermana de Metrodoro.

Según Diskin Clay, el propio Epicuro estableció la costumbre de celebrar su cumpleaños anualmente con comidas comunes como heros ktistes ("héroe fundador") del Jardín. Ordenó en su testamento fiestas conmemorativas anuales para sí mismo en la misma fecha (10 del mes de Gamelion). Comunidades epicúreas continuaron esta tradición, refiriéndose a Epicuro como su "salvador" (soter) y celebrándolo como héroe. El culto al héroe de Epicuro puede haber operado como una religión civil del Jardín. Sin embargo, la clara evidencia de un culto al héroe epicúreo, así como el culto en sí, parece sepultado por el peso de la interpretación filosófica póstuma. En el 20 de cada mes era para los epicúreos Eikas, un día festivo en honor de su maestro y Metrodoro.

Obras miniaturadeimagen|Fragmento de un papiro herculano carbonizado sobre la obra De la naturaleza de Epicuro en el Museo del Papiro, Siracusa.|316x316px

Según la obra Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres del antiguo doxógrafo griego, Diógenes Laercio, Epicuro dejó a su muerte más de 300 manuscritos, incluyendo 37 tratados sobre física y numerosas obras sobre el amor, la justicia, los dioses y otros temas. Según Diógenes Laercio, las principales obras de Epicuro incluyen:Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres (X, 21)