thumb|Abanico de tela y varillas de madera. thumb|Un abanico japonés plegado y otro abierto.

Un abanico es un instrumento y un complemento de moda ideado para que con un juego de muñeca rítmico y variable se pueda mover aire y facilitar la refrigeración cuando se está en un ambiente caluroso. Se considera originario de Oriente y su fabricación es delicada, en especial cuando presenta diseños artísticos y materiales de calidad. Con antecedentes en el flabelo egipcio, su estructura evolucionó del tipo fijo circular al modelo plegable.

De etimología latina, diminutivo de «abano», a partir de «vannus», nombre que en la cultura agrícola romana recibía un utensilio usado para aventar la cascarilla de los granos de cereal, y en las cocinas para avivar el fuego.Términos relacionados con el abanico son sus sinónimos "ventalle" y "abano", y sus hipónimos "flabelo", "paipái" y "pericón".

Sin recuperar su pasado glorioso, todavía hay en Occidente importantes fábricas de abanicos, en especial en España (Comunidad Valenciana y Andalucía) y América (México y Puerto Rico).

Morfología y tipos

Una descripción elemental distinguiría dos partes: el cuerpo o "país" del abanico que sirve dar sombra y para mover el aire, y el mango que permite manejar el instrumento. Por características de fabricación pueden distinguirse dos tipos básicos, el abanico fijo o rígido y el abanico plegable. Además de estos dos tipos básicos hay que mencionar el abano o «punkah», precursor del ventilador de techo.

Abanicos fijos thumb|100px|Uchiwa Modelos planos, y por lo general sujetos por un mango de variables dimensiones. Algunos son simétricos y tienen una lámina redonda fijada a un extremo. Otros tienen una lámina rectangular de cartón, fijada por uno de los lados a una varilla que le hace de mango. Se fabrican con diversos tipos de materiales, como cartón, hojas de palmera, tela o plumas. Un ejemplo típico es el «uchiwa» japonés.

Abanicos plegables

Semicirculares: construidos con una serie de varillas haciendo divisiones alargadas planas iguales, de madera, marfil o material sintético sujetas simétricamente en su base con un clavito. Las varillas se encuentran unidas en el otro extremo (el superior y más ancho al desplegarse) por una banda ancha de tela o papel, a menudo decorada. Se despliega en forma semicircular.

Redondos: con una superficie en forma de corona circular montada sobre láminas delgadas de madera, de marfil, etc., móviles alrededor de un pivote situado en el centro de la figura, lo que permite desplegarlo y plegarlo.Con subtipos como el cabriolet francés, el abanico telescópico, el "parasol", el de globo, etc.

Baraja: esqueleto plegable del abanico. País: tela que va adherida a la baraja. Los abanicos que no tienen país se denominan de baraja o simplemente barajas. Varillas: tiras de madera que pueden ir caladas o pintadas. Se distinguen dos tramos: a la parte calada o decorada que va desde el clavillo —eje del abanico— hasta el papel o entelado se la llama "fuente"; y "guía" a la parte exterior de la varilla que cubre la tela. Cabera, pala o varilla maestras: primera y última varilla, más gruesas que el resto. En los modelos de lujo llegan a constituir auténticas obras de arte de micro-escultura, orfebrería o grabado. Con frecuencia, estos modelos exclusivos llevan en la cabera las iniciales de la propietaria. Calado: agujeros realizados sobre las varillas que sirven tanto para decorarlo como para aumentar su aerodinámica.

