La semiótica (del griego antiguo σημειωτικός sēmeiōtikós) o semiología es el estudio de los símbolos y los signos, es decir, el estudio de la semiosis. Un signo es cualquier cosa que comunique un mensaje, para ser interpretado por un receptor. Es una rama de la filosofía que trata de los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas, estudiando las propiedades generales de los sistemas de signos, como base para la comprensión de toda actividad humana. Aquí, se entiende por signo un objeto o evento presente que está en lugar de otro objeto o evento ausente, en virtud de un cierto código.
Semiótica significa estudio sistemático de los signos y se aplica a un campo particular de estudio, se da con el filósofo y lingüista suizo Saussure quien propuso la «semiología» como «la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social o dentro de la sociedad». Aunque la semiótica se compagina con el término estructuralista, este último puede o no considerarse como un sistema de signos, mientras que la semiótica aplica métodos estructuralistas.
Charles Sanders Peirce fue el fundador estadounidense de la semiótica y distinguió entre tres clases de signos: «icónico» (dónde el signo se parece a aquello a lo que representa), «indéxico» (dónde el signo de alguna manera se asocia con aquello de lo cual es signo) y «simbólico» (dónde el signo solo es un eslabón arbitrario). Existen muchas más clasificaciones, como la «denotación» (lo que el signo significa), la «connotación» (otros signos asociados con él), «paradigmático» (signos entre los cuales uno puede representar al otro) y «sintagmático» (dónde los signos se eslabonan para formar una cadena) (Eagleton, 1994). La semiótica distingue entre la denotación y la connotación; entre claves o códigos y los mensajes que transmiten, así como entre lo paradigmático y lo sintagmático (Eagleton, 1994).
Estas dimensiones dan origen a disciplinas homónimas que rigen las relaciones entre signo y cosa designada: la «semántica»; relaciones entre signos: la «sintaxis»; y entre signos y sus condiciones de uso: la «pragmática». Desde las dimensiones se analizan los fenómenos, objetos y sistemas de la significación, de los lenguajes y de los discursos en los diferentes lenguajes en tanto procesos a ellos asociados (producción e interpretación). Toda producción e interpretación del sentido constituye una práctica significante, un proceso de semiosis que se vehicula mediante signos y se materializa en textos.
Disciplina El fenómeno de la semiosis es la instancia donde «algo significa algo para alguien» y es por lo tanto portador de sentido. Se debe aclarar que la significación se realiza como condición de la semiosis de la que Morris (1938) distingue: «vehículo sígnico (signo)», «designatum» (lo designado); «interpretantes» (consideraciones del intérprete) y el intérprete mismo. Estos tres (o cuatro elementos si consideramos a este último) en el marco de un sistema llamado lenguaje, que al decir de Morris es «todo conjunto de signos más un conjunto de reglas»; señala las «dimensiones» que constituyen un lenguaje.
Algunos autores suelen indicar una distinción entre semiótica y semiología como postulando campos de estudios diferentes, problemática superada en el Tratado de Semiótica General de Umberto Eco, en donde este autor minimiza la cuestión dado que todo signo se construye de naturaleza social, aunque no todos lo son. Cabe separarlas también de la llamada teoría de la información y de la comunicología o ciencia que estudia los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas y la hermenéutica o disciplina que se encarga de la interpretación de los textos. La peculiaridad del enfoque semiológico responde al siguiente interrogante: «¿Por qué y cómo en una determinada sociedad algo —una imagen, un conjunto de palabras, un gesto, un objeto, un comportamiento, etc.— significa?».
La luego denominada semiótica, como campo disciplinar, surgió una de las ciencias integradas en la lingüística. Comenzó su desarrollo sistemático en la década del sesenta, pero sus atisbos se encontraban ya en el Curso de lingüística general del suizo Ferdinand de Saussure, publicado póstumamente por sus discípulos en 1913, dentro de una corriente epistemológica denominada estructuralismo saussure-hjelmsleviano que obtuvo una fuerte impronta de esta disciplina lingüística porque sus autores fundamentales fueron filólogos y lingüistas como Ferdinand de Saussure, Louis Hjelmslev, Roman Jakobson y Ludwig Wittgenstein. En palabras de Saussure, la semiótica es una ciencia que estudia la vida de los signos existentes dentro de la sociedad; muestra lo que constituye a los signos y qué leyes los rigen. Deriva del griego semeion, que significa «signo». Esta ciencia sirve para saber interpretar y leer los signos en el día a día, para poder descifrar el mundo y recibir más información a partir de dichas interpretaciones. Asimismo, la percepción del semiólogo Roland Barthes sobre la semiótica consta de las conclusiones que deducimos de los demás y del entorno al mirar y recibir estímulos. Defiende que la mayoría de signos que nos encontramos no se pueden interpretar aisladamente, sino que cada signo tiene ideas asociadas y pueden darnos una información añadida si buscamos su segundo sentido.
Eagleton (1994) considera el estructuralismo como un método de investigación que puede aplicarse a toda una gama de objetos, desde partidos de fútbol hasta sistemas de producción en el terreno económico, mientras que la semiótica se refiere más bien a un «campo» particular de estudio, el de los sistemas que en cierta forma ordinariamente se considerarían signos: poemas, cantos de pájaro, señales de semáforos, síntomas médicos, etc. No obstante, ambos términos se convergen, ya que el estructuralismo estudia lo que no puede ser considerado como un sistema de signos, mientras que la semiótica comúnmente aplica métodos estructuralistas. Asimismo, un análisis estructuralista debe procurar aislar el conjunto de leves subyacentes por las cuales los signos se combinan y forman significados (Eagleton, 1994).
