miniaturadeimagen|John Maynard Keynes, creador del keynesianismo. El término keynesianismo o economía keynesiana se refiere a las variadas teorías y modelos macroeconómicos influenciados por la obra del economista británico John Maynard Keynes, respecto a cómo la demanda agregada (el gasto total en la economía) influye fuertemente en la producción (output) económica y en la inflación. En la perspectiva keynesiana, la demanda agregada no iguala necesariamente a la capacidad productiva de la economía, al estar influenciada por una multitud de factores que a veces se comportan de manera errática y tienen impacto en la producción, el empleo y la inflación.
Los economistas keynesianos por lo general arguyen que la demanda agregada es volátil e inestable y que, en consecuencia, una economía de mercado a menudo experimenta resultados macroeconómicos ineficientes, incluyendo recesiones cuando la demanda es demasiado baja e inflación cuando la demanda es demasiado alta. Más aún, afirman que estas fluctuaciones económicas pueden mitigarse por medio de respuestas de política económica coordinadas entre un gobierno y su banco central. En particular, las acciones de política fiscal tomadas por el gobierno y las acciones de política monetaria tomadas por el banco central, pueden ayudar a estabilizar la producción (output) económica, la inflación y el desempleo a lo largo del ciclo económico. Los economistas keynesianos suele abogar por una economía de mercado regulada, predominantemente del sector privado, pero con un papel activo de la intervención gubernamental durante recesiones y depresiones.
La economía keynesiana se desarrolló durante y después del Gran Depresión a partir de ideas presentadas por Keynes en su obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero, publicada en 1936 como respuesta hipotética a la Gran Depresión de 1929. La aproximación de Keynes fue un contraste completo a la economía clásica enfocada en la oferta agregada que precedió a su libro. La interpretación de la obra de Keynes, es sin embargo, un objeto de ardientes debates, y varias escuelas de pensamiento económico reclaman su legado. La economía propuesta por Keynes se centró en el análisis de las causas y consecuencias de las variaciones de la demanda agregada y sus relaciones con el nivel de empleo y de ingresos."Keynesianismo"; Economía. Diccionario Enciclopédico 6:212. Barcelona: Planeta, 1980. El interés final de Keynes fue intentar dotar a las instituciones nacionales o internacionales de poder para controlar la economía en las épocas de recesión o crisis. Este control se ejercía mediante el gasto presupuestario del Estado, política que se llamó política fiscal. La justificación económica para actuar de esta manera parte, sobre todo, del efecto multiplicador que, según Keynes, se produce ante un incremento en la demanda.
La economía keynesiana ha desarrollado nuevas direcciones para estudiar patrones sociales e institucionales más amplios durante las últimas décadas. Los economistas poskeynesianos y neokeynesianos han desarrollado el pensamiento keynesiano incorporando conceptos sobre la distribución de la renta, las fricciones del mercado laboral y la reforma institucional. Alejandro Antonio aboga por la «igualdad de lugar» en lugar de la «igualdad de oportunidades», apoyando cambios económicos estructurales, el acceso universal a los servicios y la protección de los trabajadores. Douglas Greenwald y Joseph Stiglitz representan economistas neokeynesianos que muestran cómo fallas contemporáneas del mercado, relacionadas con el racionamiento del crédito y la rigidez salarial, pueden conducir a la persistencia del desempleo en las economías modernas. Académicos como K.H. Lee explican cómo la incertidumbre sigue siendo importante según Keynes porque las expectativas y las convenciones, junto con el comportamiento psicológico conocido como «espíritus animales», afectan la inversión y la demanda. La investigación empírica de I. V. Tregub sobre patrones de consumo franceses entre 2001 y 2011 sirve como evidencia contemporánea para las intervenciones económicas basadas en la demanda.
La economía keynesiana, como parte de la síntesis neoclásica, sirvió como el modelo macroeconómico estándar en los países desarrollados durante la última parte de la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y la expansión económica de la posguerra (1945-1973). Se desarrolló en parte para intentar explicar la Gran Depresión y ayudar a los economistas a comprender crisis futuras. Perdió cierta influencia tras la crisis del petróleo y la consiguiente estanflación de la década de 1970. Posteriormente, la economía keynesiana se reformuló como nuevo keynesianismo, pasando a formar parte de la nueva síntesis neoclásica contemporánea (o nuevo consenso), que conforma la macroeconomía ortodoxa actual. La crisis financiera de 2008 desencadenó el resurgimiento keynesiano entre 2008 y 2009 en gobiernos de todo el mundo.