Elaboración La fabricación de un abanico requiere de la colaboración de varias categorías artísticas: un pintor para decorar o ilustrar el "país", un escultor (marfil, hueso, concha, nácar) o grabador (maderas) para taladrar el varillaje y, en los modelos más lujosos, un orfebre (metales). Junto a ellos, trabajan artesanos encargados del corte preciso de las varillas, el plegado y pegado de las telas o vitelas. La independencia de estos procesos de elaboración permite que sean realizados en distintos talleres especializados (como ocurre en muchos casos de la industria valenciana del abanico, en la que a veces los distintos talleres pueden estar en localidades diferentes y aun distantes entre sí). El orden de fabricación suele ser el siguiente:

Corte de las varillas, en paquetes y con una plantilla. Pulido, lijado y afilado de las varillas (uno de los procesos más delicados consiste en afinar la guía de la varilla en la zona entelada, para que no abulte). Calado de las varillas con punzones, repujado y tallado. Llegando a objetos de singular preciosismo y suntuosidad. Si escultores, grabadores y orfebres se lucen en el varillaje, otro tanto hacen los pintores, en el dibujo, policromía y dorado del "país" del abanico. El proceso de fabricación se acerca a su final cuando, agrupadas en paquetes de trece, dieciséis o veinticuatro, y cerradas a los lados por las dos palas, se taladra el conjunto en su parte inferior haciendo pasar un clavo por el orificio y remachándolo con dos rosetas. A este esqueleto se le monta el "país", sea de papel, tela, vitela o encaje. Estos materiales pueden cubrir por ambos lados las varillas o, como en el caso de los abanicos de encaje, sólo una de ellas. En el caso de los modelos sin "país" (pues la varilla no tiene guía), "la parte ancha se prolonga, sujetándose una varilla a otra por medio de una cinta que tiene un plegado en zigzag". Reciben el nombre de abanico "de baraja", y han tenido una gran tradición los de marfil de maestros como el francés Martain y los modelos orientales calados en plata.

La mecanización de los obradores ha facilitado la producción, antes delicadísima, de los abanicos de marfil, no así los ejemplares fabricados en nácar, cuyo calado ha de ser realizado totalmente de modo manual, pues no admite proceso de fabricación mecánica.

Estilos

Se tiene constancia de que antes de aparecer el abanico plegable ya se elaboraban ejemplares hechos de encaje y plumas. Y por lo que respecta al tipo tradicional de abanico de varillas desplegables, se pueden distinguir sucesivos estilos con el paso del tiempo. Así, en los siglos y , en España, el abanico, de madera o marfil, con "país" de tela o cabritilla bordada, solía ser de "vuelo corto" (13 varillas), como el que muestra en sus retratos de corte Isabel, primera esposa de FelipeIV, o La dama del abanico, pintada por Velázquez.

En el , dejando de ser un complemento exclusivo de las clases altas, se popularizó el abanico de madera de vuelo corto y país reducido, como el que muestra la joven con la mantilla blanca en un pastel de Lorenzo Tiepolo.visualizar ejemplo de Tiépolo En la primera mitad del , se ponen de moda los pequeños ejemplares de la época Imperio, que con el Romanticismo se estilarán de mayores dimensiones y con filigrana de calado, dorado y decoración, precedentes del pericón. En ambas épocas se impone la novedad del papel impreso con grabado. De manera paralela, a finales de aquel siglo se hace frecuente el uso de gasa pintada y encaje en la fabricación de grandes ejemplares, sin llegar al referido "pericón".

Se ha constatado que antes del , pintores famosos que habitualmente participaron en la decoración de los abanicos se resistían a firmar sus obras y sólo lo hacían cuando eran regalos para damas de alcurnia, ofrecidos por el propio pintor. A partir del , es normal que se firme cuando se ha pintado a mano.

Leyendas orientales Dos leyendas sitúan el origen o la invención del abanico en el Lejano oriente. Una de ellas cuenta que, durante la festividad de las antorchas, la bella Kau-Si, hija de un mandarín, sofocada por el calor se quitó el antifaz que preservaba su intimidad, y con gesto nervioso y energía singular lo agitó ante su nariz llegando a formar una cortina que, además de lograr que su rostro siguiera invisible para los curiosos —por estar prohibida su visión a los hombres—, refrescó el aire que la circundaba; el gesto atrevido, pero inteligente, fue imitado por el resto de las damas que la acompañaban, para general alivio.