El lingüista Ferdinand de Saussure, a comienzos del , había concebido la posibilidad de la existencia de una ciencia que estudiara los signos «en el seno de la vida social», a la que denominó «semiología». Posteriormente, otro lingüista, el danés Louis Hjelmslev, profundizó en esta teoría y elaboró su sistemática formalización dentro del paradigma estructural, que bautizó como glosemática en sus Prolegómenos a una teoría del lenguaje (1943), sentando un conjunto de principios que servirán de fundamento teórico y epistemológico a ulteriores desarrollos de la semiótica estructuralista. A estos autores agregaron sus aportaciones; otro famoso lingüista, el ruso Roman Jakobson, y el austríaco Ludwig Wittgenstein, este último puso las bases de la pragmática lingüística al declarar que «el significado es el uso».
Saussure consideraba el lenguaje como un sistema de signos que debía ser estudiado sincrónicamente y no diacrónicamente. Cada signo debía considerarse como constituido por un significante (un sonido-imagen o su equivalente gráfico), y un significado, es decir, el concepto u objeto al que representaba (Eagleton, 1994).
Con independencia de este desarrollo europeo, otra línea de investigación semiótica se desarrolló sobre los escritos que dejó el filósofo y lógico estadounidense Charles Sanders Peirce, lo conocido como «semiótica anglosajona», «semiótica lógica» o «semiótica» a secas. El estudio de Peirce se ha definido como pragmático, es decir, piensa dando prioridad a las consideraciones prácticas. En su desarrollo teórico Peirce toma como objeto de estudio a la semiosis, proceso en el cual se daba la cooperación de tres instancias (o subjects):
El «representamen», o signo en sí, es decir, una manifestación material y perceptible que representa a otro objeto. El «objeto», que es aquello representado, esto es, aquello de lo que el signo da cuenta. El «interpretante», o sentido que el signo produce y que se traduce en otro signo o representamen.
Así pues, el signo es para él el producto de esta dinámica de semiosis, que la semiología europea designaba con otra terminología, respectivamente, significante, referente y significado, lo que luego se denominó triángulo de Ogden y Richards, estructura que integra estos tres elementos que configuran cualquier signo y que puede desfigurarse por fenómenos como la sinonimia, la homonimia, la polisemia, etc., de forma que el triángulo puede transformarse en un rombo, un segmento, etcétera.
Profundizando en la clasificación de los signos, Peirce llegó a la convicción de que estos podían clasificarse por la relación que guardaban estos elementos entre sí en tres tipos determinados:
Icónicos o iconos, cuyo respectivo representamen o significante guarda una relación de parecido con su objeto o referente: mapas, caricaturas, croquis... Indicios o indicadores, cuyo representamen o significante guarda una relación natural o de causa-efecto con el objeto o referente: el humo como signo de fuego, el llanto como signo de emoción intensa (tristeza o alegría). Símbolos, aquellos signos en los que la relación entre representamen o significante y objeto o referente no es de semejanza ni natural o de causa-efecto, sino arbitraria, convencional, pactada en el seno de una sociedad: el himno nacional, la bandera, la mayor parte de los vocablos de las lenguas naturales salvo las onomatopeyas sonoras del lenguaje oral o visuales del lenguaje escrito (caligramas, por ejemplo).
Diría Fontanille en Semiótica del discurso que las investigaciones hechas, hasta finales de los noventa, en torno a la semiótica «han sido desarrolladas desde perspectivas con frecuencia divergentes, a veces incluso francamente polémicas», sin embargo existe una innovación teórica y metodológica que parte del estructuralismo, pero a diferencia de este, en vez de plantear como principio que solo los fenómenos discontinuos y las oposiciones llamadas «discretas» son pertinentes, toma en cuenta los procesos de emergencia y de instalación de estos fenómenos y de estas oposiciones; es así como han surgido las diferentes ramas de la semiótica.
Historia La importancia de los signos ha sido reconocida en gran parte de la historia de la filosofía y en la psicología. El origen de esta ciencia se considera el , con los presocráticos. Estos crean debate sobre la oposición entre la naturalidad y la convencionalidad del signo: lenguaje como espejo de lo real (Heráclito) y lenguaje como convención e imposición (Parménides). En el los estoicos hablan de semainon y semainomenon para interpretar la apariencia. Los sofistas también contribuyeron al estudio de los signos desarrollando el arte de la retórica. La política cobra importancia y se delibera acerca del uso de la palabra, del signo lingüístico, que se tomaba como herramienta persuasiva. Platón y Aristóteles fueron los siguientes en explorar la relación entre los signos y el mundo. Sus teorías han tenido un efecto duradero en la filosofía occidental, especialmente a través de la filosofía escolástica. Galeno, médico, cirujano y filósofo griego en el Imperio romano, escribió libros sobre la semiótica médica y se convirtió en un referente de los estudios de medicina. Galeno habla de semiotique, como la ciencia que estudia los síntomas. El estudio general de los signos que comenzaron en latín con Agustín y culminó con el Tractatus de Signis de John Poinsot en 1632. Y comenzó de nuevo, en la modernidad, con el intento por Charles Peirce de elaborar una «nueva lista de categorías», en 1867. Serán Peirce y Ferdinand de Saussure los que desarrollarán este campo de estudios con más amplitud, considerándose los padres de la semiología. John Locke y otros pensadores de la época serán claves para el nacimiento de la semiótica en el .