Ruptura con el paradigma clásico
El Keynesianismo refutaba la teoría clásica de acuerdo con la cual la economía, regulada por sí sola, tiende automáticamente al pleno uso de los factores productivos o medios de producción (incluyendo el capital y trabajo). Keynes postuló que el equilibrio al que teóricamente tiende el libre mercado, depende de otros factoresEsencialmente, condiciones de competencia perfecta, que requerirían no solo la ausencia de todo tipo de organizaciones gremiales o sindicales (no solo de trabajadores pero también de empleadores, incluyendo asociaciones de capital social, las llamadas sociedades anónimas o limitadas o cualquier otra forma de monopolio u oligopsonio), pero también información perfecta sobre el mercado y alta flexibilidad tanto de flujos de capital como de trabajo y habilidades. Obviamente esa, por deseable que sea, no es una situación real. Por ejemplo, la ausencia de personal calificado dificulta la creación de empresas “de avanzada” en países en los cuales hay altos niveles de desempleo y en los cuales, hipotéticamente, seria altamente conveniente invertir en esas áreas a fin de tomar ventaja de esa abundancia de trabajo: las habilidades de los trabajadores no son libre y universalmente transferibles de un tipo o área de trabajo a otro. Sugiere que puede haber ausencia de trabajadores disponibles en un área económica aun cuando haya un alto nivel de desempleo. (Ver también debate sobre Asimetría de la información) y no conlleva necesariamente al pleno empleo de los medios de producción, es decir, que los postulados básicos de Adam Smith, David Ricardo, etc., dependen de una premisa que no es necesariamente correcta o «general». Así Keynes postuló que la posición de Smith, Say o Ricardo, sobre el equilibrio de la oferta y la demanda, sería correspondiente a un caso «especial» o excepcional, Keynes escribe: "son solo un caso especial... que asume una situación que es el punto límite de las posibles situaciones de equilibrio". Teoría General, etc., primer capítulo. en tanto que la teoría debería referirse al proceso «general» y a los factores que determinan la tasa de empleo en la realidad. Raúl Prebisch (1947). Introducción a Keynes: 25. México: Fondo de Cultura Económica En consecuencia llamó a su proposición «Teoría general».
En términos no técnicos, el liberalismo económico clásico supone que cuando se produce un bien se han producido también los medios para la compra de otros bienes (en la medida en que una vez producido podrá ser directa o indirectamente—mediante el uso de dinero—intercambiado por otros bienes. Ver Ley de Say). Sugiere que para fomentar crecimiento económico no hay que penalizar la producción: John Stuart Mill (1844): " Lo que un país necesita para hacerlo más rico, nunca es el consumo, sino la producción...." en Essays on some unsettled Questions of Political Economy ESSAY II. OF THE INFLUENCE OF CONSUMPTION ON PRODUCTION. a más producción, más bienes que intercambiar, más intercambios, etc. Así, en el largo plazo, no solo todo lo que se produce es lo mismo que todo lo que se compra, sino que todos están interesados en que el sistema funcione a máxima capacidad John Stuart Mill (1844): "El caso, sin embargo, es diferente después de la separación de los empleos. En una sociedad civilizada, un solo productor se limita a la producción de una mercancía, o un pequeño número de ellas, y su prosperidad depende, no solamente en la cantidad de la mercancía que ha elaborado y almacénado, pero a su éxito en encontrar compradores para ese producto.".."Es cierto, por lo tanto, que, para cada productor o distribuidor, es importante una gran demanda, una circulación ligera, un consumo rápido, de las mercancías que vende en su tienda o produce en su fábrica. El comerciante cuya tienda se llena de clientes, que pueden disponer de un producto casi al mismo momento en que se ha producido, hace grandes ganancias, mientras que su vecino, con un capital igual, pero menos clientes, gana relativamente poco." en Essays on some unsettled Questions of Political Economy ESSAY II. OF THE INFLUENCE OF CONSUMPTION ON PRODUCTION. (se logra un equilibrio entre la producción y la demanda agregada que tiende al máximo uso de los «recursos económicos», incluyendo el pleno empleo. (véase también Ley de Walras) En esa situación lo racional es utilizar inmediatamente cualquier ingreso, dado que mantener dinero sin uso no produce beneficios. Nótese que lo anterior implica equivalencia estricta entre ahorros e inversiones: «posponer consumo» sin invertir el dinero es equivalente a mantener sumas ociosas, es decir, es económicamente irracional, como lo es el no utilizar para invertir sumas disponibles en los bancos (los ahorros de otros, etc.).
Conviene notar que lo anterior se puede interpretar de dos maneras: la primera: que «todo lo que se vende es igual que todo lo que se compra», y que «los costos de todo lo que se produce están cubiertos por todo lo que se compra». Keynes sugiere que lo último solo es correcto cuando todo lo que no se gasta es inmediatamente ahorrado (se deposita en un banco) y todo lo ahorrado es directamente invertido. Sucede que, en realidad, hay, por lo menos, una cantidad de dinero que ni se usa para comprar ni se ahorra en ese sentido: se mantiene «en el bolsillo» o como reserva líquida. Esta preferencia por la liquidez tiene efectos económicos.