La otra leyenda llega de Japón y hace referencia más técnica al origen del abanico plegable. Ocurrió una noche calurosa en el hogar de un humilde artesano de abanicos, cuando un murciélago que entró por la ventana abierta fue a estrellarse contra la llama de un candil cuando el hombre lo trataba de espantar acuciado por su asustada mujer. Al día siguiente, la curiosidad del artesano le llevó a imitar las membranas plegables de las alas del murciélago en la elaboración de un abanico. Sea cierto o no tal origen, los más antiguos abanicos plegables japoneses se llaman «komori», en japonés "murciélago".

Historia thumb|Eros ofreciendo a una mujer un abanico y un espejo, como atributos de la femineidad y la coquetería. Pintura en una vasija de la Apulia, Museo Arqueológico de Milán (Italia). La umbela o quitasol y el flabellum, gran abanico fijo de largo mango, se consideran precedentes en Egipto —al menos desde la dinastíaXIX— y en Asia del modesto y funcional abanico plegable y sus variantes occidentales. Ya en la tumba de Tutankamón se depositaron, como parte del ajuar del faraón, dos abanicos con mango de metales preciosos. Asimismo aparecen en los templos de Medinet-About y en las tumbas de Beni-Hassan, decorando algunas pinturas y bajorrelieves grandes abanicos de plumas de avestruz, semicirculares o triangulares, usados al parecer para ahuyentar insectos y disipar el calor. Y como también en Asiria sus monarcas aparecen escoltados por sendos esclavos con parasoles, la investigadora Ruiz Alcón razona que el sencillo hecho de espantarse las moscas se convirtió en atributo de los poderosos y la suntuosidad.

A partir del antes de Cristo, el flabelo egipcio aparece en la Antigua Grecia representado en forma de palmeta en diversos tipos de vasos pintados, con el mango más corto y manejable, de modo que pudiera utilizarse con una sola mano. También se han encontrado flabelos en la civilización etrusca de donde se suponen pasaron a la Antigua Roma. Se conservan pinturas donde esclavos abanican con flabelos a las matronas o para avivar el fuego de los sacrificios.

Abanicos chinos y japoneses thumb|Abanico gunsen japonés del período Edo (1800-1850) representando al sol; hecho de hierro, bambú y laca. Museo de Arte Asiático de San Francisco, California. Objeto esencial en las culturas china y japonesa, tanto en ceremonias como en el teatro, que sintetiza la fantasía de estos pueblos en los diferentes tipos de abanico. Fabricado en bambú, seda, papel, marfil, tortuga, plumas y crespones, su suntuosidad llegaría en ocasiones a hacerlo inútil para su original objetivo: darse aire. Uno de los más famosos fue el que en el el emperador chino Chun-Hi le regaló a su esposa; estaba fabricado en jade blanco, con mango de ámbar tallado con bajorrelieves. En China, el origen del abanico rígido se sitúa hacia , con el emperador Hsiem Yuan, y la referencia escrita más antigua () menciona dos abanicos de plumas ofrecidos al emperador Tchao Wong, de la dinastía Zhou.

Casi limitado a su uso ceremonial en China, sin embargo en Japón el abanico ha estado unido a lo cotidiano y a lo artístico; sobresalen en especial los relacionados con la ceremonia del té, los usados como objetos en el ritual Shinto, y los abanicos del atrezo teatral, como los exhibidos en los dramas Noh y el «tessen» o abanico de guerra.

En Europa se conoce desde el , traído de Oriente por los navegantes y comerciantes portugueses. Objeto raro y caro, fue en principio privilegio de damas linajudas, como Isabel I de Inglaterra que llegó a pagar 500coronas por un bello ejemplar. Eran aquellos, en general, objetos de fantasía con elaborados trabajos de orfebrería en los mangos y cuerpo de exóticas plumas. Otros modelos, como los que pinta en Venecia Tiziano, eran los llamados de banderita, muy comunes en la Italia del .

Abanicos españoles